Notas de la revista

Caruso Lombardi: ¿yo vendehumo?

- por Diego Borinsky: 10/10/2013 -

Alegrías, decepciones, peleas y locuras de un personaje singular que llegó desde el ascenso para imponer un estilo y cambiar el mapa de los entrenadores en Argentina. Los 20 años son un buen pretexto para divertirse con este repaso humeante...

  Nota publicada en la edición de octubre de 2013 de El Gráfico

"¿YO VENDEHUMO?" nos dice Caruso. Le pedimos un par de gestos y nos dio para armar esta apertura.

Estadio Gabino Sosa, ciudad de Rosario.

La visita, Temperley, es una sombra. Central Córdoba le pega un baile de novela y le gana 3-0 el primer tiempo.

El entrenador de barba candado se muerde los codos. No aguanta. Está empezando su carrera como DT, el Gasolero es su cuarto equipo, pero le sale humo por las orejas. Humo, como en la foto de tapa, pero humo de bronca, no humo para vender. Está recaliente.

Podría ser el arranque de una película. El tipo tiene dotes de comediante italiano. No sólo por el apellido. La cámara lo toma cuando termina el primer tiempo, lo sigue desde atrás y muestra cómo se mete, histérico, en el vestuario. Se lanza sobre un pack de botellitas de agua, rompe el plástico, las va agarrando de a una y se las tira a los jugadores. No se las alcanza para que se hidraten, un pase de rugby de abajo hacia arriba. No. Se las tira a la cabeza, por arriba del hombro. A sus jugadores, no a los rivales.

-¡Hijos de puta, me quieren echar, hijos de puta! –les grita desorbitado, con lo que le queda de voz, tal y como lo veremos frente a las cámaras de TV una década después en alguna de sus tantísimas rabietas públicas.

-¡Pará Ricardo, estás loco! –intenta una tibia defensa uno de sus muchachos.

-¡Qué loco, hijos de puta! ¿Cómo vamos a jugar así? ¡Me quieren echar, hijos de puta!

Después se acerca a su ayudante de campo y le susurra, con las pulsaciones retornando a su frecuencia crucero: “Seguí vos, que yo no puedo mááááás”. Y se desploma debajo de la ducha.

Ricardo Caruso Lombardi está cumpliendo 20 años como director técnico y al recordar una de sus principales calenturas de este período lo hace gesticulando e interpretando su rol como si lo hubiera vivido esa misma tarde.

-Pero había algo de actoral también, ¿o no?
-No, no, ¡qué actoral ni actoral si casi me muero ese día! Y de esas tengo varias, ja, ja.

Caruso lanza la carcajada una vez más. Es viernes a la noche, está concentrado con Argentinos Juniors en un hotel de la 9 de julio, mañana su equipo vencerá a All Boys en el clásico barrial y quedará puntero del campeonato en la A, por primera vez en su carrera. Justamente la proximidad de ese aniversario redondo ha propiciado la entrevista. Caruso siempre está en el ojo de la tormenta, en la polémica del día a día: si mañana tiene que enfrentar al equipo de Pizzi, o si le contesta a Placente, o le manda un mensaje al presidente de San Martín de San Juan. Hoy salimos de la batalla diaria, la idea es otra: subir un par de escalones y mirar desde arriba sus 20 años de técnico, repasar momentos, jugadores, rankear aciertos y pifias, ¿algún arrepentimiento, quizás? Momento de balance.

Lo que sí podemos afirmar es que estas dos décadas han servido no sólo para instalar a Caruso como producto mediático, un fruto más que apetecible para el mercado periodístico, sino que marcaron una tendencia: con su buen ojo detector y sus resultados deportivos, habilitó el ingreso a la A de entrenadores y futbolistas del ascenso que en otros años jamás hubieran llegado tan alto. El loco de las botellitas tiene muchísimo que ver.

Caruso apoya sus dos teléfonos celulares en una mesita, ni los mirará durante la hora y media de entrevista, pide una Seven Up (común, no le vendría mal la light) y sólo saldrá de la charla en cuatro oportunidades, ante el pedido de foto del futbolero de turno.

MARADONA lo ayudó a llegar a la A como director técnico.

