Notas de la revista

El fenómeno Godoy Cruz

- por Redacción EG: 14/02/2011 -

En 2001 estuvo al borde del abismo, pero supo reinventarse gracias a una dirigencia que potenció un proyecto a largo plazo, cuyo pico fue la clasificación para la Libertadores. La apuesta por las Inferiores y los entrenadores jóvenes. Secretos de un club que se proyecta en la Argentina y en América.

Nota publicada en la edición enero 2010 de la revista El Gráfico

LOS HINCHAS de Godoy Cruz se multiplicaron durante la última década. (Foto: Marcelo Alvarez)

EL CORAZON no se dejó arrastrar por la razón. La pasión desenfrenada por colocar al club en la repisa de los elegidos encendió aún más la llama de la esperanza. Soñaron despiertos, en voz alta, como lo suelen hacer aquellos aventureros incansables, y gambetearon la realidad por unos minutos. Ubicados en un restaurante de Buenos Aires, la televisión les entregó la imagen que fomentó la idea instantánea en julio de 2009. “Mientras pensábamos cómo salvarnos del descenso, vimos la consagración de Estudiantes en la Copa Libertadores. Enzo Pérez, un jugador nuestro, levantó el trofeo. Entonces, nos dijimos: Ahí tenemos que apuntar”.

Mario Contreras, presidente de Godoy Cruz, dueño del discurso que compartió con su compañero de fórmula José Mansur, vicepresidente tombino, revela la anécdota que ya cobra peso específico. Aquel sentimiento dadivoso, ese anhelo fantasioso en el momento en que el fango todavía ensuciaba buena parte del cuerpo, se concretó un año y medio más tarde. Omar Asad, técnico debutante en Primera, se cargó al equipo a principios de 2010 y edificó el mejor año del club al terminar tercero en el Clausura, quinto en el Apertura, tercero en la tabla acumulada; y lograr un hecho histórico: clasificar al Tomba a la Copa Libertadores 2011. 

La estadística, fría por cierto, resaltará en fluorescente al plantel modelo 2010. Si bien sus integrantes se ganaron tal reconocimiento, el proceso de transformación comenzó hace casi diez años.

EL INICIO de la reconstrucción se produjo en septiembre de 2001. La dupla Contreras-Mansur, cabeza visible de un grupo de trabajo, intentó generar una Comisión Directiva en conjunto con los directivos de turno. Pero no hubo acuerdo. En consecuencia, le entregaron el fútbol al tándem para gerenciarlo. “El club estaba concursado. A los pocos días de empezar, nos clausuraron la institución porque había cloacas clandestinas. La infraestructura era cero. Ni siquiera había un juego de camisetas. Vinimos a jugar a Buenos Aires y compramos unas de color amarillo”, afirma Mansur entre risas. “Había que pagar tres millones y medio de dólares, y las primeras cuotas se vencían. Teníamos 18 juicios bravos, 38 embargos a la propiedad, problemas con los servicios”, acota Contreras.

Los arqueros mendocinos, héroes de la hazaña rumbo a la Libertadores, también recuerdan aquella época. “Antes de la actual dirigencia había poca visión de futuro. Ellos comenzaron a levantar a Godoy Cruz. Al principio, se entrenaba y se jugaba en el estadio Feliciano Gambarte. El vestuario tenía cuatro duchas para todos; no había kinesiólogo, por ejemplo. Hoy se practica en el predio nuevo, los jugadores que no son de Mendoza tienen más comodidades para instalarse; somos profesionales”, explica Sebastián Torrico, que puso un pie en el club en ese furioso 2001, tras jugar en Andes Talleres. En tanto, Nelson Ibáñez, que llegó a los seis años al club, tras caminar 25 cuadras desde su casa, viaja más atrás todavía en el tiempo. “Las canchas eran de tierra, no estaban alambradas, ni aparecía el cartel con el nombre del Tomba. Era un club muy de barrio, humilde en lo social”, admite. Daniel Oldrá, cacique en el equipo de aquella temporada, generoso hasta para darles plata a los utileros cuando se afrontaba ocho meses de deuda, no se guarda. “A veces, antes, no había plata ni para comprar pelotas. Estábamos en la B Nacional y la situación era lamentable. Perdíamos en San Juan, descendíamos, pero Platense y Racing de Córdoba igualaron entre sí, y nosotros logramos empatar. No perdimos la categoría de casualidad, por esos guiños del destino. Ahí me retiré como jugador y me sumé a trabajar con Contreras y Mansur”, afirma el coordinador del fútbol profesional y amateur del Expreso. 

