Notas de la revista

Marco Ruben, capitán canalla

Tras siete años jugando en el exterior, volvió a Central, le dieron la cinta y respondió en gran nivel. El 9, que ya superó los 100 partidos en su club, repasa vivencias y opina sobre su presente y el del equipo.

Con el escudo canalla de fondo. Marco debutó en Central el 25 de agosto de 2004.

“Esperé volver durante mucho tiempo. Cuando me fui de Central, siempre soñé con un retorno. Por eso, el partido contra Tigre, el primero de este campeonato, fue especial. Cuando estaba en el túnel, sentía a la gente desde afuera, que la cancha iba a explotar; y eso no lo sentía desde que me había ido del club. Fue como un reencuentro increíble con los hinchas. Encima, me tocó meter el gol del triunfo en el último minuto”.

Marco Ruben se expresa y se emociona a la vez. Pero aquel estreno en el campeonato modelo 2015 ante Tigre tuvo otro detalle mágico. “Llevé por primera vez la cinta de capitán en Central. Sólo lo había sido en Villarreal B. Eso sumó para que aquel momento fuese más especial todavía”.

-¿Por qué te entregaron la cinta?
-No lo sé, imagino que habrá sido una decisión del Chacho Coudet; y me sorprendió, no me lo esperaba. Igualmente, es un orgullo y una responsabilidad, porque el capitán es la cabeza del grupo, representa lo que quiere el equipo, y siempre tiene que hacer las cosas bien. Los más chicos, incluso, son guiados por ese capitán y por los referentes del grupo, que en este caso son Caranta, Donati, el Loncho Ferrari, Niell, Musto… Cualquiera de ellos también podría llevar la cinta.

-¿Tus arengas en la manga son pensadas o espontáneas?
-Surgen en el momento… Por ahí, es difícil hablar, y lo que intento es repasar lo que trabajamos y hablamos en la semana.

-Eduardo Coudet era un jugador muy jodón. ¿Su personalidad cambió como entrenador?
-La personalidad de él es la misma; acá lleva a un grupo adelante, es la cabeza, y hay veces que tiene que poner los puntos. Ese es el mayor cambio; y como entrenador, está bien que tenga un papel un poco más firme, más serio… Vive los partidos de una manera exagerada por los gritos que pega, y eso no se le había visto como jugador. De todas formas, es el mismo siempre: le llega mucho al jugador y es un buen compañero.  

-Entonces, confirmás que no se acabó el Chacho jodón…
-No, él es así en un 70%; siempre tiene buen ánimo, está dispuesto a hacer bromas, y por eso, lleva muy bien al grupo.

-Contame una anécdota con Coudet, que fue compañero tuyo…
-La primera vez que concentré me pusieron en la habitación con él. Yo todavía iba a la escuela y me dormía a las 11 de la noche, y a él le gustaba trasnochar. Entonces, el Chacho no podía hacer ruido, tomar mate, reírse en la pieza. Así que me mandó para otra habitación en la siguiente concentración (se ríe). Imaginate que, como hincha de Central, pasó de ser uno de mis ídolos a uno de mis compañeros, y a concentrar conmigo.

-Están terceros en el campeonato al finalizar las primeras 12 fechas. ¿Cuáles son las claves del equipo?
-No negociar la intensidad, presionar al rival, acortarle los espacios para que no pueda pensar; y esto es imprescindible porque todos los jugadores del mundo tenemos la capacidad para hacerlo… Es una cuestión de esfuerzo, sacrificio y ubicación en la cancha. Sobre esta base empezamos a trabajar, y de a poco, sumamos en posicionamiento, en sistemas, y en una idea: generar situaciones con la pelota al piso. Intentamos jugarla bien, abrirla para los costados, porque tenemos gente muy rápida, y terminar la jugada con un buen manejo de la posesión… No buscamos una que te duerma, sino una vertical, picante; y esto, lograr realizar una posesión vertical, demanda mucho tiempo de trabajo.

El 2 de mayo, ante Huracán, Marco Ruben cumplió 100 partidos en Rosario Central y recibió una camiseta como reconocimiento.

-“Vamos a pelear el campeonato”, dijo Coudet. ¿Vos le creíste o no?
-Me lo creí, porque esa es la idea que nos plantearon. Para conseguir algo, hay que quererlo y creérselo. Por eso, me lo creí y me lo creo. Sabemos que no nos podemos desconcentrar ni un partido, porque no somos ni Boca ni River, ni tenemos la cantidad de jugadores de alto nivel que ellos tienen.

