LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Los Orsanic, docencia pura

- por Diego Borinsky: 15/05/2015 -

A Branko Orlovich y Daniel Orsanic los une no sólo el amor por el tenis y la vocación por enseñar, sino también un parentesco: son padre e hijo. Las coincidencias entre el hombre de 87 años que formó a Clerc y el encargado actual de buscar talentos, que además cuenta las sensaciones tras superar su debut como capitán de Copa Davis.

Padre e hijo, con raquetas de época en el CENARD, donde se inauguró un Centro Nacional de la Asociación Argentina de Tenis.

No lo impulsó una crisis de identidad resuelta tras 10 años de terapia. Se trató de una cuestión algo más terrenal y pragmática. El pibe la remaba como podía, y resulta que los puntos que conseguía con muchísimo sacrificio se los tenía que repartir consigo mismo. O sea: unos puntos para Daniel Orsanic, y otros para Daniel Orlovich. “¡Qué suerte pa’ la desgracia!”, exclamaría Pepe Biondi.

“Estaba entre los 7 u 8 de mi categoría, no era el mejor, y me perdí la chance de entrar en un par de torneos porque tenía los puntos repartidos entre los dos. Ahí dije: ‘Basta, se acabó, yo soy Orsanic y a la mierda’”.

Daniel Orsanic sonríe, mientras se baja un cortado en un bar cercano a su casa de zona norte. Es sábado a la nochecita, hace una semana exacta, a esta misma hora, el resultado de su debut como capitán de Copa Davis asomaba con pronóstico reservado, a pesar de que hoy siga firme en su convicción de que, aun perdiendo la serie con Brasil, no hubiera habido nada para reprocharse. Su carraspeo permanente durante la hora larga de charla con El Gráfico nos invita a pensar que gritó mucho en los festejos o que la tensión de ese epílogo dramático recién hoy, unos días después, ha comenzado a manifestarse en su cuerpo.

La entrevista no arrancó por el final, sino por el principio. Por ese abuelo que debió huir de Croacia al finalizar la Segunda Guerra Mundial con el apellido cambiado a Orlovich por cuestiones de seguridad, por ese padre Branko que lo conservó aún al ingresar a la remota Buenos Aires con 19 años por temor a cualquier represalia y por el chiquilín Daniel que bastante después jugaría al tenis, y que en más de un torneo fue anotado como Orlovich, sin mostrar el documento, porque era el hijo de Branko, claro. Y a Branko lo conocían todos en el ambiente del tenis porque lo había jugado, porque lo había enseñado. Hasta que un día, el joven Daniel comprendió que si encima que ganaba pocos puntos los dividía entre dos, era un salame. Y dijo basta.

-Bueno, si perdías con Brasil esta serie, volvías a ser Orlovich y listo…
-¡Qué simpático! –murmura, y sube el volumen de su sonrisa, no hasta una carcajada, tampoco exageremos, porque el equilibrio parece ser una de las características básicas de la personalidad del capitán de la Davis. Veamos...

Arranca la historia, contada en primera persona por Branko, que ya pisa los 87 años, en un castellano que aún conserva cierto acento Europa del este.

-Mi padre era diplomático y cuando terminó la Guerra Mundial, vinieron los rusos y nos tuvimos que ir porque nos liquidaban. Tenía un hermano mayor que no se pudo subir al auto, porque éramos dos familias enteras y no había lugar, y nos dijo que se quedaba con los militares y nunca más lo vimos. Luego nos enteramos de que lo mataron. Yo tenía 15 años, estuvimos 3 meses en Austria, en campos de refugiados, nos daban de comer, y, finalmente, entramos a Italia por Udine y nos quedamos 3 años. Mi padre se escondió en un convento, mi madre daba clases a los chicos en casas de ricos, vivíamos separados, como podíamos, hasta que por el clero recibimos una oportunidad del gobierno de Perón y vinimos en barco a la Argentina. Fueron 18 días, no los olvido más: pasamos Gibraltar y el barco se empezó a mover como un infierno, las olas pasaban por arriba de cubierta, y hablamos de un barco petrolero, de 9500 toneladas. Me la pasé vomitando todo el viaje, fue terrible. Ya en Buenos Aires, mi padre empezó como albañil, preparando mezclas para la construcción. De diplomático a obrero, sí, en la vida hay que estar preparado para todo. Y yo hice distintas cosas y me puse a jugar al tenis. En 1962 había poco trabajo en la Argentina, el panorama era oscuro y me dediqué a ser profesor de tenis. Creo que había tres en todo el país. Lo tuve a Clerc con 15 años, a los Gattiker, a varios, durante 35 años di clases de tenis.

