Notas de la revista

Heredia: Milonguita sentimental

- por Redacción EG: 25/02/2014 -

Leyenda del Barcelona, pasa inadvertido por las calles cordobesas. Amigo de Cruyff, cuenta por qué ninguno de los dos jugó el Mundial 78. Obsesivo por ayudar, dice que quizás dio más de lo que tenía, pero que no se arrepiente. Y refleja qué le pasó con un pasajero que lo reconoció manejando un taxi.

   Nota publicada en la edición de febrero de 2014 de El Gráfico

A LOS 61 años, Milonguita pasea por su Córdoba natal. La rompió en la década del 70, pero no muchos lo reconocen.

 “Extraño a mi mamá... yo dormía con ella aún cuando jugaba en el Barcelona. Volvía de España a pasar unos días y me tiraba en la cama con mi mamá. Ella falleció hace cinco años y fue el momento más duro de mi vida. Aún la extraño...”. Sus ojos se pierden en un horizonte lejano que tiene la imagen de una bella dama, de una protectora. Paulatinamente se van poniendo rojizos, y unas intrépidas lágrimas intentan saltar por su rostro lleno de arrugas. “Cuántas cosas que daría por volver a tenerla. Es más, si pudiera volver el tiempo atrás, seguro que no me iría a Europa. No. No jugaría otra vez en el Barcelona. ¿El motivo? Poder pasar más tiempo con mis padres”, afirma con una voz entrecortada, mientras se lleva su mano derecha a la cabeza y se masajea con suavidad, como pensando nuevamente lo que acaba de decir. Pero este hombre, de 61 años, a esa frase ya la ha pensado muchas veces. “Pasar más tiempo con mis padres”, reitera y pareciera que fuera un eco. La frase le pertenece a Juan Carlos Heredia, o mejor dicho Milonguita Heredia, estrella del Barça de la década del 70, compinche del mejor Johan Cruyff.

¿Quién es Milonguita? Es el hijo de la Milonga Heredia, aquel que con 17 años compartió delantera con Pedernera y el Charro Moreno en la Selección Argentina. Es el grandote que con 15 años debutó en la Primera de Universitario de Córdoba y heredó, en diminutivo, el apodo de su padre. Es el que a los 17 años ya la rompía en Belgrano y dos años después fue vendido a Rosario Central, donde sólo estuvo cuatro meses. Es el que jugó en el Porto, el Elche y luego brilló en el Barcelona, donde fue admirado por su juego durante seis temporadas; y al día de hoy es recordado con orgullo por los hinchas culés. Es el que jugó en el River de Labruna. Y también es el que tuvo que abandonar el fútbol por culpa de las lesiones. Además, la Milonguita (con artículo, como le dicen en Córdoba), es y fue un filántropo. Juan Carlos Heredia es un cordobés que supo lo que fue la gloria y hoy, lejos de aquellos días, ayuda a gente, con el recuerdo eterno de sus padres. También es el que no quiso jugar la Copa del Mundo de Argentina 1978. Pero vestido de rojo.

“Yo iba a jugar el Mundial para la selección de España”, comienza a narrar con el acento cordobés intacto. En el televisor del bar de la estación del barrio Argüello están las noticias, y él mira, pero no presta atención. Su mirada viaja junto a sus memorias a aquel mayo de 1978. “Un mes antes del Mundial vinieron a mi casa los militares. La pusieron contra la pared a mi mamá y lo levantaron a mi papá, que estaba en cama enfermo con 40 grados de fiebre. Lo taparon sólo con una sábana y mi papá les preguntó por qué no lo dejaban vestirse, les contó que tenía mucha fiebre. ‘Adonde vos vas, no necesitás ropa’, le dijo un milico. Sí, eso le dijeron (reitera enfático). Y empezaron a buscar cosas, revolvieron todo, incluso le robaron un encendedor de oro que yo le había regalado a mi viejo, con sus iniciales. Ya se lo llevaban y justo entró otro militar, de más rango. Se puso a observar y vio que en el living había muchas fotos mías”. No tiene pausa. Lo quiere contar. Han pasado muchos años, pero lo recuerda nítidamente. Llega el momento justo de una historia que no olvida. “Vieron que había muchas fotos mías, de cuando jugaba en Belgrano y en el Barcelona. Entonces este milico pregunta si eran fanáticos de la Milonguita. Mi mamá respondió que sí, porque eran los padres de la Milonguita. ‘¿Vos sos, entonces, la Milonga?’, preguntó el tipo. ‘Sí’, respondió mi papá. ‘Nos equivocamos’, dijo el militar.Pidió disculpas, explicó que había sido un error, y se fueron diciendo que esperaran unos minutos para prender la luz. Cuando prendieron la luz, llegaron los vecinos y contaron que la casa había estado rodeada. Tres días después, mi viejo, ya recuperado, va a trabajar, y se encuentra con un abogado que sabía lo que había ocurrido y le contó que en la lista negra había un Juan Carlos Heredia. Si no venía ese otro milico, se lo llevaban y lo mataban”. Ese es el origen de por qué Milonguita Heredia e indirectamente Johan Cruyff no jugaron la Copa del Mundo de 1978.