La primera experiencia de la gerenciadora significó positiva, más allá de tener la soga al cuello. El gol salvador de Juan Alejandro Abaurre -artillero histórico- y el resultado favorable que se dio en Vicente López fueron determinantes para alcanzar el objetivo: mantenerse en la Segunda División del fútbol argentino. No obstante, la noticia más alentadora trepó por otra banda: el proyecto estaba en funcionamiento. “Nos propusimos conseguir ingresos genuinos para que el club se autofinanciara. Tuvimos que poner bastante dinero. Queríamos trabajar como una empresa. ¿Por qué los dirigentes somos exitosos en nuestras empresas y llegamos a los clubes y los hacemos deficitarios? No comprendo cómo somos tan hábiles en nuestras compañías y tan malos administradores en los clubes. Entonces, desarrollamos un plan económico-deportivo que tuviera sustento. En lo económico, el modelo no debía generar huecos; y en lo deportivo, había que realizar una participación digna. Por otro lado, se respetaron las fechas de pagos. El que no cumple, no puede exigir cumplimiento. Nos costó cuatro años sacar adelante la situación. Fue difícil”, destaca Contreras. Mansur, contador de oficio y alma, refuerza el concepto: “Nuestra premisa fue, es y será trabajar con los pies sobre el piso. Esa es la clave del éxito. Nos nos salimos del molde económico”.

EL TREN de la alegría. Una constante para los mendocinos durante el 2010. (Adolfo Lazzarini)

CONTRERAS Y MANSUR triunfaron en las elecciones en octubre de 2005. Con un Godoy Cruz que ya se sostenía con sus ingresos, pulieron el proyecto. El fin no solo era futbolístico, sino también social. Pero por el fútbol, disparador inexpugnable, se empieza. El Tomba, que sólo había participado del Nacional de 1974 en la elite, ganó el Apertura 2005 en la B Nacional y coronó el ascenso en 2006 tras vencer a Chicago por 3-1, en el segundo duelo de la final por el primer boleto a la máxima categoría. El plantel que le devolvió el fútbol grande a Mendoza luego de 22 años lo integraron Juan Manuel Llop como técnico, Oldrá como ayudante de campo, un grupo de jugadores que aún figuran en el Tomba como Diego Villar, Torrico, Ibáñez, Nicolás Olmedo, y otros que ya no están como Daniel Giménez, Enzo Pérez, Mariano Torresi, Mauro Poy y el Cachorro Abaurre. “Marqué el primer gol en aquella final ante Chicago. Será recordado siempre por la gente y por mí, ya que me abrió un camino. Había jugadores de buen pie, no nos derrotaba cualquiera; teníamos material para subir”, se embala Villar. “Ahí dejamos de ser un equipo chico del Interior”, completa el Loco Ibáñez.

Sin embargo, aparecieron las malas un año más tarde. Se perdió la Promoción ante Huracán y la institución descendió por primera vez en su historia. Lejos de caerse, aunque suene a cuento, el proyecto no corrió riesgo de demolición. “Nos miramos con Mario y nos dijimos con más fuerza que nunca 'Vamos a trabajar a morir'. Fue un pacto de honor y de palabra para llegar de nuevo”, anticipa Mansur. Contreras, hombre avezado con tanta calle como tacto, brinda más detalles: “Esto no significó que se fue la vida. Algo hicimos mal. Recuerdo que ese día era mi cumpleaños. Descendimos a las 18 y nos juntamos 20.30. No tenía sentido echarnos culpas; pensamos qué modificar. Debíamos ajustar temas deportivos, opinar más de fútbol; el 80 por ciento del plantel se fue, Llop hizo lo propio tres meses antes porque tenía todo arreglado en Banfield. Entonces, si la vaca es mía, el ternero es mío. El técnico que viniera entendería que los dirigentes de Godoy Cruz íbamos a tener participación activa. Si no nos gustaban los jugadores, por más buenos que fueran, no los contrataríamos. En otro momento, nos encandilábamos con un nombre, y desde ahí comenzamos a apostar por profesionales completos, de bajo perfil, al igual que nosotros. A partir de eso, tuvimos otro funcionamiento”.

La operación retorno se armó de la mano de Sergio Batista, actual entrenador de la Selección. El Checho, técnico de poco cartel en aquel entonces, diagramó el elenco que después ascendió bajo las órdenes del eterno Oldrá en 2008. “Soy tombino de alma y es una sensación inexplicable llevar al equipo a lo más alto. El primer ascenso lo sufrí más porque lo había conseguido como jugador en Gimnasia y Tiro, y nunca con el club de mis amores. Igual, pudimos capitalizar el descenso; era para irse a llorar y los dirigentes se rompieron para dar vuelta la historia. Hoy estamos en un lugar de privilegio”, reconoce el Gato.

