Notas de la revista

Alvarez Balanta: avanti morocho

- por Redacción EG: 27/03/2014 -

La aparición del colombiano fue una de las mejores noticias para River en un 2013 decepcionante. Dueño de una personalidad llamativa para su corta edad, se convirtió en uno de los preferidos del hincha. Mientras se juega una última ficha para ir al Mundial, repasa su vida y expone su manera de sentir el fútbol.

 Nota publicada en la edición de marzo de 2014 de El Gráfico

EN ACCION en La Bombonera, firme y atento. Debe corregir algunas faltas ingenuas: ya lo expulsaron tres veces en River.

A los 8 segundos de su debut absoluto en la Primera División del fútbol argentino, recibió el pase hacia atrás de Vangioni y cruzó, de zurda, un pelotazo de 40 metros que sobrevoló toda la defensa a lo ancho para caer en los pies de Gabriel Mercado.

A los 2’ 50’’ tocó por segunda vez el balón: Ariel Rojas le tiró un ladrillazo desde mediacancha, con Luciano Vietto rebosante de la energía propia de todo inicio de partido, listo para robársela y quedar mano a mano con Barovero. En Puerto Tejada, el pueblo materno ubicado en las afueras de la ciudad de Cali, Colombia, toda la familia se paró con palpitaciones frente al televisor. Pero el 39 de River no se hizo demasiados problemas: la paró de zurda, se la pasó a su pie derecho y enganchó ante la marca del peligroso delantero de Racing. Se lo limpió con la facilidad del mediocampista ofensivo que fue algún día, Vietto lo tomó desde atrás y el juez pitó falta. No se le movió ni una pestaña.

Nos detenemos en estas acciones, sobre todo en la segunda, no sólo porque fueron las dos primeras pelotas que tocó Eder Fabián Alvarez Balanta en la Primera con 20 años recién cumplidos, sino porque su modus operandi vendría a revelarnos con exactitud dos características básicas de su estilo de juego: la personalidad y el buen dominio del balón para sacarse a un rival de encima, osadía cada vez menos frecuente en los campos argentinos.

Si el hincha de River no sabía cómo jugaba ese morrudo colombiano, en menos de tres minutos el propio protagonista se encargó de responderle con una síntesis perfecta. Un anuncio con pocas palabras, o gestos, –porque vamos a decir que la sobriedad es otro de sus rasgos distintivos–, de lo que tenía para ofrecer como futbolista. Fue el 7 de abril de 2013, por la 8ª fecha del Torneo Final, en el Cilindro de Avellaneda. River terminaría ganando 2-0 con goles de González Pirez y Lanzini. Balanta tocó 28 pelotas y todas fueron a un compañero; sólo en 2 ocasiones tiró un pelotazo. Cometió apenas una falta (y en ataque). Los medios lo dieron como la figura de la cancha.

-Fue un día muy esperado, aunque tampoco me imaginé que fuera a ocurrir todo tan rápido, te diré la verdad –repasa Eder–, y tampoco imaginé que las cosas me iban a salir tan bien como ese día. Al comienzo del partido sentía mucha ansiedad y solucionar bien esa jugada me ayudó a tener un poco más de decisión en las cosas que iba a hacer y también a jugar con más tranquilidad. Eludí más que nada como un recurso porque la pelota me había quedado un poco larga y el rival estaba muy cerca, si intentaba reventarla, creo que le hubiera rebotado y habría sido peor.

-¿Qué te pidió Ramón Díaz en la previa? ¿Que no arrugaras?
-No, no, eso no, quizás porque yo ya venía trabajando hace un tiempo con el plantel profesional, y tenían referencia de mis condiciones y de lo que podía dar. En la semana yo había practicado con los titulares, pero no me dijeron nada, recién me enteré de que jugaba el día anterior al partido. Se me acercó Emiliano (Díaz) y me dijo que aprovechara la oportunidad, que era lo más lindo que le podía pasar a un jugador, me dijo también que pensara mucho en la cantidad de personas que estarían deseando tener esa oportunidad y en que la aprovechara al máximo.

