Nota publicada en la edición enero 2012 de la Revista El Gráfico

EL FLACO volvió a Argentina este año tras ganar el Mundial de clubes con Rafa Benítez en el Inter.

“No es lo mismo ir en el asiento de atrás de la bici que conducirla”.
Mauricio Pellegrino revalida con creces el apodo de “Flaco”, a pesar de sus 40 años y los más de 5 que acumula como exfutbolista. No le sobra ni un gramo. Está en Buenos Aires desde mediados del 2011, cuando debió tomar una decisión trascendental: si seguir por algún destino incierto de Europa a Rafa Benítez, el DT español del que fue su ayudante por tres años y con el que venía de conquistar el Mundial de Clubes con el Inter, si establecerse en Valencia –su tierra adoptiva, donde nacieron sus tres hijos- a la espera de una chance en el Viejo Continente o si regresar a su tierra. Y aquí está, con deseos de comenzar a recorrer su propio camino.

-Quiero empezar mi carrera como entrenador –amplía el Flaco-, vivir mi experiencia, tomar mis decisiones. Para mí no tiene nada que ver ser ayudante con ser cabeza. Aprendí un montón con Rafa, una experiencia riquísima, un lujo. De hecho, apenas me había retirado como jugador, recibí propuestas para trabajar de principal pero todavía no había terminado el curso y prefería no quemar etapas. Las equivocaciones son las que más te hacen aprender. Y uno aprende a ser entrenador entrenando, no detrás de una computadora, las experiencias prácticas son las más ricas.

-¿No evaluaste los riesgos? A los ayudantes de Bielsa, por ejemplo, les fue mal cuando buscaron su camino...
-Lo que quiero es vivir mi propia experiencia, masticarla y saborearla de primera mano, después nunca sabemos qué nos deparará el fútbol. Trabajo para tener un plan de acción, para gestionar un grupo de la mejor manera y eso es lo que me moviliza ahora. Si los miedos te paralizan, no podés empezar con esto. Igual, no obtener los resultados que quiere el entorno no significa que te vaya mal.

-¿Vos proyectaste ser ayudante unos años para después largarte como DT?
-En el fútbol no hay que hacer ningún plan, casi siempre se da todo por casualidad. Yo siento una vocación. Me da satisfacción imaginar que mi equipo puede trasladar al campo aunque sea un pequeño porcentaje de las situaciones que entreno. Me gusta entender al jugador-persona en toda su dimensión. Me rebelo contra la idea de que todo está aprendido, hay muchas cosas por descubrir, el aprendizaje en el fútbol es inacabable.

UNA PRODUCCION para El Gráfico en el Obelisco cuando la rompía en el club de Liniers.

Para entender la vocación del Flaco, para comprender cómo construyó su carácter, manso y tranquilo en el hablar y el andar, hay que viajar a sus comienzos en el fútbol. Mauricio es de Leones, un pueblo de 10 mil habitantes ubicado en el sudeste de la provincia de Córdoba. Allí fue a golpear la puerta de su casa Hugo Tocalli, por entonces coordinador general del fútbol amateur de Vélez.

“Desde esos detalles se construye algo importante. No sé si hoy un coordinador se toma esa molestia. Ese tipo de actitudes marca de alguna manera el éxito de Vélez de los últimos años. Bianchi fue el hombre que hizo explotar al club con los títulos, pero cuando una institución tiene un momento cumbre, debajo siempre hay un trabajo de base, por eso salieron tantas camadas de jugadores”, razona Mauricio, que fue uno de los primeros en habitar la pensión del club. Eran apenas 4 o 5 chicos. Y ya le sacaba una cabeza al resto.