LOS CONSEJOS DE DON JULIO
-¿Te acordás de tu primer partido?
-En Primera, abril del 94, con Defensores de Belgrano. Hugo Bargas era el técnico y se fue faltando seis fechas. Yo estaba en la Reserva hacía unos meses y me preguntaron si me animaba a dirigir. Estaba complicado con el descenso, pero me la jugué. Perdimos en el debut contra Chacarita, 1-0 con gol del Gatito Leeb en el Monumental. ¡Qué estadio para el estreno! Arranqué a lo grande. Después perdimos 2-0 con Argentino de Quilmes en la barranca, y pensé “Ya está, debut y despedida”. A la fecha siguiente llegó el primer punto con Argentino de Rosario y sobre el final metimos tres triunfos al hilo: Almagro, San Miguel y Cambaceres, y no sólo nos salvamos del descenso, sino que nos clasificamos al octogonal, donde nos eliminó Atlanta.

-O sea que fuiste bombero desde el inicio.
-Sí, sí. Me acuerdo que para el debut agarré y puse a 6 pibes de la Reserva. Me salvaron esos tres triunfos, si no hoy estaría laburando de otra cosa.

-Alguna chance más hubieras tenido, si recién empezabas...
-No sé, es el destino muchas veces, eh, el destino...

-¿Siempre supiste que ibas a ser técnico?
-Siempre me gustó, cuando jugaba ya era un poco un técnico dentro de la cancha. Corría, marcaba, avivaba a mis compañeros en las jugadas de pelota parada. Siempre fui bicho para esas cosas. Como jugador era muy quilombero, peleador mal. A los rivales les pisaba los pies, les metía un cortito al hígado, hacía piquete de ojo (lo estamos imaginando sin mucho esfuerzo). Era malo, sí, pero a mí también me pegaban un poquito…

-Lo que te faltaba de técnica lo reemplazabas con esas vivezas.
-Yo jugaba mucho por avive, porque físicamente me costaba (lo estamos imaginando sin mucho esfuerzo), era vago entrenando. Por eso si hay algo que no tolero en mis equipos es el jugador boludo, me gusta el despierto, el que está chispa. Te pueden ganar en un centro, en una jugada, pero no por estar dormido.

-“Dame bola que vas a dirigir en Primera”.
-Claro, sí, me lo dijo Julio (Grondona). Un día lo fui a ver porque me habían dado mil fechas de suspensión en la B. No había hablado nunca con él, pero lo llamé y le pedí ir a verlo. “No protestés más –me dijo–, no hagás más quilombo (imita la voz de Grondona), vos sos muy parecido a mí, sos muy calentón, yo también me quería pelear con todo el mundo. Dame bola, si vos me hacés caso y te tranquilizás, vas a dirigir en Primera”.

-¿No te tenías mucha fe?
-Fe sí, pero como no tenía apellido como jugador era muy difícil. Vos sabés que acá un buen apellido dirige un equipo enseguida, en cambio para los que venimos del ascenso es mucho más complicado. Fijate que la mayoría de los que ascienden pierden 3 o 4 partidos, los echan y vuelven al Nacional B. Es muy difícil mantenerse en la A. Primero, porque hay muy pocos equipos. Y después, porque la dirigencia muchas veces elige al técnico con nombre para usarlo como escudo. El de la B no tiene esa chapa.

-¿O sea que cuando arrancaste pensabas que no ibas a llegar a Primera?
-No, no. Sabía que iba a dirigir la B, Nacional B, que me iban a tocar lindos equipitos, pero no más, hasta que un día se me cruzó en un restaurante Diego (Maradona), al que conocía de Argentinos y de haber jugado con él en Parque, y me dijo que me iba a llevar a la A. Habló con la gente de Argentinos y empecé.

-¿Y en estos 20 años Grondona nunca te pidió que la cortaras con los quilombos?
-Con Julio hablé varias veces. Cuando me salía un equipo, lo llamaba para que me diera su opinión. Por ahí me decía “descansá” o “dale para adelante que te tengo confianza, pero dejate de hinchar las pelotas, no protestés, no hablés más”.

-Imposible para vos no hablar...
-Y... algunas veces sí, no es que hablo siempre, che... Si me buscás, sí, ahí me encontrás seguro, olvidate, no tengo muchas pulgas. Pero si no, no. Vos fijate que después de salvarnos con Argentinos, no te quiero exagerar, pero me habrán invitado de no menos de 50 programas de televisión. Todos pensaban que iba a sacar pecho, pero no, fui a un par a hablar de fútbol y nada más. Me callé la boca y me dediqué a armar este equipo.