La aprovechó.

No salió nunca más del equipo.

(Y eso a pesar de justo fuera un tiempo en el que, si algo sobraban en River, eran marcadores centrales: Botinelli, Maidana, Román, Funes Mori, Pezzella, González Pirez y hasta Mercado).

Es miércoles, faltan unos minutos para las 6 de la tarde. El Museo River, pegadito al estadio Monumental, exhibe un tránsito frenético en sus entrañas, propio de los días de vacaciones. Pocos programas más atractivos para los futboleros riverplatenses que visitan la ciudad, por caso, que conocer el estadio, el anillo interno y un poquito más allá, ya en el Museo, los trofeos, la historia en imágenes y camisetas. ¡Qué cine ni teatro! Fútbol, viejo. Lo que no está incluido en la entrada es chocarse de repente, en medio de un pasillo, con un futbolista moreno en remera y zapatillas, al que le sacan fotos y parece ser alguien famoso. Suele ser muy distinta la percepción desde una tribuna que a un metro de distancia. Nos pasa a los periodistas, sobre todo cuando realizamos nuestras primeras entrevistas: el gigante de la cancha se desinfla y resulta ser una persona casi como nosotros, de la misma altura y de físico enjuto. Nada extraordinario. Y si encima el personaje es bien morocho y el museo se transita en penumbras, más confusión todavía.

“Es Samuel Eto’o, vino de Camerún a conocer la historia de River”, les responde un empleado de seguridad a las chicas que se acercan, para dispersar un poco la multitud. Algunos se miran extrañados. Unos instantes después, concluida la producción para El Gráfico, Eder le dedicará unos minutos a sacarse fotos con quienes ya saben quién es. Siempre con mesura, sin desbordes de extroversión. Lo confirmaremos tras una hora de charla: Balanta vive como juega. Es serio, concentrado, responde lo que le piden. Y punto. No por divismo. Su vestuario sigue la misma línea: es pura discreción. No está cubierto de tatuajes, ni luce alguno de esos raros peinados nuevos con las marquitas al costado, ni está bañado en perfume ni maneja un auto deportivo último modelo. Ni siquiera maneja. Vamos a conocerlo un poco más.

EDER en el túnel del tiempo del Museo River. Espera marcar una época como otros equipos campeones.

Eder nació en Bogotá, en el seno de una familia sin grandes apremios. Su padre es economista y su madre, enfermera y trabajaba en un hospital; tiene una hermana. “Pues gracias a Dios nunca faltó la comida, en la época en que mis padres se quedaron sin trabajo tuvimos apoyo del resto, porque somos una familia muy grande”, destaca, y enseguida descubriremos que el “pues” es su muletilla preferida. El “pes” en realidad, porque su fonética es algo cerrada, reminiscencia del acento rolo (bogotano), que conserva en parte.

Hincha de Atlético Nacional de Medellín pese a haber nacido en la capital, recuerda que en las visitas al pueblo de sus padres solía jugar a la pelota descalzo en la calle con sus primos. Asegura no haber idolatrado a nadie de pequeño, aunque resulta obvia su preferencia por el fútbol brasileño gracias al influjo ejercido por un tío materno que, además de todo, le estampó el nombre recordando a un crack de la selección verdeamarelha (ver recuadro). “Siempre tuve mucha admiración por los jugadores de Brasil, como Ronaldo, Roberto Carlos y Ronaldinho, sobre todo por mi tío, que siempre ha sido fanático y sigue mucho a la selección de Brasil”, admite, y su modo de entender el juego tiene bastante que ver con esa escuela. No le gusta revolear la pelota, sino tratarla bien, se nota, aunque también le han bajado línea de que no arriesgue sin sentido cuando las papas queman.

