LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Lucas Albertengo, el orgullo del pueblo

- por Darío Gurevich: 31/05/2015 -

Criado en Egusquiza, que roza los 400 habitantes, no sólo juega en Primera, sino que lo hace en Independiente desde principios de año. Pasado y presente de un delantero que tiene buena proyección y que jura no haber cambiado su esencia.

A los 24 años, con un par de meses en Buenos Aires, posa con una remera muy particular.

“Ibamos a patear al arenero de la plaza y a otros espacios verdes que había en el pueblo. También lo hacíamos en el salón del colegio durante los recreos. Todos los chicos estábamos pendientes del fútbol, y cualquiera jugaba por cualquier lado. A mí ya me gustaba enganchar a esa altura”.

Lucas Albertengo describe cómo resultaron sus primeros toques con una desbordante felicidad. El segundo hijo de Rafael y Claudia, el nieto de Techa -su abuela materna que aún vive con sus padres-, el pibe que es el orgullo de Egusquiza, pueblo santafecino que no llega a tener 400 habitantes, pueblo en el que se crió (nació en Rafaela, a 30 kilómetros de allí, por falta de hospital); el joven de 24 años que justamente paraliza al pago cada vez que juega, porque llegó a ser futbolista profesional, continua desandando una historia sin desperdicios…

“A los cinco años, empecé en Lema, un pueblo cercano al mío porque todavía no tenía edad para hacerlo en Egusquiza. De ahí, la gente de Atlético de Rafaela nos vieron a mí y a mi hermano, Mauro, y nos llamaron para jugar allá. Arranqué en la Crema a los ochos años, y simultáneamente, lo hacía en el Club Atlético San Isidro, el equipo de mi pueblo. Entonces, los sábados representaba a Atlético, y los domingos, al CASI. Y ya jugaba como delantero”, explica.

-¿Qué recordás de los primeros entrenamientos en Lema?
-Era una etapa de plena diversión, sobre todo por cómo nos llevaban a entrenar. Ibamos en una camionetita en la que cargaban la verdura, porque el hijo del almacenero del pueblo jugaba ahí. Y éramos siete u ocho chicos que íbamos para allá, y no veíamos nada adentro de la camioneta porque estaba todo cerrado. Como para llegar a Lema había un camino de tierra, un día de lluvia giró la camioneta y todos terminamos metidos en una zanja (se ríe).

-¿Quiénes son los formadores que destacás en tus inicios?
-Hubo varios que me dejaron algo y todos tuvieron su parte. Primero, Luis Hamer en Lema. Después, los mellizos Borgnino, que se caracterizan por desarrollar un buen trabajo en las infantiles de- Atlético de Rafaela. Y de Egusquiza, no puedo dejar de nombrar a Carlitos Jiménez, que además es mi vecino. De todos saqué algo y me ayudaron a ser mejor jugador.

-¿A qué futbolista admirabas?
-A Saviola. No quería ser como él porque no podía, pero me encantaba.

-Jugaste por un montón de pueblos. ¿Qué anécdota podés contar que haya surgido en esas canchas?
-Ahí, en las canchas de los pueblos, se ve el verdadero fútbol, no hay otro tipo de interés. Sólo se trata de jugar al fútbol para divertirse con los amigos, con la familia. Y cuando entrábamos en calor en el Monumental, en un River-Rafaela, con Pavetti, que ahora está en Sportivo Belgrano, que compartió 14 años conmigo en Atlético, nos acordábamos de la chanchería que estaba al lado de la cancha de Fraga. Si la pelota se iba al lateral, terminabas en el chiquero (se ríe). En aquel momento, jamás nos imaginamos que tiempo después íbamos a pasar a jugar en grandes estadios.

-Tuviste una lesión complicada en 2010, después te quisieron borrar de Atlético, y casi queda trunco tu sueño de ser futbolista. ¿Cómo la peleaste en aquel entonces?
-Me fracturé la tibia de la pierna derecha, estuve dos meses y 10 días con yeso; fue un momento durísimo, porque me costó agarrar ritmo y volver a estar bien. Pero son cosas que pasan en la carrera de un futbolista. Y me repuse, al igual que cuando me quisieron dejar libre. Es más, los dirigentes casi me dan a préstamo a un equipo del Argentino B de ahí, de Rafaela, pero pedí quedarme a lucharla y Lito Bottaniz me bancó.

