Notas de la revista

Cuentos del aro V

- por O.R.O.: 22/01/2013 -

Pantallazos de diferentes épocas. La filosofía de León Najnudel. Parque-Palermo, el clásico histórico. La piedra fundamental de nuestros triunfos contra los norteamericanos. Paco del Río, primera tapa a cuatro colores de El Gráfico. Un caso curioso: Adolfo Lubnicki. Los estadios elegidos por Luis Scola.

 Nota publicada en la edición de enero de 2013 de El Gráfico

PARQUE le retribuye el gesto a Palermo de 1953.

El entrenador León Najnudel (1941-1998) mantuvo memorables charlas con los periodistas (se lo ve hincado dirigiendo en la apertura). Si se analiza la agudeza de sus frases, surge que terminaban siendo verdaderas lecciones de filosofía deportiva. Aquí recordamos algunos de esos diálogos.

Situación uno. Supongamos que su equipo, Ferrocarril Oeste, había perdido 90-89 contra Atenas de Córdoba. A su término, los cronistas se le avalanzaban carcomidos con la incógnita:

-¿Por qué perdió su equipo?
-Porque el rival hizo un punto más que nosotros.

Situación dos. En otras oportunidades se trataba de indagar sobre la figura del conjunto que dirigía.

-¿Quién fue el mejor jugador de su equipo?
-Ninguno. El mejor jugador fue el equipo.

Situación tres. Otra inquietud era el análisis de los rivales que iba a enfrentar.

-¿Cuál será el rival más difícil?
-El próximo, siempre el partido más difícil es el próximo.

DOS BARRIOS PORTEÑOS
Parque-Palermo protagonizaron el clásico más histórico del básquetbol argentino en los años 40 y 50. Omar Monza, hombre del club de la calle Tinogasta, explicó por qué: “Nuestra rivalidad fue curiosa. No se distinguió por la pica o el antagonismo entre los dos clubes, sino por la amistad de sus integrantes. Cuando llegamos a los Seleccionados, esa buena relación se acrecentó. El primer título en la Federación lo ganamos en 1945, en una final contra Palermo, y desde ahí hubo sucesión de definiciones entre los dos, pero siempre en un clima de gran camaradería. Tal es así que, todavía hoy, yo sigo yendo a las comidas que hacen los muchachos de Palermo…”.

En la apertura se enfrentan los emblemas de ambos clubes: Oscar Furlong y Ricardo González, campeones mundiales en 1950.

El duelo que más quedó en la memoria fue el que definió el título de 1953 de la entonces Federación Argentina. Sobre todo por lo que ocurrió luego del clásico y que mereció una nota de Carlos Fontanarrosa en El Gráfico del 15 de enero de 1954 (Nº 1797): “Una noche, después del básquet…”.

El favorito esa vez era Palermo por su buena campaña de la temporada y, sobre todo, por la solidez mostrada en la rueda final. Además, Oscar Furlong se había ido a la Southern Methodist University y su ausencia significaba un hándicap muy grande.

El jueves 17 de diciembre de 1953 se enfrentaron en el Luna Park. Parque ganó 35-33 y la revista El Gráfico precisó que “fue la tercera vez consecutiva que derrotaba a su tradicional adversario por un doble de diferencia en un partido final”. Con el resultado igualado en 33, el vencedor practicó retención de pelota durante dos minutos (en época en que se podía hacerlo), hasta faltar 5/6 segundos. Ahí se buscó la entrada de Roberto Viau, pero falló el lanzamiento. Tomó el rebote Julián Martínez y encestó. Parque se consagraba por séptima vez. Apesadumbrados, los de Palermo fueron a la Munich de Plaza Italia en la avenida Santa Fe, como de costumbre. Se lee en El Gráfico: “De golpe, sin que nazca particularmente de ninguno, sino de todos, corre la idea: ‘¿Por qué no vamos a Parque a saludarlos? Total, nuestra neurastenia no sirve para nada y todos los años, de una manera u otra, los hemos felicitado, así como ellos se portaron bien con nosotros cuando perdieron’…”.

Nada los detuvo, como se aprecia siguiendo los párrafos de la nota: “El Negro González se levantó de la mesa, llamó a Parque y le avisó a Monza: ‘Chino: si todavía hay alguno de ustedes por allí, vamos a ir a tomar una copa juntos’. Eran las tres de la madrugada cuando varios coches salieron de Plaza Italia para el club Parque”. La visita fue un encuentro no usual: “Palermo no llegó a Parque con las manos vacías. Poco antes habían cargado en el restaurante botellas de champagne y de vino blanco. Pusieron las botellas en grandes tinajas con hielo. Hablaron con el gerente del local y tomaron de sus jardines todas las flores que pudieron. Así entraron en Parque: con flores para honrar al triunfador y con vino y champagne para brindar con él”. Fue un momento tocante: “Piense el lector en esa entrada y le será fácil comprender la emoción que todavía demuestran los de Parque al recordar esa escena. Todo el club se puso de fiesta. Fue una farra con sentimiento. Los de Parque, agradecidos por el acto de amistad, alta amistad. Los de Palermo, porque sintieron enseguida que fueron comprendidos y se les agradecía de corazón”. Después, en agradecimiento, Parque agasajó a Palermo con un asado. Allí le obsequiaron un “tarro” a Julián Martínez como símbolo anecdótico: “¡Hiciste el doble de suerte!”. Juan Luis López, DT de Palermo, le amaga un sifonazo (escena en la apertura).

