Fútbol

Osorio contra los molinos de viento: la historia del arquitecto de Atlético Nacional

- por Redacción EG: 09/12/2014 -

Finalista de la Copa Sudamericana, tardó en ser reconocido en su propio país. Ahora, muchos consideran que está armando una revolución en Colombia.

EN SUS MARCAS, LISTOS, YA. Una de sus posiciones habituales para ver los partidos. En 2013, su equipo rompió el récord al anotar 125 goles a favor.

Juan Carlos Osorio no aguantó más las críticas y pegó el portazo. Había salido cuarto y logrado la clasificación para la Copa Sudamericana 2008 con Millonarios. Palabras más, palabras menos, acusó que desde adentro del club lo estaban agitando para renunciar. Y el entrenador tenía pocas pulgas. El siempre polémico Chiqui García, influyente en el club azul se burló: “Es un animador, un recreacionista, pero no un director técnico”.

El fútbol colombiano rió de la gracia y se sintió aliviado ante la partida del entrenador a los Estados Unidos. Una frase de Cortázar se podría aplicar al caso: “Lo verdaderamente nuevo da miedo o maravilla”. La llegada de Osorio a Millonarios había causado revuelo con una propuesta diferente y un estilo particular que no tardó en encontrar tantos adeptos como críticos. Dentro de sus innovaciones, Gerardo Bedoya se destacó de volante central.

CON PEP estuvo reunido en un bar y las imágenes comenzaron a circular en las redes sociales.

Los antecedentes dieron tela para cortar. Cinco años en el Manchester City (2001-2006) como asistente recomendado por Kevin Keegan, licencia tipo A de la UEFA, un postgrado en Ciencia de Fútbol de la Universidad de Liverpool y charlas en las vacaciones con los entrenadores más importantes. Donde muchos veían experiencia y a un hombre estudioso, otros criticaban la “tilinguería”. El statu-quo del fútbol colombiano tuvo un principio de ruptura.

Luego de un breve paso por la MLS en Chicago Fire y New York Red Bull, regresó en 2010 para dirigir al Once Caldas. Nuevamente se agitaron las aguas, pero Osorio comenzó a cargar crédito ante la opinión pública. Ganó la Liga y eliminó de la Copa Libertadores 2011 a Cruzeiro en el Mineirao. Al año siguiente estuvo a pocos minutos de ser bicampeón, pero perdió por penales vs. Junior de Barranquilla. El compromiso con el equipo de Manizales era tal que rechazó una oferta concreta de la Federación hondureña para dirigir a la selección de su país. Finalizada la temporada, probó suerte en el fútbol mexicano.

La experiencia en Puebla fue fugaz y 2011 fue el año del tercer regreso al país cafetero. Atlético Nacional hizo la apuesta aunque nuevamente tuvo que aplacar las críticas con títulos. Hasta Faustino Asprilla, uno de los máximos ídolos del equipo, criticó que no tuviera “equipo base”. Pero el reclamo del Tino no tenía sustento: la primera hoja del imaginario “Manual de Osorio” habla de la importancia de la rotación entre los jugadores. No hay equipo de memoria, sino decisiones partido a partido basadas en el rival, el trabajo en la semana o la simple convicción de darle espacio a todos. En la temporada pasada, apuntaron directamente por los tres delanteros, a lo que respondió sin tapujos: “Yo en mi equipo le doy juego a todos los jugadores. Así lo entendieron y les parece bien. Y les cuento que Juan Pablo Ángel, Jefferson Duque y Fernando Uribe, que compiten por el mismo puesto, tienen una gran relación”. No más palabras.

Con Atlético Nacional, en apenas tres años se convirtió en el entrenador más ganador de la historia. Fueron seis títulos: una Superliga de Colombia (2012), dos Apertura (2013-2014), dos Copa Colombia (2012-2013) y un Torneo Finalización (2013). Le queda una espina clavada y prometió no irse del conjunto verde hasta que no lo consiga: un título internacional, que además celebrará haciéndose un tatuaje del escudo. Recién a partir de ahí, en un largo plazo, se anima a soñar con dirigir a su selección.

INDICACIÓN a un jugador a quien le dio un papel en pleno partido. "Parate en 5:52", código inentendible.

“Lo que más disfruto en la vida es mi trabajo”, dijo una vez sin temor al reto de su esposa Julieth o sus dos hijos. En una exquisita entrevista en Fútbol Red, un medio colombiano, definió sus cinco funciones que lo convierten casi en manager: 1- estratega; 2- seleccionador; 3- entrenador; 4- director técnico; y 5- patrimonio (cotizar a los jugadores). Gran parte del trabajo diario se resume en una libreta que ganó fama al mismo ritmo que quien la escribe. Muchos han intentado espiar o interpretar, pero ya es un misterio instalado en el fútbol colombiano. Con una birome azul y otra roja (la distinción de colores dio lugar a múltiples teorías) anota en códigos y palabras en inglés, indicaciones que le hará a los jugadores puntual y obsesivamente. Lo hace durante los partidos, los entrenamientos y el día a día aplicando una frase que le enseñó su padre: “mejor un lápiz corto que una memoria larga”. De su madre guarda otro tipo de recomendaciones. En los partidos suele llevar una oración que ella le regaló en la que pide por “fortaleza, valor y sabiduría”.

Mucho de eso tuvo su equipo cuando eliminó por penales al San Pablo para llegar a la final de la Sudamericana 2014. Un año antes, en los Cuartos de Final por la misma competencia, el resultado final había sido el contrario.

Detrás de todo gran equipo, hay grandes entrenamientos. El trabajo, la intensidad y la efectividad en la tenencia no se mejoran por ósmosis. Osorio divide la cancha en doce cuadrantes y él mismo se encarga de colocar los conos, cintas o material necesario. Luego, todo es con pelota. “Tenemos un entrenamiento funcional, que trata de combinar las necesidades físicas con trabajo táctico y fútbol. La semana la parto en dos y la planeo de adelante hacia atrás”, explicó en otro reportaje. Muchas veces varía según el rival de turno al que analiza minuciosamente con un grupo especial en el uso de la tecnología.

BIROME ROJA para una anotación en medio del partido.

Su espejo es Marcelo Bielsa y no solo queda en palabras. River puede dar fe: el juego largo, las transiciones rápidas por los costados y el estilo ofensivo lo complicaron en el primer tiempo en el Atanasio Girardot. “Estoy muy triste, no entiendo el cambio del equipo (…) o es fatiga, que no creo, o es el temor a arriesgar el resultado a favor”, dijo después del partido de ida cuando Atlético decayó en el complemento. También admira a Guardiola, con quien tuvo encuentros personales en Manchester antes de que Pep dirigiera, y en Bogotá hace menos tiempo. Tácticamente, no se casa con ningún número: varía según la ocasión entre el 3-5-2, el 3-3-1-3, el 4-5-1 y hasta a veces entrena con doce jugadores para ocupar mejor los espacios.

Para muchos, los resultados son resultados del trabajo, por más tautológico que suene. Para otros, los resultados son lo único que justifican los argumentos de un idealista. A ellos, Osorio no los escucha. A su manera y abocado a los pormenores, actúa. Y si así lo hace, por algo debe ser.


Por Pedro Molina
Por Redacción EG: 09/12/2014

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