Fútbol

La propuesta de Millonarios para limpiar su pasado

- por Redacción EG: 12/10/2012 -

El presidente del club de Bogotá dijo que evalúan devolver los dos últimos campeonatos ganados por su equipo, en 1987 y 1988, por los vínculos que en aquellos tiempos había entre los Millos y el narcotráfico. Crónica de un anuncio polémico.

FELIPE GAITAN, presidente de Millonarios desde febrero de este año, hizo el anuncio en Madrid. La idea aún está en tratativas. Hay polémica en torno a su probable aplicación.

Ocurrió en Madrid, en la víspera de un partido homenaje a Alfredo Di Stéfano entre Real Madrid y Millonarios de Bogotá. El aire festivo que se respiraba entre los hinchas del equipo colombiano, la prominencia ocasional por ser el invitado de honor a la gala del Santiago Bernabéu, se cargó de repente, atravesado por una disyuntiva que excede la temática futbolera. Felipe Gaitán, el presidente del club cafetero, anunció que la junta directiva evaluará devolver los dos últimos campeonatos conseguidos por Millonarios, en 1987 y 1988. Por esos años, su equipo, y varios otros del país, eran financiados con dinero de los cárteles de la droga. Dice Gaitán que la iniciativa, acercada a los dirigentes por una agrupación de socios, es necesaria para limpiar el pasado negro del club que preside. Como casi siempre ocurre en este tipo de casos, cuando se intenta transformar lo que fue por medio de decretos en el presente, la polémica estalló enseguida. Críticas y elogios conviven en torno a un asunto que promete, al menos, aguzar el debate sobre aquellos tiempos tormentosos.

Gonzalo Rodríguez Gacha, alias El Mexicano, era tan millonario que la revista Forbes lo había nombrado, en 1988, una de las personas más ricas del mundo. Al igual que a su condiscípulo Pablo Escobar Gaviria, el negocio del narcotráfico le había dado el oro y el poder. A finales de los 70, cuando ingresó a las filas del cártel de Medellín para emprender en la venta de cocaína, ya había moldeado el carácter y acumulado prestigio como delincuente. Colombia, sumergida en una crisis política y económica, se convirtió en una esponja permeable al surgimiento de los cárteles de la droga, estructuras criminales, sangrientas y temibles, que se disputaban el negocio por medio de leyes y códigos propios que aterrorizaban al resto de la sociedad.

Rodrigo Lara Bonilla, ministro de seguridad y justicia durante la presidencia de Belisario Betancurt, llevaba un año en su cargo cuando denunció que varios clubes de Primera división habían sido financiados con dinero del narcotráfico. Se refería a Escobar y sus aportes a los principales cuadros de Antioquia, como Independiente de Medellín y Atlético Nacional, a los hermanos Miguel y Gilberto Orejuela Rodríguez, socios y más tarde propietarios del América de Cali, y al propio Rodríguez Gacha, hincha y benefactor de Millonarios de Bogotá. Un par de meses después de aquellas declaraciones, bombas incendiarias sobre la federación cafetera de entonces, en abril del 84, el ministro Lara Bonilla fue asesinado a manos de un sicario de Escobar, por ese y algunos otros asuntos. El episodio fue el corolario de una de las etapas más oscuras del fútbol colombiano. Las estructuras tradicionales de los clubes, regidas por administraciones de estilo familiar-empresarial, se habían resquebrajado por la intromisión de los narcos, que estimaban la doble utilidad del negocio de la pelota: lavar dinero alimentando sus propias pasiones de hinchas. Eufóricos por la abundancia de los millones, no escatimaron regalías.

RODRIGUEZ GACHA, alias el Mexicano, fue uno de los líderes del cartel de Medellín durante los 80. Desembarcó en Millonarios junto a otros dos socios en el 82. Finació al club durante la etapa dorada de esos años.

Pero la atroz evidencia del pasado, que, lejos de mantenerse únicamente como experiencia negativa, persiste aún en el presente aunque alivianado por la especialización de un estado curtido a los golpes, no alcanza para darle un soplo a favor de la propuesta de la dirigencia. Empezando por los campeones de aquellos años, la iniciativa recibió críticas y más críticas, descalificaciones que ofrecen como núcleo de su resistencia la errónea división entre lo estrictamente del juego y lo que ocurre fuera de la cancha.

