LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Gabriel Peñalba, en primera persona

- por Darío Gurevich: 18/03/2013 -

Volvió al fútbol luego de superar el síndrome de Guillain-Barré. A sus 28 años, el flamante volante de Tigre cuenta su profunda experiencia.

Nota publicada en la edición de marzo de 2013 de El Gráfico

VUELTA A LA calma en su casa, en Villa Luro. Afrontar el Guillain-Barré resultó lo peor que le pasó, pero a la vez le dejó enseñanzas. Modificó hasta la manera de encarar su profesión.

EL PEOR MOMENTO de mi vida fue cuando padecí el síndrome de Guillain-Barré (trastorno grave que ocurre cuando el sistema inmunitario ataca parte del sistema nervioso por error). Fueron meses terribles, pensé que no iba a jugar más. Y no me importaba saber si volvería o no al fútbol. Abandonarlo no me parecía grave. Mi carrera deportiva estaba en un segundo plano. Sólo quería recuperar mi salud.

ERA desesperante porque nadie me daba un diagnóstico seguro y yo no encontraba solución. Encima me metí en Internet para “informarme”: grave error. Por mis síntomas, podían ser 20 enfermedades distintas y me comía la cabeza con cualquier cosa.

TENIA SINTOMAS normales al principio: fiebre, tos seca y anginas. Hasta que comenzaron a picarme mucho los pies, mis músculos producían movimientos involuntarios y cada vez me sentía peor.

LOS MOVIMIENTOS INVOLUNTARIOS surgían como si brotaran. Estaba sentado y los músculos se movían solos. Además, iba a entrenarme fatigado como si ya me hubiese entrenado, pero cuando entraba en calor, regresaba a la normalidad. Sin embargo, terminaba la práctica tan cansado como después de un doble turno. No era normal. Encima, también perdía peso.

OTRO LLAMADO DE ATENCION se produjo al bañarme. Me puse un shampoo y lo sentí como si fuera mentolado. Al principio, pensé que era ese (hay uno así) o que los muchachos me habían hecho una broma. Pero no. Juan Sabia se lo probó y me dijo: “Gaby, vos, estás loco. El shampoo es normal”. A partir de ahí, comencé a sentir esa frescura en la espalda y en la planta de los pies al ducharme. Por ejemplo, si el agua caía caliente, yo la sentía fría al pisarla. Era obvio que algo raro sucedía.

AL INTERNARME saltó un déficit en la mielina que recubre los nervios. Ahí me mandaron al FLENI para realizarme un chequeo, porque el problema era algo de neurología. Ya en el FLENI, me hicieron las pruebas motrices y de sensibilidad. Lo sorprendente apareció cuando me colocaron hielo en la palma de la mano. No distinguía si estaba frío o caliente. Lo sentía tibio, como si fuese un vaso.

MUY ESTRESADO. Así viví esa etapa. Esto se potenciaba porque los médicos tampoco tienen filtro. Me decían: “Capaz tenés un Guillain-Barré leve o quizás podés quedar cuadripléjico”. Fue muy duro.

JOSE ARTESE, el doctor de Argentinos, se portó un fenómeno. El me había anticipado que sufría el síndrome de Guillain-Barré. Después de un largo trajín y de descartar enfermedades, se me diagnosticó eso. Por suerte, resultó leve. Ser deportista me ayudó en ese sentido, debido a que mis defensas estaban un poco más altas de lo normal.

ME APOYE en mi mujer (Alejandra), mis hijitos (Valentina y Jeremías), mis viejos, mi familia en general, mis amigos y mis representantes. Fui a terapia, pero no logré meterme de lleno. Como soy ansioso, no funcionó. Necesitaba hablar con mi círculo íntimo para que me fortalezcan con palabras.

EL VIRUS empezó a desaparecer de a poco. Como me lo traté durante el tiempo que llevó descubrir qué era, no tomé ni un paracetamol y la enfermedad se fue yendo sola, al igual que los movimientos involuntarios. Me recuperé rápido, en seis meses, porque me afectó sólo lo sensitivo. Por suerte, nunca perdí la motricidad.

ESTE GARROTAZO me sirvió para empezar a darles valor a ciertas cosas. El dinero sólo te ofrece un bienestar, aunque no te soluciona todo. Está bueno tener el bolsillo con plata, un buen auto, pero si lo perdés, no pasa nada. Ahora, si no tenés salud, se complica. Por eso, no hay que hacerse mala sangre por conseguir el palacio más grande o el coche más lindo. Lo importante realmente pasa por otro lado.

MATADOR. El lungo de 1,93 conduce a Tigre, club al que sumó en 2013. Antes pasó por Quilmes, Cagliari, Argentinos, Lorient y Estudiantes.

VIVIA EN UNA VORAGINE. Estaba pendiente de si salía un negocio paralelo para ganar un poquito más de dinero, en vez de pasar más tiempo con mis hijos. Y esto también me ocurría en los entrenamientos, porque a veces no tenía la cabeza bien puesta ahí. El jugador debe entender que el mejor negocio que tiene es el fútbol. Si te va bien, aumentás 50 veces lo que querés inventar con otra cosa. Hoy me tomo la profesión de otra manera, con tranquilidad y metido de lleno en el trabajo.

