Fútbol

Default y crisis: casos en el mundo fútbol

- por Redacción EG: 06/08/2014 -

Desde Talleres hasta Colo-Colo, las sociedades anónimas entraron en escena para los clubes quebrados. Solución o amenaza, el negocio bursátil también corre atrás de la pelota.

LA TRISTEZA de uno de los clubes más importantes de Chile duró poco. La recuperación de la quiebra fue inédita en América.


La finalización del Mundial dejó a un lado su preponderancia temática y cedió a nuevas conversaciones. En Argentina, poco después de ser subcampeón, el juez Griesa declaró el default técnico y los fondos buitre tomaron el centro de la escena para marginar definitivamente de la agenda mediática al gol de Gotze. No obstante, el fútbol tiene sus pequeñas historias de urgencias económicas como para recuperar el protagonismo.

El “salvataje” de los gerenciamientos

Peor que el default es la quiebra, la cual no sólo significa faltante de liquidez, sino también de los propios recursos para afrontar la deuda. El caso más conocido es el de Racing, que ingresó en esa situación el 13 de julio de 1998. El pedido lo había hecho Daniel Lalín, presidente de la institución en aquel momento, al no poder afrontar una cuota del deficiente concurso preventivo, que justamente no pudo prevenir aquello para lo que había sido convocado.

El 5 de marzo de 1999, Liliana Ripoll patentó una frase que quedó en el inconsciente futbolero: “Racing Club Asociación Civil ha dejado de existir”. Los hinchas llenaron su estadio sin jugar, evitaron que la Justicia clausurara el club y declararon culpable al síndico que la Justicia había designado. La presión popular fue tal que mantuvo en pie a la Academia. La AFA, uno de los principales acreedores, aceptó reducir su deuda y colaboró en la negociación con aquellos a quienes el club les debía dinero.

RACING ES DE SU GENTE dice una bandera y fue el lema para conservar el club.

La solución apareció a fines del 2000, cuando la Justicia llamó a concurso para el gerenciamiento y Fernando Marín, con su empresa Blanquiceleste S.A, se impuso a otras propuestas como las del Grupo Hicks o Exxel. El contrato fue por diez años, con el compromiso de cancelar la deuda de 60 millones de pesos acordando con los diferentes reclamos. Incluso, Blanquiceleste debía aportar 15 millones anuales para el fútbol profesional y amateur.

El gerenciamiento no terminó como se esperaba y la propia empresa fundió. De todas maneras, en 2008 el club recuperó su personería jurídica de asociación civil, pagó la última cuota de la quiebra y tuvo un presidente electo.

En abril del 2000, Quilmes también tuvo dueño para saldar su deuda de 4 millones de dólares. Fue Exxel Group, de inversión frustrada en Racing, quien tomó los riesgos. El contrato de 10 años terminó durando 16 meses y desde el Grupo se alejaron enojados con la AFA al no verse beneficiados por tener las cuentas al día, tal como se jactaban de llevar a cabo. Lejos de preocuparse, Julio Grondona, mostró ser poco afecto a las privatizaciones.

Ferro ante la quiebra por 16 millones de pesos pasó a ser gerenciado por Gustavo Mascardi en 2003. El actual representante duró muy poco y el club de Caballito estuvo presidido hasta 2009 por la jueza interviniente Maragarita Braga, quien levantó la quiebra acordando pagar 10 millones de pesos con sus acreedores. El principal de ellos era la AFIP.

ARMANDO PÉREZ sacó a Belgrano de la quiebra y después fue elegido por los socios.


En Córdoba, Belgrano y Talleres también tuvieron su quiebra y gerenciamiento. El calvario celeste comenzó en 2001 pero fue tal el éxito empresarial liderado por Armando Pérez, que en 2011 tras levantar la quiebra de 20 millones de pesos, los socios votaron por el propio gerente. Visceralmente opuesto, la T aún no aclaró su panorama y es dirigida por el Fondo de Inversión Talleres, después del fracaso de Ateliers S.A y del empresario Carlos Ahumada.

La Bolsa como solución

En Argentina fueron demasiadas malas experiencias como para mejorar la imagen de las sociedades anónimas en los clubes. Al margen del Barcelona, Bayern Múnich y Real Madrid, en Europa es una costumbre más difundida. Desde el Manchester United hasta el Arhus Elite de Dinamarca, cada vez son más los clubes que dejan de pertenecer a los socios jurídicamente. Algunos, incluso, ingresan a la Bolsa de Comercio. Es decir, además de ir a la cancha, los hinchas (cuesta imaginarlos como fondos buitre) pueden comprar parte de los activos de su club y obtener un rédito económico –además del emocional- ante un buen resultado deportivo.

La Major League Soccer, el fútbol chileno y la liga mexicana son ejemplos de que las sociedades anónimas en el fútbol cruzaron el Atlántico. En las diferentes primeras divisiones, predomina este modus-operandi. Pero lo más interesante es lo que sucede con Colo-Colo, el primer club de América en ingresar a la Bolsa.

El club chileno quebró en enero de 2002, luego de varios años con serias complicaciones económicas. Al igual que en Racing, la Justicia nombró un síndico para paliar la crisis. Hacia fines de 2004, había despedido a más de cien empleados y presentaba un equipo devaluado. El remate de su propio estadio era una opción factible, hasta que la empresa LarrainVial propuso la apertura de un fondo de inversión por el período de treinta años. Así nació Blanco y Negro S.A, que pasó a tener el 100% de los activos del club. Sin embargo, la novedad estuvo en que esos activos ingresaron a la Bolsa de Comercio de Santiago y cualquiera podía comprarlos. Entre ellos, Sebastián Piñera, expresidente y principal accionista, quien tuvo que vender su parte por US$ 7,4 millones. El negocio se vio impulsado por los buenos resultados futbolísticos, entre ellos el tetracampeonato obtenido con el Bichi Borghi, aumentando las acciones del valor inicial en un 90%.

Lejos de los de los fondos buitre y las cuestiones políticas, el inabarcable mundo fútbol también tiene su lado de negocio y no es novedad. De una manera u otra, hasta ahora ningún problema económico parece ser mortal. Mediante el gerenciamiento o la Bolsa, los clubes parecen decir: hay vida después de la quiebra.


Pedro Molina
Por Redacción EG: 06/08/2014

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