PRODUCCION con habano y felino, en el ascenso de Tigre al Nacional B, su mejor equipo de estos 20 años, según el propio Caruso.

-¿Cuál fue tu mejor equipo en estos años?
-Tigre 2004/05, histórico mal, hicimos 93 puntos sobre 120 posibles, un equipo ¡impre-sionante! Récord histórico en el fútbol argentino. Y eso que cuando lo agarré con peligro de irse a la C, pensé: “Con este equipo soy boleta”. Ese fue un gran salto en mi carrera.

-Decime las tres mayores alegrías.
-Y... (piensa), las salvadas del descenso son todas históricas. La que me dio más paz interior fue la de San Lorenzo, porque pensé que no nos salvábamos. Se nos iba, no dependía de nosotros, porque con Racing, Newell’s y la primera de Argentinos lo zafamos antes. Y esta última con Argentinos también fue brava, la más dura de todas. Un momento inolvidable fue cuando ganamos con Tigre en cancha de Platense, donde Tigre no había ganado nunca, y salimos campeones, también mi primer título con Italiano.

-La mayor decepción.
-Cuando me fui al descenso con Quilmes por un punto, con todo lo que habíamos hecho en apenas 12 partidos. Me mató, me mató.

-Una pifiada…
-La pelea con el árbitro en Tigre-Huracán. Ese día me volví loco, fui una máquina de hacer cagadas, hasta declaré que no dirigía más. Me arrepiento, la podría haber evitado. Era muy joven también, más cable pelado, me daba mucha manija con los árbitros antes de los partidos. Tengo esa de Huracán y otra con Italiano en cancha de Defensores: me expulsaron, me fui a la platea, nos dieron un penal en contra sobre la hora y terminé puteando al árbitro contra el alambrado, pero cuando quise bajarme quedé enganchado con la corbata en el alambre de púa, ja, ja, no me podía bajar, ja, ja. Después lo fui a buscar al vestuario, estaban todos los “cabeza de tortuga” (los policías) en la puerta y yo me tiré por encima de ellos y le gritaba “¡me dijiste que no me ibas a cagar y me cagaste!”, ja, ja, porque me había encontrado al juez dos días antes en la AFA y habíamos estado hablando. ¡Qué locura! Ahora estoy mucho más tranquilo.

PREMIADO como el mejor técnico del ascenso junto al Tano Piersimone.

EL MOURINHO DE LOS POBRES
¡Mucho más tranquilo!… Si buscamos en el archivo de hace tres meses, no más, el día que Caruso salió con los tapones de punta cuando Argentinos se deslizaba por el tobogán enjabonado hacia el Nacional B, habrá que imaginarse lo que era este muchacho hace 15 años, con la corbata enganchada en el alambre de púa de la cancha de Defensores…

-Dame 5 atributos que debe tener un buen técnico...
-Diálogo con el jugador, personalidad para tomar decisiones, audacia, porque para agarrar un equipo que se está por ir al descenso necesitás tener audacia, eh, y el carácter . Yo siento que tengo mucha llegada con el jugador, por ahí el que ve de afuera cree otra cosa. Y lo más importante de todo es la credibilidad. Que el jugador te crea. Ejemplo: les decís “mañana ganamos por acá”, y al otro día ganás por ahí. El jugador empieza a creer en vos cuando ve esas cosas.

-¿Cómo se aprende eso?
-Me parece que es natural de uno. Esto es como cuando vos sacás un jugador de 300 que probás. No es casualidad. De casualidad podés embocar 1 o 2, no 4 o 5 todos los años. Para mí es un don. Hay tipos que tienen un don para una cosa y otros para otra. El haber jugado bien al fútbol no implica que sepas de fútbol. Yo te miro patear y puedo decir “ese juega tranquilo” y otros técnicos ni lo miran y dicen “traeme a otro”.

-Ya dijiste en qué te creés bueno; ¿en qué sos malo?
-En no estar tranquilo en un partido, en despotricar. Una cosa es que te quejes de algo, pero otra es ya lo desmesurado contra cualquiera. O pelearme con la gente cuando me insulta en la cancha: ahora me río o entro en el boludeo, antes mandaba a todos a la puta que lo parió y me peleaba. Eso lo aprendí y he mejorado. O el saber perdonar a alguno que se haya equivocado con vos.