“Es un imbécil”, dijo Carlos Enrique La Gambeta Estrada, uno de los cracks de aquel equipo que integró la selección en el Mundial 90, al ser consultado por la medida del presidente. No se refería a la iniciativa, sino al propio Gaitán. El argentino Mario Vanemerak, ex Vélez y Racing entre otros equipos del país, llamó a la unión de sus excompañeros contra el plan de la dirigencia. Luis Augusto García, entrenador de aquel equipo bicampeón, adhirió a las protestas. En declaraciones para el sitio de noticias de Terra Colombia, dejó en claro sus diferencias con Gaitán: “Las cosas hay que tomarlas en serio cuando vienen de una persona seria, no cuando vienen de alguien que no sabe de fútbol. Gaitán es un filipichín”. El periodismo, en su mayoría, refuerza la mirada negativa de los futbolistas. María Fernanda Millán, corresponsal en Argentina de la Liga Postobón e hincha fanática de Millonarios, le contó sus sensaciones a El Gráfico web “No creo que la propuesta prospere, tanto hnchas como exjugadores están muy indignados con la idea, ya que ellos las ganaron jugando bien. Lo que se discute es la procedencia del dinero con el que les pagaban los premios a ellos, pero ellos defienden que sudaron cada partido para ganar esas estrellas. Como hincha, me parece descabellado, si se quiere hacer un acto para limpiar de alguna manera el nombre del equipo con respecto al vínculo que tuvo anteriormente con el narcotráfico, debe haber otras formas de hacerlo, reconociendo que sí hubo dineros mal habidos, pero sin entregar ninguna de las estrellas”.

Paulo César Cortes, presentador televisivo de Noticias Uno, es escéptico respecto a la utilidad de la medida, aunque arriesga: “Sin el dinero del narcotráfico sin duda el fútbol de los '80 en Colombia no hubiera sido lo mismo, el América trajo jugadores de la calidad de Roberto Cabañas, Ricardo Gareca o Julio César Falcioni, Millonarios al Panza Videla Campeón en 1985 de la Copa Libertadores con Argentinos Juniors, los mundialistas peruanos como César Cueto y Guillermo La Rosa, pasaron por Nacional, América, Pereira y Cúcuta, jugadores de esa categoría hoy por hoy no podrían jugar en Colombia, sin duda el fútbol colombiano fue permeado por el narcotráfico, algo que muchos no quieren entender y que otros quieren ignorar, posiciones muy respetables pero que no comparto”.

UN HEROE DE LA HINCHADA, como Di Stéfano o el Gambeta Estrada. La barra de Millonarios le guarda tributo al narco financista.

El Mexicano desembarcó en Millonarios a mediados de 1982 junto a otros dos socios. Las contrataciones ruidosas, traspasos millonarios para la época, marcaron su etapa al frente del club bogotano. Contrató, entre otros, al entrenador argentino Omar Pastoriza y a Sergio Goycochea. En 1985, su último socio vivo murió de un aneurisma y Rodríguez Gacha acaparó todo el poder. Amante del lujo que proveían las fincas y las estancias, llegó a acumular 116 de estos paraderos narcos alejados de la ciudad, abundados de verde, verdaderos fortines impenetrables que fueron una moda entre sus colegas de época como refugio y ostentación. Cuenta una leyenda, llevada y traída tantas veces que es difícil limitar lo real de lo inventado, que tras un triunfo importante invitó a diez futbolistas a pasar una noche en una de sus mejores fincas. Entre el alcohol, las prostitutas, la música y la comida acumulada durante casi dos días de juerga, los jugadores, agotados, se echaron a dormir y no se despertaron hasta que el Mexicano, harto de tanta modorra, los levantó a punta de ametralladora alegando que si los había invitado era para que se divirtiesen y no para que se echaran a dormir.

Con esa misma soltura habría exhibido en aquel encierro descontrolado, se dedicaba a hacer negocios con el patrimonio del club. El, y el resto de los narcos que incursionaron en el fútbol, utilizaban la vidriera de los equipos para revender a las estrellas contratadas con plata de sus bolsillos. En 1989 cayó en desgracia. El gobierno colombiano había tasado su cabeza en 500 millones de pesos. La Operación Apocalípsis, una misión del ejército especialmente abocada a la captura de los capos narcos, rastreó sus huellas y lo ubicó en la zona de Tolú. Tras varios intentos de fuga, lo acorralaron y lo mataron junto a su hijo Freddy.

El manoseo que los narcos hicieron sobre el fútbol incluyó artimañas para defender sus negocios de lavado de dinero. Durante el encumbramiento de estos personajes, la Liga colombiana perdió credibilidad. Desde arreglos de partidos, amenazas a los árbitros (asesinato incluido de uno de ellos) y jugadores rivales, una prensa temerosa, políticos negligentes y conniventes, la justicia amodorrada, contribuyeron a la consolidación de una conducta amparada en el terror a las represalias.

De ese pasado incriminatorio quiere desligarse Gaitán. Ya dio el primer paso que, a pesar de los cuestionamientos, sirve y servirá para seguir saneando, por medio del debate, la herida de un país entero. Hay quienes auguran que de prosperar la idea de Millonarios, sería el principio de una deuda pendiente que el pueblo colombiano tiene consigo mismo.

Por Redacción EG: 12/10/2012

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