CUÁNTOS FUNDAMENTOS conforman este festejo de Ellerstina. Los motivos en General Rodríguez se multiplican porque este nuevo título es más que especial. Este nuevo título tiene lo que los otros no tuvieron, este nuevo título es cien por ciento familiar, este nuevo título representa el sueño de toda una vida (la de Gonzalo Pieres padre). Desde el mismo momento en el que tomaron la delicada decisión de dejar ir a Pablo Mac Donough y a Juan Martín Nero, la mejor organización de polo del mundo abrió un gran abanico de incógnitas sobre cómo buscarían reestructurar sus tacos. El primer ensayo fue fallido. Ignacio Heguy lo intentó, pero su puesto no está en el fondo de la cancha, y el propio Nachi, como los mismos Pieres, terminaron de entenderlo al quemarse tras jugar con fuego. Este año, el regreso de Mariano Aguerre alimentó el entusiasmo por conformar un cuarteto hecho en casa, pero ciertamente no disipaba la incertidumbre del funcionamiento. Alguien tenía que jugar de back. Las dudas se mantuvieron durante casi todo el desarrollo de la Triple Corona, pero la final eliminó cualquier dilema: no había que inventar un 4 porque el 4 estaba delate de los ojos de todo el mundo. El 4 era un chico de 21 años que en el partido más importante del año controló a Adolfo Cambiaso como si fuese el más experimentado back que montaba por Palermo. El 4 era Nicolás Pieres.
Las lágrimas de Facundo, acurrucado y solo en el medio del campo, segundos después de la campana final, grafican la importancia de la conquista para esta familia. “Ahora vamos a celebrar todos juntos… o a llorar todos juntos”, había sabido expresar Aguerre cuando la temporada recién comenzaba. Y para él, a los 43 años, el año concluyó con su noveno título en el Argentino Abierto, la misma cantidad que posee Adolfito Cambiaso.
Sin embargo, el cuadro de situación que hoy da vida a esta euforia no se termina ahí, porque Ellerstina llegó a esta final en La Catedral como tantas veces había arribado su rival. ¿Cuántos cachetazos le propinó La Dolfina presentándose con el cartel de punto y haciendo saltar la banca? Uno puede apostar sin miedo a perder plata a que, hoy, los hombres de negro recuerdan todas y cada una de esas frustraciones. Tan factible como que hoy en Cañuelas están masticando una amargura que ellos supieron provocar en años anteriores. Hay una lección para todos, para propios y extraños: nunca se debe dar por muertos a equipos del calibre de Ellerstina o de La Dolfina. Jamás. Porque, cuando se los minimiza, uno puede llevarse de regalo un uppercut al mentón que le dejará una cicatriz imborrable.

UN DUELO DE ANTOLOGÍA
Dos análisis cortos explican el 12-10 final para el nuevo campeón. La defensa del cuarteto de General Rodríguez fue todo lo hermética que debía ser, y el nivel de concentración fue el indicado para comenzar a esculpir la ilusión de alcanzar un resultado impensado. Cualquier mínimo error en esta fórmula los hubiese condenado a la derrota. Pero también hay que observar un hecho ineludible a la hora de explicar este corolario: La Dolfina fue la sombra de su mejor versión, y Cambiaso tuvo la producción más baja que se le recuerde al mejor jugador del mundo en una final. El hombre de los más de 700 tantos en la historia del certamen marcó 8 goles en la tarde del choque más importante del año, pero falló cinco penales, dos de ellos de 30 yardas en el sexto y octavo chukker. Si bien en uno de esos lanzamientos la bocha pareció haber ingresado y ni el banderillero ni los jueces lo dieron por bueno, la efectividad en esos momentos clave siempre fue la tarjeta de presentación de Cambiaso.
La Dolfina, en general, se vio sumergida en un mar de patas y tacos sin lograr golpear ni correr; un dato esclarecedor de sus problemas es que marcó sólo 10 goles. El equipo que le había anotado 17 a Magual y 18 a Alegría y Pilará, no superó la decena en el momento de la verdad.
Ellerstina comenzó arriba en el marcador, y en el segundo chukker supo estar ya con dos goles de ventaja. No obstante, el dominio en la chapa fue variando y se fueron al descanso largo con mínima ventaja para La Dolfina. Al reanudarse el encuentro, el elenco de los Pieres metió un parcial de 3-0 y en el sexto estiró el margen a cuatro goles, el mayor del partido. Desde ese momento en adelante, la vida de los hombres de negro pasó por sostenerse y defenderse con uñas y dientes. Todo lo bueno que habían hecho Stirling, Mac Donough y Nero durante Hurlingham y Palermo pareció esfumarse, y la bocha tenía a un errático Cambiaso como único dueño. Se convirtió en La Dolfina de años anteriores, la que cuando atraviesa momentos críticos sólo responde a su número 1. Y esta vez la ecuación no funcionó. Si bien ahogó a Ellerstina hasta el punto de no dejarlo superar la mitad del campo en buena parte del séptimo chukker y durante todo el octavo, sorpresivamente el conjunto de Cañuelas no pudo marcar gol alguno.

