Juegos olimpicos

Formalmente, los Juegos Olímpicos aún no comenzaron. Recién el viernes será la ceremonia inaugural y el desfile de los países. Para ajustarse al calendario, sin embargo, el fútbol adelantó dos días el inicio de la competencia. La selección femenina de Corea del Norte está terriblemente indignada. No es para menos: en el debut de esa selección ante Colombia, en Hampden Park, los organizadores confundieron la bandera de ese país con la de su vecina Corea del Sur. Así no, muchachos.

Ellas iban caminando por el túnel hacia la cancha. Cordialmente, se saludaron con sus rivales colombianas. Todo listo, el día esperado había llegado. Qué si más gratificante que poder disputar un Juego Olímpico representando a tu bandera. ¿A tu bandera?... No, no. Porque se ve que los organizadores se llevaron Geografía a marzo toda la vida. Confundieron la insignia con la de la otra coreanos, y las chicas, entonces, se amotinaron. Ahí nomás, en el mismo túnel, decidieron no salir a la cancha. Los ánimos se caldearon, el entrenador estalló y no disimuló su bronca ni siquiera cuando las cámaras lo enfocaron hablando con sus colaboradores. La delegación llegó a acusar a los responsables de haber cometido el exabrupto adrede.

Los responsables del despiste, hay que reconocerlo, reaccionaron a tiempo. Por los altoparlantes pidieron las respectivas disculpas y trataron de infundir calma en el público, que ya comenzaba a retirarse. Avisaron que en un par de minutos la cuestión se normalizaría, que habría bandera norcoreana en la pantalla del estadio y que las asiáticas saldrían a afrontar el compromiso. ¿Qué pasaría por las cabezas de los espectadores? Acaso creyeron que se trataba de una broma de mal de gusto. ¿Tamaña organización es capaz de errar en semejante detalle?, no cabe en ninguna cabeza. Para los que hayan revisado el archivo, el episodio no debe haber resultado novedoso. Es que antes del inicio de la competencia, en abril, la misma organización había pifiado pero de forma mucho más grosera (sin menospreciar el afán nacionalista de las muchachas ofendidas). Keith Moon, el genial baterista del grupo británica The Who, fue invitado a tocar en la ceremonia de cierre de la competencia. Un honor, cuántos músicos desperdigados por el universo darían lo que fuera por tener esa chance. Si Moon viviera seguramente habría aceptado la propuesta. Si tuvieron la delicadeza de convocar a un artista fallecido, cómo sorprenderse ante la confusión entre dos banderas. El exagente del baterista fue ingenioso. En vez de alertar el desacierto procurando evitar que la noticia trascendiera, respondió la invitación indicando que si pretendían contar con los servicios de su "representado"  fueran a preguntárselo personalmente... Al cementerio.

Una vez enmendado el error, las jugadoras colombianas no quisieron ser menos que sus colegas y solicitaron una prórroga de media hora con la excusa, entendible por cierto, de que necesitaban volver a calentar los músculos. El partido pudo comenzar recién una hora después de lo previsto, prácticamente sin gente en las tribunas. Al menos las asiáticas pudieron convertir sobre el final el único gol del juego y se llevaron los tres puntos.

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