LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Claudio Graf, en primera persona

- por Redacción EG: 28/04/2012 -

Bahiense, de 36 años, jugó para 16 clubes entre el fútbol argentino, chleno, mexicano, ecuatoriano, búlgaro y turco. Pese a no salir campeón y descender tres veces, construyó una carrera muy respetada a través de 18 años.

 Nota publicada en la edición de abril 2012 de El Gráfico 


"Soy serio, hasta vergonzoso. Conservo un perfil bajo. Me educaron así", admite Graf. Su rostro lo avala en la foto tomada por Hernán Pepe para la producción.

 VENGO DE una familia humilde. Mi viejo es albañil y mi mamá, tintorera. Somos cinco hermanos y nunca nos faltó nada. Ellos se mataron por nosotros. Siempre jugué a la pelota en diferentes barrios de Bahía Blanca. En uno, cuando se hacía de noche, armábamos los arcos en una esquina puntual, donde estaba la única luz. En otro, pateábamos en una playa de estacionamiento -también de noche-, porque era el lugar donde se veía bien.

COMENCE EN Liniers de Bahía Blanca a los 10 años. Debuté en Primera en 1994 en un torneo regional, lo que sería hoy un Argentino A, y terminé como goleador. Cayetano Rodríguez, bahiense también, me llevó a Banfield al año. Fue un paso enorme. No me jugó una mala pasada no haber hecho las Inferiores en Buenos Aires. Entré ante Vélez, una de las potencias, en mi primer partido en la A, en 1995. Recuerdo que lo vi a Chilavert, pateé y me salió despacio. Igual, fue un sueño.

INTEGRE UN Sub 20 de Pekerman. Con el grupo que ganó el Mundial de Qatar 1995, competimos en el Torneo Esperanzas de Toulon 1996. “Claudio, estuve a punto de llamarte para Qatar porque te había visto en Bahía Blanca”, me dijo Pekerman. No lo podía creer. Hubiese sido impresionante ir de Bahía a un Mundial juvenil.

LA MANO del Diego no fue. Visitábamos a Vélez con Colón, agosto de 2000. Vino un centro al primer palo y la pelota me pasaba. No quise sacar ventaja, pero tiré el manotazo por instinto. Cuando me di vuelta, resultó que Madorrán cobró gol. Yo esperaba la amarilla. Cuando terminó el primer tiempo, Tití Fernández, si no recuerdo mal, me preguntó al aire si la había tocado con la mano. A mí no me daba la cara para decirle que no. Era inocultable. Y le respondí que sí. A Madorrán le contaron lo que declaré y se la agarró conmigo. Pensó que lo había canchereado. No hubo discusión. Traté de que no se pusiera mal, pero ya estaba caliente. Apenas entramos al segundo tiempo, me aclaró: “No te voy a cobrar nada”. Me la banqué, pero pasamos 45 minutos letales. Por suerte, terminó 1-1 y nos trajimos un punto.

ESTUVE EL mismo tiempo en Colón y en Lanús, e hice casi la misma cantidad de goles. Son, sin duda, los lugares en los que mejor rendí y me sentí. Mis compañeros, con quienes me entendía bárbaro, fueron la clave.

LA PICARDIA es el elemento fundamental en el fútbol. Si uno sabe jugar más o menos bien y es pícaro, saca ventaja. Por eso, nosotros tenemos tan buenos jugadores dando vueltas por el mundo. Somos vivos para movernos y engañar al rival. Eso es potrero. Todo sirve: hacer rápido un lateral, un tiro libre; un amague. Esto nos caracteriza. Justamente, era lo que faltaba en Bulgaría y Turquía. Ellos son estructurados; nadie se sale de la táctica porque al técnico le disgusta. Eso le quita encanto al juego. Allí no está instalado hacer una diferencia con una fantasía.

En Gimnasia, uno de los tres equipos con que descendió, junto a Chacarita y el Sakaryasport de Turquía. (Foto: Photogamma)

 ME TOCO descender tres veces. Con Chacarita y Gimnasia (LP) en la Argentina, y con Sakaryaspor, en Turquía. El público lo vive de distinta manera en cada país. Acá parece como si se murieran cien personas en la cancha, pero lo único que ocurre es que un equipo descendió y tendrá que competir en una categoría menor. El hincha seguirá siendo hincha y no modificará su sentimiento. Es un tema a revisar. Habría que tomárselo más tranquilo. Hay gente que se pone muy mal. En Turquía, en cambio, ya el sistema es diferente al ser un torneo anual: bajan los últimos cuatro. Fui a un conjunto modesto, que estaba último, en el segundo semestre de la temporada. No había muchas posibilidades de salvarnos y la gente era ubicada. Sabía que teníamos el equipo más humilde de la categoría y si hacíamos un buen partido, nos aplaudían. Y si ganábamos, mucho mejor. Pero si perdíamos, se retiraban en silencio y punto.

A MENOTTI hay que dejarlo hablar y escucharlo. Tuve la suerte de que me dirigiera. El fútbol es tal cual como lo cuenta, con ese toque de magia. Te pide lo más fácil, pero se torna lo más difícil: pasársela bien a un compañero. Después, te dice que recuerdes lo que hacías en el barrio; es sencillo. No me acuerdo de un jugador que estuviera enojado con él, aun sin jugar durante el campeonato.

