Nota publicada en la edición de octubre de 2012 de El Gráfico 

EL COSMOS setentista: Pelé campeón, Beckenbauer, Chinaglia, porristas, Buggs Bunny mascota...

El nombre no podía ser otro. Alguien pensó en ponerle Cosmopolita, pero otro más propuso una denominación con más punch: Cosmos. Es evidente que son varios los estadounidenses que a la hora de generar una idea piensan en un combo. Incluso mucho antes de la aparición de cualquier cadena de hamburguesas. El Cosmos de Nueva York, el primer equipo que viene a la memoria cuando se piensa en la historia del fútbol de Estados Unidos, fue una concepción global. Se pensó en el negocio y se pensó en el deporte. Se construyó con dinero: se contrató a Pelé, a Beckenbauer, a Chinaglia, a Carlos Alberto, se armaron reglas de juego acorde con las costumbres culturales, se hizo y se vendió merchandising. Hasta que un día el show se apagó. No hubo estrellas ni billetes para sostenerlo.

Y sin embargo, ahora aparece otra vez.

Después de 29 años, el Cosmos vuelve a ser noticia. En julio se confirmó que el equipo jugará desde la temporada 2013 en la North American Soccer League (NASL), la segunda división de su país. La receta parece ser la misma.

“Aspiramos a jugar en la más alta división que podamos. El objetivo final es mucho mayor: llegar a la MLS, encender de nuevo la marca mundial y convertirnos en el mejor equipo de América del Norte”, dijo Seamus O’Brien, ahora presidente del club que fue comprado por una empresa de Arabia Saudita, que a su vez le compró la marca al británico Paul Kemsley, que antes le había comprado la marca a Peppe Pinton, un asistente del delantero italiano Giorgio Chinaglia, también comprador. El Cosmos que volverá a salir a escena el año que viene tiene varias de estas anécdotas para desentrañar.

UN CAPRICHO

La historia del New York Cosmos está genialmente retratada en la película “Once in a Lifetime, The Extraordinary Story of The New York Cosmos” (Una vez en la vida, la extraordinaria historia del New York Cosmos). Allí los protagonistas cuentan el inicio del club: los hermanos Ahmet y Nesuhi Ertegün, ejecutivos de Warner Comunications, le manifestaron a Steve Ross, presidente de la compañía, la intención de fundar un club de fútbol.

La charla se dio en un contexto histórico que sirvió para convencer al jefe, que sabía de cine, televisión y negocios, pero que no tenía idea de qué se trataba patear una pelota. La Liga estadounidense tenía ahí apenas dos años de historia.

Era el tiempo del Mundial de México 70, que se jugó cerca de Estados Unidos. Los hermanos Ertegün fueron allí a hacer contactos y organizaron fiestas pomposas. Pelé fue el invitado de honor.

El periodista deportivo Clive Toye también fue parte de la constitución: él ya se había acercado con la idea a Ross y fue contratado como manager general.

La fecha de fundación fue el 4 de febrero de 1971. Se empezó de cero. Para captar hinchas, se hicieron spots publicitarios que tenían a los futbolistas como protagonistas. “Sé que no han oído hablar de este deporte”, decían en cámara.

El fútbol llegaba a un país sin ninguna tradición con este deporte. Los jugadores del plantel se entrenaban dos veces por semana y tenían su trabajo aparte. El toque yanqui no faltó: un chimpancé fue elegido como mascota del equipo.

Imagínense si era raro. Rafael de la Sierra, vicepresidente del Cosmos, ni siquiera sabía cuántos jugadores había por lado en una cancha.

Para la camiseta se eligieron los colores amarillo y  verde, en honor a Brasil, que venía de coronarse tricampeón mundial. Toye, que debía captar talentos para el equipo, confesó hace unos años que encontrar a un futbolista local que jugara bien era imposible. Las imágenes de aquel primer equipo se ven ridículas: las camisetas tenían números atrás, pero también adelante. Y eran grandes. Bien grandes.

En la Liga de 1971, el Cosmos ganó nueve partidos, empató cinco y perdió diez. Con suerte, iban 200 personas al estadio. La mayor parte del público eran latinos.

