Nota publicada en la edición octubre 2011 de la Revista El Gráfico

La Selección mayor atraviesa un presente auspicioso. Invita a soñar despierto, a ilusionarse con trepar al podio en una competencia de jerarquía y regresar a la elite internacional. La histórica cuarta ubicación en la última Liga Mundial reflejó el primer pincelazo de un equipo con un promedio de edad que no alcanza los 24 años, dentro del marco de una reconstrucción que lleva tres años de rodaje a cargo del entrenador Javier Weber. No obstante, habrá que considerar el invalorable trabajo que se desarrolla en los seleccionados menores desde hace seis años, no solo en materia de resultados, sino también para nutrir a la mayor. Volver a ser protagonistas ya no es un deseo, sino una realidad. Cómo entender se torna más importante que saber, repasamos las causas que comenzaron a reinventar al vóley argentino y que lo empujan a codearse con las potencias, sin depender únicamente de que la maldita pelota toque la red y entre.

SE RESPALDO EL PROCESO

“Esas son cosas del fútbol. Perdés una cantidad de partidos y se terminó un proceso que cuatro meses antes era exitoso. Caímos en 14 encuentros seguidos de la Liga Mundial 2010, pero el proyecto se mantuvo”. Javier Weber jamás pensó que Ideas del Sur Sports, empresa que comanda Marcelo Tinelli y que tomó las riendas de la Selección a fines de 2008, le cortaría el contrato, aunque la mano venía mal barajada. “Se podría haber ido todo al diablo. Internamente estábamos devastados. Es difícil entrenarte cinco horas por día, ir al partido y que nos cepillen”, admite Luciano De Cecco, uno de los líderes del grupo. “Fue un momento de tensión, son etapas que hay que quemar. Ahí se vieron las grandes personas. Que te vaya mal de vez en cuando no es malo para aprender”, afirma el capitán, Rodrigo Quiroga. “El 0-14 no lo consideré lógico. Formó parte del proceso de un equipo que estaba terminando para darle paso a otro”, resume Weber. En definitiva, la dirigencia soportó el sofocón y le dio continuidad al coach.

El inicio de la refundación data de principios de 2009. El primer paso fue darle curso al recambio generacional, de modo gradual. Marcos Milinkovic fue el primer nombre que salió del bolillero. “Lo convoqué, pero él me planteó situaciones con las que yo no estaba de acuerdo y se quedó afuera. Opté por beneficiar al plantel para que el equipo se complemente. La idea era armar un conjunto que pueda ganar hoy, pero que pueda ganar mucho más mañana. Los chicos que están en la Selección necesitaban un tiempo para desarrollarse. Y había jugadores que estaban mejor en ese entonces: Guillermo García, Filardi, Arroyo, Spajic, Meana, Scholtis.

Ellos sirvieron muchísimo para formar a estos jóvenes y para que la Argentina volviera a estar en boca de todos en el plano internacional. Ese conjunto llegó por primera vez a la fase final de la Liga Mundial por mérito propio”, cuenta el técnico. Más allá del logro deportivo, el desembarco de IDS en la Selección generó otro soporte. “Veníamos de una era casi amateur. Con la llegada de la empresa, se dispuso una estructura fuerte en servicios dentro y fuera de la cancha”, afirma De Cecco. El proyecto Weber tiene una bajada de línea concisa que explica el propio técnico: “El equipo está por encima del resto. Las individualidades se potencian en función del grupo. No tenemos a los jugadores más altos o más fuertes del mundo, y eso hay que suplirlo con técnica y juego colectivo. Debemos sobresalir en sistemas, en el cuidado de la pelota, en mejorar la técnica para tener más variantes en ataque y en el saque. Y en cuanto a los seleccionados menores, había una estructura sólida. Solo les dimos herramientas: logística, informática, cantidad de cuerpos técnicos y, en especial, un perfil en lo técnico para que los chicos sepan cómo juega la mayor desde lo táctico y lo técnico. La enseñanza de los diferentes fundamentos hasta la interpretación del juego en sí”.

Tras el envión anímico de 2009, la Selección cayó en el pozo de las derrotas en 2010, hasta que se recompuso en el Mundial, dos meses después de aquella fatídica Liga Mundial. El equipo resultó una de las revelaciones del certamen al terminar 9o. La clave: renovar la sangre. “Ahí surgió el recambio definitivo. Pese a no lograr un gran puesto, mostramos un buen vóley”, se entusiasma Facundo Conte, sucesor del eterno Hugo.

EL GOLPE EN LA LIGA MUNDIAL 2011

El récord de 9-3 en la fase regular generó expectativas. Los chicos jugaron como adultos y se clasificaron al Final 8 en Gdansk, Polonia. En esa instancia, Conte, que jugó con lo justo por una lesión en el tobillo izquierdo que arrastraba hacía una temporada, la rompió al cerrar como tercer mejor anotador, con 94 tantos. “No necesitaba ni entrar en calor porque estaba con la vena hinchada. Cuando me pongo la celeste y blanca no me duele nada. Parece como si estuviera anestesiado -explica-. No hay que individualizar. Fui el que más puntos hizo en la Argentina, pero es un trabajo de equipo. Si la recepción no llegara bien, el armador no podría hacer su juego ni darme la pelota como me gusta, y yo no podría anotar. Creo en el grupo. Rendí como nunca en lo personal, pero dimos un paso importantísimo en lo colectivo”.