“Jugaba en la Tercera e iba a ayudar al quincho –evoca-. Había unos vidrios muy altos a los que no llegaba nadie, entonces me mandaban a limpiar a mí. Fue una etapa que me forjó el carácter. No conocía Buenos Aires y Néstor, el cocinero, y su familia nos atendían con mucho cariño, me daba unos mangos cuando lo ayudaba, y los domingos nos llevaba a su casa. Hace poco murió y me acordé muchísimo de él y de gente como Celestino Diez y otros más que son héroes anónimos. Fue una etapa dura y maravillosa a la vez, pero sin duda la que más me determinó la personalidad”.

Vaya si debió fortalecer el espíritu. Hasta los 23 años, Pellegrino era un abonado al banco. Bianchi le confió el cerrojo de la zaga a la dupla Trotta-Sotomayor. No faltaban ni se lesionaban nunca.
Después de ganar 9 títulos en Liniers, se fue a préstamo al Barcelona de Van Gaal. Lo primero que le sugirieron es que se cambiara el apodo. “Acá, el único Flaco es Cruyff”, le advirtieron. Y la cazó al vuelo. Para Van Gaal era el jugador N° 12. Fue campeón con la blaugrana pero no lo compraron. “El quería a Frank De Boer y me lo dijo –admite-. Fue frontal, un entrenador que me dejó muchas cosas. Me lo crucé después y le he dado un abrazo a pesar de haberlo sufrido como jugador”.

VELEZ fue su único club en la Argentina.

De Barcelona viajó a Valencia para vivir su mejor etapa como futbolista: ganó dos Ligas y una Copa UEFA, entre otros, y llegó a donde no había llegado nunca el club de Kempes, dos finales de Champions League. Las perdió ambas (ver recuadro).

La pregunta de si se sintió culpable por haber estado tan cerca de conseguir un hito que podría haber cambiado la historia del club y no haberlo logrado, actúa como disparador de una especie de declaración de principios, conceptualmente brillante. “La derrota es parte del fútbol y te enseña más que la victoria, siempre es así. La mayor parte de mi vida como futbolista he estado en el vestuario ganador y me di cuenta de que la derrota te vuelve más humilde, más persona, te hace preguntarte más cosas, ser mejor, entrenar con más ahínco, no te hace sentir pleno. Cuando uno no está cien por ciento realizado, siente que le falta algo. Tener la ilusión por mejorar es lo mejor que te puede pasar en la vida, porque no te relajás. El éxito no es para nada formativo”.

Casi en forma instantánea asoma la defensa irrestricta de un entrenador al que unos cuantos en el ambiente han etiquetado de “looser”: DT conocedor pero que pierde finales. “Cúper es una persona fenomenal, un entrenador al que le debo mucho –clama en su defensa-. Admiro su manera de ser. El mundo del fútbol está lleno de mentiras y de gente que vive transigiendo con tal de estar. Cúper es una persona íntegra. Para mí merece la oportunidad de la Selección alguna vez".

-¿Qué es lo más valioso que tiene?
-Al entrenador no lo hace solo su trabajo, sino su manera de ser, si te habla con el corazón. Y en cuanto a ser perdedor o ganador... fijate que Héctor se fue, vino Rafa y salimos campeones de Liga dos veces porque el equipo ya venía masticado. Estoy segurísimo de que esas derrotas en las finales de Champions tuvieron mucho que ver con los campeonatos que ganamos.

-¿Por qué estás tan seguro?
-Lo mejor de un equipo es ser protagonista de un torneo, pelear hasta las fechas finales; después la moneda puede caer para un lado o para otro, pero cuando peleás un campeonato en algún momento el título llega. En cambio, si todos los años salís 10° o 12° o 14° no va a pasar. Cúper había salido 2° en la Liga, perdió dos finales de Champions, sabés que el equipo está ahí, maduro, solo le falta un golpe de horno. Ese golpe de horno en mi caso fue un penal errado, ¿qué le vamos a hacer? A mí nada me ha resultado fácil como futbolista pero gracias a Dios todos esos obstáculos me han hecho ser mejor cada momento.

