Notas de la revista

Diego Schwartzman, alegre esperanza

El Peque es el mejor tenista argentino sub 23. Ubicado entre los 80 mejores del mundo, ya jugó contra Federer, Nadal y Djokovic, y debutó en Copa Davis. Admirador de Nalbandian y gran amigo de Pico Mónaco, vive con una sonrisa: “Me divierto en todos lados”, celebra.

El Peque posa relajado. Le encantan las redes sociales y leer lo que escriben sobre él.

Sebastián Prieto, su entrenador, llevaba días analizando potencial, posibilidades y estrategias para la temporada 2015 que estaba por empezar. ¿A qué puesto se podía aspirar, a qué torneos apuntar, cuáles eran los aspectos para mejorar? Pero cuando le consultó a Diego Schwartzman, recibió una respuesta inesperada. “¿Sabés cuál es mi primer objetivo de la temporada? Aparecer en la revista de la ATP”.

Así es Schwartzman, más conocido como el Peque. Ocurrente, extrovertido. Y disfruta, lo dice abiertamente, de la popularidad. Le gusta que hablen sobre él. Y, además, cumple sus objetivos, porque finalmente apareció en la publicación llamada Player Weekly. “El año pasado había leído que yo tenía mejor devolución de segundo saque que cualquier jugador Top 50 –cuenta la historia–. Entonces, cuando arrancó este año, lo jodía a mi entrenador diciendo que el objetivo era aparecer en la revista que le reparten a todos los jugadores. Y en las primeras semanas aparecí como número uno en puntos ganados en devolución del segundo saque; y después, cuarto o quinto en quiebres de saque. Fue algo divertido”.

Schwartzman nació el 16 de agosto de 1992 y su apodo tiene que ver con su estatura: mide 1,70 metro. Empezó a jugar a los 7 años y siempre recibió apoyo familiar. No sólo de sus papás (Ricardo y Silvana). “Uno de mis tres hermanos maneja un grupo mío que hizo en Facebook“, explica.

-Además tenés un “hermano mayor” extra: Pico Mónaco. ¿Cómo lo conociste?
-Hace unos cinco años, su entrenador, Gustavo Marcaccio, vino a la academia en la que yo entrenaba. Estaba buscando chicos para llevarlos a hacer una pretemporada. Yo tenía 16 años, y me dijo que le gustaría que yo viajara con ellos. Era para irnos dos semanas a Pinamar. Fue algo increíble para mí. Al toque dije que sí y en ese viaje lo conocí a Pico. Después, cada vez que estaba en Buenos Aires, entrenaba con él o con Machi González (actual 94º del ranking), que es otro referente para mí. Son dos personas muy influyentes en mi carrera. Siempre hablo con ellos, les pido consejos, me ayudaron mucho. Desde esa vez, en todas las pretemporadas me voy una o dos semanas con Pico y Machi. Con Pico comparto muchas cosas extradeportivas. He ido a Tandil, estuve dos semanas viviendo en su casa, conocí a toda su familia... Eso fue fortaleciendo la relación.

-Contanos alguna anécdota con él.
-Hay muchas... Por ejemplo, hubo un año en el que estuvimos en Punta del Este y paramos en edificios distintos. Un día, Pico me llamó y me dijo: “¿A las 5 nos juntamos a jugar un partidito de fútbol?”. Cuando llegué, estaban el uruguayo Chevantón, el Tano Gracián y varios jugadores de fútbol más. Yo tenía 17 años, no lo podía creer. Jugamos tenistas contra futbolistas y encima les ganamos por un gol. Soy muy fanático del fútbol, así que cada vez que puedo compartir algo con un futbolista, la paso muy bien.

-Casi siempre te vemos contento. ¿Sos de los tenistas que disfrutan su profesión?
-Cuando termina un partido, si no me fue bien, hay cuatro o cinco horas en las que no quiero que me hable nadie, no respondo los mensajes. Maltratarme mentalmente no es lo mejor, pero a veces lo hago. Pero, fuera de eso, sí, soy alguien muy divertido. Me  gusta joder, hacer bromas todo el tiempo.

-Además de Mónaco, ¿con qué otros tenistas te llevás bien?
-Con todos. Soy una persona muy sociable, le hago bromas incluso a la gente que no conozco y ahí empiezo a tener confianza.

El Peque forma parte de la categoría 92 de los tenistas argentinos, una camada que siempre generó expectativas por el gran potencial de sus jugadores: Schwartzman, Facundo Argüello, Agustín Velotti, Renzo Olivo. “Ultimamente, con todo lo que pasó con Del Potro, sus lesiones y lo de la Copa Davis, se empezó a hablar un poco más de lo que había en el tenis argentino después de Juan Martín, y ahí aparecemos nosotros. Por suerte, Leo Mayer tuvo un año muy bueno y también se habló de él. Obvio que un poco de presión se siente, pero es una presión linda porque no es para uno solo, sino que se reparte entre varios. Está bueno. Si están hablando de nosotros, por algo es.

