CORDOBES de Río Cuarto. Tras nueve años de exilio en el fútbol ruso acaba de sellar su vuelta a la Argentina. Rosario Central confía en sus goles para volver a la A.

La nota original salió publicada en la edición de julio de 2012 de El Gráfico. A continuación, un complemento exclusivo para nuestros lectores web.

NUNCA HAY que bajar los brazos. Esa es la mejor enseñanza que Martín Palermo me dejó. Siempre hay que darle para adelante y superar cualquier adversidad. Si bien su juego era más físico que el mío, aprendí de él otras cosas: la ubicación en la cancha, el salto, el cabezazo, el anticipo, el esfuerzo. Son cuestiones que intentaba imitar de Martín. Pero no pude (risas). Palermo es un ejemplo como persona y profesional. Es un grande. No sé si él sabe qué representa la palabra “Palermo” para muchas personas.

CUANDO ME comparaban con Palermo, me generaba orgullo. Es el mejor 9 de Boca en toda la historia del club. Es genial que te comparen con el mejor, aunque no le llegues ni a la mitad de lo que fue él. Algunos sufrieron esto como si fuera cargar con una cruz. Yo, feliz.

MI MEJOR partido en Boca fue ante Independiente en 2003, en mi último encuentro en la Bombonera. Resultó completo: metí un gol, puse una asistencia para otro tanto, jugué bien y me sentí cómodo y confiado.

ERA ESPECIAL jugar en Boca. ¿Los motivos? El club, su historia, su ideología, su gente, ser hincha, haber crecido ahí, los colores, el barrio porque viví en La Boca y en Barracas, y la Bombonera era algo único los domingos de partido. El que estuvo ahí lo sabe.

¿QUIEN SE
puede identificar conmigo? Por ahí caí bien en Badajoz, porque el argentino es muy rockero y a ellos tal vez les gustaba que yo también lo sea. El cántico más loco que escuché hacia mí fue “El Bracagoool, El Bracagoool” en la Bombonera. Encima, se cantaba con la música de la marcha peronista y mi abuelo, que murió hace mucho, se hubiera muerto ahí mismo, ya que era radical e hincha de River (risas). Y en Badajoz había dos canciones dedicadas a mí. La primera: “Héctor Bracamonte, lararalararalara”, con la música de Los Picapiedras. La segunda: “Arriba Chucho con ese balón, Chavi Moro la prepara y Bracamonte con la mano mete el gol”. ¡Tremendo! El asunto es que había convertido con la manito en España.

UTIL SOCIALMENTE. Así me sentí en agosto de 2002, cuando fui tres o cuatro veces a dar charlas al penal de Marcos Paz. Les saqué una sonrisa a los chicos que estaban ahí. Pude cantar y escucharlos -que es lo que más necesitan-. Reconozco que la primera vez me llevé una sensación fea al salir de ahí, porque todo se cierra con ruido a metal pesado. De todas maneras, rescato a gente de primera como Alexis, María José, Seba y Lean, que ya son amigos.

JUGUE POCO en la Argentina y tengo cuentas pendientes en lo que al fútbol se refiere. Pero ni salir campeón ni otras cosas me quitan el sueño.

TENGO LA vida que imaginé. La luché un montón en el país y en el exterior, jugué en la B Nacional (Los Andes y ahora Rosario Central), sufrí faltas de pago, un apriete y hasta representar a equipos débiles. Pero haber vivido eso, me hizo disfrutar el doble de las alegrías.
La entrevista completa a Héctor Bracamonte para la sección Confieso que he aprendido aparece en la edición de julio de 2012 de El Gráfico, que está en todos los kioscos de diarios y revistas.

Por Darío Gurevich
Twitter: @dariogurevich


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