VIVI LO peor en Veracruz. El equipo iba bien, rendía en lo personal y me rompí los ligamentos de la rodilla en la fecha 14 o 15. Esperé dos semanas hasta que se cortara el torneo y me vine para Buenos Aires. Me habían permitido realizar la primera parte de la rehabilitación en la Argentina durante dos meses. Cuando volví a México, me enteré de que habían usado ese permiso -falso, por cierto- para dejarme sin club. Fue doloroso. Regresé al país, entonces, y Lanús me recibió bárbaro. El técnico era Luis Zubeldía. Hice el resto de la rehabilitación con el kinesiólogo Javier Ríos y me entrené como si fuera uno más del plantel. Los médicos también me trataron de diez, sin tener la obligación. Soy un agradecido a Lanús. Cuando paso por el club, parece que no me hubiera ido nunca.
MAS ALLA DE la habilidad, hay futbolistas indiscutibles. Palermo es uno. A mi papá no le gustaba, pero eso no quería decir que fuera un burro. Mirá lo que se mantuvo en Primera, la cantidad de goles que marcó. La competencia es mucha, al igual que el estrés, y si un tipo anotó más de 250 goles, algo tiene. Al final, mi viejo me dio la razón.

LOS CHICOS que surgen tienen un desgano terrible a veces. ¿Cómo puede ser que no quieran entrenarse? Yo todavía disfruto de eso, de estar con el grupo. Cuando me fastidie hacerlo, me quedo en casa. Sé que el final de mi carrera está cerca. Compito hace muchos años en un alto nivel y se siente. Pero sigo entrenándome para jugar. No pienso todavía en retirarme.

Pivoteando con la casaca sanjuanina marcado por el Poroto Cubero de Vélez. (Foto: Photogamma)

 ME GUSTARIA seguir ligado a la actividad, porque me encanta. Cuando llegue, no creo que mi retiro sea traumático. Entregué el máximo en cuanto a lo físico. No tengo nada para reprocharle a mi cuerpo. No me pondré mal cuando no responda más.

ENTIENDO AL entrenador que te pone solamente adelante. Uno debe adaptarse a las necesidades que tiene el equipo, por más que quiera otra cosa. Cabrero armó un 4-5-1 en un partido de Copa con Lanús. Me pidió que la aguantara, que buscara la falta; el empate nos servía. Cuando se terminó la charla técnica, se me acercó Bossio con una radio pequeña y me dijo: “Tomá, Claudio, escuchá el partido por acá aunque sea”. ¡Ja! Chiquito tenía razón: iba a participar poco. Logramos empatar 0-0, terminé muerto y golpeado; me quedó lejísimo el arco. Sin embargo, me hubiese encantado que me acompañaran dos delanteros por afuera para que me tiraran centros. Hubiera sido más lindo, pero había que hacer otro juego.

EL FUTBOL no tiene tantos secretos; es como cualquier trabajo en cuanto a la responsabilidad. Uno no debe alimentarse mal, ni ir a la práctica sin dormir. Eso les juega en contra al que lo hace y al grupo. Es vital el contagio acá. Y el contagio para mal se transmite rápido. No se juega con la profesión. Si se pretende ser futbolista, hay que tomárselo en serio. Y no porque no llegues a jugar, sino porque no podrás permanecer. Muchos debutan y juegan algunos partidos, pero lo complicado es mantenerse.

UNO DEBE tratar de rendir. No siempre jugué. Se puede esperar la oportunidad de manera activa o pasiva. Prefiero la primera opción. Así estás más cerca de la titularidad.

LA EXPERIENCIA fue difícil en Bulgaria, pese a que el primer semestre estuvo bueno. Jugamos, con Litex Lovech, la Copa UEFA, además del torneo local. Nos enfrentamos con equipos importantes que nunca me había imaginado cruzar: Bolton en la pretemporada, Panathinaikos por la Copa. Si pasábamos, Milan nos esperaba. No se dio. Pero significó un crecimiento deportivo y económico. Luego, se complicó el asunto. Corríamos en un camino de nieve en la pretemporada de invierno. Un mes así, y solo. “¿Qué hago acá?“, me pregunté. Entonces, decidí volverme a los ocho meses.

ME PONE mal la excesiva presión que ejercen los clubes y ciertos hinchas con los jugadores. Parece que perder un partido es la muerte de alguien, y solo se trata de perder un encuentro. Existen tres resultados posibles. Se busca el triunfo, pero caer siempre está latente.

EL ARGENTINO se cree más de lo que es. “La Selección debe ser campeón”, decimos. Y tal vez, no. Miremos los torneos que hizo de acá para atrás. Se nos complicó ganar algo. Pero vamos al Mundial y pensamos que somos candidatos. Es cierto que contamos con Messi y con la esperanza de consagrarnos en estos años. El problema es que no ganar se toma como un fracaso. Y no es así.

APRENDI A competir por ser futbolista. Era difícil llegar, jugar y permanecer tanto tiempo en Primera desde Bahía Blanca; quizás una cuestión que ni siquiera había soñado. Todo el país quiere jugar al fútbol; pocos son los que lo logran y menos, los que se mantienen. Esto es una competencia constante.

Por Darío Gurevich
 

Por Redacción EG: 28/04/2012

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