En su país no llegó a alistarse en las divisiones menores de ninguno de los clubes importantes. Un día decidió mostrarse en la escuela Fair Play, cuyo dueño es Silvano Espíndola, aquel ex compañero de Maradona en Argentinos Juniors que luego jugó en Colombia y se quedó a vivir allí. Espíndola había acercado a Falcao a River unos años atrás, y no olvida que aquella vez se presentaron siete chicos nuevos, entre ellos un defensor de 16 años que le llamó la atención. “Cuando lo vi, me dije: ‘El Negro es un fenómeno, me gusta, tiene algo diferente, a este lo quiero’. Le marqué algunas cosas para que mejorara, le dije que se preparara un año, y pasado ese tiempo decidí hacer el contacto con River, porque soy muy amigo del Tapón Gordillo y de Claudio Viscovich, que trabajan en las inferiores”, repasó Espíndola en 2013.

Balanta llegó a Núñez para la prueba. En Academia Compensar, su club de origen, se movía como doble cinco, y despegaba con frecuencia. Antes había sido enganche. De ahí que cada tanto hoy se lo ve arrancar desde el fondo con determinación y el balón pegado a su zurda, limpiando el camino. La práctica de admisión consistía en dos tiempos de 30 minutos. Finalizada la primera parte, Jorge Busti, un viejo sabio de la escuela de Delem, lo invitó a pasar a la zaga.

“Me pusieron como cinco solo, yo estaba acostumbrado a jugar de doble cinco en mi país. Nos alternábamos mucho con el otro volante, veníamos jugando desde chicos y nos conocíamos bien, entonces venir a un fútbol diferente cuesta, aparte la intensidad y la dinámica de juego eran distintas a las que estaba acostumbrado. Al terminar el primer tiempo, Busti me preguntó si podía moverme como defensor central. Le dije que nunca había jugado ahí, me pidió que probara un rato y pues... con las ganas de llegar, uno juega donde lo manden”, se sincera y evalúa beneficios y perjuicios de su nueva función: “Como defensor tenés más espacio y más visión de juego, más libertad para jugar, aparte uno recibe la pelota mirando el campo de frente, eso es positivo. Pero también las obligaciones son diferentes, porque si uno llega a errar un anticipo o algo, el único que queda atrás es el arquero, y eso es muy peligroso”.

La huella dejada en Núñez por Radamel Falcao García sin dudas atravesó la mente y los sueños del joven Balanta. Terminar de formarse en las divisiones juveniles de un club modelo de la Argentina seguramente le brindaría un plus de competitividad y carácter que en su país no encontraría. “Y, sí, creo que gran parte de los jóvenes futbolistas en Colombia un poco sueñan con eso, o tienen la expectativa de salir a un país como es la Argentina y terminar de hacer su formación deportiva –acepta–. Sabemos que es uno de los mejores países en ese aspecto, y el puente para tener ese paso a Europa. Con mi papá sabíamos que si llagaba a entrar a un club de la Argentina, iba a ser muy importante, así tuviera sólo la oportunidad de entrenarme, no sé, dos años en inferiores, a mí eso me iba a sumar mucho y por ahí si me hubiera tocado volverme a Colombia, con la formación de aquí, habría tenido la posibilidad de entrar a un equipo profesional en Colombia, sin dudas”.

