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Así no sirve

- por Martín Mazur: 02/07/2011 -

Una cosa es la movilidad y la otra el desorden. El mediocampo argentino fue estático y desordenado a la vez. Así, el equipo naufragó.

Hace un par de meses, cuando Batista recibió a los periodistas de El Gráfico en Ezeiza, la charla fluyó para el lado -cuándo no- del Barcelona. Y ahí el DT explicó: "Una cosa es jugar rápido y otra es jugar apurado. El Barcelona juega rápido pero no juega apurado. Recupera rápido, pasa al ataque rápido, pero no se apura".

En el debut ante Bolivia, Argentina volvió a jugar apurada. Y el apuro lleva al desorden. Y el desorden trae implícita la búsqueda de la patriada individual para suplir lo que no se puede forjar desde lo colectivo. Y eso reaviva los fantasmas de los últimos tiempos: la Selección como una suma de individuales de alto nivel pero sin un funcionamiento en conjunto.

Ver a Cambiasso de 9 en una jugada por sorpresa es una cosa; verlo más tiempo delante de Messi es, en cambio, preocupante. Se confunde movilidad con desorden. Y el resultado es, ante todo, un mediocampo estático. En los papeles, el equipo tiene mucha presencia por las bandas, y sin embargo en la práctica no logra sacarles provecho. Al contrario, se transforman en un problema: el grado de incidencia de los jugadores centrales (Burdisso-Mascherano-Banega-Messi) se maximiza mientras los de los costados (Zanetti-Rojo-Lavezzi-Tevez-Di María) entran mucho menos en contacto con la pelota y no lastiman. El equipo no sólo se parte al medio, sino también se parte del medio hacia los costados. Y de esa forma todo se hace cuesta arriba.

Argentina no construye por adentro para terminar por afuera; tampoco crea desde afuera para terminar adentro. Por ahora, va por adentro y quiere terminar por adentro. Así, con poca sorpresa, con tres volantes de manejo pero ninguno de raya, con Messi que debía ser el 9 pero termina estando cerca de la mitad de la cancha, y con extremos que encaran hacia adentro, los choques son inevitables. Argentina no soporta no poder jugar rápido, y entonces termina apurándose. Y chocando.

Así, las ideas quedan demasiado lejos de la realidad.

Twitter: @martinmazur
- por Martín Mazur: 02/07/2011 -