-Si Central pelea arriba, un poco te lo debe a vos: 9 goles en 12 partidos. ¿Cuáles son las razones que explican tu notable rendimiento?
-Hay un poco de todo… Estoy bien en lo físico, este año recuperé la ilusión y la ambición por jugar, que son fundamentales para superarte en el fútbol. Y, por otro lado, también recuperé otra cosa importante de mi vida: la cercanía con mi papá, mi mamá, mi hermano, mis abuelos, mis amigos, mi representante, que es otro amigo. También, disfruto de otra manera de mi bebé, Leo, que tiene seis meses; estoy loco por él. Esto a mí y a mi mujer nos revitalizó; fue fundamental para mi rendimiento posterior.

-¿Cómo harán para sostenerse entre los primeros?
-Hay que entender que cada partido es importantísimo, que es fundamental aprovechar cada momento. Si seguimos trabajando así y nos creemos que podemos, tenemos chances de llegar a pelear el campeonato hasta el final.

-Alguna vez fuiste uno de los pibes de Central que pintaba muy bien. ¿Qué consejo le darías a Franco Cervi?
-Es un jugador muy vistoso, que tiene velocidad, enganche y definición, y le veo muy buen futuro. El sabe que se tiene que tomar las cosas como hasta ahora, con seriedad, con dedicación, y debe ser respetuoso y buen compañero… Esas son las bases para ser un buen futbolista, y para que los clubes del exterior se fijen en él. Mirá, es clave una buena base para un jugador. Hoy, Central atraviesa una etapa de crecimiento, y esa base se la puede dar a él y al resto de los chicos que están en el club.

Nació hace 28 años en Capitán Bermúdez, en el Gran Rosario, pero se considera de Fray Luis Beltrán, donde vivió durante su niñez y su adolescencia. Ahí empezó a jugar a los cuatro años, y todavía no puede explicar por qué lo pusieron de delantero, posición que le quedó para siempre. A los ocho, pasó al club Combate de San Lorenzo, en el que debutó en la Primera de la Liga Sanlorencina a los 15. Esa plataforma le sirvió para sumar experiencia y que lo ficharan, tras un segundo intento, en las inferiores de Rosario Central.

-Igual, antes de eso, estuve a punto de irme a Libertad de Paraguay, cuando el Tata Martino era el técnico. La gente de Combate de San Lorenzo llevaba a chicos para allá, y mis padres no me dejaron ir porque apenas tenía 15 años. Entonces, me recomendaron que me probara otra vez en Central, y quedé.

-¿Qué valorabas más: haber entrado en las inferiores o que te hubieran dado un carnet para ir gratis a la cancha?
-(Se ríe)… Más que nada, estaba ilusionado con jugar en Central porque te daban el carnet de jugador de inferiores, y eso te permitía pasar en la cancha. La entrada a la popular costaba 10 pesos, y yo no los tenía, realmente. Después, las cosas me empezaron a salir y entendí que no estaba ahí sólo porque me divertía y que tenía la chance de ser profesional… Y me fui acercando al empezar a jugar en inferiores de AFA, al hacer goles, al entrenarme con Reserva.

-Retrocedo un segundo, porque me quedó picando: ¿qué sentiste esa primera vez tras no haber quedado?
-Un poquito de decepción, pero nada más. Veía muy lejano ser un profesional; para mí, los jugadores eran personas de otro mundo, como si fueran superhéroes… Entonces, a los 14 años, fui para ver qué pasaba y no quedé.    

-¿Qué significaron Ariel Cuffaro Ruso y Angel Zof para vos?
-Son importantísimos, sobre todo en lo personal; son buenos tipos que me encontré en la Sexta. Con Cuffaro en especial, sentía que los entrenamientos eran distintos, que confiaba en mí. Ellos fueron un gran apoyo para que pudiera debutar en 2004 y mantenerme en la Primera. Además, me guiaron en relación con cosas que tiene el fútbol, y sus consejos, la verdad, me sirvieron en estos años.

Al cierre de esta edición, sumaba 102 encuentros y 32 goles en Rosario Central (3 por copas internacionales). El rival al que más veces le anotó es Vélez: 4 tantos.

-¿Te sorprendiste por tu gran rendimiento en tus primeras temporadas en Central?
-No, porque siempre intenté todo para que me fuera bien; por eso, no me sorprendió. Me caracterizo por vivir el día a día, creer en el trabajo, y lo que conseguí en aquel momento fue buscado.

