ANóNIMOS RECONOCIDOS

Ojos de fútbol

- por Redacción EG: 10/11/2012 -

Poco después de ver el segundo gol de Maradona a los ingleses en México 86, este enjundioso colombiano perdió la vista, pero mantuvo intacta su pasión por la pelota: se hizo director técnico y presidente de un club. En su último libro, el escritor uruguayo Eduardo Galeano contó en pocas líneas esa vida que el propio protagonista detalla para El Gráfico

 Nota publicada en la edición de noviembre de 2012 de El Gráfico

EL FUTBOL y la música, conjugados con los amigos y la familia, motorizan la vida de Alba Olivares.

El 20 de octubre de 1986, ocho días después de haberse golpeado en la piscina de un parque de diversiones de Colombia, su país, Manuel Alba Olivares empezó a perder la vista. Hasta entonces padecía la amenaza de la miopía. Tenía 11 años. Una de las últimas cosas que recuerda haber visto es el segundo gol de Diego a Inglaterra en el estadio Azteca, durante el Mundial de México, ese mismo año. No deja de sonreír al volver a aquellos tiempos. Su historia no es una más: fue elegida por el escritor uruguayo Eduardo Galeano para referir la pasión que genera el fútbol. Está publicada en su último libro, “Los hijos de los días” (Editorial Siglo XXI).

“Me enteré de que fui mencionado por Galeano porque me llamó un periodista del diario Folha (San Pablo, Brasil); y ahora, que me quiera entrevistar una revista tan tradicional como El Gráfico, que es un patrimonio futbolístico a nivel mundial, me parece increíble”, dice con una actitud positiva que no dejará durante la hora y pico de charla. Desde sus 11 años hasta sus 37 actuales, fue presidente de un club que fundó con amigos, director técnico, músico, comentarista y relator. Vive en su pueblo natal, Juan de Acosta, en Barranquilla. Con la esperanza le alcanza para tener alegría. Con el recuerdo le sobra para sonreír.

“A Diego lo llevo guardado en mis memorias desde hace 25 años: ese gol mágico contra Inglaterra… soy un profundo admirador suyo. Diego es el grato recuerdo de poder ver a uno de los mejores futbolistas del mundo, junto al Rey Pelé. Para mi hubo dos: el Rey Pelé y Diego. A Pelé no lo vi jugar, pero de Diego sí puedo dar fe. De hecho, creo que es el mejor de la historia”, dispara. Y continúa su admiración: “Me quedo con Diego por sobre cualquiera por todo lo que significa, más allá de la cancha. Tiene más bondades a su favor en mí, porque tengo sus recuerdos grabados en mi memoria. No me olvido del gol que le hizo a Italia en el Mundial 86, cuando Argentina perdía 1 a 0; ni de la puñalada para el 3 a 2 que le hace a Burruchaga para el título. ¿Recuerdas eso? Esas cosas no pueden permitir que Diego sea reemplazado en mi memoria respecto de mi concepción de que es el mejor del mundo”.

No se cuelga del pasado, aunque tampoco le duele hacer un viaje hacia aquellos tiempos en que era niño y soñaba ser futbolista. Entonces ocurrió lo de la vista. “Ocho días tardé en perderla después de haberme golpeado en una piscina. Me hicieron dos cirugías, las cuales se frustraron. Por año y medio seguimos en tratamiento, fue difícil rescatar los niveles de la visión y se acabaron el dinero y la paciencia. Y mientras se acababa todo aquello, se iba algo grande de mí, que era la vista. De pronto no alcanzaba a comprender tanto la magnitud de perderla, porque era un niño, y me mortificaron esas cosas. Pero con buenos amigos, una familia que siempre me apoyó y refugiado en el fútbol y la música, empecé a salir adelante. Hoy soy un hombre que vive tranquilo. Ese fútbol que tanto amo me permitió llegar a lugares del mundo a los que nunca pensé llegar. Por ejemplo, que Galeano escriba sobre mí, que El Gráfico se interese por hacerme una entrevista. Sólo me falta conocer personalmente a Diego. Y no lo descarto”, se esperanza. Su admiración por el fútbol será un tema recurrente. Se lo nota apasionado cuando, de la nada, dice que en su corazón lleva a la selección colombiana. Pero también menciona otras pasiones: "Me gusta el seleccionado de Brasil; y te puedo hacer una lista de equipos que me encantan. En España, el Real Madrid; en Argentina, el River, toda la vida. ¿Y sabes una cosa? Que se haya ido a la B lo hace más grande todavía". Y cuando dice lo que dice, transmite sentimiento. "Es que la pelota es todo para mí, es lo que me desestresa, lo que encierra las cosas bonitas de la vida, el encanto de vivir. Eso es el fútbol".