-Antes de debutar en la Primera de Rafaela, fuiste entrenador. ¿Cómo resultó la experiencia?
-Buenísima (se le iluminan los ojos). Dirigía a la escuelita de fútbol del CASI, el club de mi pueblo, en 2011. Yo estaba en la Cuarta de AFA de Atlético, y cuando terminaba de entrenarme, me iba en moto para darles clase a los chiquitos de entre cinco y nueve años del pueblo, entre los que estaba Gino, mi hermanito. Ellos jugaban en cancha de siete, y yo traté de enseñarles algo y aprendí mucho.

Refuerzo rendidor. Metió cinco goles en los primeros seis partidos en el campeonato.

-¿Qué les enseñabas y qué aprendiste?
-Bueno, cosas básicas: sacar laterales, patear al arco fuerte y con borde interno, gambetear a los conitos, jugar uno contra uno, practicar a pegarle con la pierna inhábil que es fundamental. Y yo aprendí a relacionarme con los chicos, porque, aunque no lo creas, ya tienen diferentes personalidades. La pasé muy bien.

-¿Quién es Jorge Burruchaga en tu vida?
-El que me terminó de preparar como jugador de fútbol, el que me rescató y el que, de alguna forma, me llevó a triunfar. Yo firmé mi primer contrato y a partir de ahí se dio todo muy rápido: Burruchaga me vio un partido en la Reserva, me subió al plantel de Primera de Atlético, me hizo debutar en 2013, me llevó de a poco y me sostuvo. El se la jugó por mí y yo se lo agradezco.

-¿Qué te aconsejaba Burruchaga?
-Los movimientos para atacar… Todos sabemos lo que fue como delantero, un campeón del mundo, y aprendí muchísimo con él. Y en lo personal, me generó tranquilidad y me mantuvo bien anímicamente, sobre todo cuando peleábamos el descenso. “No tenés que salvar al equipo, no te cargues todo”, me decía. Y yo esas palabras las valoro mucho.

-¿Cuál fue tu gol más emotivo en la Crema?
-El que le metí de manera agónica a Arsenal, que nos permitió ir a un desempate contra Colón para mantener la categoría a mediados de 2014. Ese fue el más importante, y no sé si alguna vez haré otro tan determinante.

-¿Sos de mirar fútbol?
-Sí, el argentino, en especial, porque es el fútbol en el que juego. Me gusta analizar a los defensores para saber sus movimientos, qué les cuesta más, y quizás lo pueda trasladar después al partido.

-¿Tenés miedo de no poder adaptarte a Buenos Aires?
-Mirá, cuando venía a concentrar a Buenos Aires con Atlético de Rafaela, pensaba que no podría vivir en esta ciudad porque es un mundo aparte, una locura. Pero, al firmar con Independiente a principios de año, cambié la cabeza. Hoy, trato de ser lo más fuerte posible y la llevo bastante bien.

-Pero debés extrañar…
-Sí… Cuando jugaba en Atlético, iba seguido al pueblo para ver a mis afectos: mis viejos, mis hermanos, mis abuelos; y acá, en Buenos Aires, se me hace más difícil por la cantidad de horas de viaje, aunque ya fui tres veces en colectivo en dos meses. Aproveché que jugamos en Rosario y Santa Fe, y pegué la vuelta. Cada vez que pueda, lo haré para no extrañar tanto. Pero, bueno, tengo los objetivos claros, qué quiero para mi vida, y en todos los trabajos hay que sacrificarse, y este es el esfuerzo que me toca hacer.

-Esperá, ¿te fuiste en micro?
-Sí… Como no me animo a manejar en la ciudad y tampoco me ubico bien, dejé el auto en mi pueblo. Entonces, me tomé el colectivo… A mí no me cambia jugar en Primera, hago mi vida como siempre, y tampoco me molesta irme en colectivo, porque para mí es lo normal.

Determinante. Cada vez que el santafecino convirtió en el torneo, Independiente sumó.

-¿Quién te lleva y te trae de los entrenamientos hoy?
-El Ruso Rodríguez, que es un fenómeno.

