LAS ENTREVISTAS DE EL GRáFICO

Víctor Zapata, en primera persona

- por Redacción EG: 11/04/2012 -

Se consagró en River, pasó por Valladolid y ahora brilla en Vélez. Admite que es un agradecido a Ramón Díaz, quien lo apañó cuando era resistido por la San Martín.

Nota publicada en la edición marzo 2012 de la Revista El Gráfico

"NO SABES cómo me cuesta esto", revela Víctor Zapata entre risas, mientras se planta para posar para la lente.

SOY DE PERFIL bajo. Por eso, me cuesta dar notas. No es por esquivar, sino porque tengo cierta timidez. Por más que cuente con años de carrera, no me gusta estar delante de cámara. De todos modos, es distinto dentro del grupo. Ahí la mayoría somos bromistas y divertidos. Poroto Cubero, igual, nos saca una cabeza a todos.

SIEMPRE ME ENCANTO el fútbol. Me fascinaba armar una pelota con medias, patear otras pinchadas. No fui muy bueno para los estudios y era complicado jugar y estudiar en ese entonces. Hasta hoy me divierten las prácticas y participó de algún partidito con amigos durante las vacaciones.

FUI UN BUSCAVIDAS del fútbol. Empecé a jugar a los 13 o 14 años en el baby, pasé por la escuelita de Chacarita, me probé en Central Ballester y quedé en Juventud Unida, donde debuté y estuve un año o año y medio en Primera. Lo mío era correr y meter.

EL ASCENSO era complicado. Hice mi presentación a los 16 años. No había Inferiores en Juventud Unida, solo Primera y Tercera. Las canchas no eran lindas y se podía demostrar poco. Ahí era jugar por gusto. Los muchachos la peleaban mucho; le metían un montón de corazón. No sabés cómo raspaban los más grandes. Igual, estaba curtido porque disputaba campeonatos en San Martín, donde nací y me crié. Eso me ayudó. De todas maneras, me mimaban, me defendían en el grupo, por ser el más joven. Era pesado jugar ahí. Los cruces con Cañuelas, Yupanqui y Sacachispas resultaban bravos.

LLEGO A ARGENTINOS por un aviso en el diario. Fui a probarme con un compañero de Juventud Unida y había demasiados chicos. Todos querían mostrarse como delanteros o mediocampistas. Yo jugaba de volante o lateral por izquierda. Como veía que no tendría la chance si decía que era carrilero por la cantidad de pibes, avisé que me paraba de seis. José Malleo me tiró de tres al rato y luego de volante por izquierda.

MALLEO ME enseñó a jugar de carrilero por izquierda: bien abierto y sorprendiendo por afuera. Aprendí mucho con él. También tuvo que tranquilizarme un poco. Mi juego era brusco y me expulsaban mucho. Es que pasé de jugar en la Primera de Juventud Unida a la Quinta de Argentinos. Salimos campeones al año y Chiche Sosa, otro de quien aprendí, me subió al plantel profesional. Pensá que no tenía una base de Inferiores.

RAMON DIAZ me dejó mucho. Esos recuerdos están en mi mente. Soy un agradecido. El me apañó y me dio confianza cuando llegué a River. Era muy cuestionado, la platea San Martín se me caía encima. Pero Ramón y Omar Labruna me hablaban siempre. Incluso, mejoré mi pegada gracias a ellos porque nos quedábamos pateando. Ramón, que le pegaba bárbaro, me aconsejaba permanentemente. Al momento de jugar, también me transmitió tranquilidad. Me decía que pidiera la pelota, que la agarrara.

“NO LES HAGAS gestos que nosotros sabemos cómo jugás. Te bancamos. Pero no quiero más señas a la tribuna”. Fue una frase de Ramón que me marcó. Yo corría a más no poder y me daban bronca los silbidos del hincha, no los podía tolerar. De a poco, fui rindiendo y la gente lo reconoció.

JUGUE CON FUTBOLISTAS impresionantes: Aimar, Saviola, Angel, Yepes, Placente. Del Burrito, olvidate. Ortega explotaba en ese momento. Aimar y Saviola, además, eran incontrolables de mitad de cancha para adelante.

LOS CUATRO TITULOS locales que gané en mi primera etapa en River los disfruté a todos. Me sorprendió un poco el primero, Apertura 1999. Fue gigante. Compartir eso con gente reconocida en el fútbol, entre tantas estrellas, me ponía medio mal porque recién había llegado al club. Pero ya estaba más suelto en el segundo, Clausura 2000, por haber disputado más encuentros. Si sos protagonista en el equipo, la consagración la gozás más.

CUERPO a cuerpo con Falcón, de Godoy Cruz.

CRECI PROFESIONALMENTE en Valladolid. Me había ido de River porque no tenía lugar. En España incorporé conceptos: jugar a dos toques, mostrarse y ser más preciso con la pelota. El fútbol allá es más rápido porque te mojan el pasto de la cancha antes de empezar el partido. Como me fui solo, me cuidaba mucho más y hacía seguido doble turno.

LA PRIMERA VEZ que ocupé la posición de doble cinco fue en Valladolid. Me paraba al lado de Caminero. El se soltaba más y yo corría que daba calambre. Jugué también de carrilero o lateral por izquierda. Cuando uno va a Europa, quiere integrar el equipo titular. Me preparé desde lo mental y estuve casi siempre en cancha. Un futbolista no se debe encasillar con su puesto.

