LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

Más que mil palabras [sobre sacarse fotos a sí mismo]: la selfie

- por Martín Mazur: 12/05/2014 -

Posar para una autofoto se convirtió en una moda mundial. E irrumpió definitivamente en el fútbol.

  Nota publicada en la edición de Abril de 2014 de El Gráfico

Una imagen a veces vale más que mil palabras, pero si la imagen es una selfie, ¿cuántas palabras vale?

Las autofotos (término bastante feo, de ahí su popularización en inglés) empezaron a usarse hace algunos años. Los primeros en animarse fueron los turistas solitarios. Hace 10 años, ver a alguien apuntándose una cámara sobre su sonrisa artificial habría sido motivo para la carcajada, casi un suicidio público delante de algún monumento de referencia. Hoy, ver gente disparándose es absolutamente común, sólo que ya no son las cámaras, sino las tabletas y los teléfonos celulares, los que tomaron el papel protagónico.

El fenómeno se ve en las tribunas de cualquier estadio, pero también llegó a los campos de juego. En este caso, con tres jugadores del Arsenal: el arquero Szczesny, Kieran Gibbs y Lukas Podolski. También está Per Mertesacker, que de tan grandote no llegó a entrar en el cuadro (We’ve got a big fucking German, cantan sobre él con devoción en el Emirates Stadium).

Las selfies conjugan protagonistas y momentos. En este caso, el momento es la victoria. Los jugadores sonrientes del Arsenal están en White Hart Lane, tierra enemiga. Acaba de terminar el clásico contra el Tottenham Hotspur. Wojciech Szczesny se atajó todo y mantuvo la valla invicta. Fue triunfo 1-0 de visitante, para seguir soñando con ganar la Premier League por primera vez en 10 años. Todo eso está concentrado en el abrazo.

Y en el medio del abrazo, una interrupción. “Le pedí al masajista si podía acercarme mi teléfono, porque quería capturar el momento”, explicó el arquero polaco, que tuvo la inteligencia de posar con el sector de hinchas del Arsenal de fondo. Si lo hubiera hecho frente a la hinchada del Tottenham, habría prácticamente declarado una guerra a través de Instagram. “Los hinchas habían estado fantásticos, cantando con el corazón toda la tarde, y queríamos darles algo en retorno”, declaró el arquero, aceptando que la foto tuvo el objetivo instantáneo de su viralización, tal como sucedió, gracias a la cuenta de Podolski en Instagram (poldi_official). La foto además tuvo el detalle impensado de que parte del slogan del Tottenham quedara visible para uso propio: (El juego) es sobre la gloria.



Muchos criticaron la toma, incluso algunos futbolistas. Micah Richards, del Manchester City, se burló en twitter: “¿Szczesny se acaba de sacar una selfie en la cancha? Lo voy a decir una vez más...”, escribió. Su frase vino acompañada de una caricatura titulada “Selfies, guía para hombres: 1) bajá el teléfono más de lo habitual. 2) más bajo todavía. 3) apoyalo boca abajo. 4) no tomes selfies”.

Si bien es cierto que a Szczesny le gusta la fotografía (a veces les pide las cámaras a los fotógrafos en los entrenamientos), desde hace un tiempo se está poniendo de moda el acceso público a ciertos ámbitos de intimidad gracias a los propios jugadores. Hace cuatro años, en la Argentina casi se crucifica a Erik Lamela por haber hecho circular, a través del departamento de prensa de River, una foto con un corte en su pierna izquierda tras un partido contra Godoy Cruz. “Parecemos nenas”, dijo entonces Juan Sebastián Verón. Hoy, imágenes de lesiones se suben instantáneamente desde el vestuario, para el que quiera verlas y usarlas, como si se tratara de un competencia de heridas de guerra propia de la escena de Mel Gibson y René Russo en Arma Mortal 3. Ultimamente lo han hecho Tevez en la Juventus o Antonio Valencia en el Manchester United.

También se cargan con creciente asiduidad fotos grupales de celebración. Y en época donde a los periodistas se los acusa de recibir mensajitos desde el vestuario (en el vestuario de Boca, más que las selfies, lo que parece que abundan son los selfish, pero eso queda para las clases de inglés), quizás una imagen de caritas sonrientes será la receta para tapar una pelea feroz.

Las selfies cada vez se popularizan más. Los hinchas ya no paran a extraños para que les saquen una foto con sus ídolos: la toman ellos mismos. Sale distinta, medio deformada, pero tiene mayor intimidad. A veces (hay casos famosos de Mourinho y Roy Keane) los resultados son terribles. Pero los propios protagonistas también se metieron en esta moda: ¿Drogba haciendo caras locas en el banco del Galatasaray? Existe. ¿Neymar, Thiago Silva y Dani Alves con pose de raperos? Disponible. Son fotos muy difíciles, por no decir imposibles, de imaginar si no fueran generadas por los propios protagonistas. Tan difícil como la competencia de selfies por el mundo de Messi y Kobe Bryant, que no promocionaban un teléfono ni una cámara digital, sino la aerolínea Turkish Airlines.



Hubo otras selfies conocidas mucho antes de que este término se inventara. El festejo de Maradona contra Grecia, en Estados Unidos 94, hizo hablar a todo el mundo. Hecho frente a la cámara de televisión, tenía el efecto único de una selfie. Lo mismo que el Irina te amo que gritó Batistuta y que enamoró a Italia también en los 90.

Por un simple tema de ubicación, rara vez los fotógrafos lograrían capturar un festejo en el que el jugador esté mirando directo a la cámara. Siempre son miradas de costado, al horizonte, a los hinchas, a otros compañeros. Ni hablar ya de acceder a fotos de espacios de intimidad, como en otras épocas. Hoy esas imágenes están totalmente reemplazadas por las fotos propias de las cámaras y celulares de los integrantes del equipo.

El nuevo género fotográfico se transformó en una moda mundial y obliga a los medios a repensarse. La foto técnicamente perfecta, con luz compensada y en una producción en estudio, ¿o una selfie un poco fuera de foco pero propia del momento de la acción? Lo que hasta hace poco se planteaba como una lucha desigual, ahora ya no lo es tanto. Las selfies ya llegaron a las tapas de los diarios de todo el planeta y prometen no irse.

La fotito sacada por Ellen DeGeneres en la entrega de los Oscar se transformó en la más retwitteada de la historia. Y fue la usada para las portadas de los medios gráficos. Los fotógrafos lograron obtener, sí, la foto de los protagonistas posando para la selfie. O sea, la imagen de la imagen.
¿Se imaginan lo que sería una selfie en un segundo Maracanazo? ¿O lo que habría sido poder tener una selfie del verdadero, en 1950? Sea como sea, este Mundial será el primero en el que abunde este nuevo género. Y sin decir whisky.

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Por Martín Mazur 

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Por Martín Mazur: 12/05/2014

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