-Por ejemplo.
-Campestrini, que el otro día me vino a saludar y me dijo “Ricardo, disculpame lo que hablé de vos, soy un pelotudo”. Porque en el fútbol existe mucho el “me dijeron”. Se pasan cosas, y aunque vos no las hagas, quedás pegado. Yo me peleé con algunos jugadores, sí, pero con tipos a los que no les hice nada. A lo sumo les puedo decir que no los quiero en mi equipo. Si es un jugador medio pelo, no pasa nada, pero cuando es un jugador de nombre… Eso es lo que más me costó en Primera: enfrentarme a los nombres.

-A Schiavi, por ejemplo…
-Eso fue lo que más me costó, sí: enfrentarme a los nombres que creen que son más que vos. Ojo: yo no quiero demostrar que soy más que ellos, eh, pero tampoco me voy a dejar doblegar por cualquiera.

-¿Quién fue el técnico que más te marcó?
-Fui sacando cosas de muchos: cómo trataba al jugador Labruna, la fe que te metía D’Acorsso, el orden de Saporiti, Trigilli era muy táctico, el Tano Calabrese, el Chueco Carotti. Ahora, me gusta la tranquilidad de Gareca, lo táctico de Falcioni o Miguelito Russo, con los que aparte tengo muy buena relación. Tomo cosas, pero después dirijo como me sale a mí. Eso sí: veo muchos técnicos que tienen un violín para hablar… una sarasa tremenda.

-¿Quiénes?
-Nombres no doy porque es para quilombo, pero te das cuenta cuando hablan, dicen siempre lo mismo: “tenemos que trabajar” o “no prometo resultados”, ¿y a qué vas a venir si no es a trabajar?

-Dame un par de nombres.
-Ustedes saben bien quiénes son. Andan con el violín y les dejan hacer muchas cosas que si las hiciera yo, por ejemplo, me estarían pegando con una guitarra en la cabeza. Es lo que a mí me molesta mucho del periodismo, que a vos no te perdonan cosas que a otros sí, por el nombre nada más, aunque en capacidad seas 10 veces mejor, pero como sos bocón… A mí, en San Lorenzo, por ejemplo, hubo 4 o 5 periodistas que me hicieron la vida imposible. Creo que estaban todos puestos, sobre todo un partidario muy mala leche que era mamón de Marcelito. Los escucho ahora y son Heidi. Ahí te das cuenta de lo sucio que es esto…

-¿Cuántos periodistas creés que te quieren y cuántos no? Porcentajes…
-Cincuenta por ciento no me banca y cincuenta por ciento me odia (risas).

-Dale, no te hagás el humilde...
-¿Sabés qué pasa? Yo veo que a muchos periodistas les sirvo como producto, les doy de comer todo el tiempo, digo lo que es, mientras muchos no hablan para cuidar su quintita.

-No me diste los porcentajes.
-70 a favor y 30 en contra.

-¿Fuiste ganando terreno?
-Puede ser. Aparte yo atiendo a todos, tengo esa ventaja. Y te atiendo ganando o perdiendo, cosa que no todos hacen. No filtro llamadas.

COMO JUGADOR de Italiano, parecido a Mauro Zárate.

-¿Sos el Mourinho de los pobres?
-Tiene un manguito más que yo.

-Te preguntaba porque vivís en el quilombo, polarizás opiniones…
-Es que a mí me buscan también. Griguol probaba 100 jugadores y decían “¡Qué bien el Viejo, cómo le saca jugo a las piedras!”, pero la prueba la hace Caruso y dicen: “Es una tienda, La Salada, ¿cómo va a hacer eso en un club como Racing?”. Me buscan…

-Mourinho cree que los partidos empiezan y terminan en las salas de prensa, lo usa como estrategia, vos también...
-Algunas veces yo lo usé como estrategia, sí, pero no premeditado, me sale en el momento. Digo tal cosa porque esto no me gustó, o porque puede poner nervioso al otro equipo, porque acá algunos leen los diarios y se ponen locos, mientras que a otros les importa un carajo. Después, a mis jugadores trato de darles la tranquilidad necesaria, intento descomprimir…

-Ahí está, eso mismo hace Mourinho: consigue que el foco esté sobre él y no sobre los jugadores, así los libera…
-Entonces en eso puede ser. A mí Mourinho me gusta, aunque el que más me gusta de todos es Scolari. Brasil con Scolari, ¡agarrate!

