Notas de la revista

Disparador: 4 años sin el 4

Los marcadores de punta están muy subestimados. Erróneamente, se cree que esa función la puede cumplir cualquier futbolista de medianas capacidades. Todo lo contrario. Hace falta demasiada jerarquía para destacarse por una banda. Boca lo sabe de sobra.

  Nota publicada en la edición de septiembre de 2014 de El Gráfico

Si parásemos a diez personas por la calle y les preguntáramos por el Providence Park, es altamente probable que ni una de las diez sepa que es un estadio ubicado al 1800 de la calle Morrison, en Portland, Estados Unidos. Ningún futbolero moriría por sacarse una foto delante de su fachada principal, diseñada con los arcos que le dan razón de ser al escudo del estadio [1]. Inaugurado en 1926 y remodelado en 2001, tiene una arquitectura extraña, suerte de herradura incompleta con un gimnasio techado atrás de uno de los arcos. El Providence Park es la cancha del Portland Timbers, equipo de mediano poderío de la MLS que, muy de tanto en tanto, agota sus 22.000 localidades. El Providence Park es, también, el estadio donde el Negro Ibarra se puso por última vez la camiseta de Boca.

Fue hace cuatro años y moneditas, el 29 de mayo de 2010, cuando un Boca hecho harapos, dirigido interinamente por Tito Pompei, cerró una decepcionante gira por los Estados Unidos [2] con una derrota por 3-2 ante el Portland Timbers. Boca lo perdía 0-1, lo revirtió 2-1 y lo perdió 3-2 en tiempo adicionado, luciendo la fragilidad anímica y futbolística que también caracteriza a la versión boquense de 2014.
Al lado del Negro [3] –ícono indisoluble de la etapa más dorada de la historia xeneize, que acaso lo tenga inscripto como el mejor lateral derecho de sus 109 años–, no sudaron la camiseta ninguno de los compañeros con los que había conquistado 15 títulos [4]. Al contrario: Ibarra se despidió de la camiseta de Boca allá lejos, en un país sin tradición futbolera, en ese estadio arquitectónicamente incomprensible, al lado del arquero Josué Ayala; de los defensores Ezequiel Muñoz, David Achucarro y Luciano Monzón; de los volantes Cristian Erbes, Jesús Méndez, Nicolás Colazo y Matías Jiménez; y de los delanteros Pablo Mouche y Lucas Viatri.

Ya pasaron 4 años sin el 4 y Boca no ha podido ni ha sabido suplantarlo. Durante el primer semestre de 2010, con Ibarra quemando sus últimos cartuchos en el plantel, quiso anticipar el recambio y probó con un jugador local y con un material de importación. Pero las prestaciones de Julio Barroso no fueron satisfactorias, al igual que las del uruguayo Adrián Gunino, promisorio lateral derecho de la Sub 20 oriental que, pese a los pronósticos, nunca hizo pie en el club. Llegó a préstamo sin cargo, debutó en un rimbombante amistoso contra el Milan, pero fue utilizado en un solo partido oficial y en dos amistosos más. Hoy la pelea en el Córdoba, uno de los más modestos clubes de la liga española.

Desde que Ibarra dijo adiós –oficialmente fue en el 0-3 con Banfield por el Clausura 2010, el 14 de mayo de ese año–, Boca utilizó a 14 jugadores para ocupar la plaza de lateral derecho. Extrañamente, la era post Ibarra se inició con un lateral por adopción, el central Christian Cellay, elegido por el flamante DT Claudio Borghi para defender la zona en el debut del Apertura 2010. El ex Estudiantes y Huracán duró poco en la titularidad –menos que Borghi, que renunció en la fecha 14– y cedió su espacio a un todoterreno como el chileno Gary Medel y, esporádicamente, a un chico que aún permanece en el plantel: Leandro Marín. Tan floja venía la mano por ese sector que el técnico interino Tito Pompei utilizó a tres jugadores en los restantes cinco partidos: Cellay, el chico Enzo Ruiz y Clemente Rodríguez, que es derecho y tiene el perfil a favor para desempeñarse de cuatro, pero que se aseguró el futuro y hasta jugó Mundiales como lateral izquierdo.