UN PALENQUE DE EMOCIONES
“Es lo más grande que viví”. “Es increíble”. “Más no puedo pedir”. Las frases son de diferentes autores, pero repiten un mismo concepto y una misma indumentaria: están todas vestidos de negro. Aguerre confiesa: “Más allá de todas las estadísticas personales, esto es impresionante, distinto a todo lo que viví”. Facundo tampoco le escapa a la parte sentimental del éxito: “Esta final es la más fuerte, lejos, en cuanto a sensaciones. Verlo ganar el Abierto a Nico, y hacerlo con Mariano en su regreso, es impresionante. Me imagino la felicidad que deben tener papá y mamá”. Ya más tranquilo, el goleador del campeón realiza un balance más detallado. “Sentí que tenía que jugar un poco mejor en lo que a finales se refiere. La primera la había jugado bien, pero después no me había quedado muy contento. En cuanto al equipo, hoy se ganó con la marca. No hubo muchos goles, pero logramos lo que vinimos a hacer”.

LA CARA DE LA DESILUSIÓN
Apenas la locución anunció la entrega de la copa al campeón, los integrantes de La Dolfina abandonaron el escenario. Sin embargo, y a pesar de su decepción, Cambiaso se tomó un segundo para razonar la derrota. “Jugamos mal. Me molestó un poco la lesión en el esternón, pero no es excusa. Los penales los quería seguir tirando yo; y te aseguro que el 30 yardas sobre el arco del tablero entró. En el segundo, le aflojé la mano y lo erré”.
David Pelón Stirling tampoco pudo ocultar su estado de ánimo. “Siento mucha calentura porque justo el día en que teníamos que jugar bien, la bocha no entró. A partir del séptimo chukker tuvimos varias chances y no las pudimos meter. Es una amargura. Nosotros venimos a ganar acá. Sólo nos importa Palermo y no se ganó”.

LA FIESTA DE GENERAL RODRÍGUEZ
Todo es sonrisa en el clan Pieres. Pasaron ya varias horas de la final, pero los hermanos siguen vestidos de jugadores. Aguerre, si bien mantiene sus pantalones blancos manchados de barro, ya está de civil. Es un momento de suma felicidad para esta familia porque vive un presente que hasta ellos mismos estimaron como un logro difícil de conquistar. Nadie puede parar de abrazarse, de felicitarse, de sacarse fotos. Hasta Juan Martín Del Potro se hizo un tiempito y pasó a saludar. Gonzalo padre está en el centro de la escena. Si bien la sonrisa que tiene tatuada en el rostro le durará al menos 12 meses, la felicidad de ver a sus hijos y su yerno consagrarse campeones de Palermo seguramente le durará toda la vida l

Los finalistas de siempre

Fue la sexta definición palermitana sucesiva entre Ellerstina y La Dolfina (séptima en los últimos ocho años) y octava consecutiva en torneos de la Triple Corona. La Aguada fue el que quebró este oligopolio en 2006, cuando disputó la final. En aquella edición, los Novillo Astrada habían eliminado a Ellerstina, pero luego cayeron ante La Dolfina.
La última derrota de alguno de estos dos equipos ante un tercero en La Catedral data de 2009, cuando Indios Chapaleufú II se impuso 17-14 a Ellerstina, aunque el triunfo no les alcanzó para llegar a la final. La última caída de La Dolfina ante un tercero en discordia se produjo en 2004, cuando fue superado 17-13, también por Indios Chapaleufú II.
La mayor distancia entre ambos en finales se produjo en el Abierto de Hurlingham de este año, cuando La Dolfina se impuso por 18-11. El historial de finales palermitanas está ahora 4-3 para La Dolfina.