-Y de las camadas posteriores a las tuyas, ¿ves a algún jugador con mucho futuro?
-Hay muchos chicos. Camilo Ugo Carabelli (15 años) y Manu Peña (17) juegan muy bien, los conozco porque tenemos el mismo preparador físico, pero son muy chicos. También está Pedrito Cachín, que recién cumple 20... Pero es difícil el tenis, porque hay que ser regular, constante. Si justo te toca una lesión y te quedas dos o tres meses afuera, perdés mucho, te cuesta. Es difícil predecir quién va a ser bueno y quién no, porque hay muchas cosas en el medio.

-¿Cuál era tu referente cuando eras chico?
-Nalbandian. Me encantaba verlo jugar, me fascinaba. Su forma de jugar era hermosa. Tenía todos los golpes, jugaba de todas las formas, les ganaba a todos, devolvía, corría. Era lindo sentarse a verlo porque te divertías, era la hora del show time, como decimos ahora.

El debut de Schwartzman se produjo a sus 17 años, en mayo de 2009: fue derrota 7-6 y 6-4 ante otro argentino, Juan Vázquez Valenzuela, en un Future jugado en nuestro país. Para los que no lo saben: los Futures son los torneos de menor categoría que dan puntos para el ranking. Luego, en orden ascendente, vienen los Challengers y los Torneos ATP, entre los que se destacan los cuatro de Grand Slam. 

-¿Qué recordás de ese primer partido?
-¿Sabés que me acuerdo poco? La memoria no es lo mejor que tengo (risas). Lo que no olvido es que estuve seis o siete partidos hasta poder ganar mi primer punto. Pero es como todo: en los primeros torneos ATP que jugué, también perdía en primera ronda, pero estaba contento. Y ahora ya no me gusta, quiero ganar. Lo mismo me pasaba en los Futures: en los primeros partidos estaba contento por poder jugarlos, pero después, cuando perdía, me quedaba con mucha bronca.

-¿De tu primer campeonato te acordás? Fue un Future en Bolivia, en 2010...
-Sí, sí, de eso me acuerdo un poco más. Fue en la altura, lugar en el que no me gusta jugar para nada, pero increíblemente ahí gané mi primer torneo profesional (risas).

En febrero debutó en Copa Davis: derrota en dobles, junto a Berlocq, contra Brasil.

-¿Cuánto influye la altura en el tenis?
-Influye mucho, un montón. Imaginate que en el fútbol, donde la pelota es más grande, influye. Y controlar una pelota más chica es más difícil. Así como no dobla en el fútbol, en el tenis tampoco. No es tenis, por decirlo de algún modo: es más rápido, no importa tanto el ranking, todo se hace más parejo.

-Después de un período de adaptación, en 2012 llegaste a ganar 17 partidos consecutivos. ¿Esas rachas son casualidad, porque se te cruzan rivales accesibles, o es todo mérito del que gana?
-Fue raro. Porque, así como me costó mucho sumar mi primer punto, también tuve una mala racha bastante larga en las finales de los Futures, no podía ganar (N. de R.: triunfó en una de las primeras nueve). Y después, de golpe, gané tres torneos seguidos sin perder sets. Después jugué tres Challengers y, cuando volví a los Futures, gané tres seguidos otra vez. No me lo olvido más: recién perdí un set en la semifinal del sexto Future. Eso te sorprende. En esos momentos, entrás a la cancha y sentís que no podés perder contra nadie. Sentís que te sale todo y que al rival, cuando juega contra vos, no le sale nada. Se dan un montón de cosas, y en el tenis la cabeza es muy importante, entonces cuando agarrás confianza y ritmo de partidos hacés mucha diferencia.

-¿Esa sensación buena o mala queda en la cancha o se traslada un poco a tu vida?
-Un poco sí. Tratás de que quede siempre en tu grupo, pero si perdiste tres finales seguidas, entrás a la cancha dudoso, y eso pasa en todos los ámbitos. Cuando algo se te niega, lo hacés cada vez menos seguro.

-¿En qué porcentaje influye la mentalidad en el tenis de primer nivel?
-Cuando todo es muy parejo, la cabeza es muy importante, se puede decir que es un 50% tenis y un 50% la cabeza.

-En Challengers te pasó lo mismo que en Futures: perdiste seis finales seguidas y después ganaste cinco de seis. ¿Ahí también la cabeza fue decisiva, o evolucionaste?
-Hubo un poco de evolución, porque algunas finales me las habían ganado bien, no tenía nada que hacer. Pero después, cuando empecé a ganar, tenía la confianza por el techo y sentía que no podía perder.