EN PLENA transmisión de sus audiciones, una de música y otra de deportes.

EL NACIONAL DE MANUELITO. Algo más de 15 mil son los habitantes de Juan de Acosta, un lugar con playas paradisíacas bañadas por aguas del Atlántico. Está a 40 kilómetros de Barranquilla. El turismo es una gran fuente de ingresos para su gente. También la ganadería y la agricultura. Muchos trabajan, además, en la confección de ropas típicas. Allí Manuel vive con sus padres -Manuel y Delisa- y algunos de sus siete hermanos: “Somos ocho en total, casi como un equipo de fútbol, sólo que de cinco mujeres y tres varones”, comenta entre risas. Pero es en sus amigos en quienes encuentra el sostén necesario para seguir adelante. Con ellos, en 1989 fundó el club Nacional de Manuelito. Aunque es hincha del Junior, accedió a esa nominación tan contrariada porque comerciantes de Medellín que vivían en su municipio se lo imponían a cambio de patrocinarle el equipo. “Entonces les dije que sí, pero arreglamos con el nombre”, cuenta, orgulloso, como quien acaba de ganar una partida complicada. Y añade: "Quién te dice, me tomo revancha y fundo el Atlético Alba".

Aquella aventura duró unos años, hasta que se volcó del todo a sus estudios de Derecho. Hoy es abogado, recibido en 2008. El vicio futbolero lo despunta en la radio local, donde hace comentarios. Sin embargo, aquello del Nacional de Manuelito puede recuperarse. Con un amigo prepara una escuela para chicos. "Ya no voy a ser el director técnico, sino un dirigente", explica cuando le da marcha al motor de esa ilusión.
Con el tiempo aprendio que la ceguera puede ser un impedimento menor. Se nota cuando habla: "Modestia aparte, puedo ser ejemplo para muchos. Eso es algo que tomo con humildad. En los momentos difíciles es donde se ve a los grandes hombres, donde hay que tener paciencia y sabiduría y saber pararse firme. En los momentos difíciles se ve a los grandes. Soy de los que consideran que no sabe vivir mejor quien más ha estudiado o más títulos profesionales puede tener, sino quien más sabe vivirla".

Su vida diaria la conforman los encuentros con amigos, la ilusión de casarse y los triunfos del Junior. De las amistades, dice: "Son mi mayor riqueza. Significan mucho en mi crecimiento como persona y en mi superación. Es mejor tener amigos que dinero. Algunos de ellos son de la infancia, otros se perdieron como el perfume en el aire. Pero la renovación es constante". Del casamiento, recuerda y apunta: "Hace tres años compartí mucho con una novia, pero no tuve el privilegio de casarme. Es algo que añoro. Hoy no tengo pareja. Pero casarme para formar un buen hogar con una buena mujer es uno de mis mayores deseos. ¡Pero algo hay, eh! Mejor no digo más, por prudencia". Y del Junior: "Es una pasión. Cuando pierde me entristezco mucho y cuando gana siento que la gente, los negocios, todo en la región tiene otro ambiente". No le gusta la comparación con el América. "Es más grande por los títulos, pero el Junior tiene más sentimiento, más pasión, más pueblo". Luego justifica: "Cuando escucho a la hinchada no se puede describir lo que me pasa en el corazón y en la cabeza. Es una emoción indescriptible. Como el carnaval de Barranquilla, ¿entiendes? Es todo fiesta. Es algo bello que tiene por lema 'quien lo vive y quien lo goza'. Y yo gozo mucho de esas cosas".

