CONFIESO QUE HE APRENDIDO

Carlos Arano, en primera persona

- por Darío Gurevich: 09/05/2015 -

Rompe récords. Campeón en 2001, pulverizó 35 años de Racing sin títulos locales. Ganador en 2014, cortó 41 años de Huracán sin una estrella. Bajó y subió con River. Pronto reaparecerá tras una seria lesión.

A un mes de cumplir 35 años posa en la popular de Huracán y lleva puesta una de las camisas que fabrica. En breve, lanzará su marca.

LO PRIMERO que recuerdo sobre Racing es cuando jugaba desde chico en el club. Empecé en el papi, a los cuatro años, en la sede de la Avenida Mitre y me probé en infantiles, porque soy fanático del equipo junto a mi familia. Ahí comenzó mi historia con Racing, donde estuve 17 años seguidos.

EN INFERIORES, jugaba de volante por izquierda, de enganche a veces. El físico no me ayudaba porque era chiquito, y los técnicos preferían a pibes más altos. Me la banqué y aprendí a tener paciencia y a saber que si no te entrenás bien, no vas a rendir cuando te llegue la oportunidad. Ya en Quinta, gente nueva vino a dirigir a Racing y el entrenador preguntó cuáles eran los puestos de cada uno. Bueno, no había nadie para jugar de 3, y éramos 15 para hacerlo de 10. Entonces, dije que me animaba a ir de 3 y tuve continuidad en esa posición.

LA PRIMERA RACHA que rompí fue en inferiores de Racing al salir campeón con la Cuarta en el 99. Hacía nueve años que el club no lograba un título en inferiores, y nosotros dimos la vuelta en la última fecha en la cancha de Almagro, y yo llevaba la cinta de capitán. Ese momento lo recontra disfruté, porque soy hincha, jugaba en una categoría cercana a la Primera y era campeón por primera vez.

MI DEBUT en Primera fue atípico. Racing estaba mal, necesitaba dinero, y no teníamos agua caliente en el vestuario. Salió para jugar un amistoso contra Universidad de Chile allá, en 1999, y al club le entraban ocho mil pesos para comprar una caldera. Entonces, experimenté mi primera concentración, conocí qué era viajar en avión, otro país, y jugué 20 minutos. Por más que no haya sido un partido oficial, yo había debutado en la Primera de Racing. No me lo olvido más; tenía 19 años y todo eso era impensado para mí.

A los 21 años, marcó el primer gol para Racing campeón del Apertura 2001,el primero de su carrera, y se lo dedicó a su sobrino.

LOS LOCOS a veces dicen verdades. Había un amigo de la familia que aseguraba: “Chiche saldrá campeón en Primera cuando se cumplan 33 años sin títulos locales, porque va a ser la edad de Cristo, y él dará vuelta la historia”. Yo no le daba mucha bola al comentario hasta que el tipo acertó, y rompimos la racha de 35 años a fines de 2001.

TENIAMOS MIEDO de que le pasara algo a mi viejo, cuando salimos campeones, por semejante emoción. Más allá del título, él tenía un hijo ahí que representaba a la familia. Si bien ese era el sueño de todos, mis hermanos y yo le habíamos pedido antes del partido frente a Vélez que estuviera tranquilo porque no queríamos tener ningún disgusto. Qué sé yo, no sabíamos cómo podía reaccionar, mirá si el bobo le daba un batacazo… Pero nos dio su palabra de que se iba a portar bien. Y en un momento durante la vuelta olímpica, lo identifiqué junto a mi vieja y a mi hermano menor que lloraba, y ese contacto visual fue como un abrazo.

A MERLO lo amo. Es un muy buen entrenador, un gran tipo, y se llevaba bárbaro con el grupo, al igual que el Polaco Daulte, su ayudante de campo. Yo competía por el puesto con Bedoya en ese Racing del 2001, y Mostaza se decidió por él para el último partido contra Vélez, y yo fui al banco. Estaba como loco, entre mi juventud, que el torneo se había parado cuatro o cinco días porque la Argentina era un quilombo, la posibilidad de ser campeón, la ansiedad… No dormí la noche anterior... Era demasiado. Y quería terminar como terminé: entrando dos segundos aunque sea, para ser campeón en la cancha. Entonces, en la última jugada, cuando a Campagnuolo le hicieron falta, me desesperé y le pedí entrar.