Final insólito (o no): “A las seis de la mañana, con el sol lastimando los ojos, una barra de quince jugadores se fue al gimnasio a jugar la revancha. No se notaba quién era quién, porque los jugadores de Parque y Palermo estaban vestidos con la misma camiseta: camiseta color carne. Jugaron sin goles, sin árbitros, sin público. A la siete de la mañana volvieron a sus casas, habían vivido unas horas inolvidables”.


ADOLFO LUBNICKI jugando en el Luna Park para el Macabi porteño. Después fue internacional uruguayo.

BINACIONAL

El centro Adolfo Lubnicki protagonizó un caso excepcional, muy poco frecuente en el básquetbol internacional: fue integrante de la Selección Nacional de dos países diferentes.

Después de ser semifinalista olímpico en Helsinki 1952, Argentina encaró el recambio de su plantel para los Juegos Panamericanos de México D. F. 1955. Quedaron los campeones mundiales Oscar Furlong, Ricardo González, Roberto Viau, Juan Carlos Uder y Alberto López. La conducción técnica estuvo a cargo de la dupla Casimiro González Trilla-Francisco del Río.

Entre las seis caras nuevas apareció Adolfo Lubnicki. Muy alto para la época, medía 1,94 m. Jugaba en el Macabi porteño, pero había nacido en Charata (Chaco) el 25 de julio de 1933. Tenía la particularidad de hacerlo con anteojos. Tras conquistar la medalla de plata panamericana en marzo, Lubnicki tuvo una nueva participación en el Campeonato Sudamericano de Cúcuta 1955 realizado en agosto. Conducido otra vez por Jorge Canavesi, nuestro país terminó en el cuarto puesto.

En 1956 se fue al club Palermo, aunque no llegó a jugar porque la norma reglamentaria efectivizaba el pase recién a los doce meses, y Lubnicki en 1957 se fue a vivir a Montevideo (Uruguay). Allí siguió jugando, en el Macabi montevideano. También se casó con Sara Rajnsztajn. Se dio este hecho poco usual de vestir la celeste habiendo lucido antes la albiceleste: “Lo pude hacer porque se representaba a la federación y no al país. Estaba permitido, no hubo discusión ni polémica”, explica desde Israel, donde está radicado.
En su nueva condición de internacional uruguayo estuvo en el Campeonato Mundial de Chile 1959 como compañero de Ramiro Cortés, Milton Scaron, Washington Poyet, Carlos Blixen y Raúl Ebers Mera. Uruguay fue noveno y estuvo dirigido por Olguiz Rodríguez. Ya siendo ciudadano uruguayo, en Roma 1960 vistió otra vez la celeste en los Juegos Olímpicos. Alcanzó el octavo puesto con Héctor López Reboledo en la dirección técnica.

PACO, EL HEROE

Martes 15 de marzo de 1938. La noticia parte desde el Luna Park y se esparce al mundo con su contenido de impacto: “Argentina le ganó a Estados Unidos”.

Los detalles dicen que el equipo de la Asociación Argentina del Básquetbol (luego Buenos Aires) derrotó 46-33 a la Selección de la Unión Atlética Amateur, entidad que tenía la afiliación internacional en el país que inventó el juego. Estaba de gira, había vencido en sus cinco partidos realizados en Brasil y en su debut en Buenos Aires, cuatro días antes, aplastó al combinado de la entonces Federación Argentina (luego Asociación Porteña) por 67-24. En los anales quedó como nuestro primer triunfo oficial sobre un conjunto de Estados Unidos, por lo que el asombro fue mayúsculo. Histórico.

Hubo un héroe. Fue Francisco del Río, Paco, fallecido a los 92 años el 22 de febrero de 2011.
El mítico Borocotó escribió en El Gráfico, firmando con su seudónimo basquetbolístico de D. Gancho: “En la primera corrida levantó la guinda entre dos visitantes y mandó la bandeja. Fue un doble maestro. De inmediato otra, y otra más hasta hacerse once tantos al hilo”. Totalizó 22 puntos (el 47,8 % del equipo).
La nota de Borocotó después analiza las claves de tan notable conquista:

“El equipo argentino creció, y el contrario se sorprendió. El nuestro comenzó a hacer la defensa de cinco, el pivote, retención de pelota y avances velocísimos que encontraban al team rival sin defensa. La Asociación jugó brillantemente”.

La dirección técnica fue de Eulogio Fernández. El equipo de la hazaña posa en la apertura. Arriba: Marcelo Sonaglia (masajista), Francisco del Río, Carlos Orlando, Angel Andrés, Humberto Barbaglia, Roberto Contini. Abajo: Eulogio Gandolfo, Alberto Alzúa, Orestes Arbó, Víctor Di Vitta y Pedro Aizcorbe.