“Yo llamaba a mi casa desde Barcelona cada 15 días más o menos. Entonces mi papá me contó lo que había pasado. Fui a hablar con Ladislao Kubala, que era el técnico de la selección de España y le dije todo, le conté con lujo de detalle. No quería ir al Mundial. No vaya a ser cosa que fuera con otra camiseta a jugar la Copa del Mundo a la Argentina y que me hicieran desaparecer a toda la familia. Mi papá me dijo que se la aguantaba, que no me olvidara de que el tope máximo era jugar un Mundial, pero para mi el tope máximo era mi familia. Entonces no vine. Cruyff habló conmigo. A Johan en Holanda lo querían convencer y dijo que no. No jugaba donde hubiera un régimen militar. El sabía lo que me había pasado”.

-¿No le queda la espina de no haber jugado un Mundial?
-No. Nunca me arrepentí de cuidar a mi familia. Yo intuía que algo podía pasar. Sin tener nada que ver, casi pasa. ¡Imaginate si venía al Mundial y tenía que jugar con España una final contra Argentina! La iba a patear para arriba, era difícil. Cruyff había venido en el 72 con el Ajax a jugar contra Independiente y tuvo que dormir con policías porque llegaban amenazas de que lo iban a matar. No pudo salir del hotel.  Entonces, si en esa época ya había sufrido, él se imaginaba que en el 78 iba a ser peor.

Ese es Milonguita Heredia. El buen amigo de Cruyff, al quien considera el mejor de todos, y con quien mantiene diálogo seguido, al igual que con su esposa, Danny Coster. “El Flaco era un crack, como jugador y como persona”, sostiene una y otra vez. Su voz se entusiasma cuando recuerda a la estrella holandesa, aquel que en su momento se la jugó para que una marca deportiva le hiciera firmar contrato a él y tres compañeros más del Barça. “El Flaco se la jugaba siempre por los compañeros, un fenómeno”.

PESOS PESADOS. Chispas en un River-Boca del 81: Milonguita, con la camiseta ensangrentada y la nariz rota, se acerca al tumulto con Mouzo, Córdoba y Merlo. Maradona mira a Kempes. El Chino Benítez separa a Passarella y Perotti. Relojean Brindisi y Comelle

El filántropo
El invierno en Córdoba siempre tuvo días duros, y la década del 70 no era una excepción. Al contrario. Es 9 de julio, en barrio Alberdi, Belgrano ha organizado una fiesta. Milonguita llega en compañía de su papá y su cuñado. Cuando está por entrar se le acerca un chico de 22 años para saludarlo. El pibe tiene una camisa manga corta. Y sí, tiene frío, pero está sonriente por haber conocido a la Milonguita. Dos horas después, la celebración continúa. El jugador del Barça se retira antes y cuando sale por la calle Arturo Orgaz ve que aquel pibe está ahí, otra vez esperándolo.

-¿Qué hacés acá todavía?
-Quiero que me firmes un autógrafo.

-¿Pero por qué no me lo pediste antes? ¿Dónde te firmo?
El pibe mete la mano en el bolsillo y saca una foto de él con la camiseta de Belgrano. Heredia firma y el hincha agradece y se va caminando. “¡Pará! –grita Milonguita– Tomá, llevate mi campera”.
La campera la había comprado unos días antes en España. A Heredia no le importó, le dolía ver al pibe en mangas cortas. “A mí me hizo feliz regalarle la campera”, recuerda.

Ese es Milonguita. El que cuando volvía al barrio, iba a una casa de electrodomésticos y se llevaba heladeras y artefactos para repartir. Ayudaba entonces y hoy también sigue haciéndolo. Recientemente creó la Fundación El Nazareno, donde asiste a personas en situación de riesgo. A la charla con El Gráfico llega tarde, ya que viene de una villa donde estuvo viendo a algunas familias con necesidades.

-¿A qué se dedica exactamente?
-Pertenezco a la Agencia Córdoba Deportes, pero trabajo mucho con el Ministerio de Acción Social, que está en poder de darle una mano a la gente. Hay ex jugadores de Córdoba que estamos colaborando. Eso hice toda mi vida, cuando ganaba mucha plata, y ahora. Tal vez ahora no lo puedo hacer con las cantidades de antes, pero igual lo hago.

-Antes tenía más recursos.
-Antes pateaba un córner y ganaba diez mil dólares, y ahora... (se ríe) ahora ya no. Pero hay empresas que quieren apoyar. Voy a las villas, me interesa la gente necesitada; no los caraduras y vividores. Hay personas que viven en ranchos y a esas las ayudo, hay familias de un matrimonio con seis chicos y no es que sean vagos, pero la mala suerte los sigue de por vida. Son gente pobre y no tuvieron tiempo de estudiar. Les es imposible llevar adelante una familia y ahí estamos nosotros”.

