Notas de la revista

Juan Pablo Rodríguez: el Ave Fénix

- por Redacción EG: 10/11/2012 -

Se frustró al principio de su carrera, se bancó que lo colgaran dos veces, priorizó el estudio y se resignó a no ser futbolista. Pero se reinventó y hoy pasa un buen presente en All Boys.

 Nota publicada en la edición de noviembre de 2012 de El Gráfico

BICHO raro en el fútbol argentino: se maneja sin representante desde hace ocho años y prioriza el estudio. Le faltan solo cinco materias para recibirse de ingeniero civil.

"HABIA DEBUTADO en Primera, metido goles y hasta salido de mi país, pero recién me sentí futbolista a los 26 años”, sorprende con un tono de voz sin sobresaltos. Aquel regreso en 2006 al club del cual es hincha, Racing de Montevideo, resultó, quizá sin saberlo, su catapulta futbolística. Pero a no adelantarse. Juan Pablo Rodríguez, nacido hace 30 años en Montevideo, y que para en Canelones, dio vueltas en una montaña rusa infernal antes de cruzar la frontera del anonimato en el fútbol argentino, producto de dos temporadas y media buenas en All Boys.

Moldeado en una familia humilde, sus padres lo motivaban a estudiar. “Mi viejo, Raúl, como buen marino, me tenía criado de una manera recta. ‘¿Cuántos exámenes salvaste?’, me preguntaba. Mis papás me acompañaron con el fútbol, incluso mi papá fue presidente de Racing, pero se preocupaban por el estudio”, afirma Rodríguez Conde, que utiliza el apellido de su madre -Rosa Laura-, especialmente en su país natal.

El uruguayo realizó su presentación en Primera a los 18 años, en el Racing oriental, y lo citaron para dos amistosos con el seleccionado mayor a los 20. Hasta ahí, fenómeno. “No tomaba la dimensión de lo que me pasaba. Después, viví una etapa negativa en la que decayó mi carrera”, apunta. La declaración no le fluye por haber descendido con Racing en 2002, sino porque había tocado fondo. El disparador se produjo al año siguiente, cuando apoyó su valija cargada de ilusiones en Estudiantes de La Plata. Pero antes de la mala experiencia en el Pincha, pasó de Racing a Cerro tras firmar un contrato de representación con Walter Audifred.

“Llegué al Pincha como un refuerzo destacado, porque me había llamado Bilardo. ‘Pibe, te necesito, te necesito cuanto antes’, me anunció. Esto ocurrió antes de ir a la selección. Lo hablé con Carrasco, el entrenador, y me aconsejó no ir porque perdería la chance de continuar en el seleccionado, y así fue. Pero me arriesgué, ya que se trataba de Bilardo, Estudiantes y la posibilidad de mostrarme en Argentina -anticipa-. Sin embargo, significó mi gran frustración. Bilardo, que era el técnico, me dijo que me volviera a Uruguay a la cuarta fecha, porque no me iba a tener en cuenta. Me entrené para mí, sumé minutos en Reserva y tuve que recomenzar a los 21 años”.

Ya del otro lado del charco, fichó en Nacional, donde estuvo dos meses sin jugar porque le había saltado un doble préstamo en el mismo año. “Eso me liquidó la cabeza, porque era mi regreso. Luego me habilitaron, aunque asumió De León como técnico para el segundo semestre y me marginó porque estaba enfrentado con Audifred. Nacional me dejó ir y este tipo nefasto me llevó al club que maneja: Cerrito. A los seis partidos, le comenté erróneamente a un compañero que no iba a renovar mi contrato de representación con Audifred. Si eso ocurría, y al final sucedió (Rodríguez se maneja sin representante a partir de entonces), a él no le serviría mostrarme en su equipo. Entonces, me ensuciaron con una pelea para declararme en rebeldía y me comí ocho meses sin jugar en 2005", asevera.

-¿Cómo continuó el asunto?
-Un profe de De León me recomendó a Manta, de Ecuador. Jugué seis partidos y di vergüenza. Nunca rendí, sentí la inactividad.

-¿Por qué no abandonaste?
-Me atraía la pasión. Veía a dos personas en una cancha y me volvía loco por jugar. Mi familia nunca me cortó las alas, y Racing me trató de 10.