La época del épico triunfo coincidió con un hito industrial en la vida de nuestra revista. El 1° de abril de 1938, en su número 977, salió el primer ejemplar con tapa “durita” y a cuatro colores, es decir con un papel más consistente y diferente a las páginas interiores, como venía siendo. Esa portada fue dedicada al principal protagonista del acontecimiento deportivo del momento. Dice el epígrafe: “Francisco del Río - Hábil y valiente basketballer argentino, de notable actuación frente a los norteamericanos”.

LUIS SCOLA elige los estadios más emblemáticos vinculados con su carrera.

SCOLA Y UN BOCA-RIVER

Si debe precisarse un partido, Luis Alberto Scola viene siendo el jugador fundamental de la Generación Dorada desde la gloriosa final olímpica de Atenas 2004 contra los italianos que se ganó 84-69. Hoy está en Phoenix Suns de la NBA (apertura).

Como columnista del diario Clarín, una vez hizo un ránking de los estadios más emblemáticos del básquetbol mundial vinculados con su carrera. El escalafón es así: 1) Madison Square Garden, de New York. Porque todo lo que irradia es especial. 2) Staples Center, de Los Angeles. Allí debutó en la NBA 3) United Center, de Chicago. Porque su generación creció con las hazañas de Michael Jordan. Menciones especiales les dio al Conseco Fieldhouse, de Indianápolis, y al O. A. K. A., de Atenas (Grecia). En el primero Argentina le ganó al Dream Team por primera vez y en el segundo se conquistó la sublime medalla de oro olímpica.

Luis destaca sobre el MSG que el presentador de los Knicks ya pone en clima cuando anuncia que se está en “¡The world’s most famous arena!” (el estadio más famoso del mundo).

Escribió describiendo: “Está ubicado en pleno centro neoyorquino. El trayecto en colectivo ya es especial porque se pasa por el Central Park y la Quinta avenida. Una vez adentro, la primera sensación es de sorpresa. Los años de la estructura se reflejan por todos lados, hay bastante olor a comida frita, mucha gente trabajando, suciedad y hasta alguna que otra rata dando vuelta. Los vestuarios no son nada del otro mundo, pero una vez que se entra a la cancha es increíble. Se está en la meca del básquetbol.

Uno de los míticos habitantes estables del Madison es Spike Lee, el director de cine de “La última noche (25th hour)” y de “Malcom X”. En realidad, Shelton Jackson Lee. Es fanático de los Knicks, casi nunca está ausente y es famoso por sus peleas con los jugadores. El domingo 21 de marzo de 2010 Scola estuvo allí con Houston Rockets y ganó 116-112. Spike Lee le gritó: “¡Luis! ¡Luis! ¡Luis! ¿River o Boca?” Luifa no pudo creer de quién venía la pregunta y en forma tan directa. Le respondió del club del que es hincha: “¡River!” Spike Lee le retrucó: “¡Buuuuhhh... Bocaaa!”l

BOBY FLORES, que jugo al básquet en el Deportivo San Andrés.

CUANDO BOBY FLORES ERA ROBERTITO
Con el Loco Oscar Ibañez como organizador y entrenador, el Deportivo San Andrés marcó una época en las divisiones formativas del básquetbol metropolitano. Décadas de los años sesenta y setenta en Intendente Casares 50, San Andrés (cerca de la estación Malaver). Entre las bandadas de pibes que se acercaron estuvo Roberto Flores, quien se haría famoso como Bobby Flores, aunque allí era conocido como Robertito.
En sus biografías se lee que Bobby Flores es “un conocido periodista radial y gráfico de la Argentina especializado en música rock. Fue uno de los referentes esenciales de la radio Rock & Pop (FM 95.9, antes 106.3), de Buenos Aires, desde que se la escuchó por primera vez el 23 de enero de 1985. Fundador, musicalizador, conductor y hasta gerente artístico de la emisora que cambió la manera de hacer radio en la Argentina”.

Esto contó el propio Bobby: “Jugué al básquet en el Deportivo San Andrés como diez años, de base. Pero cuando se dieron cuenta de que no iba para ningún lado, me empecé a involucrar con los disc-jockeys de los bailes del club. Debuté en los Carnavales de 1977”.

Julio Lamas, actual entrenador nacional, también salió del mismo lugar y lo evoca así: “Robertito era flaco, flaquísimo. Fumaba desde chico y acostumbraba a estar sentado en la puerta del club hablando de música. Sus amigos eran Gussy, Polilla, Roberto Volpi (luego entrenador)… Era un jugador sin puesto fijo, base o escolta. Lo recuerdo jugando el Campeonato Evita en 1975… Pero más lo recuerdo por lo social: bailes, fiestas, pasar música y los veranos en ronda de charlas a las que yo me arrimaba para ver en qué andaban los más grandes”.

Fue uno de los inspiradores del legendario programa Aquí Radio Bangkok entre 1987 y 1989.


Por O.R.O. Fotos: Archivo El Gráfico

Por O.R.O.: 22/01/2013

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