LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Juanma Lillo, la musa de Pep

- por Diego Borinsky: 18/02/2015 -

Tiene 49 años, es español, y fuente de consulta permanente del mejor DT del mundo. Invitado a nuestro país para dar un seminario, aprovechamos para charlar con este apasionado del fútbol argentino, auténtico generador de frases para poner en cuadritos.

LEVANTAR VUELO, eso parece buscar Lillo. Gesticula como DT de Millonarios de Colombia, su último club, en 2014.

“¿Y el monstruito? ¿Dónde se metió el monstruito?”.

El Flaco Menotti juntaba los cinco dedos y le preguntaba una y otra vez a Roberto López Ufarte, futbolista de su plantel, wing izquierdo que había disputado el Mundial 82 con la selección española, por ese jovencito de 22 años que la tarde anterior lo había amasijado a preguntas durante siete horas en el hotel donde vivía.

Corría el año 1987 y Menotti dirigía al Atlético de Madrid. López Ufarte, justamente, le había hablado hacía unos días de un vasco que dirigía equipos de fútbol en Tolosa, su ciudad, desde los 16 años, y que admiraba su obra y pensamiento y que por eso ansiaba conocerlo. Como el monstruito compartía el curso de entrenador con López Ufarte, aprovechó para pedirle el favor de concertarle una cita con Menotti. Lo hizo y hablaron durante 7 horas sin darse tregua. Y quedaron en volver a verse al día siguiente, ya en el campo de entrenamiento del Aleti. El monstruito y el monstruo. Menotti lo buscaba por el vestuario; el monstruito se había ido a la tribuna. Al final bajó y la siguieron ahí mismo. Y ahí mismo nació una amistad.

El monstruito se llama Juan Manuel Lillo y ahora está sentado frente al grabador de El Gráfico en un hotel del centro porteño. Tiene 49 años, es entrenador de fútbol, y viene de Rosario, donde ha brindado un seminario dirigido a entrenadores, profes y gente del fútbol, organizado por el Instituto Universitario del Gran Rosario, invitado por Enrique Cesana, de Grupoekipo.com. Y luego aprovechó para quedarse 10 días en la Argentina.

Es su segunda visita al país, la anterior sólo había sido un paso fugaz para ver un Boca-Nacional por cuestiones laborales. Esta vez, con la invitación de anzuelo, la hizo completita y se inyectó una buena dosis de argentinidad en las venas, visto y considerando su fanatismo por “lo argentino”. Entonces se juntó con jugadores y ex (Abreu, Heinze, el Turu Flores), viajó a Corral de Bustos para ser padrino de un campeonato regional armado por Hermes Desio, se reencontró con Menotti, estuvo con el Profe Osorio, fue al Monumental a ver la final de la Sudamericana y se dedicó a “tomar muchos asados”, como suele decir. Entró a más de 40 librerías, según cuenta el pobre Cesana, que intentaba no perderle pisada, y se compró 120 libros de todo tipo y color (de fútbol, filosofía, novelas también) para luego meterlos bien ordenaditos en las dos valijas que también compró para tal fin.

El monstruito, además de haber sido bañado en elogios en diferentes momentos por el Loco Abreu, Diego Latorre, Matute Morales, Angel Cappa, Jorge Valdano y Menotti, entre otros, cuenta con una insignia de oro que podría andar luciendo con el pecho er-guido, aunque él permanentemente procure taparla con la solapa por una cuestión de pudor (sin disimular el orgullo, eso sí): Pep Guardiola lo considera el mejor entrenador que tuvo en su carrera. Entonces, la entrevista nos servirá para conocer un poco las ideas de este auténtico personaje que habla sin pausa con pasión desmesurada y para entender cómo logró conquistar la cabeza más brillante del mundo del fútbol (según la opinión de buena parte del ambiente). Y por qué, según cuenta Guillem Balagué en Pep, otra manera de ganar, el propio Guardiola se comunicaba antes y después de los partidos con él para pedirle opiniones y consejos.
Con ustedes, señores: el monstruito.