-Decime las 3 peleas que más te hicieron calentar en estos 20 años.
-Me calentó mal la de Schiavi; lo de Scotti también y lo de Fabián García me recalentó mal, sobre todo al verme después, como un pelotudo, porque la cámara me enfoca cuando yo estaba groggy. Que te enfoquen cuando estás nocaut, te hace quedar como un pelotudo, y eso me molestó. Aparte no me dieron tiempo, me embocaron antes de la campana (risas).

-De todos los tipos con los que te peleaste, ¿con quiénes te sentarías a tomar un café y con quiénes ni loco?
-Me siento con cualquiera.

-Viene Schiavi y te pide hablar.
-Lo acepto.

-¿Fabián García?
-Con cualquiera.

-¿Pizzi?
-Con cualquiera. Con Pizzi no me peleé, no me gustó lo que hizo, nada más.

-¿Elio Rossi?
-Ya hablé con Elio Rossi… estuvimos en la audiencia, ja, ja. Ya limamos asperezas. Con Marcelo (Tinelli) también...

-¿Con Tinelli reculaste en chancletas?
-No, no, fue parejo: le dije unas cuantas cosas, le pedimos un montón de guita, y me terminó abrazando y me dio un beso. Después nos encontramos en la cancha de San Lorenzo y se cagaba de risa.

-¿Daniel Fava?
-A Fava lo tengo en la mira. Se portó muy mal conmigo, me hizo daño para que me quedara sin trabajo, no es lo mismo que Schiavi, que dijo pelotudeces. Me atacó en un programa de tele que mira todo el mundo, y no por lo futbolístico. Y no es el único, también hay otros que me atacaron en lo personal, fue vergonzoso. Les mandé carta documento y se escondieron. Hay muchos tipos que me matan por televisión y no me conocen y me ensucian gratuitamente todo el tiempo.

-Vos no sos un santo…
-No, en lo que yo puedo sacar ventaja, la saco, seguro. Como todos... lo que pasa es que algunos lo dicen y otros no.

-Decime tres periodistas que te gusten.
-A mí me gusta mucho Niembro, aparte ha sido muy leal conmigo, le debo muchísimo. El Bambino Pons también se portó muy bien, Alejandro Fantino y Toti Pasman lo mismo; con Mariano (Closs) tuve una sola agarrada, me pidió disculpas y después muy bien. Mariano es como yo, habla sin asco: te la manda a guardar, y si querés agarrar, agarrala.

-¿A alguno le negarías una nota?
-No, siempre le di notas a todo el mundo. Hay tipos que me pedían notas todos los días, se las daba, hablaron bien y a la primera de cambio, cuando tuve un quilombo grosso, me defenestraron, se subieron al caballo para matarme. ¿Cómo es hijo de puta? No te digo que me defiendas si el equipo juega mal o si hago mal un cambio, pero lo otro no. Hay muchos pibitos a los que no quiero nombrar para no hacerlos famosos al pedo, pero te denigran mal, y son cuatro de copas.

VIO LA MAQUINA y se prendió con ganas para las fotos. El mote se lo puso Sergio Massa, un día que lo invitó a comer asado a su casa.

¿CARHUMO O CHAMUYO LOMBARDI?
Cuando le propusimos la producción fotográfica con el humo, el loco de las botellitas se tomó como dos segundos para contestar que no tenía problemas. Y cuando le acercamos la máquina, que no prestó generosamente la producción de Fox Sports, y le pedimos que la usara de ametralladora, hizo un desparramo. Que se ría de lo que dicen los demás nos muestra que al tipo no lo afecta la etiqueta. Porque está seguro de que no es ningún vendehumo. Hasta un estudiante de primer año de psicología lo saca.

-¿Qué es ser un vendehumo?
-Un técnico que no gana un partido, que no saca un resultado. Acá tenés 70 vendehumo por lo menos, tipos que jamás sacan un equipo adelante, pero no les dicen nada, no, acá el vendehumo soy yo, que a mis equipos los saqué siempre adelante.

-Nombrame un técnico vendehumo…
-No, no puedo, es atacarlos, y bien o mal son mis colegas.