MILONGUITA SUPO cautivar al Camp Nou. Aquí, en el clásico contra el Real Madrid de 1977: le escapó a Benito y marcó el 3-1 definitivo.

Goles, taxi y ¿olvido?
Heredia hoy no es reconocido como se merece. Se lo considera una leyenda añeja que cuentan los viejos futboleros. Los amigos se fueron. Cuando los necesitó, ya lejos de la fama y los días de gloria, desaparecieron. Aquellos a los que había ayudado se esfumaron. Aprendió. Y no se dio por vencido. De la gloria del Camp Nou a manejar un taxi. El problema de asimilación fue para otros, más que para él.

“Un día estuve mal. Y empecé a laburar en un tacho, de taxista. Sube un tipo, me reconoce y dice: ‘¿Cómo puede ser que estés trabajando de tachero?’ y no sé qué más. Me hartó. Yo le dije que no le había puesto un revólver en la cabeza para que se subiera, que había parado porque me hizo señas. Que si él sube, yo lo llevo. Pero insistía. ‘No podés, no pensaste’, me decía. Chau. Lo eché. ‘Bajate. No te voy a cobrar’, le dije. Me harté, si no se bajaba le daba un puñete. La gente no quiere entender que soy un ser humano. No tuve la cabeza bien puesta para no darlo todo. Debí, tal vez, dar la mitad y guardar algo para el futuro. Tampoco pensé que el fútbol se me iba a acabar de golpe. A cualquiera le puede ir mal en la vida, pero te empiezan a criticar”, cuenta sobre esa etapa de su vida.

“Tres meses estuve en el taxi”, apunta. Pero así como conoció los elogios y alabanzas, también palpó la triste desilusión de las malas personas. Con tono pausado, entre una sonrisa y la bronca de ese pasado, agrega: “Al taxi lo había comprado yo, pero lo puse a nombre de otro; y ese otro en vez de laburarlo a medias conmigo, me tomó de empleado, y me daba una comisión del 30 por ciento. ¡Un taxi que había comprado yo! Hasta la licencia le había pagado”, exclama.

¿Quién es Milonguita?
La pregunta aún se la hacen jóvenes que no lo vieron jugar. Aunque seguro lo sintieron nombrar. Es el que no es reconocido, pero que no se hace drama. “En las plazas debería estar Favaloro en vez de San Martín”, dice, para justificar el olvido. Milonguita es el mismo que se atrevió a tirarle “un túnel a Goyo Benito, en un Barcelona-Real Madrid, cosa que nadie ha logrado y seguido vivo”, rememora Francesc Aguilar, editor del diario catalán Mundo Deportivo, quien también recuerda que Heredia tenía un león en su casa en Castelldefels. “Cuando era cachorro, creo recordar, jugando le rompió el brazo, y casi se come a mi fotógrafo cuando fuimos a verle”.

HOY TRABAJA en la Agencia Córdoba Deportes y tiene una fundación para ayudar familias necesitadas.

Ese también es Juan Carlos Heredia, que entre risas, rememora que en aquel tiempo en su casa tenía no sólo un león, sino también “18 perros, una cabra enana, un monito y un poni”. Sí, así era él. Así es Milonguita, el que pide un café cortado y no lo acompaña con medialunas. Lo toma sólo para compartir la charla. Es el que al tiempo de que las lesiones lo hicieran abandonar el fútbol se quedó sin “amigos”, y que cuando les pidió sangre para su padre, no apareció ninguno de los que había ayudado.

“Ya está, se portaron mal. Cuando venía de España regalaba heladeras y una cantidad de cosas más, pero ya está. Hoy tengo amigos verdaderos, que los puedo contar con una mano. Ahora estamos bien, gracias a Dios. Hoy si podemos comer un asado, lo comemos. La gente no nos conoce. Y se inventan cosas. Una vez salió en un diario que yo estaba divorciado, viviendo en una villa, alcohólico y con la familia destruida. Yo soy abstemio (se ríe). Nunca tomé alcohol. El fútbol me dio muchísimo. Me educó. Trato de aprovechar eso y ayudar. Algunos se creen que son los ídolos de antes. Pero es mentira. Hay que ser buena gente siempre, eso me lo enseñó mi viejo”. Dice todo en un tono pausado, pensando cada oración.

Homero Manzi nos regaló un gran tango... “Milonga pa’recordarte, milonga sentimental. Otros se quejan llorando, yo canto por no llorar...”. Ese es Milonguita Heredia.

POR: Marcos Villalobo / FOTOS: Viviana Toranzo y Archivo El Grafico.
 

Por Redacción EG: 25/02/2014

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