El aporte del fútbol argentino a su consolidación lo notó enseguida, en los primeros meses. “Los partidos de inferiores se viven de una manera distinta que en mi país. Aquí, cada partido, sea contra el primero o el último, se disputan y se viven con la misma intensidad. Eso me ayudó a crecer bastante. A mí me tocó en Quinta División, apenas llegué, jugar contra Chacarita, que era uno de los últimos, y creo que fue el partido más difícil que jugué en inferiores, encima nos hicieron jugar en la cancha de Chacharita, ese día fue terrible (se suelta, se ríe por primera vez). Se juegan como finales todos los partidos. Gracias a eso siento que tuve la oportunidad de crecer en la personalidad y la agresividad”, evalúa y enseguida aclara, para que nadie se sienta ofendido: “Por supuesto que recomendaría a otros chicos de mi país que hagan lo mismo, y no porque en Colombia sean malas las inferiores, sino porque acá se trabaja de una manera distinta y está mejor organizado. En Bogotá, la competencia en la liga no era tan buena hasta que uno llegaba a las finales y se empezaba a encontrar con los clubes grandes”.

Igual, no todo fue color de rosas en el comienzo. El primer semestre del 2011 no pudo jugar oficialmente porque no tenía documentos, sólo practicaba. Vivió unos meses en una pensión frente al club, y entre su timidez natural y el hecho de venir del extranjero, no consiguió integrarse. Luego se mudó a la casa de una familia amiga de Espíndola, en Caseros, y allí fue entrando en clima. Hoy afirma que de su país conserva el hábito de comer seguido arroz y aún se sorprende de la cantidad de carne que se come en la Argentina. Y asegura que lo conmovió cómo se involucran sentimentalmente los hinchas.

EL ACNE delata su juventud. Le costó encontrar peluquero para su cabellera; ahora se rapa solo.

“Más allá de tratarse de una pasión –entiende y razona–, siempre intenté tomar esta profesión con mucha tranquilidad, pero en la Argentina se vive de una manera diferente. El día que River se fue a la B yo estaba en la platea del Monumental y me costaba entender cómo la gente lloraba destruida como si se les hubiera acabado la vida, en Colombia no es tan extremo”.

Tan extremo, habrá pensado, que en su cuarto partido de Primera, empezó a escuchar un cantito que bajaba nítido de los cuatro costados del Monumental. El “Negroooooo, Negrooooo” se impuso como hit en cada una de sus trabadas pletóricas de enjundia. Pasó a encabezar con comodidad el aplausómetro en el momento en que la voz del estadio anunciaba la formación del equipo. Unas semanas más tarde, cuando parecía que le habían puesto el tachito en la cabeza, ese mismo cantito trocó por otro que ya venía con formato de protesta: “No se vende, el Negro no se vende”. Balanta no alcanzaba a procesar semejante demostración de afecto.

“La verdad que no lo podía creer –se sincera–, no entendía mucho lo que estaba pasando, fueron muchas cosas muy buenas en muy corto tiempo y pues, asimilar todas esas cosas la verdad que me llevaron tiempo y me costaron bastante, más en un club como River, donde se empiezan a decir cosas que en realidad no son y por ahí con la falta de experiencia a uno le cuesta sobrellevarlo”.
Entre esas cosas, sin duda, se encontraba el supuesto interés del Barcelona. “Traté de mantenerme al margen, sabía que hasta que no fuera una realidad o que no hablaran conmigo o con mi representante, no tenía que darle cabeza a eso porque, sino me podía llegar a desubicar un poco”, expresa con signos llamativos de madurez.

-¿Te molesta que te digan “negro”?
-No, no, sé que la gente lo hace con cariño, no como algo discriminatorio ni para marcar ninguna diferencia. Siempre que las cosas sean dichas con aprecio, uno las va a recibir de buena manera.

-¿Y notás que la gente te tiene un cariño especial?
-Sí, me doy cuenta que la gente de River me tiene mucho aprecio, desde el primer momento me lo hicieron sentir y han estado pendientes y dándome fuerza. No sé a qué se debe, la verdad que pues, un poco la gracia de Dios será, uno mucho no puede entender, porque si yo fuera un goleador o muy desequilibrante del medio para adelante, por ahí se podría entender un poco más, en realidad soy un defensa que recién estoy empezando mi carrera y con muchas cosas por mejorar.

