Fútbol

Idolos desdibujados

- por Redacción EG: 25/03/2014 -

Marcaron a fuego a los hinchas de los equipos que los endiosan, pero en el último tiempo sus declaraciones cosecharon más rechazos que consensos. Cruyff, Bochini, Alonso y Maradona son algunos de los exponentes del segmento.

NARANJA PICANTE. Johan Cruyff es un especialista en generar polémica. No tiene buena relación con la prensa, pero sabe como utilizarla para que sus opiniones retumben en todo el mundo con fuerza de cosa juzgada.

Una de las frases cumbres que Ernesto Sábato regala en su libro El Túnel es “todo tiempo pasado fue mejor”. Si bien la misma tiene varias acepciones, en el más literal de sus sentidos bien podría aplicarse a la situación que atraviesan algunos ídolos futbolísticos que en otros tiempos se volvieron indiscutibles y que hoy, cada vez que declaran desde su pedestal de cristal, boicotean su propio olimpo. Exponentes sobran, pero sólo cuatro nombres bastan para ejemplificar la idea: Norberto Alonso, Diego Maradona, Ricardo Bochini y Johan Cruyff.



Alonso, experto en bombas mediáticas


“La gente sabe que yo por River doy todo”, es el latiguillo que suele usar el Beto para protegerse antes de encender la mecha. Extremadamente confiado en su idolatría, la mayoría de las veces no toma conciencia del campo de acción que pueden abarcar sus declaraciones y termina inmolándose entre soflamas destructivos.

CAPITAN BETO. Alonso se convirtió en un polemizador en el último tiempo. Criticó a Almeyda, a Ramón Díaz, a Aguilar y a Passarella.

Los periodistas lo conocen y saben cuando su palabra puede cotizar, así es que se transformaron en moneda corriente sus críticas hacia las últimas gestiones presidenciales de River e incluso sus enconados enojos con otras glorias del club. “Hacerle una estatua a Almeyda es recordar el descenso”, dijo en su momento. “Passarella tendría que pedirle perdón a la gente, es un cuatro de copas”, aseguró después, luego de fracasar en un acuerdo con el ex presidente millonario para sumarse al club. “Ramón Díaz depende mucho de los resultados”, fue la última bomba, con la que intentó apagar con nafta el incendio que más preocupaba a Rodolfo D’Onofrio en su llegada a la presidencia. En su currículum también atesora un cruce con Alejandro Domínguez y algún golpe bajo a los chicos surgidos de las inferiores.

Lo cierto es que Alonso jamás encontró su lugar en River una vez terminada su carrera como futbolista. Probó como entrenador, como aspirante a dirigente y también como colaborador externo, pero nada pudo abstraerlo de las polémicas. Con algo de resentimiento y cierta cuota de temor a perder el lugar ganado, Alonso convierte en paradigma su filosofía de hacer leña del árbol caído.



Maradona, la contradicción como estandarte


La lengua filosa de Diego creció a la par de su idolatría. De hecho, muchos de sus adeptos los ganó a través, justamente, de sus fuertes agarradas con rivales de todo tipo de fuste. Sin embargo, como se podría escribir un libro sobre las peleas de Maradona, también se podría escribir otro sobre sus contradicciones.

SIEMPRE DURO. Maradona hizo escuela con sus declaraciones. Cargó contra todos y contra todo.

Con Oscar Ruggeri se peleó a muerte durante la gloriosa etapa de ambos en la Selección argentina e incluso después, hasta que Diego se convirtió en entrenador de la albiceleste y se enfrentó a Julio Grondona para incluir al ex defensor en su cuerpo técnico. Finalmente el presidente de la AFA no se lo permitió, pero su intención de sumar a su grupo de colaboradores a su otrora acérrimo enemigo tomó por sorpresa a todos.

Otro de los destinatarios de sus dardos envenenados fue Carlos Salvador Bilardo. Con el Narigón, Maradona vive permanentemente una relación de amor-odio que en la actualidad atraviesa su periodo más crítico. Juntos lograron el último gran éxito de la Selección en México 1986, después se pelearon en la fugaz etapa sevillana para amigarse durante la estadía de ambos en el Boca de 1996. Cuando Diego decidió abandonar su cargo de entrenador de Argentina, se fue disparando contra Bilardo: “Yo confié en él, y él me traicionó”.