-Te transmitió la vocación docente, Daniel…
-Mi viejo es docente de alma, ojalá llegue a ser un poquito de lo que fue él (lo dice sin que lo escuche Branko). Cuando me acompañaba a los torneos, me daba vuelta y les daba indicaciones a otros chicos, de corazón, porque le gustaba corregir. “Vos lo ayudás a ese o al otro y mañana pueden ser mis rivales y me ganan”, le reclamaba, enojado.

 

Bien, ya entendemos el porqué de ciertos rasgos del capitán. Su recorrido como tenista nos ayudará a terminar de delinear el perfil. Se inició a los 9 años en el club Arquitectura, en Agronomía. Jugaba torneos nacionales en Capital, al interior viajaba de vez en cuando y al exterior ni de vez en cuando. No había plata y menos sponsors. Salió a competir afuera del país recién como profesional, en 1987, y lo salvó un club holandés de La Haya, que durante 8 años le ofreció que lo representara en interclubes a cambio de pasaje y estadía, la única que le quedaba para medirse internacionalmente y sumar puntos y ranking.

En el single no logró destacarse y a los 27 años, tras volver de una pubalgia que lo tuvo parado 7 meses, le costó recuperar el ranking, ganó un par de challengers en dobles y los últimos 6 años de su carrera los dedicó en exclusividad a competir en pareja. Siempre fiel a una costumbre que adquirió en aquellos primeros viajes al exterior: escribir en el cuadernito…

-Viajaba mucho solo y debía tener un registro, llevar un control. Monitoreaba mis sensaciones, cómo había jugado, si había cumplido con las rutinas físicas, si lo hacía con ganas o no. Fue una recomendación de Patricia Wightman, la psicóloga deportiva con la que trabajaba, y se me hizo hábito. Cuando empecé como entrenador seguí con esa rutina, incluso anotaba frases de los tenistas que me ayudaban mucho a entender cómo pensaban.

-¿Una de tus cualidades puede ser esa, que seas ordenado y meticuloso?
-No sé, siempre pretendo que el jugador se sienta bien, que no esté por estar, que busque en todo momento esa mejora y considero que tengo mucha paciencia para intentar conseguir eso. La sensación más linda para un entrenador es ver que su jugador entra a la cancha y deja todo, que está con ganas de luchar, y que vive el partido junto con el entrenador y, en sentido opuesto, la sensación más fea es la indiferencia, que te transmita que si estás o no, es exactamente lo mismo, o incluso que es mejor que no estés (risas).

-¿Cuál es tu función como Director de Desarrollo de la Asociación?
-Coordinar los apoyos a los juniors, las nominaciones para equipos sudamericanos y mundiales, organizar los campos de entrenamiento para cada una de las categorías, descubrir talentos, por supuesto. El país es muy grande, pero nuestra presencia estimula muchísimo, les da contención a los chicos para que sientan que somos una guía, que la Asociación no sólo es un ente que le va a pagar un pasaje o no.

-¿Seguís con esa función?
-Claro, esta semana se jugó el G1 en el Mayling y estuve, en abril viajo a Mendoza porque hay otro, el año pasado fui a las Olimpíadas Juveniles de China con dos chicos y al US Open con 3, hacemos visitas regionales a distintas academias, viajo mucho dentro del país.

-¿Te sorprendió que te eligieran capitán?
-Sabía que podía ocurrir, porque cuando empecé en Desarrollo más de uno me dijo: “Muchos Directores fueron luego capitanes de Davis”. Tito Vázquez, Alejandro Gattiker, Gustavo Luza, Franco Davín… pero yo entré con la cabeza 100% en Desarrollo, no lo hice pensando en que fuera un paso para ser capitán.

-¿Y por qué creés que te eligieron?
-Un motivo es que ya formaba parte de la Asociación. Otro, creo, es que les cerraba el perfil para este momento: alguien que transmitiera tranquilidad y que no tuviera nada que ver con cualquier tipo de polémica.

-Habrán consultado a Del Potro…
-Mirá, la única experiencia que compartí con Del Potro previa a mi nominación fue como ayudante de Luza en una serie de Copa Davis en Bielorrusia. Juan Martín tenía 15 años y viajó como sparring y entrené con él unos días. Después, me lo crucé en torneos y no fue más que un “¿hola qué tal?, ¿cómo estás?”. Desconozco si lo consultaron, de lo que sí estoy seguro es de que él no puso a nadie.

 

A los entrenadores de todos los deportes se les reclama equilibrio. Que no vuelvan locos a sus dirigidos. Que sepan amortiguar efectos de victorias y derrotas. Que irradien tranquilidad. Orsanic pasó su primera prueba con holgura. Es más: hasta se podría pensar que se pasó de manso y tranquilo. Si cualquier hincha que vibró en las tribunas o se comió las uñas frente a la TV estuvo al borde del ataque de nervios en ese cuarto punto frente a Brasil, el capitán, cuyo triunfo o caída en el debut (y todas las cosas que se dirían de él) dependía en un momento de dos puntos, ¿cómo hacía para mantener la calma?