En 1972, se consagró campeón. Sin figuras, venció a St. Louis 2-1 en la final. El jugador más destacado era Randy Horton, un delantero que había nacido en las Islas Bermudas. Pero a los estadounidenses no les llamaba la atención la gloria. Había muy poca convocatoria. Para colmo, 1973 y 1974 fueron años para el olvido. A Steve Ross todo eso dejó de causarle gracia.


DIA CLAVE en la primera era: Pelé firma el contrato junto a su mujer Rosemarie.

¿WHO IS PELE?

La maquinaria tenía que empezar a generar dinero. Ross se había fanatizado con el chiche nuevo, pero con eso no alcanzaba. La primera decisión fue mudar el equipo más cerca de la ciudad. También hubo una moción clave.

-Lo que necesitamos es un jugador de renombre.

El nombre de Pelé sonó inmediatamente. Algunos no lo conocían. Un grupo de dirigentes viajó a Brasil a convencerlo para que se sumara. Los motivos no eran deportivos y el brasileño lo tenía claro: ya retirado del Santos, su situación económica –se rumoreaba– no era buena, tras un par de malas inversiones.

No hay una cifra exacta acerca de su contrato: se habla de 3 millones de dólares y también de 5.

Su presentación (junio de 1975) fue caótica: hasta los periodistas querían sacarse fotos con él. El Rey del fútbol de ese entonces llegaba a una tierra donde el deporte más popular, el béisbol, se jugaba con las manos. Es como si hoy Lionel Messi fuera a parar al fútbol neocelandés.

“El fútbol por fin llegó a Estados Unidos”, declaró Pelé ese día. Su imagen sirvió para aumentar el número de gente que se acercó a ver al Cosmos. Los chicos comenzaron a practicar el deporte en las escuelas. Los estadounidenses saben generar impacto. Es como si tuvieran el tinte hollywoodense en su ADN.

A la propia Liga le interesó el negocio. Una nota de El Gráfico posterior a la final del torneo de 1977 detalla que se hizo un estudio para evaluar cómo atraer simpatizantes. El resultado mostró que los estadounidenses siempre quieren un ganador: el empate tiene gusto a aburrida neutralidad. Por eso, se modificó el reglamento. En caso de igualdad, los equipos debían jugar tiempo suplementario. Y si persistía la paridad, el juego se definiría con un enfrentamiento entre un futbolista, que partía con pelota desde el centro de la cancha, y el arquero.

El fútbol se mercantilizó. Algunos equipos armaban su cajita feliz para los hinchas: les ofrecían la entrada y por unos dólares más agregaban un par de hamburguesas y la foto de un jugador. Los demás clubes también empezaron a contratar a figuras de renombres. Por caso, George Best, Eusebio, Bobby Moore y Gordon Banks también pasaron por el fútbol de Estados Unidos.


DREAM TEAM

Los primeros nueve partidos del brasileño fueron un éxito: con él en cancha, el Cosmos ganó siete de ellos. Pero Pelé solo no podía llevar al club a la cima. En 1976 llegó Giorgio Chinaglia. Venía de ser el goleador de la Lazio, campeón italiano, un equipo temible: varios de sus jugadores, Chinaglia incluido, tenían armas y simpatizaban con el fascismo. Una manera de divertirse era dispararles a las lámparas de los hoteles.

Alto, grandote, blanco y rebelde, Chinaglia –que falleció de un infarto en abril de este año– se erigió rápidamente en la contracara de Pelé en el plantel. Astuto, el italiano se hizo amigo de Steve Ross y empezó a tener peso en las decisiones del club.

“Yo era el que mandaba la pelota adentro de la red. Seguramente no me soportaban. Me importa un bledo”, expresó en “Once in a Lifetime”. Y habló sobre su relación con el brasileño: “Afuera de la cancha era tranquilo y agradable. Adentro, tuve problemas con él”.

Para la temporada 1977, la última de Pelé, se terminó de conformar el equipo de los sueños. Se contrató al alemán Franz Beckenbauer y al brasileño Carlos Alberto. En total, se sumaron 14 nuevos futbolistas de siete países diferentes. Un Cosmos cosmopolita.