Así la lista sigue e incluye a Julio César Falcioni (a quien le bajó el pulgar como técnico cuando trabajaba en el Departamento de Fútbol de Boca), a Mauricio Macri (“Es el cartonero Báez”), a Grondona, al Papa Juan Pablo II, a varios periodistas y a unos cuatos políticos que Maradona endiosó y luego se encargo de fulminar mediáticamente. Con la excusa de que a Diego se le perdona cualquier cosa, sus declaraciones suelen medirse con distinta vara respecto del resto de los mortales. Pero lo cierto es que el ‘10’ es uno de los personajes que más pone en juego su idolatría cada vez que agarra un micrófono.



Bochini, el último elegido


El Bocha es el enlace directo a la última época gloriosa de un club gigante que ahora vive horas bajas. El tiempo transcurrido entre su retiro a comienzos de los noventa sin que nadie recoja su legado y lo místico de su figura en Independiente le dan, aparentemente, vía libre para opinar sin filtro sobre todos y todo.

LEGADO PENDIENTE. Independiente aún no encontró a su Bochini del siglo XXI, y tampoco el Bocha encontró todavía su lugar en el club.

Bochini, en un caso similar al de Alonso, tampoco encontró su lugar en el “mundo Independiente” luego de su retiro y eso se nota en cada una de sus intervenciones. Tuvo problemas con todos los presidentes que en los últimos años comandaron al Rojo y hasta se enfrentó mediáticamente con Julio Comparada cuando este le quitó el subsidio que recibía del club. Además, en los últimos meses cuestionó la idoneidad de Javier Cantero, dudó de la capacidad de los jugadores y, con poco tacto, cuestionó fuertemente al equipo inmediatamente después del descenso mientras se paseaba por el campo auxiliar de entrenamiento de Racing.

Sin embargo, la faceta picante de Bochini no nació luego de su retiro. Durante su carrera criticó a Bilardo e incluso suele repetir que, debido a su escueta participación, no se sintió campéon del mundo en México 1986. El máximo ídolo de Independiente es otro ejemplo del declarante que, con más ingenuidad que malicia, hace leña del árbol caído y lastima su propia imagen.



Cruyff, el enemigo público


Desde su etapa de futbolista, Johan Cruyff se caracterizó por su rebeldía y su carácter. Tanto dentro como fuera de la cancha, la filosofía que pregonaba requería indefectiblemente de una personalidad como la suya que la apuntalase. Así fue que durante su peregrinaje como futbolista se enfrentó con entrenadores, compañeros y dirigentes.

NARANJA PICANTE. Johan Cruyff es un especialista en generar polémica. No tiene buena relación con la prensa, pero sabe como utilizarla para que sus opiniones retumben en todo el mundo con fuerza de cosa juzgada.

Sin embargo su costumbre se extendió en el tiempo y ya como entrenador del Barcelona y como dirigente, se encargó de ridiculizar en más de una oportunidad a su propio círculo. En su momento llegó a criticar públicamente a Joan Laporta, su ladero más fiel dentro del club blaugrana.

En el último tiempo nadie se salvó del filtro crítico de Cruyff: a Juan Román Riquelme le criticó la falta de actitud, a Sandro Rosell lo trató de poco menos que de mafioso, aseguró que la dirigencia catalana se apuró en contratar a Gerardo Martino como entrenador (“No le conozco ni la cara, yo hubiese analizado mejor las opciones. Pero voy a darle el beneficio de la duda”) y criticó el fichaje de Neymar, a quien tildó de problemático. ¿Alguien más? Sí, también cargó contra José Mourinho, Pep Guardiola y hasta Lionel Messi.

En una oportunidad su ego fue demasiado lejos cuando se arrogó la potestad de criticar a los catalanes por reclamar su independencia. Cruyff siempre fue, aunque tibio, un defensor de la idea de autodeterminación de Cataluña, pero cuando el ex presidente Laporta intentó incluir en el reclamo al club, el holandés no estuvo demasiado de acuerdo y aseguró que era necesario “dejar un poco de lado las utopías”. En su momento se granjeó varios enemigos entre los independentistas.

Pero como Cruyff es una caja de sorpresas, por estos días desató su última ocurrencia: “El gran problema del Barcelona se llama Neymar, un chico de 21 años que cobra más que el resto”. Parece que al holandés no le hace gracia, tal cual dijo, que el barco tenga dos capitanes, por eso se la agarra seguido con el brasileño y le fustiga hasta los problemas que el mismo Barcelona desencadenó durante su contratación.


Por Matías Rodríguez

Por Redacción EG: 25/03/2014

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