-¿Alguna vez te preguntaste en una cancha: “¿Qué estoy haciendo acá?”?
-Me lo planteo muchas veces. Como vos estás siempre adentro, no sabés cuán bueno es tu nivel, no lo ves claro. Entonces perdés dos o tres primeras rondas y decís: "¿Mi nivel estará para jugar acá?". Y empezás a dudar. Después hacés una semifinal o final y se te va. A los que pueden mantenerse igual cuando ganan o pierden les termina yendo mejor.

-Jugaste contra Nadal, Djokovic y Federer. ¿Qué los hace distintos?
-Es increíble la diferencia, las cosas que hacen. Agradezco haber jugado contra ellos para verlos desde adentro. Me sirvió mucho. Contra Federer, en Roland Garros 2014, me fui con un poquito de bronca porque creo que podría haberle ganado un set. Y con el que peor la pasé fue contra Djokovic, en el US Open; no encontraba aire por ningún lado.

-¿Cuáles son los detalles que te hacen ser uno de los mejores al devolver?
-Siempre devuelvo bastante metido. Por un tema de altura, me conviene meterme antes que esperar atrás. Trato de atacar, no sé lo que haré (risas). Le fui agregando cosas, devuelvo a lugares que a los rivales les molestan. A la mayoría le molesta que le ataquen el segundo saque.

-¿Qué te genera la Copa Davis?
-Cuando empezás a jugar al tenis, te imaginás estar en un estadio lleno representando a la Argentina. Al equipo lo apoyé muchas veces de afuera, y estar adentro fue increíble.

-¿Al dobles siempre le diste importancia o sólo en los últimos tiempos?
-Más o menos... Lo normal. Es algo que me divierte. Cuando entro a la cancha, juego mucho más suelto que en el singles, la paso bien, y si pierdo, me da bronca, pero no tanta. Pasa que mi entrenador fue muy buen doblista, entonces me enseñó mucho y mejoré bastante. Ahora vengo ganando muchos partidos y está bueno por el tema económico y también porque el ranking de dobles te permite entrar en varios torneos.

-¿Qué tenés que corregir como singlista?
-Un montón de cosas. Siempre digo que hay que mejorar todo un poco. El saque es algo que tengo que seguir practicando todo el tiempo, aunque lo haga bien en un par de torneos. Tengo que seguir para molestar más a los rivales. Lo físico, lo mental, la movilidad, hay que seguir trabajando porque adentro de la cancha todos regalan muy poco.

-En una entrevista de 2009 te preguntaron cuál era tu sueño, y dijiste que querías ser Top 100. Bueno, ya lo sos. ¿Y ahora el sueño cuál es?
-Fui pasando las etapas un poco rápido. Ahora soy Top 100, pero va a ser difícil mantenerse. Trato de pensar más en objetivos que en sueños. Obvio que el sueño más grande es ser número 1 del mundo, ser Top Ten, ganar Grand Slams; pero siempre, a medida que vas ganando, vas corriendo los sueños y metas. Siempre fui tranquilo con eso. Me pongo un objetivo simple a principio de año, algo para mejorar; y después me pongo objetivos por giras, como cuántos puntos sumar; o terminar a mitad de año en cierto ranking y a fin de año en cierto ranking.

-Si pudieras elegir un solo torneo para ganar alguna vez, ¿cuál sería?
-De los de Grand Slam, cualquiera, obvio, pero ganar alguna vez en Buenos Aires debe ser increíble. No hay nada más lindo que festejar en tu casa. Acá gané mi primer Challenger y no hubo nada más lindo, la gente no se lo olvida más. Salir de la cancha con el trofeo y que estén cincuenta amigos festejando sería diferente a todo.

Rock, asado y amigos
Su vida fuera de las canchas, dice, “es normal”. A medida que avanza en el ranking, el circuito se vuelve más exigente y el tiempo libre es cada vez menos, pero Diego tiene claro cómo usarlo. “Me junto mucho con amigos, me gusta estar en casa, comer asado... Hago una vida como la que hace todo el mundo. Antes jugaba más al fútbol, ahora no tanto. Primero, para cuidarme físicamente; y además, no quiero que mis amigos tengan miedo de pegarme. Cada vez que puedo voy a ver a Boca, soy fanático. Si tuviera que elegir un jugador que se parezca a mí por la actitud, sería el Pichi Erbes. Si voy a bailar, nada de electrónica, prefiero el reggaeton. Aunque lo que realmente escucho y me gusta es el rock nacional. Me encantan los uruguayos de La Vela Puerca y tengo contacto con el guitarrista de Las Pastillas del Abuelo, así que dentro de poco los voy a ir a ver”.

Por Martín Estévez. Producción: Darío Gurevich. Fotos: Sergio Llamera

Nota de la edicion de la revista mayo del 2015 El Gráfico