Conte no fue el único que se destacó: De Cecco también la gastó. Luciano fue elegido mejor armador del torneo. “No sé si soy el mejor armador del mundo, pero sí que soy útil para el equipo. Mis compañeros confían en mí y yo en ellos, y eso genera que juguemos con una soltura tal que hace años no se veía -apunta-. Ser cuartos en el mundo nos motiva. Sabíamos que llegaría en algún momento, aunque no tan pronto. De todas maneras, no deja de ser un número”.

El panorama se limpió de movida en la etapa decisiva. Los triunfos ante Italia y Bulgaria produjeron supervivencia. Luego, vendría la caída en la zona de cuatro ante Polonia, más las derrotas frente a Brasil y a Polonia en el tramo final. “La inconsciencia nos llevó hasta las semifinales. El último partido le pesó al grupo porque se jugaba por una medalla. Nos faltó experiencia, pero no tengo dudas de que estaremos entre los mejores del mundo más adelante”, avisa Conte mientras Quiroga saca sus conclusiones: “Hay química. Nunca disfruté tanto de jugar en un equipo como en este seleccionado. Si cada vez que nos juntamos nos enchufamos, dejaremos de ser una promesa para convertirnos en una realidad. Aún nos quedan algunos años para consolidarnos. Tenemos hambre de gloria. Estamos cerca del salto de calidad. El clic, de a poco, lo estamos haciendo. Tenemos que acostumbrarnos a disputar semifinales”.

OTRA CLAVE: EL TRABAJO DE BASE

La usina que prepara jugadores para catapultarlos a la mayor comenzó a funcionar hace al menos seis años. Juan Manuel Cichello y Fabián Muraco representaron las cabezas visibles de un equipo de trabajo que moldeó, desde las categorías más chicas, al grupo que se encuentra en el seleccionado superior. No vale la pena analizar la punta de la pirámide sin tener en cuenta qué ocurrió abajo. La Selección menor no baja de la quinta ubicación desde 2005, mientras que la juvenil hace lo propio desde 2007. Incluso, la Argentina lideró el ránking de juveniles y menores desde 2009 hasta 2011, año en el que descendió un escalón.

Hoy, Serbia es el 1 y la Argentina, el 2. De todas maneras, la Juvenil consiguió romper los protocolos en la Copa del Mundo de Brasil 2011. Fue la primera vez que un equipo argentino se metió en la final de un Mundial. Pese a la derrota 3-2 ante Rusia, la segunda ubicación vale un montón. “Combinamos mucho entrenamiento, esfuerzo y carácter. El resto de los equipos eran mejores en lo físico, pero nosotros teníamos unas ganas tremendas. Cuando le ganamos 3-0 a Brasil, nos dimos cuenta de que estábamos para algo grande”, comenta Iván Castellani, hijo del gran Daniel y figura de ese conjunto nacional.

“Somos frutos del trabajo en Inferiores. Ahí empezás a pulir ciertas cosas. Cuando sos pibe y tenés talento, las cosas te salen, pero nosotros nos poníamos contra la pared a pegar, a armar. Y los formadores son buenos. Me ayudaron a mejorar cuestiones del juego y a saber qué significa esto: las responsabilidades, los cuidados, que representás a un país. El sentido de pertenencia que te inculcan es importantísimo”, dice Conte. “Se trabaja la técnica y se busca tener a jugadores con hambre: que quieran entrenarse, que se banquen el alto rendimiento, las pesas y los viajes. Te enseñan a ser profesional para que sepas manejarte cuando llegues a un equipo adulto”, agrega Castellani, quien se acopló a la Selección mayor hace dos meses.

SEGUIR EN LA CURVA ASCENDENTE


El reto es sostenerse en la vanguardia. “Si jugamos al taco, por nuestra ideología, podemos obtener grandes resultados. Todavía estamos a mitad de camino”, se anima De Cecco. Conte agrega: “Estamos bien en ataque. Debemos mejorar bloqueo y defensa, aspectos en los que los grandes equipos hacen la diferencia. Igual, nuestro techo está lejos”. Weber concluye: “Nuestro vóley creció mucho. Por ejemplo, Bolívar compitió en el Mundial de Clubes en 2010 y no hubo ningún equipo brasileño. No tengo dudas de que estos jugadores estarán ocho años juntos. La idea es mantener una camada y continuar formando abajo para que el recambio no sea traumático. Hoy, los jugadores creen en el producto equipo, única forma de llegar al éxito”.

La fórmula del resurgimiento es similar a la que utilizó el coreano Sohn para forjar a la fabulosa generación ochentosa que acredita dos medallas de bronce: Mundial de Buenos Aires 1982 y Juegos Olímpicos de Seúl 1988. La esencia es idéntica: abultada carga de trabajo, sostener un proceso y confiar a ciegas en chicos que juegan como grandes. El crecimiento del vóley nacional está a la vista. Los resultados confirman que sirve apostar a una planificación adecuada a largo plazo. Escribir nuevas páginas de gloria ya no suena a cuento. El próximo desafío es clasificarse a los Juegos Olímpicos de 2012 para reafirmarse en la elite. Quizás en algún momento se repitan aquellas hazañas bañadas en bronce. O tal vez se superen.

Por Dario Gurevich / Fotos: Maxi Didari


0 comentarios

mensaje

Te quedan 500 caracteres
PUBLICAR