DOS ETAPAS viví en River. El club me brindó mucho reconocimiento. Sufrí el descenso, me sorprendió. Aún me duele esta situación. Soy un agradecido y no tengo rencor por haberme ido mal con un dirigente o por otro motivo. River está haciendo las cosas muy bien en la B Nacional, categoría en la que hay una fricción a la que no estaba acostumbrado. Pero entendió el juego y todos corren para que el equipo funcione.

NUNCA ME PELEE mal con un entrenador. Quizás me agarré con Pellegrini en River, pero fue una charla nomás. Me dijo que no jugaba como volante por izquierda y le respondí que yo no iba de tres, donde me quería poner. Pero solo quedó en una conversación.

RICARDO LA VOLPE me ubicó de doble cinco en la Argentina. Me explicó que me necesitaba ahí y no de carrilero por izquierda. “Vos jugame en el medio que tenés control de pelota y un poquito de noción”, me dijo. Intenté convencerlo de que ese puesto no era el mío, pero no hubo caso. Entonces, arranqué junto al Mencho Bustos.

LOS DOS TITULOS que conseguí en Vélez fueron lindos. Aunque jugaban bien esos equipos, me gustó más aquel del Clausura 2011 por el sacrificio que hizo al competir en igualdad de condiciones en el torneo local y en la Copa Libertadores, donde llegamos a semifinales. Fue meritorio por el esfuerzo.

VELEZ PRETENDE jugar bien: se defiende con la pelota, la trata de recuperar rápido en el medio e intenta llegar al área rival con mucha gente. Nosotros no sabemos correr sin la pelota. Debemos aprender eso porque lo tendremos que aplicar en la Copa, que es complicada.

LOS MEJORES del año pasado fueron Vélez y Boca. No me molesta que no lo reconozcan o que se hable más de Boca. Sí me disgusta que se diga que Vélez no trata de jugar bien. Generamos juego y tenemos volumen de llegada al gol.

EL OBJETIVO es estar lo más arriba posible y pelear los diferentes torneos. No es que terminamos de jugar la Copa Libertadores y el técnico arma un combinado para el campeonato local. Acá es simple: finalizamos de jugar por la Copa y nos colocamos el chip del Clausura. Debemos hacerlo rápido porque no hay tiempo de recuperación. Nosotros no vamos a dejar el campeonato por la Libertadores. Al contrario: estamos preparados para afrontar las distintas competencias.

VELEZ NO INCORPORA porque algún empresario o allegado quiso meter a alguien, sino porque los dirigentes lo piensan demasiado. A los muchachos que se integran al equipo se los trata de la mejor manera. Es importante que los refuerzos, en general, sean revendibles. Además, contamos con chicos de Inferiores que los ponés y rinden. Ellos son proyectos impresionantes a corto plazo. Esto habla muy bien del grupo, porque los jóvenes se sienten cómodos. A todos el entrenador les da su apoyo, más claridad al momento de comunicarse.

LOS CHICOS que se suben a Primera son maduros. Lo importante en Vélez es que se los lleva de a poco. No se los coloca en momentos difíciles, se trata de que tengan la posibilidad en un buen momento y dentro de un equipo armado.

RICARDO GARECA conversa bastante con el grupo. Es un técnico claro al analizar el juego, no te pide locuras, no te explota la cabeza. Su tranquilidad y serenidad se trasladan al equipo adentro de la cancha. Charlamos en las prácticas sobre los rivales y los errores que cometemos. En su momento me hizo tranquilizar, porque me agarraba con la gente al devolver los insultos.

ZAPATA arrancó en Juventud Unida y hoy brilla en uno de los equipos más respetados de América.

SI ME DAN a eligir con quién compartir una cancha, no dudo: Messi, por su juego. Me encantaría tocar con él. Es el mejor del mundo; extraordinario. Cuestionar a Messi sería hablar mal del argentino, porque él es potrero, potrero.

NO DESCARTO JUGAR en la Selección. Sabella me citó hace poco ante Brasil, en Córdoba, y fue hermoso. Trato de hacer lo mejor que puedo en mi equipo y si llega la citación, bárbaro.

ME CONSIDERO un tipo ganador. De lo contrario, entraría a la cancha y sería un jugador mediocre. De hecho, el futbolista que se pone la camiseta de Vélez se siente ganador, por ser parte del plantel e intentar ganarse un lugar en el equipo.

DISFRUTO DE un gol propio como de poner una pelota profunda. Meterles un pelotazo de 25 metros a los delanteros, a espaldas o entre los centrales, es increíble, al igual que clavar una pelota fina. Me encanta. Trato de generar juego. Cuando no se logra, a sacrificarse. Yo me pongo el overol y corro. Quizás no soy un exquisito, ni el jugador que quiere ver la gente.

EL FUTBOL ARGENTINO no es mediocre. Al contrario. Es difícil. No todos vienen de Europa y se lucen acá. Hay equipos que juegan bien y otros que destruyen porque esa es su estrategia. Es cierto que pocos tienen jugadores desequilibrantes de mitad de cancha para adelante. Pero se tendrá que dejar al equipo del corazón de lado, y empezar a valorar al resto. Si Vélez, Lanús, Godoy Cruz juegan bien, se los debe reconocer.

NO ME GUSTAN del ambiente futbolero las peleas entre técnicos y jugadores. Un entrenador es como un maestro que les debería demostrar a los futbolistas que están equivocados y no salir al choque. También me duelen los cruces entre colegas.

MI VIEJO, hombre futbolero, me enseñó a ser respetuoso. Aprendí gracias al fútbol que hay que pelearla hasta el final, que uno se debe entrenar duro. Tanto las alegrías como las tristezas son experiencias para avanzar.

Por Darío Gurevich / Fotos: Emiliano Lasalvia
 

Por Redacción EG: 11/04/2012

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