CON ENRIQUE CESANA en Vélez, el profe que lo trajo a la Argentina para dar la charla en Rosario.

-¿Se puede decir que sos el padre de Guardiola?
-Paternidad biológica nada, paternidad de cariño sí (risas). Es mi hijo, mi hermano menor, mi amigo…

-Sos la musa inspiradora de Pep, así está mejor…
-Bueno, él y yo nos hemos sentido tan próximos en todo desde el día del Oviedo… Y cuando uno interactúa tanto con alguien, todo fluye con naturalidad, no se trata de colocar apelativos…

-¿Qué es “el día del Oviedo”.
-Deja, deja, ya lo ha contado él (esboza una resistencia).

-Contalo que aquí no se sabe a qué te referís...
-Fue en 1996, yo tenía 30 años, al Barcelona lo dirigía Robson con Mourinho de ayudante. Allí jugaba Pep. Yo entrenaba al Oviedo y jugamos contra ellos en nuestra casa, perdimos 2-4, y lo que voy a contar, que parece que habla bien de mí, en realidad de quien habla bien es de Pep. Lo retrata a él como persona. Es que Pep es así: honestidad, dignidad...

-¿Se rascaba la cabeza desde tan joven?
-Sí, sí, Pep maneja tantos idiomas, pero sobre todo piensa en catalán, como me pasa a mí, que, como buen vasco, pienso en euskera, y entonces él piensa en catalán y luego debe pasarlo por el procesador ese que tiene ahí arriba y por eso se rasca, para facilitar ese proceso (risas).

-Estabas con el 2-4 ante el Barsa…
-Sí, claro, acabamos perdiendo 2-4, fue un muy bonito partido, de hecho nuestro público nos hizo volver a salir al campo para aplaudirnos. Yo llevaba mi segunda temporada en Primera División, la anterior había sido con Salamanca. Entramos al vestuario y viene el delegado del club y me dice: “Juanma, está afuera Guardiola, que si puedes salir”. Pep todavía no había ni ido a su vestuario a cambiarse, estaba sudado aún, con los botines puestos. Salí, y bueno… Me saluda, me alaba mucho, me dice que ya lo había sorprendido mi equipo en el campeonato anterior cuando enfrentamos al suyo y que le gustaba cómo habíamos jugado ese tarde, que si podíamos empezar a mantener contacto. Allí comenzó nuestra relación, que luego fue más allá del fútbol, nos invitamos a comer a las casas con las familias y demás.

-¿Qué les comentaste a tus colaboradores al entrar al vestuario?
-Nada, ahora puedo entrar en la mística, de que era esto y lo otro (se ríe, mueve los brazos con dotes actorales), tú sabes que el presente acomoda el pasado en función de los intereses que estás viviendo en cada momento, entonces yo no voy a caer en eso. La verdad es que no me acuerdo qué hice cuando ingresé al vestuario.

-Después él quiso que lo dirigieras antes de retirarse y por eso fue a Dorados de Cualiacán y anotaba todo en una libretita, ¿no es cierto?
-Y bueno, no sé, no me gusta contar, parece que uno se está tirando flores, que lo cuente otro. (Otra vez se resiste, pero esto ya lo había relatado en el 100 x 100 el Loco Abreu, compañero de Guardiola en esa época: Pep anotaba todos los ejercicios en una libreta. Guardiola sacó de Lillo sobre todo los movimientos para salir jugando desde el fondo, como lo venía imponiendo La Volpe en ese momento en la selección de México, y también cómo marcar en zona defensiva).

-En ese momento ¿ya te dabas cuenta de que Pep sería un técnico importante?
-Yo ya sabía que iba a ser un gran técnico mucho antes de conocerlo. Y cuando empezó a hablar, ni te cuento, ¡vamos! Es que Pep es al revés que el resto: todos los jugadores han sido jugadores y luego se hacen técnicos. El no: él jugó a la espera de ser técnico (risas). El tuvo que jugar entre medio para que llegara su momento, porque realmente lo vive como entrenador, no hay más que verlo.