-Jugaste en España, Ucrania, Francia y México, pero ¿dónde incorporaste mejores conceptos para crecer en lo futbolístico?
-En España. Ahí estuve en Recreativo de Huelva, Villarreal B, donde metí muchísimos goles, y Villarreal; y me identifiqué mucho con el fútbol español: la pelota al piso, la presión, la intensidad en el juego, tocar rápido y moverse. Sin dudas, me llevó a crecer, a querer aprender más, y me hizo mejor jugador.

-Recién mencionaste Villarreal B. ¿Te bajoneó haber bajado al segundo equipo de ese club?
-Al principio, sí. Cuando me lo propusieron, no me gustó. Pero me hicieron entender en el club que eso era parte de un proceso; había un gran plantel, grandes jugadores, y le daban mucha importancia a la Segunda División. Bueno, me convencieron, me quedé y crecí en lo mental para superar ese bajón, y en lo futbolístico, porque el equipo jugaba muy bien y con la misma mentalidad que el Villarreal. Fue muy positivo para mi carrera. 

-¿La experiencia europea qué enseñanza te dejó?
-Aprendimos con mi mujer a convivir lejos de la familia y tuvimos que arreglárnosla solos. Igual, no fue tan difícil porque vivimos en ciudades lindas, ordenadas, con seguridad… Pero nos fortaleció mucho, sobre todo como pareja, y nos abrió la cabeza conocer otras culturas. Mirá, nos animamos a quedarnos en Ucrania sin hablar una palabra en ruso… Fuimos sobreviviendo, en el buen sentido, y la experiencia nos hizo personas más completas.

-Regresemos al presente: pasaste hace muy poco los 100 partidos en el Canalla. ¿Cuáles fueron los momentos más emotivos?
-Elijo cuatro. El primero, al debutar y convertir en Primera, con sólo 17 años. Fue contra Racing, como visitante, y ahí cumplí el sueño que tenía desde chico: jugar en la Primera de Rosario Central y meter un gol. Encima, ganamos el partido. Fue hermoso, impresionante.

-El segundo…
-Un partido muy recordado para Central: cuando le ganamos a Newell’s con gol de Pirulo Rivarola, en octavos de final de la Copa Sudamericana, y lo eliminamos de ese torneo. Ese partido fue tremendo… Todavía recuerdo cómo estaba la cancha: explotaba, se venía abajo; ni hablar en el gol, en el festejo cuando se terminó el partido. Realmente lo tengo muy presente, porque fue fuerte.

-El tercero…
-En 2006, cuando le metí un gol a Newell’s, en un clásico que ganamos 4-1. En ese partido, Chacho Coudet también metió un gol. Sinceramente, fue hermoso, inolvidable.

-El cuarto cae de maduro: el partido contra Tigre, ¿no?
-Sí, claro, es ese. Como decía al principio de la nota, esperé volver durante mucho tiempo. Cuando me fui de Central, siempre soñé con un retorno; por suerte, lo concreté a principio de este año.

-Aún no ganaste un título en tu carrera. ¿Te quita el sueño romper la racha en Central?
-No me lo quita, pero tengo unas ganas locas de ser campeón en Central; es un sueño, lo que quiero, lo que vine a buscar desde que volví al club.

 

El Gigante es casi su casa: Marco volvió como si nunca se hubiera ido.

El otro perfil de Marco
“Una de mis grandes pasiones es la música -cuenta Marco Ruben al momento de hablar sobre su intimidad-. Escucho de todo: cumbia santafesina, rock nacional; pero lo que me gusta muchísimo es el folclore: el chamamé y las milongas del sur del país, sobre todo los recitados. Mis artistas favoritos son José Larralde, el Pampa Cruz, Argentino Luna, Horacio Guaraní, Los del Gualeyán... Toco la guitarra y, pocos lo saben, también me gusta recitar. Empecé con esto en España, gracias a mi primo Ricardo, que era como un hermano para mí. El tocaba bien la guitarra y le encantaba ese tipo de música, que para mí era desconocida en ese momento. Hace un poco más de un año, Ricardo perdió la vida en un accidente, así que cada vez que recito me acuerdo de él. Era una gran persona”.


Por Darío Gurevich / Fotos: Héctor Río

Nota publicada en la edición de junio de 2015 de El Gráfico