Notas de la revista

Olteanu: un rumano suelto en vóley

- por Redacción EG: 27/02/2014 -

Vivió la revolución en su país y después cumplió su sueño al jugar en el exterior. Llegó a UPCN en 2011, rompió la racha al salir campeón de una liga y sumó más títulos que en sus 13 años anteriores de carrera. En este mes, intentará ganar otra vez el Sudamericano para volver a disputar el Mundial de Clubes.

 Nota publicada en la edición de Febrero de 2014 de El Gráfico

A LOS 32 AÑOS, la vida le sonríe en UPCN, club que lo fichó hace dos años y medio y donde logró siete de los doce títulos que obtuvo en su carrera.

“MI PADRE trabajaba en el centro de Bucarest, justo donde ocurrió el conflicto, y lo vio todo. Hasta un compañero suyo murió delante de él, por un disparo en la cabeza. A mí, que tenía ocho años, me mandaron a la casa de mis abuelos y no me dejaron salir hasta que mataron al dictador (Nicolae Ceausescu). De día, parecía que estaba todo bien, pero de noche se escuchaban tiros”.

Bogdan Olteanu recuerda aquel diciembre de 1989, cuando se desató la Revolución rumana, y se pone serio. Entiende que la entrevista no sólo se trata sobre su extensa carrera y sus dulces dos años y medio en el vóley argentino, en UPCN, el tricampeón de la Liga, sino que también contempla descubrir su historia.

“El día anterior a la Revolución hubo un rumor: vendría un auto con carne y pollo. La gente, entonces, armó una fila desde las 4 de la mañana y esperó. A las 10 (el horario indicado), no llegó ningún auto con carne y pollo y todos se fueron sin nada. ¡Y no era la primera vez que pasaba! El pueblo se arreglaba con muy poco. Pero en ese tiempo no había deuda nacional, ni desempleo, ni gente durmiendo en la calle, ni criminales sueltos. Ahora, en cambio, hay de todo en Rumania, pero la gente no tiene plata. ¿Qué sistema es perfecto? Ninguno, ni el capitalismo, ni el comunismo, ni el socialismo. Lo mejor sería hacer una mezcla”, se expresa en un correcto español.

Nacido hace 32 años en Bucarest, capital de su país, viene de una familia en la que casi todos jugaron al vóley, más allá de que ningún integrante había trascendido. A los ocho años, comenzó a practicar la actividad en el colegio y jamás paró. “Me encantaba pertenecer a un grupo, además de jugar al vóley”, admite. A los 17, debutó en la Primera División rumana en Universidad de Bacau y al año siguiente representó a Universidad de Craiova. A los 21, logró su cometido tras emigrar al exterior. Jugó en el VfB Friedrichshafen de la A1 de Alemania y obtuvo sus primeros dos títulos (Copa de Alemania por duplicado). Sin embargo, el hombre que se desvivía de chico por el chocolate importado, que le traía su padre de vez en cuando durante la Rumania comunista, cerró su círculo de felicidad a los 23 años luego de desembocar en la A1 italiana, en Gioia de Colle. “Siempre soñé con llegar ahí. Me juntaba con mis compañeros en mi adolescencia para ver los partidos de la selección de Italia, que tenía un equipazo. ‘Debe ser otro mundo’, decía. Después de haber jugado cuatro años ahí (tres en Segunda), lo confirmo: es otro mundo; todo es perfecto”, cuenta.

Un paréntesis. Su romance con la selección mayor de Rumania duró 13 años, distribuidos en 170 partidos internacionales, desde 1999 hasta 2012, cuando renunció. “Es cierto que no éramos ni somos un equipo fuerte, pero siempre peleábamos para clasificarnos a torneos europeos o mundiales. Como la dirigencia dejó de invertir en los últimos años y ya no hay objetivos definidos, decidí no representar más a mi seleccionado. No vi ninguna intención para que el vóley tenga un futuro mejor”, afirma el capitán rumano entre 2008 y 2012.

La gira europea de Olteanu continuó por España (Unicaja Almería, en 2008-2010) y por Francia (Tours Volley-Ball, en 2010-2011), países en los que ganó tres copas. No obstante, aún conservaba una deuda interna: consagrarse en una liga.

INSACIABLE. El rumano se focaliza en el Sudamericano de este mes en Brasil. De ganarlo, en mayo volverá para jugar el mundial de clubes.

“No sabía nada sobre la Liga Argentina, ni siquiera estaba enterado de que el equipo que me había contratado era el último campeón. Como venía de jugar en Francia con Alexis González y conocía a más jugadores argentinos, sabía que la Selección era buena”.

Bogdan sorprende con su declaración. El atacante sedujo al entrenador de UPCN, Fabián Armoa, a través de videos y el club lo contrató para la temporada 2011-2012. Rápidamente, el rumano demostró en la cancha que no había trucos de edición en las imágenes que lo tenían como protagonista. Primero, se transformó en una de las figuras del equipo; segundo, rompió con su racha adversa (había perdido cinco finales de liga: dos en Alemania, dos en España y una en Francia) al consagrarse campeón de la Liga Argentina en dos oportunidades (además fue elegido como el jugador más valioso en las finales de 2011-2012). A fin de cuenta, su balance resulta positivo: ganó más títulos en UPCN (siete: dos Ligas Argentina, un Sudamericano de Clubes, dos Copas ACLAV y dos Copas Master) que en sus 13 años anteriores de carrera (había logrado cinco). Como si fuera poco, también quedó cuarto en el Mundial de Clubes 2013.

“Viví momentos muy importantes en este club: fue hermoso haber ganado mi primera liga en mi primer año en la Argentina; fue increíble haber ganado el Sudamericano de Clubes porque ahí se enfrentan los mejores de Sudamérica; y fue fantástico haber estado entre los mejores cuatro equipos del mundo en el Mundial de Clubes. Igual, ahí me quedó la sensación de que podíamos haber quedado terceros. ¿Cuál es el secreto de UPCN? El gran trabajo que se hace. No sé si hay otro equipo en el mundo que haya logrado tantas cosas en tan poco tiempo como UPCN. Sabemos que nuestros rivales también son buenos, pero llegamos muy bien a cada partido, entramos a jugar muy metidos y sólo tenemos que soltar el brazo, meterle con todo y ganar”, confiesa.

El futuro inmediato de UPCN invita a soñar, y Bogdan Olteanu, a quien se le vence el contrato con el club a fines de mayo de este año, sueña despierto: “Buscamos ganar todo. Ya conseguimos la Copa Master y la Copa ACLAV en esta temporada, y ahora se nos viene el Sudamericano de Clubes y queremos ganarlo (termina el 23 de este mes en Belo Horizonte, Brasil). Si lo logramos, cumpliré otro sueño: volveré a competir en el Mundial de Clubes (se disputará del 6 al 11 de mayo en Betim, Belo Horizonte, Brasil)”.

-Por como vienen, ¿es lógico que el club gane su cuarta Liga Argentina seguida?
-No lo sé. Lo importante es que el club se transformó en un equipo de verdad en pocos años. Acá se cumple un viejo dicho: “Los talentos ganan un partido, pero un equipo sólido gana campeonatos”.

Por: Darío Gurevich/ Fotos: Hernan Pepe.

Por Redacción EG: 27/02/2014

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