Notas de la revista

Maravilla Martínez: Puños de diamante

- por Redacción EG: 12/01/2012 -

Vive en Oxnard, California, pero habla como un español y tiene el corazón en su Quilmes natal. Está entre los tres mejores del mundo pero no se conforma: quiere ser el primero. Actual campeón emérito del Consejo en la categoría mediano, la misma de Carlos Monzón, sueña con hacer stand up y llegar a promotor de boxeo.

Nota publicada en la edición diciembre 2011 de la Revista El Gráfico

TRABAJA varios turnos por día. Y acepta que los lunes se concede un rato más en la cama: se levanta a las 4.30 en lugar de las 4.15.

UN CAFE CON LECHE, por favor”. Vestido de traje negro –dos botones, slim fit, o sea bien a la moda- y remera negra, con zapatos lustrados y puntudos y un gigantesco reloj con brillantes destellos plateados, el hombre luce ligeramente relajado. No es poco. A veces, se le ven los ojos que tratan de tener un panorama de 360 grados. A veces, son las manos, que se mueven enérgicas. Sobre todo, en este momento: dejó sus dos celulares en su habitación: uno tiene número de España; el otro de Estados Unidos. Y, sin ellos, se siente desnudo, como John Wayne sin su Colt.

A veces, es el cuerpo que se mueve con electricidad. No es, después de todo, para extrañarse. Aunque luzca como un ejecutivo de Madison Avenue –la avenida de Nueva York que mueve millones-, o hable a veces como un fino artista madrileño (cuando se le escapa una palabra dura, se tapa la boca y pide perdón) o aunque su sonrisa sea digna de una publicidad de blanqueador de dientes, es, apenas, y justamente, lo que es: un boxeador.

Y, como buen boxeador, Sergio Martínez, a quien todos conocen como Maravilla, es inquieto y rápido de gestos. Y de palabras: “Cuando me dicen que soy un boxeador diferente... ¡Joder! (perdón), es que.... bueno, es un prejuicio, soy un boxeador, vamos, que cuando uno boxea no tiene ni rencores ni cosas similares, es apenas un trabajo, pero si hay que meter un codo o un cabezazo para ganar, hay que hacerlo. Y yo soy eso, un boxeador”.

Sí, pero no negarás que por tu forma de vestir, o de hablar... “Es que bueno, cada uno intenta progresar y yo lo hago y miro a tíos más inteligentes que yo o mejor vestidos y aprendo. Es como en el boxeo, ¿sabes? A mí me gusta mirar viejas peleas y vídeos de otros tiempos y de alguien siempre se saca algo”.

Le traen el café con leche con un “Señor Martínez, esto es cortesía de la casa”. Se ha convertido en los días que lo habitó, en uno más del Caesar Park. “Lo que tú necesites lo tendrás”, le dice a Emiliano Lasalvia, el reportero gráfico de nuestra revista, con su tono madrileño. “Aquí, pues bueno... soy como de la familia”.

Entonces le preguntamos si no le resulta raro y difícil de manejar todo esto: las entrevistas en todos los canales y todos los diarios y todas las revistas y encima, esto, de que hay lugar y cortesía para todo.
“Bueno, usted sabe, hay que saber manejarlo. Usted sabe, lo mismo me pasa en Las Vegas, a veces me cuesta andar por los pasillos, y en México, pero... ¡Hostia! Hay que saber manejarlo, convivir con ello y aprovecharlo, que la vida se hace de momento a momento. Y ahora me toca a mí”.

ANTES DE UNA PELEA sólo hay lugar para una cosa: pensar en el rival y cómo vencerlo.

LE EMPEZO a tocar a el, quizás el día en que hace ya como diez años, decidió irse del país. “Estaba todo complicado para todos, no solamente para el boxeo, así que pensé que tenía que alzar el vuelo, dejar mi querido Quilmes y buscar otra cosa”, explica. Da por sentado lo que ya es casi parte de su joven leyenda: salió con una valijita rumbo a España, terminó bajando en otro aeropuerto, se perdió, andaba apenas con un papelito con el teléfono del boxeador “El Hueso” Sarmiento, y cuando finalmente llegó a España, empezó a trabajar de portero en una disco y a entrenarse él y a entrenar alumnos.
“La casualidad no existe y uno tiene que trabajar para abrirse paso, yo no me fui mal ni con mi tierra ni con mi trabajo, simplemente que si era campeón argentino y no tenía plata y debía comer fideos con aceite, bueno, joder (perdón), que había que buscar algo en otro lado; nada fue casual, lo busqué y lo encontré”.