Fue un boom. Jugaban en el Giants Stadium y hubo veces en que la capacidad superó las 70 mil personas. Las recaudaciones eran de alrededor de 500 mil dólares. Había porristas, show en el entretiempo y una nueva mascota: Buggs Bunny. Los palcos de honor estaban llenos de políticos, actores, famosos. Pelé, incluso, le daba clases particulares de fútbol a David, hijo de Henry Kissinger, secretario de Estado por entonces.

La fiesta era total: después de cada partido, los futbolistas iban a bailar al boliche Studio 54, una especie de Esperanto de la época.

La final fue ante Seattle. Las estrellas no marcaban diferencias. El primer gol lo anotó Steve Hunt, un inglés de 21 años. Seattle empató y el Cosmos, con Pelé, Beckenbauer, Chinaglia y Carlos Alberto no le encontraba la vuelta. Hunt fue clave otra vez: mandó el centro para que Chinaglia, de cabeza, marcara el 2-1.

Después de dar la vuelta olímpica, el italiano dijo: “No jugamos bien porque dedicamos muchas horas a la publicidad del Cosmos, pero tenemos experiencia y eso nos beneficia”.

Pelé lloró: el título fue del Cosmos.


TWICE IN A LIFETIME

Giorgio Chinaglia decidió comprar una parte mayoritaria del paquete accionario en 1985, el mismo año en el que el club se retiró de la MLS. A esa altura, el Cosmos ya tenía cinco trofeos de campeón (1972, 77, 78, 80 y 82).

Un asistente del italiano, Peppe Pinton, una persona que estéticamente parece un personaje (flaquísimo, narigón, con bigotes y anteojos) se hizo cargo del nombre y finalmente se lo quedó. Pero no promovió la actividad. Hasta que Kimsley compró la franquicia, que después fue comprada por una empresa árabe (Sela Sport International Company). En 2011, Pelé fue designado presidente honorario y el francés Eric Cantoná, director deportivo. Los dos estuvieron presentes el día que el Cosmos disputó un amistoso ante el Manchester United para el retiro de Paul Scholes.

Ahora, el anuncio ya está hecho: el Cosmos volverá a tener vida. O a intentar tenerla.



LOS CAPITANES Passarella y Chinaglia salen a la cancha en el partido entre Cosmos y la Selección Argentina de 1979.

FRENTE A LOS ARGENTINOS

Ya convertido en una marca, el club disputó varios amistosos, algunos ante equipos argentinos. En septiembre de 1978, Boca viajó a Nueva York para enfrentar al Cosmos: el partido terminó 2-2. Ernesto Mastrángelo y Osvaldo Potente marcaron los goles de Boca, mientras que Chinaglia y Alan Willey hicieron los del Cosmos.

El equipo tuvo giras por diferentes lugares del mapa. Argentina figuró entre ellos. En noviembre de 1978, el Cosmos venció 2-1 a Independiente Rivadavia, empató 1-1 con Belgrano y después perdió contra Boca 4-2. También jugó un amistoso ante Cipoletti: 1-1. Y se enfrentó a la Sub 20 de Argentina, en Tucumán y con Diego Maradona en la cancha (pero sin Pelé): el equipo de Menotti ganó 2 a 1.

Maradona volvió a chocar con el Cosmos con Argentinos Juniors, en el estadio de Vélez. Hizo un gol, pero perdió 2-1. Además, empató 2-2 un amistoso contra Resto del Mundo, un equipo que fue dirigido por César Luis Menotti.

En 1979, la Selección argentina que había ganado el Mundial un año antes fue a Nueva York para enfrentar al Cosmos: ganó 1 a 0, con un gol de Daniel Passarella, a un minuto del final (en la foto, los equipos ingresan a la cancha encabezados por sus capitanes, Passarella y Chinaglia).

En 1980, River lo enfrentó en Estados Unidos. Fue 1 a 1 y Jota Jota López marcó el tanto de los argentinos.

En 1981, empató 2-2 con Deportivo Morón, venció 4-1 a Cipolletti y 9 a 1 a Boca de Bariloche.

En 1984, poco antes del fin de la primera etapa, superó 3-2 a Argentinos Juniors y en 1985 igualó con Independiente 2-2.

Por Ayelén Pujol. Fotos: Archivo El Gráfico



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