Qué canchero

Una persona que merece ser recordada por su loable tarea en este Abierto 2012 es Juan Manzanares. El responsable de la cancha 1 de Campo Argentino de Polo sabía que en la semana estaba pronosticada una gran lluvia, y durante el lunes 3 y el martes 4 de diciembre pasó en la cancha púas de hasta 40 centímetros para que el agua bajase lo máximo posible. El jueves 7, la ciudad de Buenos Aires soportó la caída de 140 milímetros de agua cuando la media del mes es de 110. El sábado 8, el césped de La Catedral se presentó como si nada hubiese pasado. Todo, gracias a Manzanares.




ENGLISH VERSION
HOW MANY reasons make up this celebration of Ellerstina. The motives in General Rodríguez multiplied because this new title is more than special. This new title has what the others didn’t, this new title is one hundred per cent a family matter, and this new title represents the dream of a lifetime (that of Gonzalo Pieres Sr.). Since the very moment when they took the delicate decision to let Pablo Mac Donough and Juan Martín Nero go, the best polo organization in the world opened a large scope of questions regarding how they would try to restructure their mallets. The first try didn’t work. Ignacio Heguy tried hard, but his position isn’t in the back of the playing field and “Nachi” himself, as well as the Pieres themselves, finally understood this after getting burned while playing with fire. This year, the return of Mariano Aguerre fed the enthusiasm to gather a team made at home, but this certainly didn’t dissipate the uncertainty of their operation. Someone had to play as back. The doubts were there during most of the development of the Triple Crown, but the final dissipated any dilemma: they didn’t have to invent a #4 player because the #4 player was right before the eyes of the whole world. The #4 was a 21 year old boy who during the most important match of the year controlled Adolfo Cambiaso as if he were the most experienced back player mounting in Palermo. The #4 was Nicolás Pieres.
The tears of Facundo, curled up and alone in the middle of the playing field, just seconds after the final bell, picture the importance of the conquest for this family. “Now we’re going to celebrate all together...or cry all together”, had said Aguerre when the season had just begun. And for him, with his 43 years of age, the year ended with his ninth title in the Argentine Open, the same number Cambiaso has.
Nevertheless, the situation frame which today makes this euphoria come alive doesn’t end there, because Ellerstina arrived to this final in The Cathedral the same way as their rival had many times before. How many slaps had La Dolfina given them showing up with the sign of player and became the banker? One can bet, not fearing to lose your money that, today, the men in black remember each and every one of those frustrations. As likely as that today in Cañuelas they are swallowing the kind of bitterness which they knew how to cause in previous years. There’s a lesson for everyone, for the insiders and outsiders: you should never consider teams of the caliber of Ellerstina or La Dolfina as dead. Never. Because, when you underestimate them you can receive an uppercut in the chin as a present which will leave a permanent scar.

AN ANTHOLOGIC DUEL
Two short analyses explain the final 12-10 for the new champion. The defense of the team from General Rodríguez was as hermetic as it had to be and the concentration level was the right one to start sculpturing the illusion of reaching an unthinkable result. The smallest of errors in this formula would have condemned them to defeat. But an inevitable fact has to be observed also, at the time of explaining this deduction: La Dolfina was a shadow of its best version and Cambiaso had the lowest production that is recalled from the best player in the world during a final. The man with more than 700 goals in the history of the tournament scored 8 goals in the afternoon of the most important clash of the year, but he failed five penalty shots, two of them from 30 yards in the sixth and eight chukkers. Although in one of those shots the ball seemed to have scored and neither the lineman nor the umpires considered it good, the effectiveness in those key instances has always been the presentation card of Cambiaso.
Generally, La Dolfina saw itself submerged in a sea of legs and mallets without being able to hit and run; a clarifying fact of its problems is that it only scored 10 goals. The team that had scored 17 goals against Magual and 18 against Alegría and Pilará, didn’t go any further than ten goals in the moment of truth.
Ellerstina started leading in the scoreboard, and during the second chukker was able to lead with a two goal advantage. Nevertheless, the control of the scoreboard started to change and they reached the long rest with a minimum advantage for La Dolfina. When the match was restarted the team of the Pieres scored a 3-0 partial and during the sixth the margin was stretched to four goals, the largest of the match. From that moment on, the life of the men in black became a matter holding up and defending themselves with their teeth and nails. All the good things that Stirling, Mac Donough and Nero had achieved in Hurlingham and Palermo seemed to vanish and the ball had an erratic Cambiaso as the sole owner. It turned into La Dolfina of previous years, the one which while going through critical times just responds to its #1. And this time the equation didn’t work out. Although it choked Ellerstina to the point of not allowing it to cross the middle of the field during a good part of the seventh chukker and all of the eighth, surprisingly the team from Cañuelas could not score any goals.