MI CABEZA cambió totalmente. La pretemporada que realicé con Tigre fue la mejor de mi vida. No falté ni un día. Ya no le resto importancia al gimnasio, porque es clave la parte de fuerza en el fútbol. Mejoré en lo físico y tengo otra fortaleza mental. No es que antes me iba de joda o andaba de noche, pero era más pachorra, hasta para jugar. Me dedicaba a la ofensiva. Se sabía que conmigo perdían a un hombre de marca porque sólo jugaba y, al momento de la recuperación, tocaba el piano. Hoy, en cambio, trato de ser más agresivo en la marca, colaboro en defensa con el equipo para luego hacer lo que mejor me sale: jugar. Recapacité y ajusté ciertas cosas para ser más profesional todavía.

DEBUTE en primera en Quilmes, contra Huracán de Tres Arroyos, en marzo de 2005. Lo venía esperando hacía 14 años. Ahí mi puesto cambió para siempre. Gustavo Alfaro, el entrenador, me puso de doble cinco para mantener el 4-4-2. Yo era enganche. Pero si ese día me pedía ir al arco, iba. Igual, los dos momentos más lindo fueron cuando nacieron mis hijos.

SI MARCO GIAMPAOLO hubiese tenido un joystick de PlayStation, habría querido manejarnos. Lo tuve como entrenador en Cagliari y no dejaba jugar libre a nadie. Los volantes debíamos movernos de acuerdo a lo que hacían los delanteros. Teníamos que mirar de reojo para ver dónde iban los puntas y, a partir de ahí, correr hacia un lado u otro. Si los atacantes se cerraban de una determinada manera, por ejemplo, debíamos pasarles por afuera. Si aguantaban la pelota, había que cortar para adentro y mostrarse como descarga. Era todo muy táctico, preestablecido. Al final, me harté.

EN FRANCIA tuve dos etapas en Lorient: 2009/10 y el segundo semestre de 2011. Aprendí mucho, porque es un fútbol rápido y no tan táctico como el italiano. Se jugaba cortito, a un toque, en espacio reducido y con presión constante. La tendencia era achicar enseguida, y las defensas dejaban muchos espacios. Desde ahí, empecé a jugar más simple. Antes, si no la pisaba una o dos veces o no hacía algún firulete, no la pasaba.

PIPO GOROSITO es un entrenador abierto. Jamás te pide una locura. El no pretende que sea Braña, sino que marque una posición, que esté bien parado para luego salir a jugar. Le estoy agradecido porque me llevó a Tigre después de un parate importante a raíz del virus.

ESTA OPORTUNIDAD en Tigre es clave. Si no la hubiese tenido, habría sido distinto. Y no porque no me hubieran tenido en cuenta en Argentinos, sino porque Pipo nos da facilidades para jugar. El fue 10 y sabe qué vive un futbolista de técnica, que no siente la marca. Entonces, no quiere que retroceda innecesariamente y que no tenga piernas para atacar. A él le gusta ir al frente. Si llegamos todos al área rival, mejor. Pero hasta nosotros nos resguardamos en este fútbol.

EL FUTBOL ARGENTINO no sé si está en un nivel bajo. Se corre muchísimo, cada vez más, y no sé cómo se jugará dentro de 30 años. Uno debe estar al límite desde lo físico. Pero eso lleva a que no haya espectáculo. Y encima los entrenadores también se cuidan, porque los echan si pierden tres partidos seguidos. Entonces, muchos piensan más en defender que en atacar. Los técnicos no tienen margen de error y por eso no pueden expresar su ideal de trabajo. Nos acostumbramos a cambiar rápido a los entrenadores en la Argentina y eso le hace mal al fútbol.

COLECCIONISTA. Gaby disfruta al cambiar camisetas. Ya acumula 130 en su armario. Una de las más valoradas es la 10 de Riquelme en Boca.

BARCELONA es el ejemplo. Más allá de que cuenta con jugadores de una jerarquía total, presiona inmediatamente al perder la pelota y tiene menos desgaste que si se refugiara en el fondo. Lo mejor en el fútbol es apretar bien arriba y atacar al rival.

DISFRUTAR DEL FUTBOL es difícil, porque uno quiere ganar, hay presiones externas, ansiedad. Por ejemplo, quería entrar en la fase de grupos de la Copa Libertadores y era lo que más deseaba hace un tiempito. Se consiguió ese objetivo corto y ahora se intentará pasar de ronda. Por eso, se complica disfrutar como si jugara al baby con mis amigos. Pero me encantaría lograrlo plenamente.

PRUEBO DESDE AFUERA, pero puede ser que falte pegarle más de media distancia en el fútbol argentino. La realidad es que pateás dos a la tribuna y después no le apuntás más al arco. Y al revés sucede también: capaz que metiste dos goles así y sacudís cada vez que podés. El fútbol se basa en la confianza.

RIQUELME, sin dudas. Si tuviera que elegir a uno para tirar una pared, me quedaría con él. Ya jugué con otro fenómeno como Verón en Estudiantes (salió campeón en el Apertura 2010), pero Román me encanta.

NO ME PREGUNTES las causas, porque no las sé. Creo que todavía no rendí como me gustaría, no terminé de explotar completamente. Tuve muy buenos momentos, como en Argentinos. Pero entiendo que puedo dar más. Esa es mi cuenta pendiente.

BUSCO SER un jugador más completo. Trato de ayudar un poco en la marca, porque antes no colaboraba. De todos modos, nunca fui ni seré un recuperador. Pero si la jugada pide tirarse a barrer, lo hago. En otra época no lo hacía, porque me ubicaba más adelante, en una posición que no era para eso.

UN DESEO: salud para toda mi familia y mi gente. En lo futbolístico, sueño con salir campeón en Tigre.

Por Darío Gurevich. Fotos: Emiliano Lasalvia y Archivo El Gráfico

Por Darío Gurevich: 18/03/2013

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