-Mostaza, por favor, poneme, poneme…

-Bueno, entrá, entrá...

-¿Por quién?

-Por el que quieras…

Justo me miró Gustavo Barros Schelotto, que quería saber cuánto faltaba, y le grité: “Dale, vení, vení; cambio”. Entré, Campagnuolo sacó y se acabó el partido, y me quedé con la sensación de haber sido campeón en la cancha. “Vos me sacaste”, me dijo Gustavo en una oportunidad. Y Mostaza me jodió después: “Vos me apuraste para que te metiera”. Yo ni lo pensé, me dejé llevar por el fanatismo.

De zurda y en una producción exclusiva para El Gráfico, la empalma cuando la rompía en el Huracán de Cappa.

GRACIAS POR el campeonato. Eso les digo, cuando los veo, a Maciel, Chatruc y Vitali, compañeros en el Racing campeón del 2001 a los que quiero mucho. Yo fui partícipe también, jugué 15 partidos de titular sobre 19, entré en dos más, y era chico porque sólo tenía 21 años. Por eso, siempre les agradeceré a Mostaza y a mis compañeros por la confianza que me dieron, y por haber cortado la racha.

ME SIGO EMOCIONANDO con el Racing campeón del 2001. Hoy, le muestro los videos de ese equipo a mi hijo mayor, Panchito, que tiene cuatro años, y se me pone la piel de gallina al mirar los festejos. Como él nunca me vio hacer un gol en la cancha, le busco los poquitos que convertí. El que le metí a Argentinos en ese Apertura 2001 es el que más disfruté en mi carrera, porque fue el primero. Sólo soñaba con jugar en la Primera de Racing y hacer un gol, y justo se me dio en el arco que da a la popular de Racing. Entonces, se me juntó todo, no sabía ni cómo festejarlo. Haberlo gritado de cara a la hinchada fue único. Es más, cuando no me tocaba ir al banco y ya era profesional, me mandaba para la popular con mis hermanos y mi viejo para ver a mis compañeros, porque yo era de ahí, de la tribuna, e iba como uno más.

MI VIEJO es fanático de Racing. Bueno, lo era. En la cancha, lo veía loco, se quería pelear… A él no le gustaba que putearan a los jugadores de Racing, y en las discusiones alguna mano volaba. De todas maneras, lo tuvimos que tranquilizar con mis hermanos cuando empecé en Primera, y ahí quizá se calmó un poco, porque uno como padre lo vive distinto. Pero tiene una historia buenísima: a los 17 años quería ir sí o sí para la final Intercontinental del 67 en Uruguay, y mi abuelo no lo dejaba. Entonces, se truchó el DNI, se escapó en barco y lo vio campeón. No le importó si volvía y mi abuelo lo cagaba a palos, ni lo pensó y se rajó con un amigo. Fue una locura que hizo de pibe por la pasión.

SI ME DICEN que soy un tipo angelado, les doy la razón. Algunos lo llamarán culo; otros, trabajo. Creo que es mucho laburo y un poco de suerte. Me tocó entrar en la historia de Racing, algo que soñé desde chiquito, y fue una emoción fuerte. Y haberme metido en la historia de Huracán al ganar la Copa Argentina 2014, el primer título que consiguió el club después de 41 años, es soñado. Me siento orgulloso por haber quebrado dos rachas larguísimas.

Triste, sufre el descenso a la B de River.

EN HURACAN, sólo soñaba con devolverlo a Primera División. Tenía una espina clavada del 2009, porque nos robaron la gloria. No pensábamos pelear la Copa Argentina del año pasado hasta el final, porque nuestro objetivo inicial era ascender. Como nos iba mal en la B Nacional y bien en la Copa, el hincha nos quería matar, y era entendible. Pero nosotros confiamos en el grupo, lo que nos fortaleció, y ganamos seis partidos de siete en la recta final del torneo y ascendimos. Y en el medio, nos llevamos la Copa, en la que enfrentamos a cinco rivales de Primera sobre seis, lo que hace que el título sea más valorado. ¿Qué enseñanza me dejó ese proceso? Mirá, sin un buen grupo, sin humildad y sin esfuerzo, no podés conseguir un título. En nuestro peor momento en la B Nacional, trabajamos en silencio; y ese aprendizaje sirvió para tapar muchas bocas. Nosotros hablamos adentro de la cancha y no afuera.