“Yo fui viernes, domingo y lunes a Tecnópolis y la pasé malísimo –admite el padre–, un parto interminable el del domingo. Podría haber terminado mal, pero no fue así. ¡Al fin ha ganado el bien en este mundo! La Asociación cambió totalmente, y no lo digo porque eligieron a mi hijo, sino porque hay gente buena de verdad, se están haciendo las cosas en equipo, antes era todo privilegio”.

La volea del zurdo Orsanic, ante la mirada de Lucas Arnold, en el ATP de Buenos Aires. Como doblista, llegó a jugar un match de Copa Davis.

-¿Estabas tan tranquilo como se veía, Daniel, o eras un volcán y lo disimulabas?
-Hubo situaciones límites en las cuales era normal sentirse nervioso, pero siempre estuve tranquilo más allá del resultado, porque veía el esfuerzo de los chicos. Se prepararon muy bien, estuvieron abiertos a jugar, a no jugar, a los horarios y eso te genera tranquilidad.

-Te jugabas mucho en ese partido de Mayer.
-Estuve enfocado en ver de qué manera podía ayudar al jugador. En la Davis, todo se vive en forma muy intensa, por eso para mí es muy importante transmitir tranquilidad. No suma si de afuera le pasás al jugador más nervios de los que ya tiene. A Leo busqué sostenerlo anímicamente, ayudarlo a que siguiera intentando, hablar cosas del juego. Lo bueno en una Davis es que tenés la libertad de dialogar con el jugador. En cualquier otro torneo si le querés decir algo a tu jugador, no te tienen que ver porque no está permitido. Se puede influir mucho más que en un torneo.

-Es muy delgada la frontera entre éxito y fracaso: si Mayer perdía dos puntos, vos eras un gil que no había llamado a Mónaco y había confiado en Delbonis, ¿cómo lo manejás?
-Para afuera, para la opinión pública, es una línea delgada, pero si Mayer hubiera perdido, desde mi punto de mi vista no era un fracaso. Para mí, el éxito es lograr que el equipo tire junto para adelante y que deje todo en la cancha. Y lo habíamos logrado, no tenía nada que reprocharme. Sé que la gente se convence por un éxito deportivo, pero siempre estuve seguro de las decisiones que tomé, cada una tenía un argumento. Hubiera fracasado si sentía que los jugadores no dejaban todo al entrar a jugar.

-¿Te das cuenta si pasa eso?
-Claro, uno ve el convencimiento con que juegan. Pueden estar nerviosos, porque es una situación importante, pero se nota si un tenista juega desganado. Esta serie fue un éxito por haber ganado y porque pudimos transmitir un ejemplo de esfuerzo, humildad, orgullo, unión. Eh, pará, pará, no se puede creer (de golpe cambia el rumbo de su charla, mientras relojea la pantalla de TV que está al fondo), ¡qué caradura, cómo le van a anular ese gol! (era el 2-2 de Defensa y Justicia contra Boca).

-¿Sos futbolero?
-Sí, siempre lo jugué. Soy hincha de River, iba seguido al Monumental y he vuelto en estos últimos años para ir sembrando en Balthazar (6 años), mi hijo. (También tiene una hija, Guadalupe, de 10).

-Tenés un equipo bostero…
-Bueno, en esta serie tuvimos a Schwartman, Mayer, Delbonis, Del Potro y Pedrito Cachín, que son de Boca; Berlocq y Bagnis de River y Rata Durán y Andrés Moltoni que no sé de qué equipos son (el detalle de “en esta serie” nos habla de un capitán cuidadoso en sus palabras y también que siente que el equipo no sólo lo conforman los 4 o 5 que juegan).

-Ibas al Monumental, ¿a la Copa Davis también ibas como hincha?
-Claro, recuerdo la serie contra Alemania, en el 90, una situación similar a la de ahora, porque Jaite le ganó con sufrimiento a Stich y el lunes Mancini barrió a Uwe Steeb, también con entrada libre, y un Buenos Aires que reventaba. Otras veces alenté desde el banco o en la tribuna cuando colaboré como sparring.

-En Mar del Plata 08 contra España, ¿pensaste que la ganábamos?
-Sí.

-¿Falló el armado del grupo?
-Fui a Mar del Plata, pero no estuve adentro del grupo para opinar con fundamento. Uno de afuera escucha muchas cosas…

-Por los tenistas que dio Argentina en la historia, ¿no debería haber ganado ya la Davis?
-Es más extraño no haberla ganado nunca que haberla ganado alguna vez. Estuvimos cerca.