Tiene mucho por mejorar es cierto, sobre todo sumar experiencia. Aunque Pekerman lo convocó a la Selección por primera vez en noviembre del año pasado para dos amistosos, sabe muy bien que corre de atrás con vistas a Brasil 2014. Mario Yepes y Amaranto Perea, los ex River y Boca, son los centrales titulares y Cristian Zapata, (Milan) y Carlos Valdes (ahora en San Lorenzo), los recambios habituales, pero Balanta es consciente de que si la rompe en este torneo, aún tiene una chance. Pekerman sabe muy bien lo difícil que es competir en el campeonato argentino y el roce que otorga. Y lo curtido que uno sale de allí, si logra sobrevivir, claro.

“El profe (Pekerman) me habló y me contó cómo era el proceso de la selección y los motivos por los cuales me habían llevado a esa convocatoria, también lo que veían que podía mejorar, me dijo que tenía que estar tranquilo, que más allá de ser joven, la oportunidad de estar en la selección podía ser una opción, y que también después del Mundial habrá otras competiciones, hay que mirar al futuro siempre. Yo debo concentrarme en hacer las cosas bien en el club y luego Dios dirá si se puede dar o no”.

Sobre la presencia mundialista de Falcao no tiene dudas: “Según lo que he visto por internet, está de una manera increíble, aparte es una persona que tiene mucha fuerza de voluntad y mucha fe y creo que confiando en Dios seguramente va a tener la oportunidad de estar en el Mundial”.

ENTRE LAS ANHELADAS Copas Libertadores e Intercontinental.

Dios es una palabra recurrente en sus frases, ya lo hemos notado. Tan creyente que todavía muchos recuerdan aquel rezo que realizó en Mendoza, en su tercera presentación con River. Fue triunfo por 2-1 gracias a su gol. Balanta escuchó el pitazo del juez, pensó que el partido había finalizado, se arrodilló cerca del círculo central, cerró los ojos y levantó los brazos al cielo. La jugada le pasó por detrás, mientras él seguía en su trance. Godoy Cruz casi empata. La imagen fue realmente desopilante.
A la hora de pasar lista a virtudes y defectos, Balanta se ríe de algún chas-chas que le dieron en las inferiores, que hoy realmente cuestas creer.

-Tuve un tiempo en inferiores en que algún técnico me remarcó que me faltaban ganas para jugar al fútbol y que debía cambiar en ese aspecto (vuelve a soltar una risa). En ese entonces mi puesto era de enganche y me decían que sólo jugaba cuando tenía la pelota, que perdía la pelota y no corría.

-Pero ahora es todo lo contrario: si algo demostrás, son las ganas.
-Y… es diferente, yo siento que perdí algunas cosas técnicamente, pero en el aspecto de la personalidad y la agresividad, he ganado bastante.

-En tu primer campeonato todos te elogiaban; en el segundo se comenzaron a ver tus defectos en un torneo muy malo de River, ¿te bajoneaste?
-Sé que al principio fue todo muy efusivo, así ocurre cuando aparece algo nuevo, es como que llama la atención, por ahí ya con el paso de los partidos todo se vuelve más normal. En el segundo semestre no tuve un buen campeonato como todo el equipo y esas cosas se remarcan más, pero yo sigo tranquilo y a pesar de que al principio me fue bien y me salieron mejor las cosas de lo que pensaba, soy un jugador joven con muchas cosas para aprender. Espero que en el futuro se me reconozca como un gran jugador pero me falta un camino largo para ver todo eso.

-Te veo en el Mundial, entonces –es el saludo final, con Eder dirigiéndose ya hacia la salida del Museo.

-Ojalá –responde levantando los hombros y dibujando un cuarto de sonrisa.

(Más allá de su cautela, las ganas le brotan por todos los poros y no las puede disimular).

Por: Diego Borinsky / Fotos: Hernan Pepe / Ilustración: Gonza Rodriguez

Por Redacción EG: 27/03/2014

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