-Entonces, ¿cómo saliste adelante?
-Llegué a Racing para el segundo semestre de 2006. El equipo estaba en Segunda, último y con un plantel repleto de chicos. Había de-saparecido como jugador. La B de Uruguay no tiene casi difusión, no se concentra, los sueldos son bajos. Es casi un fútbol amateur. Ahí no imaginaba que sería futbolista y había decidido dedicarme al estudio. Para colmo, se me complicaba la carrera porque debía completar tercer año. Entonces, le planteé al técnico, Gastón Machado, que tenía que ir a la universidad dos días de la semana y podía llegar a las 11.30. Gastón lo aceptó de gran manera y me esperaba a esa hora para entrenarme, mientras mis compañeros estaban estirando para irse. Después, me acomodé los horarios. Me daba vergüenza llegar a esa hora.

A LA CAZA de uruguayo. El volante intenta despegar. Lo siguien Galmarini y Maggiolo de Tigre.

SU RENACIMIENTO se gestó en Racing a mediados de 2007. El uruguayo se integró al equipo diez días después del inicio de la pretemporada, a causa de un viaje a Turquía donde despuntó el vicio en el fútbol universitario. “Se armó un grupo bárbaro. Pasamos de ser últimos a campeones invictos. Fui goleador y quedamos a tanta ventaja del segundo, que era imposible no ascender. Y en ese diciembre, me fui a Defensor Sporting y me consagré campeón uruguayo. La anécdota es que salí campeón del Apertura con Racing y del torneo uruguayo con Defensor en la misma temporada. Racing finalmente ascendió y regresé para jugar en Primera -se entusiasma-. Ahí me acomodé. Me saqué muchas incógnitas de encima sobre si podía o no ser futbolista”.

Varió su rumbo en 2009, cuando firmó con Indios de Ciudad Juárez, club mexicano donde lo adoran. “Nos salvamos del descenso y llegamos hasta las semifinales del torneo. Movilizamos a la ciudad. La gente me quiere por mi ímpetu y mis ganas”, reconoce.

Juárez, fronteriza con Estados Unidos, se encuentra copada por el narcotráfico y los ajustes de cuentas. Es Ciudad Gótica, pero sin Batman. “El 70 por ciento de la población es trabajadora, humilde, sufre muertes por sicarios. Cuando leía los diarios, la noticia era si se superaba o no las 300 muertes mensuales. Nos acostábamos a dormir con mi mujer y escuchábamos ruidos de tiros y sirenas -enfatiza-. Juárez estaba paralizada mientras jugaba Indios: no había robos ni muertes en ese rato”.

-¿Viviste algún momento horrible afuera de la cancha?
-Sí, justo mis padres me habían venido a visitar. Ellos me llevaron a la concentración y, cuando llegué, le pedí a un compañero que me acompañara a cargarle crédito al celular. Eran 150 metros hasta la estación, pero fuimos en el auto de él. Y gracias a Dios que fuimos en el auto. De golpe, en el medio de la calle, sentimos un ruido tremendo. “Bum, bum, bum”, escuchamos. Giré y vi la cara de un tipo que no paraba de disparar. Y nos agachamos. Cuando se calmó todo, fue impresionante porque quedamos en el medio de la polvareda. Gracias a Dios no nos tocó, pero estábamos esperando que una bala nos entrara.

-Qué jodido. Imagino el miedo.
-Terrible. Mi señora y mi vieja se pusieron mal. Pero no me podía ir, porque recién me habían comprado y tenía dos años de contrato. Ahí debías intentar acostumbrarte. Mi temor era que me confundieran con alguno que estuviera complicado, solo por ser parecido.

-Pero no te adaptaste, porque picaste para San Luis en 2010.
-Sí, vino otro entrenador, un mexicano al que por suerte no le gusté mucho y pusieron a un hondureño en mi lugar. Entonces, le liberé el cupo de extranjeros y me fui para Potosí, creo que es la ciudad más tranquila de México.

"SOY UN futbolista del montón que juega en el fútbol argentino, el más competitivo del mundo. Pero no me siento menos que nadie."

“CUANDO LLEGUE a All Boys en 2010, Pepe (Romero) comentó delante del grupo: ‘Y se viene a probar este chico uruguayo’. Yo ya había firmado contrato el día anterior. No hay peor cosa que digan que te venís a probar cuando ya había arreglado”, asegura.

-¡Puf! La mano venía mal barajada. ¿Y cómo fue la pretemporada?
-Jodida. Cuando empecé la pretemporada con All Boys, tenía dudas. Recordaba la frustrante experiencia en Estudiantes y me generaba temor, porque pensaba que no me daba para jugar en el fútbol argentino. Pero lo superé. Eduardo Domínguez me ayudó mucho, hasta hizo de psicólogo. El me transmitía la tranquilidad que yo no había encontrado.