-¿Incorporarte a Independiente te generaba algún temor?
-Bueno, el miedo era cómo me iban a salir las cosas en un equipo grande y con mucha historia, cómo respondería ante la presión porque estaba acostumbrado a otra cosa. Sabía que representaba un gran cambio. Pero así como se me presentaban esas dudas, también me gustaba el desafío. Creo que lo estoy haciendo bien.

-¿Qué te impactó del Rojo?
-Me sorprendió la buena gente que hay en el club. Jamás pensé que me encontraría con mala gente, pero sólo el hecho de que se trate de Buenos Aires e Independiente, un equipo con mucha repercusión, me hacía imaginar otra cosa. Por suerte, los dirigentes son muy buena onda, el cuerpo técnico es muy tranquilo, y tengo unos compañeros bárbaros. Y, por otro lado, me llamó la atención la magnitud de Independiente. Sabía que era grande, pero acá te das cuenta de que es grande de verdad.

-Recién les tirabas flores a tus compañeros. ¿Te hicieron más liviana la adaptación?
-Sí, mis compañeros y la gente del club me ayudaron a que me adaptara más rápido, por más que todavía me falte… El grupo es unido, sano y alegre, y todos nos llevamos bien. Muchos de los chicos me joden con la vestimenta, porque dicen que me visto medio croto, como un paisano. Quizá llevo ropa cómoda, y me cargan con que voy a jugar al tenis (se ríe).

-¿Qué compañero te impresionó?
-Federico Mancuello. Lo había enfrentado, pero es impresionante compartir la cancha con él, lo que significa dentro del equipo, y lo que hace afuera de la cancha, porque se encarga de todo. Es admirable, un líder positivo, al igual que el Chino Garcé y el Polaco Bastía, que ejercían ese liderazgo en Rafaela. Todos ellos son ejemplos a seguir, a imitar. 

-¿Qué te sorprendió del técnico, Jorge Almirón?
-Su personalidad. Está muy convencido de lo que quiere, de cómo vive el fútbol, y está buenísimo que un entrenador tenga ese tipo de cosas.

-¿Te seduce la propuesta de juego del equipo?
-Sí, me motiva, porque intentamos jugar bien al fútbol, por abajo, y queremos ser protagonistas en todas las canchas. Este es un plantel joven, y no tengo dudas de que a la larga los resultados van a llegar porque hay un muy buen material. Yo creo que podemos pelear el campeonato.

Ceba mate donde alquila. Extraña a sus afectos, pero sabe que "es el esfuerzo" a realizar.

-¿Qué deben corregir?
-Cuando vamos ganando, tenemos que dormir un poco más los partidos. A nosotros nos gusta pensar en el arco rival, pero al ponernos en ventaja, tendríamos que armarnos mejor, planchar un poco el juego… Como este es un plantel joven, a veces cometemos algunos errores por esa juventud, porque nos falta esa picardía.

-¿Te asombró tu muy buen rendimiento al meter cinco goles en los primeros seis partidos del equipo en el torneo?
-Sí, no esperaba adaptarme tan rápido, sobre todo al esquema de juego, al equipo, y me sorprendió tener esos goles en tan pocos partidos. Lo que sí esperaba era que anduviéramos bien a nivel colectivo.

-Está bien, porque vos no sos un goleador y creo que nunca lo fuiste, ¿o no?
-Sí, siempre me destaqué por jugar y crear. Si bien llegaba al gol, no me considero un goleador. Soy un delantero que puedo tirarme atrás para jugar, moverme por los costados, y no es que sólo puedo estar en el área. Mi pierna hábil es la derecha, aunque pateo con la zurda también. Sé que tengo que mejorar el cabezazo y el salto en el cabezazo.

-Tenés cuatro años de contrato en el club, y romperla te abriría puertas en el exterior. ¿Vos también lo imaginás así?
-No, pienso en lo que me toca. Siempre fui así, y sólo quiero hacer lo mejor para el club con responsabilidad y respeto.

-¿Cuál es tu meta en Independiente?
-Aspiro a objetivos grupales, a ganar títulos en el club. Soy de la idea de que si le va bien al grupo, nos irá bien a cada uno; y esta es la mejor forma para mantener a todos contentos.

Por Darío Gurevich/ Fotos: Maxi Didari

Nota publicada en la edición de abril de 2015 de El Gráfico

Por Darío Gurevich: 31/05/2015

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