-¿Te jode esa etiqueta?
-No, me lo tomo en joda. ¿Vos sabés quién empezó con esto? Sergio Massa, un día que fui a comer un asado a su casa y le dijo a su hija: “Este es el vendehumo de Caruso”, entonces cada vez que me veía, Sergio me cantaba: “Vendehumo, Caruso vende humo” y la nena venía atrás y repetía: “Vendehumo, Caruso vende humo”. Y un día empezaron en la platea de Tigre, y se prendió uno, y otro lo escuchó y repitió, y esas cosas se pegan enseguida. Y chau, quedó: “Caruso vendehumo”. El otro día me encontré a Sergio, nos saludamos y le dije: “Escuchame, hijo de puta, por tu culpa ahora todos me dicen vendehumo”. El le echaba la culpa a la hija…

-¿Te molestó en algún momento?
-Al principio sí, ahora me cago de risa.

-¿Viste el video que te hizo el muchacho tocando la guitarra? (El Gran Carumo)
-Impresionante, impresionante, ja, ja, ja, el que había hecho el video de Funes Mori, hijo de puta, muy bueno. Vino a filmar conmigo la última parte, me la hizo escuchar y me encantó. Le dije que la grabara, que no había problema.

-¿Carhumo o Chamuyo Lombardi?
-Ja, ja, ja, los dos me causan gracia la verdad. A Chamuyo lo tiene Majul en la 910, y Carhumo Lombardi me manda el que está con Korol, ehhhh… Pichu, ese, me gasta, se dibuja la barba, ja, ja, me divierto.

-Hablando de etiquetas, ¿la de “sacapuntos” está bien puesta?
-¿Qué etiqueta? Si saco los puntos…

-¿Qué técnicos argentinos creés que son mejores que vos?
-Mejores hay varios... pero no envidio a ninguno.

-¿De quién decís: “este es muy bueno”?
-Martino es muy bueno, y lo digo desde hace varios años. El tipo conoció Platense, Instituto, Brown de Arrecifes, le costó un huevo, se tuvo que ir a Paraguay y la rompió en la Selección, y vino acá y la rompió en Newell’s. El Flaco Gareca es otro que la tuvo que remar como loco, y no te hablo de los del ascenso, como Alfaro o Zielinski, porque somos de otro mundo. Pero el tema es que acá hay un montón de técnicos que no te saludan, que te miran de reojo y te mean, si pueden.

-Antes, ahora no porque sos conocido…
-No te creas, algunos quedan todavía. Fijate antes de empezar los partidos que yo me saludo con muy poquitos.

-¿En el ambiente son más los que te quieren o los que no te bancan?
-Entre los técnicos, 70 a 30 que no me quieren, al revés que en el periodismo.

-¿Cuánto tiempo fue el máximo que estuviste sin dirigir?
-A ver… creo que lo máximo fueron dos meses entre Platense y El Porvenir, y tres entre Newell’s y Racing, no más.

-¿Rechazaste muchas propuestas?
-De afuera, todas.

-¿De dónde te buscaron?
-Tuve para ir a una segunda de España y este año me llamaron de Italia.

-¡¿No quisiste ir a Italia?!
-Era un equipo que estaba último, 18 puntos abajo, y se ve que al presidente le dijeron que en Argentina había uno que lo podía sacar. Ni en peeeeeeeeeedo agarraba: 18 puntos abajo en el fútbol italiano, aparte sin conocer el medio, sin conocer a los jugadores... era ir a comerme un descenso. Si es por conocer Italia, me saco un pasaje y me voy a pasear.

-¿De qué otros lugares te buscaron en estos años?
-De Chile, Paraguay, Colombia, del interior del país, pero me llamaban cuando estaba con laburo. Aparte, a mí me gusta mucho la vida de acá, soy un enfermito de Buenos Aires, si hasta me costó irme a Rosario. Hace poco rechacé Unión por eso. Soy muy porteño.

-¿No te interesa el exterior por la diferencia económica?
-Es que nunca viví del fútbol. Yo laburé de todo: fui vendedor ambulante, vendí letreros luminosos, tuve boliches profesionales, me metí a edificar. Siempre me gustó dirigir acá, y lo bueno es que toqué todas las categorías. Gracias a eso tengo en la memoria un montón de jugadores de todas las categorías. Antes no existía tanta televisión del ascenso, entonces tenías que agilizar la cabeza pensando en los jugadores que enfrentabas. Y todo eso me quedó.

