LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Carlos Maglio, bonus de confesiones

- por Darío Gurevich: 10/03/2015 -
Maglio debutó en Primera en junio de 2004. Ahora, le dedicará los fines de semana a su familia.

El Flaco, que se retiró del arbitraje en febrero pasado, repasa aún más vivencias tras 26 años de carrera.

La entrevista completa a Carlos Maglio salió publicada en la edición de marzo de 2015 de El Gráfico, que está en todos los kioscos de diarios y revistas de la Argentina, así como también en Uruguay, Chile y Estados Unidos. A continuación, un complemento exclusivo para nuestros lectores web.

SACANDO PRIMERA DIVISION, la Quinta era la categoría más linda porque resultaba en la que mejor se jugaba y más ritmo había. Yo debuté en Quinta en la vieja cancha de Argentinos en un partido entre el local y Newell’s, y recuerdo que eran dos equipos espectaculares.

EN EL INTERIOR, el local era local, y venían y te pateaban la puerta del vestuario. Creo que en la cancha que más puertas del vestuario se cambiaron es en la de Cipolletti. La puerta era de madera y la cambiaban a cada rato. ¿Si me asustaba? No, más me gustaba.

DIRIGI A MUCHOS buenos jugadores: Riquelme, Verón, Gonzalo Higuain, Kun Agüero, Cholo Simeone, Ortega, Romagnoli, José Saturnino Cardozo, Paolo Montero… Son tipos por los que pagás una entrada para verlos, y tal vez no sos hincha del club en el que juegan. Otro, Erviti que era una cosa de locos en su mejor momento. Y Sebastián Domínguez y Chino Garcé me sorprendieron. No sabía qué les veían hasta que yo mismo les vi hacer un par de cosas… Y ahí dije: “Ah, estos tienen una calidad impresionante”.

CON FABBIANI DISFRUTABA, pero disfrutaba de verdad. El Gordo era un monstruo, y hasta lo dirigí en inferiores. No sabés cómo jugaba y las cosas que hacía.

A VARIOS JUGADORES les di la mano: a Mauro Zárate después de un gol de chilena, a Belluschi que la clavó en un ángulo desde tres cuartos de cancha, a Angel Correa que hizo un gol todo él en un San Lorenzo-All Boys. Igual, lo loco era cuando el jugador se sacaba la camiseta para festejar, y uno se acercaba para felicitarlo y darle la mano, y al toque ponerle una amarilla (risas).

A GALLEGO lo teníamos como un tipo sano, pero pasional. Bueno, una vuelta hice Argentinos-Independiente, y el Tolo era el técnico del Rojo. A los cinco minutos, me protestaba como si faltaran cinco. “Ya está como loco”, me avisó el cuarto arbitro. Entonces, corrí como para decirle de todo y, cuando me acerqué, le estiré la mano y le dije: “Un placer saludarlo”. Me miró y se quedó petrificado en el banco por 10 minutos. Cuando pasó el cuarto árbitro, le comentó: “Este me cagó, esperaba otra cosa”. Y cuando terminó el primer tiempo, me vino a hablar: “Me mataste con esa reacción”.

Distendido, charló largo y sin tapujos con El Gráfico. Hasta contó de qué equipo es hincha.

DEJAME PEGAR una patada, una sola”. Esa era la típica, muchos jugadores me lo pidieron. ¿Si los dejaba? Depende. En un Arsenal-River, en la cancha de Vélez, pasó de todo. En un córner, la pelota fue al primer palo y sentí detrás: ¡plaf! Al darme vuelta, lo vi a Abreu tomándose la cara. “¿No lo viste?”, me preguntó Abreu. “La verdad es que no”, le respondí. Cuando salimos para la mitad de la cancha, le comenté al paraguayo Báez: “¿Fuiste vos, no?”. “No me viste”, me devolvió. Listo, quedó ahí. Al rato, Abreu me tiró: “Dejame una”. “Bueno, una -arranqué-, una en la que no te vea el país”. Entonces, tras un córner para Arsenal, la jugada siguió por un lado y ellos estaban por el otro: Báez, desparramado por el piso, y Abreu, al lado. “¿Muchachos, ya está, no? 1-1”, les dije. Los tipos se dieron la mano y no se tocaron más en todo el partido.

LO NUESTRO, lo de los árbitros, es muy parecido a lo de los arqueros. Ellos pueden atajar espectacular durante 89 minutos, pero se equivocaron en la última y el equipo perdió 1-0, y nadie se va a acordar de los 89 minutos anteriores. Y nosotros fallamos en la última jugada y el partido terminó 1-0, y es lo mismo, por más que el árbitro haya dirigido brillante.

ANTES NO PASABA, hoy los pibes son distintos. Nosotros nos entrenábamos junto a Lamolina, Hay, Crespi, Loustau padre, y a ninguno de los chicos de aquel momento se nos ocurría pasarlos. Ellos daban tres vueltas, y nosotros podíamos dar 40… Y nadie hacía nada. Hace unos años, vi a chicos que le dijeron a Baldassi: “¡Que penal de mierda te comiste!”. Y Baldassi los corrió cuatro cuadras, totalmente enojado. Antes los arbitros de Primera eran intocables, hoy no.

EL FUTBOL me dio más de lo que imaginé. Siempre hice las cosas de buena fe, como para que el día de mañana un jugador o un dirigente no cruce de vereda para evitar saludarme.

Por Darío Gurevich. Twitter: @dariogurevich

Por Darío Gurevich: 10/03/2015

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