Ha bajado de su habitación con un carrito y un portafolios extra. Del carrito sacará media docena de cinturones verdes en su mayoría, del Consejo Mundial; y dos que le dieron en la Organización Mundial de Boxeo. Del portafolios extraerá el de la revista The Ring, que lo consagró como El Boxeador del Año y también lo calificó como El Nocaut del Año, tras aquel tremendo zurdazo a Paul Williams. Los acomoda para la foto. “Quizás muchos no lo sepan del todo, pero el de la revista The Ring es muy especial”, dice. “Porque no está teñido de política alguna, ellos reconocen al campeón que le ganó al campeón y que le ganó al campeón, o sea que es como un árbol genealógico lineal. Y aquí no hay política... estos son del Consejo Mundial de Boxeo”, dice. Y le agregamos que debe tener una relación amor-odio con la entidad. “Sí, algo así, más o menos... Joder (perdón) que tardaron muchísimo para poder tener una chance real, y cuando me gané el título en la mejor ley, el Consejo me pasó a Campeón del Cinturón de Diamantes, para que Julito Chávez, el hijo del gran Julio César, tuviera su chance de ser campeón regular. Y esto no me gustó, ni me gusta, y ¿sabe usted por qué? Porque cuando se escriba la historia y cuando alguien busque en la lista de campeones quién fue campeón regular de los medianos, no voy a aparecer yo, sino él, y ese lugar en realidad es el mío, ¿qué le parece a usted, cómo debo sentirme?”.

ES ZURDO PARA TODO. Admite que jugó al fútbol pero que no era bueno. Que no le gusta tutear a la gente. Que le gusta mucho escribir. Y leer. Y que en algún momento va a intentar el stand up, porque sus amigos dicen que sabe contar buenos chistes. Que ha trabajado duramente en un reality en México, pero que no puede hablar del tema, porque se estrenará en diciembre. Que cuando llega a Las Vegas, generalmente uno o dos hoteles se disputan el derecho a invitarlo, pero lo dice en voz baja, como si le costara admitir esas cosas. Por el otro lado, no niega su enorme ego, porque a la hora de aspirar a algo, aspira únicamente a lo mejor, o sea, a ser el Número Uno del Mundo.

“Nosotros los boxeadores peleamos por el honor, pero también por el dinero, no hay que ser hipócritas, se sufre mucho y se reciben golpes y entonces eso tiene que tener una recompensa. Yo peleo por la plata, no lo niego, pero también por algo que tengo en mente, y es ser el mejor de todos. Lo he desafiado públicamente a Manny Pacquiao. El dijo una vez que, si yo bajo a 68 kilos, él me pelea. Pues bien, estoy dispuesto a hacerlo, aunque mi peso real es de unos 72 kilos a la hora de subir a la balanza, y muchos más cuando subo al ring. Yo lo peleo en 68 kilos.... ¡Pero ahora él dice que tengo que pesar 66! Bueno, únicamente cortándome un brazo, porque de otra manera no puedo. Por el otro lado, está Floyd Mayweather. Ese tipo es un genio, es extraordinario, pero es impredecible. Puede decirte hoy que sí y mañana que no. Yo me saco el sombrero porque es un tremendo boxeador, tiene un radar en la cabeza, pero bueno, yo quiero pelear con él. Si peleo con él, vamos, que habrá que pelear con los codos y con la cabeza y si hay que hacerlo, romperle una silla en el cuerpo, digo, esto va en broma, pero es así...”.

CINTURONES. Necesita un carrito para llevarlos. Y, adonde va él, los lleva consigo.

Mayweather es un boxeador extraordinario, sí; en su última pelea, cuando se midió con Víctor Ortiz, el rival le metió un cabezazo. Y luego, cuando el árbitro ordenó que siguiera el combate, Ortiz tras pedirle disculpas no alzó los brazos... y Mayweather lo puso nocaut. Muchos todavía se preguntan si estuvo bien o no... “Y qué quiere que le diga, señor, si esto es boxeo. Yo hubiera hecho lo mismo. Si uno le pega un cabezazo a Mayweather... ¡Hostia! Después hay que saber aguantarlo, pues el tío le vendrá a uno con un cabezazo igual o peor o un codazo. Imagínese: si a uno le pegan un cabezazo a propósito, pueden herirlo mucho, entonces, el que lo hizo tendrá que pagarlo y eso fue lo que le pasó a Ortiz”.

NO HAN SIDO FACILES las cosas para Maravilla Martínez y podría decirse que no lo son tampoco ahora. Debió batallar mucho para que le dieran una pelea por el campeonato mundial de los medianos, y cuando lo hizo, masacró a Kelly Pavlik en Atlantic City. La pelea fue por dos cinturones, el del Consejo Mundial y el de la Organización Mundial, pero esta última decidió quitárselo por ser también campeón del Consejo. El sábado 19, Julito Chavez le ganó a Peter Manfredo en Houston, y retuvo esa corona. Reglamentariamente, ahora el ganador está obligado a pelear con Maravilla, quien asistió a la pelea justamente para hacer valer sus derechos "Por eso es que estoy esperando, porque el Consejo ha dado su palabra de que el campeón tiene que pelear conmigo y deberá cumplir con esa palabra, que en definitiva es cumplir con sus reglamentos”, dice sabiendo que es una batalla muy dura de llevar adelante, porque Julito Chávez es hombre de Bob Arum, y a Bob le gusta hacer su propio camino sin necesidad de ninguna brújula extraña.