-El petiso es bravo. ¿Verdadero o falso?
-Verdadero. Cuando me enojo soy muy jodido.

-¿No sobreactuás al declarar?
-No, no, eso no, eso me nace, no hay nada ficticio, soy medio cable pelado.

-Caruso es un muy buen técnico, pero demasiado quilombero. ¿Verdadero o falso?
-Falso.

-¿No creés que si estuvieras en menos conflictos se hablaría más de tu capacidad como entrenador?
-Es parte de mi vida. Yo llegué como soy, no forcé nada, pero cambié un montón, che, ¿sabés cuántas cosas cambié?

-Pero un poquito quilombero sos.
-Si te digo que no, sería mentiroso.

-Vas por 20 años, ¿cuántos más te imaginás?
-No tantos, la profesíón te cansa mucho (se pone serio), a mí se me fue la vida dirigiendo. En los 10 años que tuve el boliche y a la vez dirigía, me perdí la infancia de mis hijos.

-Pero ahora la pasás bien, ¿o no?
-Disfruto más ahora que antes, lo que pasa es que los equipos que agarro no me permiten disfrutar, son para sufrir, entonces vivo en estado de nervios constante, ¿entendés? Me despierto a la noche 20 veces, me vuelvo loco, transpiro.

-¿Creés que te va a tocar algún día River, Boca o la Selección, o no tenés chances?
-No me quita el sueño. Dirigí muchos grandes ya, cosa que jamás, jamás, jamás (pone énfasis) lo hubiera pensado. Nunca creí en mi vida que me tocaría dirigir los equipos que dirigí, honestamente. Ni a Racing, ni a San Lorenzo, ni a Newell’s, por eso digo que el fútbol conmigo fue muy generoso.

-Vos le diste algo, también...
-Sí, claro, el éxito deportivo me ayudó muchísimo, pero acá también necesitás tener suerte en los momentos clave. Para salvarte del descenso necesitás que la última pelota pegue en el travesaño y se vaya por arriba. Y a mí me pasó muchas veces. También tuve mala suerte en Quilmes contra Olimpo, pero fueron mucho más de las otras.

-No me contestaste si te ves algún día en River, Boca o la Selección.
-Me puede tocar alguna vez, ¿por qué no? Uno no se tiene que volver loco y debe estar agradecido de lo que vivió. Eso sí: experiencia me sobra, la verdad. Y en la Selección, lo bueno es que tenés el mundo para elegir, ahí no hacen falta pruebas de jugadores, ja, ja.

-¿Hay algún equipo al que no dirigirias aunque te pusieran 5 palos verdes?
-No, ¿por qué? Ahora, si me preguntás qué equipos me gustan, te contesto: Chacarita y Chicago. Me encantan por la locura que tiene la gente, me gusta ese tipo de clubes, quilomberos. Ya sé, me vas a decir que son como yo (risas). Y el equipo que me gustaría dirigir algún día es Estudiantes de La Plata. Por mi papá, que me hizo hincha desde chiquito. Es una deuda que tengo con mi viejo.

-¿Qué metas te quedan como entrenador?
-Lo que me dijo Eduardo López, el presidente de Newell’s, con el que me quedaba charlando hasta la madrugada: “Tuve muchos técnicos en 14 años, a algunos los respeto mucho, pero vos sos un técnico de la puta madre, tenés todo lo que yo puedo pensar de un gran técnico. Te falta una sola cosa para recibirte de técnico de Primera: salir campeón en la A. Mientras tanto te van a buscar el ‘pero’ a todo”. Me lo dijo hace 4 años y sigo pensando cuánta razón tenía en eso.

-El día que salgas campeón los meás a todos desde el Obelisco…
-No, no, muchos pensaban que iba a hacer eso ahora que salvé a Argentinos y se equivocaron. Voy madurando… con todos los quilombos que tuve no me quedó otra que madurar.

Maduro, claro. Si lo dejábamos media hora más con la máquina, se quedaba jugando a la guerra y la vaciaba todita. Después iban a subir desde el estudio de Fox el querido Goyco o Lito Costa Febre a quejarse y a reclamarnos qué había pasado con el humo de la máquina. “Lo vendió todo Caruso”, hubiéramos tenido que contestar. Hombre grande...


Por Diego Borinsky. Fotos: Jorge Dominelli.

Por Diego Borinsky: 10/10/2013

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