INTEGRO la Selección Sub-20 que fue al Mundial ´91 y que terminó en escándalo.

La busqueda de la excelencia también la emprendió en su carrera como entrenador. Y dio los pasos sin prisa. Se retiró en el Alavés, luego de haber sido el primer argentino en vestir la camiseta del Liverpool e inició el curso como entrenador en el 99. Su primer equipo fue La Eliana, integrado por chicos de la Municipalidad de Valencia, y luego prosiguió con un selectivo de juveniles en el club que lo vio brillar, hasta que una tarde lo llamó Rafa Benítez y lo invitó a ser su ayudante en la ciudad de Los Beatles.

Rafa lo había tenido en Valencia y sabía que el Flaco manejaba tácticamente el equipo desde adentro, que tenía inquietudes y conocía del asunto. De todos modos, Rafa tampoco se la iba a regalar, entonces lo citó y lo entrevistó. Así trabaja un entrenador de elite en el primer mundo. El Flaco aprobó. Y de entrada ingresó a un cuento de hadas...

-Rafa es un producto de todo lo que se ha preparado para ser el entrenador que es. Para esta tarea, es un talento. Yo creo que el talento se construye. Las personas que son obsesivas con su profesión son mejores que los demás. Si vos le dedicás diez horas a tocar la guitarra, vas a ser mejor que uno que le dedica una hora. Cuando a mí me preguntan si el fútbol me lleva mucho tiempo, respondo: “Todo el que vos quieras”. Rafa siempre se ha preocupado por mejorar su sistema de entrenamiento. El hizo la luna de miel para seguir al Milan de Sacchi. Era entrenador desde los 18 años y toda la documentación que guardaba de chico la escaneó y la grabó. Para mí ha sido un privilegio trabajar con él, aparte es una persona honesta y directa con el jugador.

-¿A Mourinho y Guardiola, los trataste?
-Sí, con los dos. A Mou lo tuve como ayudante de Van Gaal en el Barcelona. Y a Pep como compañero. Mou es un buen tipo. Cuando yo recién empezaba como entrenador, le escribí un mail para ir a ver sus entrenamientos, y me lo respondió. Fui a seguirlo una semana en el Chelsea y me atendió con mucha cordialidad.

-¿Cómo es ser técnico en Inglaterra?
-Para los que nos gusta trabajar en fútbol, Inglaterra es el paraíso. Las condiciones de trabajo y el entorno son inmejorables. En ningún lugar se vive el fútbol con tanta pasión y con tanto respeto a la vez. Tenés una tranquilidad increíble para trabajar, que es lo que quiere cualquier persona en cualquier laburo, por más que tu equipo tenga un vaivén de rendimiento. Estás para eso, no para que se ponga en duda tu capacidad ante un par de derrotas. Al entrenador siempre se lo contrata por bueno y se lo echa por malo: no puede ser que se ponga en duda tu capacidad en 48 horas o en un mes.

UNA COMPLICACION EN EL AREA RIVAL. Se lo ve forcejeando con Hernán Díaz.

-Dame un par de casos concretos de porqué es un paraíso.
-Infraestructura. Cualquier equipo, hasta de Segunda División, tiene canchas espectaculares. Después, el ambiente, la atmósfera. Las canchas están siempre llenas, para comprar un ticket tenés que hacer cola un año antes de que empiece el campeonato. El apoyo de la gente, en las buenas y en las malas. Te sentís un profesional en todo sentido. Después, al jugador le decís cien saltos y son cien saltos; tres horas de fútbol y tres horas. Al final te preguntan por qué, pero primero lo hacen.

-¿La pasión del inglés es semejante a la del argentino?
-Sí, son muy fanáticos, lo llamativo es que no confunden la pasión con la violencia. Pasión, para ellos, es gritar, alentar en las buenas y en las malas. Cuando allá uno firma por un club es como que te adoptan, que ya sos parte del club y te alientan hasta la muerte. Acá, vos firmás y si en tres partidos no andás bien, te empiezan a putear, por más que lleves la camiseta de tu club.

