LAS CRóNICAS DE EL GRáFICO

Más que mil palabras (sobre Martin Hofbauer): el trofeo

- por Martín Mazur: 09/07/2013 -

El futbolista austríaco que se transformó en un caso y obligó a la FIFA a repensar el futuro. Un texto de Martín Mazur.

  Nota publicada en la edición de julio de 2013 de El Gráfico

COMO SI SE tratara de una copa recién ganada, Martin Hofbauer muestra una pierna ortopédica en el vestuario de su club, el Miesenbach de Austria. Pero el trofeo de la foto no es la pierna, sino la sonrisa. Hofbauer, un austríaco de 20 años, se hizo famoso por haberse transformado en el primer jugador amputado en jugar oficialmente al fútbol. Hoy Hofbauer no sólo es el chico de la foto, sino también un caso: el del futbolista que logró la autorización de la FIFA para jugar con una pierna artificial.

La victoria de Hofi –así lo apodan– le permitió retornar a la vida que tenía hasta marzo del año pasado, cuando los médicos tuvieron que amputarle el pie derecho, a la altura del tobillo.

Hofbauer luchaba contra un dolor cada vez más intenso en ese pie desde 2011. Le habían dicho que se trataba de una malformación congénita, pero los analgésicos no lograban disminuir el sufrimiento.
A fines de ese año, tras una biopsia, le detectaron cáncer. En el hueso del pie tenía un tumor de 13 centímetros que, tras la quimioterapia, pudieron reducirle a 8. Amputar fue la única opción.

La recuperación fue asombrosa. Lejos del drama imaginable, lo que Hofbauer sintió fue un alivio supremo: el dolor insoportable por fin se había ido. A los dos meses ya usaba prótesis. En septiembre, cuatro meses más tarde, corrió por primera vez. Para entonces, ya había hablado con Matthias Lanzinger, un esquiador profesional austríaco que había sufrido la amputación de su pierna en 2008, durante una competencia en Noruega. Lanzinger, que ahora se prepara para los Juegos Paralímpicos de Invierno en Sochi 2014, no sólo le dio fuerzas para seguir, sino que también lo hizo centrarse en un objetivo hasta entonces impensado. “El deporte es el mejor modo de equilibrarse. Lo practicaba antes de la operación y después de hablar con él, me convencí de que debía seguir haciéndolo”, cuenta Hofbauer en una entrevista con el diario Kleine Zeitung.

En octubre del año pasado volvió a jugar un partido. Su equipo ganó con gol de él. Los rivales, que no lo conocían, ni se dieron cuenta de que llevaba una pierna ortopédica, disimulada debajo de una media altísima. Fue una sorpresa cuando se enteraron. Y la sorpresa trascendió a otros niveles. ¿Era reglamentario que Hofbauer jugara el campeonato? ¿O su futuro debía estar limitado a competencias especiales?



SU CASO, de un modo u otro, estaba destinado a sentar jurisprudencia. Aunque estuviera en un club de la séptima categoría del fútbol austríaco, técnicamente nada le habría impedido firmar por el Bayern Munich o el Barcelona. ¿Y entonces?

Al principio le impidieron seguir jugando. Hofbauer apeló. “Entrenar toda la semana y ver los partidos desde la tribuna es durísimo”, declaraba, como cualquier otro jugador de fútbol. En definitiva, eso se sentía él. Un jugador más.

Finalmente, llegó el OK de la FIFA. “Un pequeño paso para el mundo del fútbol, un paso gigante para Martin Hofbauer”, graficó La Gazzetta dello Sport.

Si de ahora en adelante, a un jugador famoso le ocurriera algo parecido, podría aspirar a seguir jugando. Obviamente, la diferencia entre el fútbol de elite y el de una liga amateur de Austria se mide en años luz. ¿Pero quién se atrevería a aseverar que un futbolista de primerísimo nivel no estaría en condiciones de seguir compitiendo luego de sufrir una amputación? Hofbauer hoy es para el fútbol lo que Oscar Pistorius representó para el atletismo hasta 2012 (antes de hacerse todavía más conocido por asesinar a su novia). De pensar que era imposible ver a un deportista sin piernas en una competencia olímpica, a encontrarse con un doble amputado que, con prótesis de fibra de carbono, era capaz de correr más rápido que muchos otros. Y de llegar a las semifinales de los 400 metros en Londres. Hasta se llegó a debatir si las piernas artificiales de Pistorius podían darle algún tipo de ventaja respecto del resto.

Algo parecido se planteó con el caso Hofbauer en la FIFA. Sólo podrá jugar con una prótesis previamente autorizada. Un argumento técnico más cercano a la F-1 que al fútbol, pero que es necesaria para interpretar lo que puede ocurrir en el futuro. La única condición que le pusieron desde la Comisión Médica de la FIFA es que la prótesis no represente un peligro para el jugador, sus compañeros ni sus rivales. El árbitro deberá controlarla antes de cada partido.

“Ultimamente recibí muchísimos mensajes de apoyo, no sólo de amigos, sino también de adversarios, que me desafían a enfrentarme en el campo sin contemplaciones. Voy a estar preparado”, declaró Hofbauer antes de su regreso a las canchas, a fines de mayo.
 


LEJOS DE declararse ganador, sabe que todavía tiene mucho para pelear. Su batalla contra el cáncer aún sigue abierta. Debió someterse a nuevas sesiones de quimioterapia luego de que se le encontraran células malignas en un pulmón: “Ahora sólo tengo que tomar pastillas. Espero que esta batalla también la pueda ganar pronto, en el próximo control”.

Mientras tanto, hasta se permite bromear con una frase tan futbolera que no tiene idioma: la de tener una pierna de palo. “Tengo la ventaja de ser zurdo, con lo cual, lo que hacía con la pierna derecha y lo que hago con la prótesis es más o menos lo mismo: puedo parar la pelota, dar un pase y levantarla. Lo que no sería capaz es de hacer un tiro al arco”.

A veces, la pierna le genera dolor y debe pedir el cambio. Algo lógico, en un proceso de aprendizaje que no lleva ni un año. “Después de la amputación, jamás pensé que iba a poder correr, mucho menos entrar a un campo de juego y ser el primer jugador con una prótesis en un torneo oficial. Me pone contento haber abierto la puerta para otros como yo”, asegura orgulloso el número 7 del Miesenbach, que este año se salvó del descenso.

“El espíritu es la cosa más importante, junto con los pensamientos positivos. A lo que nunca se debe renunciar es a las ganas de ganar”. Y allá quien quiera pensar que Hofi habla de fútbol.


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Por Martín Mazur 

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