“Yo también quiero ser promotor, ¿sabe? Es un camino difícil porque lamentablemente, hay que dejar gente en el camino; hay boxeadores que necesitan ser escalones de otros... Es una máquina de picar carne y hay que ser frío para eso, pero bueno... Hace un año, ni lo hubiera pensado, en cambio ahora sí; después de todo, yo también boxeo y eso me daría otra llegada con mis colegas”.

Mientras sigue pensando que Floyd Mayweather sería el mejor rival de su vida, no solo por el dinero que estaría en juego sino por la gloria, no puede dejar de mencionar su nocaut frente a Paul Williams, sencillamente porque nadie deja de preguntarle cómo lo hizo.

“Pues le hice amagues para que pensara que iba a venir mi mano derecha; y varias veces le volqué la izquierda cruzada a la cabeza. Sí, tiré ese golpe casi sin mirar, porque por una cuestión de recorrido, debía entrarle. Así que cuando amagué con tirar la derecha y me descubrí, con la vista en otro lado, él avanzó a lo ciego, le provoqué el error. Y entonces me mandé con la zurda cruzada y cayó nocaut... Que Dios me perdone, pero creo que nunca más se va a recuperar de ese golpe, cuando llegó al suelo estaba totalmente dormido”. Aquel fue el nocaut del año para la revista The Ring, como ya lo explicó.

EL GESTO para la foto. Maravilla sabe que cuando enfrente a Mayweather, no habrá tiempo para delicadezas.

PENSAR QUE SU MADRE no quería que él peleara. Y ni él sabía eso de boxear hasta que se metió a un gimnasio y empezó a probarse y empezó a aprender y empezó a darse cuenta de que tenía condiciones. "Así un día fui y le dije a mi madre: 'Doña, discúlpeme usted, pero yo ya tengo 18 años y traigo plata a casa, yo aporto para mi sustento así que tengo derecho a elegir y he elegido el boxeo'. Y ella... bueno, pues ni una palabra, nunca más me dijo nada aunque nunca le gustó del todo...”.
Hoy le ha comprado una casa nueva, hoy toda la familia se reúne frente al televisor con todo el barrio para seguir sus peleas y hoy, cuando aparece por Buenos Aires, sigue siendo apenas una visita. “Nunca antes me habían buscado y pedido tantas notas, y no me puedo negar a ninguna; primero, porque me gusta que me reconozcan; y segundo, porque... Bueno, yo vivo en Oxnard, en California; y vivo en Madrid, en España, pero ante todo soy argentino, me encanta decir que soy argentino y cuando los periodistas de mi país me reclaman... vamos, que me encanta estar con ellos, lo disfruto mucho, ¿vale?”.

En su última pelea, frente al inglés Darren Barker, no lució demasiado bien. Bajó demasiado los brazos, se expuso mucho y finalmente, cuando se decidió a tirar golpes fuertes, noqueó a su rival en el 11° round, aunque dio la sensación, frente a la tele, de que Barker decidió caer y no levantarse más, estaba totalmente superado, desbordado.

“Yo peleé esa noche con una lesión en el codo izquierdo y cada vez que extendía el brazo, vamos, que me dolía mucho, pero de eso no se ha sabido nada, lo cuento ahora y no como una excusa, nada de eso. La lesión es bastante compleja, es una neuritis del mediano, una luxación entre el radio y el húmero, bursitis del olécranon... Bueno, no tuve tiempo de curarme, faltaba muy poco para la pelea y se hizo. Ahora me voy a poner en manos del doctor Angel Villamor, el mismo traumatólogo que atiende ahora al Rey de España, o a Nadal o a Manuel Benítez, El Cordobés. Así que me entregaré a él y luego... a trabajar, porque para pelear con Mayweather habrá que estar no diez, sino once puntos, especialmente de aquí...”. Y se toca la cabeza con el índice izquierdo. Con esa mano, en la que ahora luce un gigantesco reloj con brillos plateados, ha noqueado a 27 de sus 48 vencidos. Con esa mano ha firmado contratos millonarios con la gente del cable HBO. Y con esa mano, con ese índice que ahora señala su cabeza, ha apuntado a los mejores boxeadores del mundo para decirles: “Ahora voy a por ti”.
Y, se sabe, cuando habla Maravilla, no es amenaza, es promesa.

Por Carlos Irusta / Fotos: Emiliano Lasalvia
Por Redacción EG: 12/01/2012

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