-¿Cuál es la principal virtud de Guardiola como técnico?
-Le gusta tanto, se cuestiona tanto, lo da vuelta tanto, reflexiona tanto, lo vive tanto, que de ahí pueden aflorar cualquiera de las cualidades que quieras. Yo te digo un poco el semillero, luego tú coge la que te dé la gana. El vive por y para. Eso es para mí lo más importante.

EL REENCUENTRO con Menotti a la salida de una cena en nuestro país.

Bueno, vamos a dejarlo descansar un poquito de Guardiola. Lillo también se autocontrola no sólo por pudor, sino porque cada opinión que vierte sobre su mejor alumno puede ser interpretada como postura de Pep. Sí contaremos que en 2003, cuando daba sus últimos pasos como futbolista, Pep se postuló para ser director deportivo del Barcelona con la candidatura a presidente de Lluis Bassat. Y el mismo Pep declaró públicamente que en caso de ganar, el entrenador sería Lillo. Nada de esto ocurrió porque las elecciones las ganó Joan Laporta. Es una muestra de que no todo el mundo culé le creyó incondicionalmente a Guardiola desde sus inicios. También diremos que antes de arrancar su primer ciclo como entrenador, en el Barcelona B, Pep fue a la casa de nuestro monstruito para diagramar y pasar a un papel toda la pretemporada. Y por último, un dato que retrata cómo afronta su trabajo Guardiola: el 20 de noviembre de 2010 se enfrentaron el Barcelona de Pep ante el Almería de Lillo. El Almería era local. “Mi gratitud hacia él es infinita, ha sido muy importante en mi formación”, declaró Pep en la conferencia previa al partido. Luego el Barcelona ganó 8-0. Al día siguiente echaron a Lillo. Lo cortés no quita lo valiente.

Sigue hablando nuestro entrevistado…

-Otro que será gran técnico, ya te aviso, eh, es Sebastián (Abreu). Porque ama este juego más que a su propia vida, es otro loco, yo lo definí como el loco más cuerdo que conozco, porque vive por y para el juego. Una de las grandes pérdidas que tenemos en el fútbol, hoy, es que la gente con ese amor por el fútbol como Pep y Sebastián se vayan, porque estos chavitos de ahora que están saliendo en esta sociedad, clican un botón y ya tienen lo que necesitan. Se han acostumbrado a hacer así (chasquea los dedos un par de veces) y lo tienen de inmediato, no hay aplazamiento de la recompensa, no saben lo que es esto, no saben lo que se pierden. Quieren todo para ayer, en este sentido han convertido en efímero lo que a nosotros nos ha costado tanto, no sólo en el fútbol… Sebastián va a ser gran técnico por pasión, por entusiasmo, por inteligencia, eh. Y porque es un ¡ti-pa-zo! (separa en sílabas y me golpea en el hombro un par de veces para acentuar su idea).

-¿Dónde estabas el día que pateó el penal contra Ghana en el Mundial?
-En mi casa, viéndolo por la tele y sabía que la iba a picar. Todos los que lo conocemos bien bien sabíamos que la iba a picar.

-¿Cómo tomás si un jugador de tu equipo hace eso en cuartos de un Mundial?
-El tiró así, se sintió seguro haciendo eso. Es su juego. El juego es de los futbolistas. Esa frase tan bonita que muchos la dicen, pero no siempre la llevan a la práctica: el fútbol sí que es de los jugadores, nosotros no hacemos más que molestar. El reglamento dice que la pelota no sobrepasará la línea del perímetro, no estará fuera del campo mientras esté en contacto con la raya, o sea que todo lo imprescindible está de la raya para adentro, todos los demás somos prescindibles, todos sin excepción. Luego, de lunes a sábado, ahí sí podemos hacer algo.