LES AGRADEZCO a mis compañeros por haberme sacado campeón a los 34 años. La mayoría de los muchachos de ese plantel de Huracán no había conseguido un título. De hecho, Moreno y Fabianesi nos contaba que nunca había sido campeón, y ya tenía 34. Entonces, antes de que comenzara la práctica previa a la final de la Copa Argentina, pedí permiso para hablarle al grupo: “Muchachos, por favor, disfrutemos de este entrenamiento. Estamos a un pasito de jugar una final. Hoy, es un día especial. Vamos a reírnos, a pensar en lo que haremos, porque esta práctica no se la van a olvidar más. Quizás mañana seamos campeones y entremos en la historia del club”. Y el grupo se soltó, y después pateamos penales. Fue un entrenamiento relajado, en el que se aflojaron tensiones. Entonces, entramos a la cancha un poco más liberados.

Se emociona junto a Eduardo Domínguez al ganar la Copa Argentina 2014 para Huracán.

LO MAS JOVENES por ahí no se dan cuenta de lo que logramos. Habrá gente que les seguirá agradeciendo después de muchos años; a mí me pasó en Racing.

Es más, se lo dije a Espinoza hace poco: “Vos entraste en la historia del club, y sos como Houseman, Brindisi, Babington, y el resto de los muchachos del 73”. Y por más que a los más grandes también nos pase lo mismo, trato de que los más chicos lo disfruten porque les queda una carrera por delante.

CON CAPPA llegué a mi punto máximo como futbolista. Angel le daba confianza y libertades a sus jugadores, más allá de las responsabilidades lógicas. Por eso, cuando me dicen que soy un jugador de Cappa, me genera orgullo. Por más que no pudimos salir campeones, se recuerda al Huracán de Angel y no al Vélez campeón, y esto no les quita mérito a los muchachos de Vélez. Ese Huracán jugaba muy lindo, sentía el fútbol de una manera particular, y era hermoso ver cómo la gente aplaudía mientras nos pasábamos la pelota.   

PUDE HABER ROTO otra racha en Aris Salónica, en Grecia. Nos dirigía Héctor Cúper, que era casi un entrenador italiano, que no le interesó tener diálogo con los jugadores durante los primeros seis meses, que nos enseñó mucho de táctica y estrategia, y llegamos a la final de la Copa de Grecia en 2010. Perdimos 1-0 ante Panathinaikos y no pudimos quebrar los 40 años del Aris sin un título. Me dolió, porque hacía 10 meses que había perdido el Clausura 2009 con Huracán.

Sonriente piensa que volverá a jugar en breve tras romperse los ligamentos cruzados el año pasado.

IRSE AL DESCENSO es doloroso, y más en River, que es una institución grandísima, enorme, de la cual estoy agradecido. Más allá de que tuve revancha y ascendimos, y de que me quedó la sensación del deber cumplido, es una herida que nunca va a cerrar; es una mancha que no se va a borrar.

MENTE POSITIVA. Eso es lo que tuve siempre. Cuando me rompí los ligamentos cruzados de la rodilla derecha en River, me recuperé rápido e hice fútbol a los tres meses y medio. Y en Huracán, pensé lo mismo: fortalecer la rodilla izquierda, tras romperme los cruzados el año pasado, para volver pronto. Ya llevo tres meses de recuperación, trabajo mucho con la pelota y me pongo a punto en lo físico. Como me cuidé y prioricé el descanso durante mi carrera, pese a tener tres hijos, sé que voy a jugar hasta que el físico me responda. Me quiero retirar yo, y no que me retire el fútbol.

Por Darío Gurevich/ Fotos: Emiliano Lasalvia y Archivo El Gráfico

Nota publicada en la edición de abril de 2015 de El Gráfico

Por Darío Gurevich: 09/05/2015

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