-¿Allá no putean al jugador?
-En Liverpool perdimos 5 partidos seguidos y nos organizaron un banderazo, 500 metros de hinchas alentando al equipo en la calle. Yo nunca he vivido una situación similar, es que en los peores momentos la gente se vuelca más. He jugado contra un equipo que ya había descendido, el Crystal Palace, todavía faltaban un par de fechas para que terminara el campeonato y dieron una vuelta olímpica y los hinchas los ovacionaron. Allá se acostumbra dar una vuelta olímpica al final del torneo, una manera de agradecer al público por haber acompañado al equipo. Y eso lo hacen todos, así salgan 5°, 10° o últimos. La derrota es una posibilidad. Es otra visión del fútbol.

-¿Siempre fue así?
-Creo que es cultural. Se juntan la educación con la pasión, a nosotros nos falta un poquito más de educación para tener un fútbol mejor.

-Pero ellos tuvieron a los hooligans...

-Sí, sufrieron un par de accidentes que cambiaron la mentalidad de la gente, pero han aprendido de sus errores. Ahora entran de la mano a la cancha hinchas de Liverpool y Everton, por ejemplo, que sería como si hinchas de Central y Newell’s se sentaran uno al lado del otro.

-¿Qué es la mística del Liverpool?
-Uffff, Anfield es un teatro: la acústica es impresionante, la grada detrás del arco es enorme, gente muy seguidora, el espíritu del hincha del Liverpool es el de la clase trabajadora que se metió entre los grandes de Londres y le arrebató la corona. Alientan todo el partido. Ahí no van con bombo ni con instrumentos, es todo a pulmón. “You ’ll never walk alone” (“Nunca caminarás solo”) lo cantan al inicio y cuando termina cada partido. También la cantan los seguidores del Celtic y de otros equipos. Es el apoyo incondicional. Vayas donde vayas, aunque haya un pequeño grupo de hinchas, te lo van a cantar. Es emocionante escucharlo. Una noche de Champions League en Anfield es incomparable.

-De Inglaterra fueron al Inter, donde los echaron a pesar de ganar el Mundial de Clubes.
-Fue la contracara, Italia es un medio completamente diferente. Aunque trabajamos a gusto, fracasamos fuera del vestuario. No supimos manejarnos con el entorno que rodea a un club. Igual, fue una muy buena experiencia, aprendí un montón de cosas.

-Por ejemplo.
-Que el conocimiento del medio es muy importante, que la cultura de la gente siempre está arraigada en el jugador y que no en todos los países tienen la misma mentalidad a la hora de aprender. Los latinos, por ejemplo, somos muy diferentes a los anglosajones. Si bien los latinos tenemos más personalidad para encontrar respuestas dentro del campo, cuestionamos todo. Por eso el jugador latino tiene más capacidad para resolver situaciones inesperadas. Pero no nos gusta la organización. El anglosajón es al revés.

-¿Y vos tenés pensado trabajar en esta jungla después de hacerlo en el paraíso?
-No lo llamaría jungla. El fútbol tampoco es culpable de lo que somos socialmente. Las cosas son diferentes, sí, pero yo soy de este lugar. Yo me metí en esto porque el fútbol es mi pasión y todo este tiempo de formación y de trabajo me ha servido para darme cuenta de que me encanta. Los que trabajamos en esto podemos encontrar un espacio que nos hace feliz. Y mi espacio es dentro del campo, entrenando.

Entrenando. Con la bici apoyada en la pared. Atrás ya viajó. Ahora sólo piensa en sentarse frente al manubrio.

Por Diego Borinsky / Fotos: Hernán Pepe y archivo El Gráfico

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MANCHIKSUERTE FLACO, EN VELEZ NO TE OLVIDAMOS.
30/04/2012 22:41 hs
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