-¿Pero cómo convenciste a José Romero?
-Y… A diez días de empezar el campeonato, el técnico me dijo que me buscara club porque no me tendría en cuenta. Ahí apareció la mano del presidente (Roberto Bugallo), que me alentó en todo momento: “Vos te quedás porque ya firmaste. Serás el jugador 40, pero sos futbolista de All Boys”. Entonces, hablé con Pepe y me aseguró que sería mirado como el resto de mis compañeros. “El que esté mejor va a salir entre los 11”, me confió. Y así fue, porque arranqué de titular con All Boys en la A.

-Y lograste dar vuelta la historia, nomás...
-Sí. El cuerpo técnico me generó confianza. Pepe me dio la chance de mostrarme, que no es sencillo. Cuando un entrenador te cruza, perdiste. Y él aceptó verme. Anduve bien e hice goles importantes (a River en Floresta, por ejemplo). El hincha me reconoce el juego.

-¿Siempre jugaste de volante zurdo y tuviste las mismas características: más entrega que fútbol?
-No, en especial por lo último (risas). Arranqué de 3, pasé de 11, pero enseguida me pusieron de volante por izquierda. Toda la vida lo hice en un 4-4-2. Era lírico, me soltaba y jugaba. En México, hasta me paré de extremo. Pero me cambió el panorama cuando llegué a All Boys, porque se juega con un 4-3-1-2 y debí agregarle marca, agresividad y personalidad a mi fútbol. Tuve que aprender a marcar. Hoy me tildan de metedor, aparecieron las expulsiones. Pero no era así, al contrario. Por eso, ya me tiré para el lado de los rústicos.

-¿Sos camorrero?
-No, pero una vez que tenés la fama de calentón es difícil sacártela. Me transformo en la cancha, soy pasional y no me gusta perder. Y si un árbitro no me trata bien y voy perdiendo, más se me potencia la bronca.

-Pero te cruzaste con Basile, plateístas de Tigre, Palermo, Schiavi, Camoranesi e incluso Rafaela les clavó un gol porque te desentendiste de la jugada al protestar.
-Fueron todas tonterías, menos la de Camoranesi, pero fue una calentura del partido. Y eso que me comentás del gol es lo que se vio por televisión. Yo perdí la pelota en la mitad de la cancha y bajé 40 metros para recuperarla. Cuando la ganó Ahumada, respiré. Pensé que Lequi la reventaría y corrí para adelante y le dije algo a la pasada al árbitro, como siempre. Peor, porque ese es un error infantil para un profesional, pero no es que fui a protestarle al referí. Y Lequi me la jugó corta, salí para adelante, no lo vi y nos clavaron.

-¿Por qué All Boys va camino al gran objetivo de consolidarse en la A?
-Tiene un presidente que aguantó al cuerpo técnico en las malas y nunca cuestionó al entrenador, que trabaja hace un largo tiempo en la Primera (Romero se mantiene en su cargo desde 2006 y ascendió a los de Floresta a la B Nacional y a la A). Por otro lado, están los líderes del grupo que son Cambiasso y Sánchez, claves. Ese combo, más la gente, conforman una gran familia.

-¿Cuál es la identidad futbolística del equipo?
-Pepe es lírico: le gusta jugar por abajo y que haya buenas sociedades para tocar y llegar al arco rival. Pero no es ningún necio. Sabe que habrá que tirarla afuera y hacer nuestro negocio al jugar como se pueda en algunos momentos, porque todavía estamos en camino de consolidar al club en la A y tenemos que sumar 50 puntos por año, por lo menos, para no complicarnos con el descenso.

-Qué lío se armó antes de empezar la temporada. Te pretendía Peñarol y se cayó el pase. ¿Qué pasó?
-Me quedé, porque soy un agradecido de All Boys y de su presidente. Roberto me bancó al pisar el club, cuando era más fácil echarme. Tenemos una relación espectacular y mi contrato es hasta mediados de 2014.

JUAN PABLO RODRIGUEZ se transformó en un especialista en reinventarse. La legendaria garra charrúa la aplica en la cancha y en la vida. Experto en bancarse el tirón, cumplió su sueño: vive del fútbol en una liga competitiva. Jamás piensa en retroceder casilleros, pero sabe cómo caminar la fina cuerda sobre el abismo. Su necesidad de satisfacerse lo condujo a eso. Resurgir es la primera característica que descansa en su interior, al igual que el Ave Fénix.

Por Darío Gurevich. Fotos: Maxi Didari y Photogamma
Por Redacción EG: 10/11/2012

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