LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

Más que mil palabras [sobre Neymar]: el camino

- por Martín Mazur: 29/01/2014 -

¿Está el delantero brasileño del Barcelona en condiciones de soportar lo que todo el mundo espera de él? Un texto de Martín Mazur.

  Nota publicada en la edición de enero de 2014 de El Gráfico

NEYMAR CAMINA hacia adelante, mira hacia arriba y le hace un guiño a su gente. Va sin miedo y con confianza, pero las pruebas que tiene en su camino cada vez se hacen más grandes. En cada paso, un desafío. Y en cada desafío, un examen. ¿Qué tan fácil es soportar tanta presión?

En este año que empieza, Neymar se dirige a lo desconocido. Alejado definitivamente de su zona de confort, la foto inspira a pensar que o bien deberá agigantarse y seguir la línea de crecimiento exponencial que le marca la tribuna (nunca mejor dicho). O bien que se lo devorará la oscuridad del túnel, empequeñecido ante la inmensidad de todo lo que esperan de él, respecto de todo lo que él es capaz de dar. ¿Qué será lo que le depara el final del camino? No hay términos medios.

Es cierto que los elegidos son capaces de hacerle una burla al calendario, tanto como que la plenitud recién llega a cierta edad (24, 25, 26). Vale recordar, entonces, que Neymar Junior es junior de verdad. Tiene apenas 21 años (cumplirá los 22 el 5 de febrero). Acostumbrado a los campeonatos (7 títulos de club, incluida la Libertadores, más la Copa de las Confederaciones) y a las distinciones individuales (38 premios en cinco años espantan a cualquiera), Neymar aprendió a ser un futbolista de probeta desde sus inicios. Apurado más por el resto que por él mismo, pareció capaz de domar su entorno y de disfrutar: aprovechó a ser parte de publicidades y de videoclips, a vivir cómo y dónde quería y a instalarse como un “crack futurible” en la agenda de los grandes europeos. También dejó claro que si no llegaba a convertirse en el mejor del mundo, como ya promovía Pelé, al menos sería uno de los mejores del marketing, gracias a su cresta multifunción.

Fue el mejor jugador de Sudamérica en 2011, año en el que visitó la Argentina para la Copa América (al final generó más alboroto su corte de pelo que su fútbol) y en 2012. Por entonces, parecía una prioridad nacional que se quedara en el Brasileirao hasta terminado el Mundial, antes de pensar en el salto a Europa.

SU LLEGADA a Barcelona (modo cresta en off) alteró algunos planes y estuvo envuelta en la polémica: desde que Guardiola había desaconsejado su fichaje dos años atrás a que había querido robárselo para el Bayern Munich en este verano, pasando por una supuesta antipatía ficticia con Messi, y sin dejar de lado la polémica sobre su valor: 57 millones de euros declarados como egresos en Catalunya, 17,1 millones declarados como ingresos en el Santos. Pero en la cancha, respondió rápidamente marcando el gol que le permitió al Barcelona quedarse con la Supercopa de España contra el Atlético de Madrid.

Esta nueva etapa le permitió jugar al lado de Messi, después de haberlo sufrido en la final del Mundial de Clubes de 2011 (Barcelona 4-Santos 0), en la que no ocultó su gran admiración por el argentino, y de la que se llevó un Balón de Bronce impuesto por fórceps.

Pero con Messi lesionado o en estado físico intermitente, Neymar tiene también que asumir la responsabilidad que le confiere ser ungido como el sucesor. Y nuevamente se le plantea el desafío sin términos medios.

El Barcelona es un club multitasking. Y después de los parámetros fijados por Messi, dos partidos sin hacer goles ya equivalen a una megacrisis. El brasileño por ahora está lejos de entrar en los registros demoníacos de Cristiano Ronaldo, Ibrahimovic o el propio Messi. Pero ninguno de ellos tampoco habría sido capaz de competir, a los 21 años, contra sus propios niveles actuales.

En los últimos tres años, el fútbol brasileño ha mostrado que el principal problema no son las manifestaciones de indignados a las que se refirió Blatter durante el sorteo, sino más bien la indignación de la posible derrota en territorio propio. Se vieron atropellos y patoteadas en la Copa Libertadores y en la Sudamericana, sin distinción de credenciales: hinchas, dirigentes, técnicos o jugadores cobraron por igual.

Para un país que supo matar en vida al arquero responsable del Maracanazo, Moacir Barbosa, por el error en la final ante Uruguay, no será fácil digerir una hipotética derrota. Ya lo dijo Pelé en vivo para 190 países: “Recuerdo a mi papá llorando después de ese partido. No me gustaría que mis hijos me recordaran a mí llorando así”. El renovado Maracaná debió haber tenido un techo estilo Marmicoc, para simbolizar la olla a presión en la que se convertirá. Vale recordar que Neymar ya fue crucificado en la tapa de la revista brasileña Placar, que lo signaba como “el chivo expiatorio de un deporte en el que todos juegan sucio”.

Por lo pronto, otro nombre, el de Diego Costa, se presenta como posible benefactor del desdén nacional, tras haber elegido jugar para España y no para Brasil, país del que se fue sin que nadie supiera quién era, pero al que volverá como enemigo. ¿Está preparado Brasil para quedar fuera de un Mundial con un gol de Diego Costa? El posible cruce con España, de terminar ambas selecciones primeras en sus grupos, no será hasta la final.

SIN LAS VACAS sagradas de otros tiempos, Neymar se vio obligado a transformarse en el sucesor de Romario, Ronaldo y Rivaldo, aunque no tenga tantos ni tan buenos socios como sus predecesores. Lo espera nada menos que el desafío de consagrarse o fracasar en su propia tierra. ¿Está preparado? La foto, nuevamente, provee las dos posibles respuestas.

Si piensas que Neymar puede convertirse en el ícono de Brasil y el Barcelona y llevarlos a la gloria, pasa a la página 147, dirían los queridos libros de Elige tu propia aventura. Si en cambio crees que aún no es el momento de esplendor de Neymar, pasa a la página 158.

A mediados de julio, él comenzará a escribir el final que quiera, o el que pueda. Será apenas el desenlace de uno de los primeros libros; su colección apenas empieza. Los grandes desafíos que superó hoy parecen diminutos al lado de los que tiene que encarar. Mientras tanto, así como se reclamó con otros talentos precoces, lo bueno sería disfrutarlo pase lo que pase. Talentos como el suyo no hay de sobra.

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Por Martín Mazur

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Por Martín Mazur: 29/01/2014

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