-¿Es por el típico individualismo argentino?
-El mensaje que queremos dar va más allá del resultado. Los Pumas pierden casi todos los partidos y sin embargo nos abrazamos, los alentamos y admiramos su garra. Su mensaje va más allá de ganar un Mundial. Bueno, aspiro a que el mensaje y la transmisión de los valores que tiene el tenis como deporte trasciendan los resultados deportivos.

-¿Cuáles son los valores del tenis?
-El tenis es un formador de carácter espectacular, te desarrolla un sentido de la responsabilidad que no tiene un deporte de equipo. Sos vos en cada momento. Ojo que me encantan el fútbol y otros deportes de equipo, pero ahí se reparte, y muchas veces vos jugaste al máximo de tus posibilidades y sin embargo perdiste. En tenis, gana el que juega mejor, y debés aprender a convivir con la frustración permanentemente. En una empresa, si tenés que resolver un quilombo cada 20 segundos, te volvés loco. El tenis es más o menos así y no te queda otra que aprender a convivir con la equivocación y generás ese diálogo interno de motivación. Son valores que si el padre consigue que el hijo los desarrolle, ya es un campeón. El hijo es un campeón, no importa a qué se dedique.

-¿Cómo conseguiste que Del Potro pase de no querer jugar a alentar a sus compañeros?
-El primer día en que nos reunimos, Juan Martín me dijo que tenía muchísimas ganas de jugar, que no venía de una buena experiencia pero que su deseo era representar al país. O sea que no hice nada para que juegue Del Potro (se ríe). Es un referente al que hay que acompañar y escuchar, porque no sólo se ha manifestado por temas de Copa Davis, sino por la base de nuestro tenis, y yo, estando en Desarrollo, celebro muchísimo que se involucre, es muy valioso que nuestros juniors lo sientan cerca.

-¿Hay que armar el equipo alrededor de Del Potro como con Messi en la Selección?
-No, no, porque acá cada uno juega su partido, más allá del dobles. Sí es necesario que haya un clima de respeto y cordialidad, una convivencia sana, eso sí es necesario, porque la semana de Copa Davis es muy intensa, se viven demasiadas emociones y ayuda el respeto, la buena onda y el buen ambiente.

-¿No creés que con menos peleas y egoísmos Argentina podría tener una Ensaladera?
-Estoy muy enfocado en que tiremos para adelante, en mostrar que la Copa Davis nos trasciende a todos. Es un gran momento para ponerse de acuerdo y dejar las polémicas. Creo que ya es superaburrido, el tenis y la sociedad se hartaron de eso. Necesitamos un cambio, un poco más de calma…

-Perfecto lo de los valores, ¿pero no soñás con levantar la Davis por primera vez?
-Por supuesto, quiero ganar cada serie que juguemos, pero no quiero ser resultado-dependiente. Tenemos un trabajo mucho más de fondo y creo que si nuestros juniors crecen incorporando todos estos valores, vamos a tener más chances de obtener el objetivo.

Mayer le acaba de ganar el maratónico partido a Souza, y el capitán lo felicita y respalda.

-¿Te doy para elegir: sacar 5 cracks del semillero o ganar la Davis?
-Noooo, es como cuando me preguntaron qué prefería: si un buen grupo o ganar la Davis. Y lo cierto es que sin un buen grupo, no ganás la Davis. Quiero que consigamos ese espíritu de igualdad, de unión. Respeto mucho a los cracks que son buena gente, que son simples, que tiran para adelante, un Nadal, un Federer, un Djokovic, tipos muy queridos en su propio círculo, en su ciudad, en su país, tipos muy respetados y admirados y que se han cansado de ganar. ¿Por qué no se pueden las dos cosas?

 

Eso. ¿Por qué no las dos cosas? Proyecto y presente. Desarrollo y capitanía. Orsanic y Orlovich. Dale que va.

 

Identifíquese
Daniel Orsanic nació el 11 de junio de 1968 en Buenos Aires. Tiene 46 años. En su carrera como profesional (1987-2001) llegó a ser N° 24 en el ranking de dobles. En dicha especialidad ganó 8 títulos y fue 2 veces semifinalista de Roland Garros con Lucas Arnold (1997) y con el brasileño Jaime Oncins (2000). Jugó un solo match por Copa Davis: perdió el doble con Arnold ante Ecuador en 1999. Fue entrenador de José Acassuso, del peruano Luis Horna, del uruguayo Pablo Cuevas y del brasileño Thomaz Belucci y es Director de Desarrollo de la Asociación Argentina de Tenis desde mayo de 2014. Colaboró con el capitán Gustavo Luza en la Copa Davis 2004.

 

Por Diego Borinsky/ Fotos: Sergio Llamera

Nota publicada en la edición de abril de 2015 de El Gráfico

 

Por Diego Borinsky: 15/05/2015

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