A TEAM’S CORNER OF EMOTIONS
“It’s the biggest thing I’ve ever lived”. “It’s incredible”. “I couldn’t ask for more”. The sentences belong to different people, but they repeat the same concept and the same clothing: they’re all dressed in black. Aguerre confesses: “Besides all of the personal statistics, this is impressive, different to anything I’ve ever lived”. Facundo doesn’t escape from the sentimental side of success either: “This final is the strongest one, by far, when it comes to emotions. To see “Nico” winning the Open and to do it with Mariano during his comeback is impressive. I imagine how happy father and mother must be”. Later, quieter now, the highest scorer of the championship makes a more detailed balance. “I felt I had to play a little better when it comes to a final. I’d played the first one quite right, but then I was not so happy. With respect to the team, today we won with the brand. There weren’t many goals, but we achieved what we came to do.

THE FACE OF DISILLUTIONMENT
As soon as the PA system announced that the cup was going to be given to the champion, the players of La Dolfina abandoned the stage. Nevertheless, and in spite of his disappointment, Cambiaso took a minute to analyze the defeat. “We played badly. My injury on the collar bone bothered me a little, but it’s no excuse. I wanted to keep shooting the penalties; and I assure you that the 30 yard shot to the wicker posts on the scoreboard side got in. In the second one, I shot with a loose hand and I missed it”.
“Pelón” Stirling couldn’t hide his state of mind either. “I feel angry because just on the day we had to play accurately, the ball didn’t go in. We had several chances as from the seventh chukker and we couldn’t score. We’re bitter. We come here to win. We just care about Palermo and we didn’t win.

THE PARTY IN GENERAL RODRÍGUEZ
Everything is smiles in the Pieres clan. Several hours have passed since the final, but the brothers are still wearing their playing kits. Aguerre, while still wearing his white pants stained with mud, has already changed clothes. It’s a moment of great joy for this family because they’re living a moment that even them considered as a difficult goal to conquer. Nobody can stop hugging each other, congratulating themselves, taking pictures. Even Juan Martín Del Potro took a minute and dropped by to say hello. Gonzalo Sr. is the center of the scene. Although the smile he’s showing tattooed on his face will last at least for 12 months, the joy of seeing his sons and his son in law become champions in Palermo will sure last his whole life l



Somebody who deserves to be remembered by his praiseworthy work in this 2012 Open is Juan Manzanares. Responsible for playing field #1 of the Argentine Polo Field, he knew that a downpour was forecast for that week, and on Monday 3 and Tuesday 4 of December he used 16 inch spikes across the playing field so the water would drain as far below as possible. On Thursday 7, a five and a half inch downpour fell on the city of Buenos Aires, when the mean average for the month is barely a bit more above four inches. On Saturday 8, the grass of The Cathedral looked as if nothing had happened. All of this thanks to Manzanares.


It was the sixth successive definition at Palermo between Ellerstina and La Dolfina (seventh in the last eight years) and the eighth consecutive one in tournaments of the Triple Crown. La Aguada was the team that in 2006 broke this oligopoly, when it challenged the final. In that edition, the Novillo Astradas had eliminated Ellerstina, but then fell against La Dolfina.
The last defeat of any of these two teams against a third team in The Cathedral dates back to 2009, when Indios Chapaleufú II defeated La Ellerstina 17-14, even though the victory wasn’t enough to reach the final. The last fall of La Dolfina against a third party took place in 2004, when it was defeated 17-13, also by Indios Chapaleufú II.
The largest difference between both teams in finals was in this year’s Hurlingham Open, when La Dolfina won 18-11. The history records of Palermo are now 4-3 in favor of La Dolfina.


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