Julio Falcioni tomó las riendas en el Clausura 2011 y apeló a tres jugadores para intentar aniquilar el karma del cuatro: José María Calvo, Cellay y Clemente Rodríguez. Y hasta se animó a utilizar una línea de 3 en un partido (Sauro, Caruzzo y Enzo Ruiz) para ver si rompía el embrujo. Fue una misión imposible hasta el torneo siguiente, el Apertura 2011, que su Boca ganó invicto, con 12 puntos de diferencia sobre el segundo. ¿Cuál fue la receta? Utilizar como lateral derecho a Facundo Roncaglia (de regreso tras ser prestado a Estudiantes), un central con ductilidad para desenvolverse el los cuatro puestos del fondo. Roncaglia fue figura, tuvo asistencia perfecta en los 19 partidos y también se destacó en el equipo que llegó hasta la final de la Copa Libertadores 2012. Pero Roncaglia no pudo jugar el partido decisivo en San Pablo, ante Corinthians, porque la dirigencia de Boca no fue capaz de prorrogar [5] el contrato del único jugador que había disimulado la ausencia del Negro. Roncaglia no jugó en el Pacaembú, Boca perdió la final y el entrerriano emigró a la Fiorentina, donde aún triunfa.

En paralelo a esa Libertadores, Falcioni echó mano a otro refuerzo que pasó por el club sin pena ni gloria –Franco Sosa– y a un chico que tuvo su debut y despedida en el puesto en la última fecha del Clausura 2012: Alan Aguirre. Como el problema era insoluble, para el Apertura 2012 arribó otro supuesto lateral estrella: el uruguayo Emiliano Albín, de Peñarol. Un nuevo bluff. Jamás dio la talla. Antes de irse, dejaría dos huellas en el club: una acalorada discusión con Orion cuando intentaban defender un córner en una cancha mexicana y la actitud cobarde de hablar mal del grupo por teléfono, desde Montevideo, luego de desvincularse. Falcioni apeló a cuatro cuatros en ese semestre –Albín, Cellay, Sosa y Clemente– y tampoco hubo caso.

Eyectado del cargo pese a ganar un torneo local, la Copa Argentina y ser finalista de la Libertadores, Falcioni dio paso a la tercera etapa de Carlos Bianchi. ¿A quién eligió Bianchi como lateral derecho en su reaparición en el banco xeneize? Al suertudo de Cellay, que se dio el gusto de fracasar en Boca con cuatro entrenadores diferentes. “El puesto de cuatro está de remate”, sentenció el Virrey en el amanecer del ciclo, y lo reafirmó repartiendo esa responsabilidad entre Cellay, Albín, Sosa y Marín en el horripilante semestre en que Boca finalizó 19º en el Final 2013 [6]. Los laterales derechos del siguiente segmento fueron cuatro. Arrancó el pibe Marín (6 partidos) y siguieron tres improvisados: los volantes Cristian Erbes (6) y Jesús Méndez (3), más el central Matías Caruzzo (4). Tan desolador era el panorama que en un momento de este derrotero de terror llegó a rumorearse que el Negro Ibarra, con funciones de asistente técnico en juveniles, podría retornar a la actividad [7] y quitarle la sábana a su propio fantasma.

Pensando en cortar por lo sano, y habida cuenta de lo poco e inconsistente que emergía desde las inferiores, en 2014 el club decidió incorporar a otro lateral natural. La elección recayó en Hernán Grana, de All Boys, que en menos de 20 partidos se transformó en uno de los más cuestionados de un equipo que llegó a septiembre sin levantar vuelo. Grana es el decimocuarto jugador en la infructuosa escala sucesoria de Ibarra, ese inconsciente que un día, como si nada fuese a pasar, se sacó la camiseta de Boca en el Providence Park, al 1800 de la calle Morrison, allá en Portland.

Por Elías Perugino
NOTAS AL PIE


1- Además de los muchachos del Portland Timbers, en el Providence hacen de locales las chicas del Portland Thorns FC, que participan en el torneo de la National Wommen’s Soccer.

2- Boca perdió 1-0 con L.A. Galaxy, 3-0 con Seattle Sounders y 3-2 con Portland Timbers.

3- Ibarra disputó 372 partidos en Boca, con 11 goles. Jugó 31.453 minutos, divididos en tres etapas: 1998/2001; 2002/2003 y 2005/2010.

4- El Negro ganó 7 títulos locales: Aperturas 1998, 2000, 2003, 2005 y 2008; Clausuras 1999 y 2006. Y 8 títulos internacionales: Libertadores 2000, 2001 y 2007; Intercontinental 2000; Sudamericana 2005; Recopas 2005, 2006 y 2008.

5- Como había finalizado el contrato de Roncaglia, era necesaria una prórroga y un seguro, pero la dirigencia no se puso de acuerdo con el representante del jugador, Claudio Curti.

6- Fue la peor posición histórica de Boca. Sumó 18 puntos en 19 partidos. Apenas pudo terminar por encima del descendido Unión, que totalizó 17.

7- La posibilidad se barajó en marzo de 2013, cuando Ibarra, ya con 38 años y 3 de inactividad, participó en entrenamientos informales con la Reserva. No sucedió.