-¿Te gusta el Atlético de Simeone?
-Ese equipo juega con la quinta metida todo el partido, y si eso era lo que estaban buscando, evidentemente lo han conseguido, más allá de que uno entienda que el juego pasa por la quinta, pero también por la cuarta, la tercera... Simeone ha elegido muy bien el tipo de jugador para lo que pretende hacer.

-¿Y Bielsa?
-Es un espejo en el que hay que mirarse. No sólo de fútbol. Cómo da la cara en una rueda de prensa, no se presta al juego de nadie, y me impresiona la capacidad que tiene de representar semánticamente lo que es capaz de hacer. Eso está para pocos, eh. Y tiene una honradez y dignidad fuera de duda. Es un tipo que se comporta de acuerdo a cómo habla, que no se ha prestado a ningún juego, que no se mete en nada que no sea su equipo.

-¿Dónde nace tu gusto por el fútbol argentino?
-Para mí hay un punto emergente que es cuando empiezo a leer las primeras cosas de César, aquel libro maravilloso que escribió con Cappa, Fútbol sin trampa. Y luego, encima, tengo la suerte de conocerlo, entablar una amistad y, en medio de todo esto, emerge el mejor jugador que jamás vi y que creo que no se va a poder ver: Diego Armando Maradona…

-¿Messi no se le acerca un poco?
-No, no, me parece ofensivo que a cualquiera se le intente comparar con Diego, porque Diego es de otra dimensión, no tiene nada que ver, yo no me puedo creer que una actividad realizada con los pies se pueda realizar como lo hacía él. Un tipo que vivió siempre para ver felices a sus compañeros, que nunca utilizó un compañero en beneficio propio. Nunca tuvo intenciones de querer hacer goles, si hubiera querido, no sé cuántos hubiera hecho. Y luego, vamos a reconocer, para mí el fútbol del 90 para adelante se murió.

-¿Por qué?
-Porque el entorno, cómo decirte… la guarnición se ha comido el solomillo (gran frase). Te diría que ya no hay solomillo, en realidad, se lo ha comido la guarnición. Pero hay una cosa peor: que los niños que nacen ahora, incluido mi hijo, se creen que el solomillo “es” la guarnición. Y eso sí que es jodido. Eso sí que es un problema…

-Dejame pensar, vos querés decir…
-Que todo lo periférico se convirtió en el núcleo hoy día, los 90 minutos son un accidente que hay entre medio de otras actividades que son para la gente. Todo el día a día y los alrededores. Encima, han surgido un montón de redes antisociales, porque no son sociales, ¡eh! ¿Cómo va a ser social algo que ni tocas, algo donde no te ves, donde no te sientes? Eso es antisocial. Encima lo tienes que decir en no sé cuántos caracteres, tienes que restringir el uso de la palabra, ¿cómo va a ser eso social? Bueno, entonces, en ese marco, lo único que sí le doy gracias a la International Board es que ha mejorado mucho el arbitraje. ¿Sabes las cosas que le hacían antes a Diego? Hay compañeros que me han dicho que les daba vergüenza jugar a su lado por las patadas que le daban. Y pese a todo, emergió ese Diego, y encima ha sido un hombre que conspiró contra sí mismo, él lo ha dicho. ¡Fíjate qué bueno ha tenido que llegar a ser Diego! Podría estar años hablándote de él, además con la carne de gallina, mira, mira es una cosa de locos (muestra su piel).

-Hablabas de que se acabó el fútbol en los 90, ¿ahora no es más difícil jugar que antes?
-¡Qué va! Hoy se corre más, pero no se corre mejor. Esta es una actividad cualitativa, no cuantitativa, curiosamente si se corre más es porque estás jugando mal, como decía Johan (Cruyff): “¿Tú has corrido mucho? Hummmm, revísate, no debes estar jugando bien”. Es más, ahora es más fácil jugar.