EL GOL DEL TiTULO MUNDIAL. Antes, cuando era pibe y jugaba al fútbol con los amigos, era un volante de marca. Se recuerda bueno, de esos a quienes los del otro equipo no pasaban así nomás. Pero también le gustaba ir al arco. "Soy un portero frustrado. En Colombia hemos tenido una gran camada de porteros. Soy admirador de René Higuita. También de Julio César Falcioni. Pero comparto los pensamientos de Chilavert...", comenta. Serio, justifica: "Entiendo que es un hombre que se ha superado, que luchó mucho para ser alguien en la vida. En Argentina enfrentó muchas situaciones; y entre las más difíciles recuerdo cuando el Vélez ganó la Libertadores y él, invitado por el presidente Carlos Menem a un almuerzo en la Casa Rosada, no fue. Y dijo que cuando le meten 5 o 6 goles nadie llama para saludarlo. Eso me gustó. Los amigos y admiradores tienen que estar en las buenas y en las malas. No tienen que aprovecharse del momento".

EN LA PUERTA de la radio a orillas del océano Atlántico colombiano.

En la radio despunta vicios: uno es la música; el otro, el fútbol.

"Soy polifacético. Pero lo que hago, lo hago bien, con cariño. Dirijo el programa 'Vallenato de caché', de música vallenata, que es un género colombiano, muy nuestro. Lo hago de lunes a viernes, de 15 a 17. Y participo en otro que se llama 'La hora del deporte', realizando comentarios futboleros". A la vez es el representante de una banda musical local que se llama 'El vallenato universal'. Sacaron un primer disco; van por el segundo. "De a poquito voy haciendo cosas. Lo que me pasó son pruebas que me puso Dios. Esos momentos vividos me permitieron ser un hombre sólido, fuerte, contento. A veces la avalancha de la tristeza no puede con mi huracán de la felicidad. Soy muy creyente de Dios", se describe.
Otra cosa que le gusta, cuenta, es andar en bicicleta. "Es difícil, pero hay que atreverse", contrarresta el asombro. Por las dudas, aclara otra vez: "Para mí, la ceguera no fue impedimento para salir adelante. Me siento en condiciones normales".

En tanto, apila sueños que no descarta cumplir. En eso anda a cada minuto de su vida. Sueña, por ejemplo, con estar en un Mundial. También con conocer personalmente a Maradona, nada menos. "Soy un hombre que ha perseverado. Tuve paciencia para lograr lo que logré. Pienso que en cualquier momento cualquiera de mis deseos puede lograrse. Por eso no pierdo la esperanza de estar con Diego. Ojalá que lea esto; sé que le va a llegar. Por eso van mis saludos para él, para que sepa que en un lugar como Barranquilla alguien guarda en sus memorias, a pesar de haber perdido la vista, los recuerdos de su calidad y de esos goles tan bonitos"

Tan bonitos como los que sueña que él mismo hace cada vez que se va a dormir. Porque antes de terminar la entrevista cuenta que al acostarse puede ver un estadio lleno de gente, en el que hay murmullos pero sobre todo algarabía y cantos y fiesta desde los cuatro costados. Y va más allá y es la final de un Mundial; de un Mundial cualquiera. Entonces, en ese momento, cuando la noche es más oscura se viene el día en su corazón. Y hace el gol de su vida, el que siempre imaginó, perfecto, sutil, para que grite con euforia su país. "Me encantan los goles de cabeza, de ésos en los que el jugador está sostenido en el aire, cabeceando la pelota contra el suelo, que rebote y entre en el arco. Me fascinan esos goles. Me gustaría hacerlo en la final de un Mundial, defendiendo a Colombia. Contra uno de los cinco grandes: Brasil, Italia, Argentina, Alemania o España. Pongamos que es la final del 2014: Brasil-Colombia. Van 0 a 0 en el minuto 38 del segundo tiempo. Saca del arco David Ospina, la toma James Rodríguez, que la lanza a la derecha para Camilo Zúñiga... "; y es acá cuando pone su tono de relator y deja el alma y la vida en esa imaginación hecha palabra que siempre esperó este momento. Y el sueño se convierte en grito. O relato. Y emoción, porque sigue: "Zúñiga llega desde el fondo y manda el centro al segundo palo, aparece Manuel Alba Olivares, señores, Olivares mete un cabezazo, sí, sí, sí, la pelota rebota contra el suelo ante la salida de Julio César, que nada puede hacer, y está, está, está el goooooooollllllllll, el gol colombiano, el gol del título mundial, el gol de Manuel, de Manuel Alba Olivares, señores..."

Por Alejandro Duchini
Por Redacción EG: 10/11/2012

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