-Pero hay menos espacio…
-Nooooo, estás equivocado, antes eran mucho más precisos, antes había más calidad, ahora hay limitaciones tan grandes que cualquiera se anima a encararte y entrar por tu sector. Lo que no hay ahora es capacidad suficiente para entender situaciones del juego. Lo que ha dicho Adolfo Pedernera: “Lo que vi ahora ya lo vi antes y lo que veía antes ya no lo veo más”.

-¿Cómo te recibió el medio cuando empezaste siento un DT tan joven?
-Bien, esto es como todo: me tocó ganar mucho en el comienzo y nadie le lleva la contra al éxito. El ser humano está educado con una mentalidad lineal y conductista, Descartes nos dejó un legado que mira, así estamos: establecemos las causas cuando ya conocemos los efectos. Entonces, si ganas es por la juventud y si llegas a perder: “¡Qué quieres, si no ha jugado y es muy jovencito!”.

-¿Te vas bien lleno de la Argentina, entonces?
-Sí, claro, me he reencontrado con César, he hablado con muchos amigos, he ido a los estadios, he tomado muchos asados. Aquí hay una pasión diferente por este juego. Mi única pena es que no me podré llevar la colección de El Gráfico. Y esto no te lo digo para quedar bien o vender humo, ¡eh! Tú sabes que hace unos años he mandado comprar la colección de la revista. La tengo desde 1962 a 1996 completa, sólo me faltan dos años: 1965, el de mi nacimiento, y 1977, cuando ya jugaba Diego. Muero por tener esos años, ¿tú no me los puedes conseguir? Me interesaron siempre las notas de Dante Panzeri, ahora me he comprado uno de sus libros.

-¿Y cómo la vas a llevar?
-No, es que no puedo, la tengo guardada en un sótano de este hotel, y aprovecho cada vez que viaja alguien para España para pedirle que me lleve algunos ejemplares. Se lo pido a Angel (Cappa), al Pipa (Higuain), al periodista Juan Castro, al que sea, ya iremos viendo.

ANTES DE Almería 0 Barcelona 8. Goleada y despido. Pep no tuvo piedad.

Irá viendo Juanma Lillo, personaje de esos con los que uno podría estar tranquilamente hablando de fútbol siete horas. Menotti puede dar fe. A propósito de aquel encuentro bautismal, Angel Cappa contó una vez que al ser cesado Menotti del Atlético de Madrid, lo fue a buscar al aeropuerto de Ezeiza. Y recuerda con nitidez una de las primeras frases que le dejó cuando viajaban en el auto por la Ricchieri.

-Uy, Angel, conocí a un tipo que está más loco que voy y yo juntos.

Sí, el tipo era Juan Manuel Lillo.

El monstruito.

-La última, Juanma –desde este humilde rincón porteño, para que te vayas con la lección sabida–: los asados no se toman, ¡se comen!

¿Quién es?
Juan Manuel Lillo Diez nació el 3 de noviembre de 1965 en Tolosa, País Vasco, España. Intentó ser futbolista, pero no le dieron las condiciones y a los 16 años ya se encontraba entrenando a sus ex compañeros del Amaroz, un equipo de su barrio. A los 26 dirigía al Salamanca en la Segunda B (Tercera División de España). Logró dos ascensos consecutivos desplegando un fútbol vistoso y de calidad, y en septiembre de 1995, con 29 años, se convirtió en el entrenador más joven en debutar en la Primera División española. Luego estuvo en el banquillo de Oviedo, Tenerife, Zaragoza, Ciudad de Murcia, Terrasa, Dorados de Sinaloa (donde dirigió a Guardiola), Real Sociedad, Almería y Millonarios de Colombia (hasta septiembre de 2014). Para Guardiola, Lillo es el mejor entrenador que tuvo. Y se ha nutrido de muchos de sus movimientos, en especial en la faz defensiva y de recuperación. Es una fuente de consulta permanente de Pep.


Por Diego Borinsky    

Nota publicada en la edición de enero de 2015 de El Gráfico

Por Diego Borinsky: 18/02/2015

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