LA ESTABILIDAD del Bodeguero en Primera es un hecho. Pasó sofocones -Diego Cocca lo salvó del descenso y Asad lo resurgió de las cenizas, cuando muchos lo daban en la B-, y goza de buena salud al acumular 131 puntos en tres campañas. La célula madre es la profundización del modelo. “Veo y analizo el fútbol a través de los ojos del Gato Oldrá”, arroja la primera piedra Mansur. “Es un soldado de la causa. Estuvo como ayudante de campo, dirigió al equipo y nunca descuidó su función de coordinador del fútbol profesional y amateur”, retruca Contreras. Oldrá, sin duda, es el cerebro interno de la estructura; un tipo simple, líder del equipo que ascendió a la B Nacional tras conquistar el Torneo del Interior en 1994, que no la juega de sabio. “Es una trilogía entre Contreras, Mansur y yo. Trabajamos tranquilos, pensamos bien porque el club no puede contratar figuras. Todos tiramos nombres de jugadores y los seguimos. A Jairo (Castillo) lo fuimos a ver a Uruguay, por ejemplo. Luego, lo charlamos con el entrenador de turno de la Primera para tener su aval. Además, realizamos apuestas como fueron Salinas y Miranda, que vinieron de otra categoría. La idea fue adaptarlos en un añito. ¿Qué miro? Que sean buenos jugadores, que sepan jugar, más allá de la posición. La mayoría de los futbolistas son de Godoy Cruz porque la dirigencia los compró, tenemos 18 jugadores de la cantera en el plantel superior, y eso es meritorio. Se apunta a que el 70% del grupo surja del club en dos o tres años. Aparecerán muchos pibes cuando el equipo esté consolidado en Primera y disputando un torneo internacional. La virtud es de los dirigentes. Cuando me retiré, era un don nadie. Ellos me escucharon y confiaron. Somos un conjunto que se esfuerza en silencio”, asegura.

La decisión de contratar a entrenadores que transitan vías subterráneas es otro acierto del tridente. “Amoldamos nuestra realidad a lo que podemos pagar. Nos gusta trabajar con gente joven, que tenga ganas de forjarse un camino en la vida”, afirma Mansur. “Traemos a técnicos que hacen sus primeras armas en Primera porque es grande la esperanza de recibirse de entrenador ante la gente. Nos criticaron al sumar a Asad, pero Omar tenía todas las ganas del mundo de trabajar y quería hacerse un nombre como técnico. Salió a la perfección; hoy muchos clubes desean contar con él, y a nosotros nos colocó en el lugar que alguna vez soñamos”, agrega Oldrá.

El orden de la casa, la apuesta al fútbol amateur y el respeto por el trabajo del prójimo son otros aspectos vitales que impulsaron hacia la cúspide al colectivo tombino. “Cuando descendimos, adecuamos el presupuesto de Primera, pero lo incrementamos en Inferiores. El patrimonio de los clubes son sus jugadores, que a la vez poseen un valor agregado: sentido de pertenencia. Desde que asumimos, jamás dejamos de pagar un mes de sueldo, ni cuando descendimos. No le debemos nada a nadie”, enfatiza Contreras. “Ya no se depende del dinero de algún dirigente, ni el club depende de vender a algún jugador para sustentar una campaña a futuro. Prevaleció la capacidad y coherencia en el manejo de los recursos”, suelta el periodista mendocino Juan Suraci, con un sentir más de hincha que de jefe de prensa. Nicolás Sánchez, último futbolista que se acopló al Godoy Cruz de Asad, remata: “Me encontré con la mejor institución; me sorprendió para bien. No hay muchos clubes así. Me preocupo por entrenarme y jugar. Hasta se molestan por saber cómo está mi acompañante, que es mi novia, en Mendoza. Más no puedo pedir”.

PARA CELEBRAR la clasificación para la libertadores, nada mejor que pasaportes gigantes con la imagen de la Copa. Un momento histórico. (Marcelo Alvarez)

EL CICLO DE ASAD se enmarca como el mejor de la historia. El Turco revitalizó a un grupo golpeado y el equipo obtuvo 66 puntos el año pasado al ganar 18 partidos, empatar 12 y perder 8. De hecho, hasta peleó el Clausura y se clasificó por primera vez a la Libertadores. “Somos Godoy Cruz, un equipo humilde que hace un año peleaba el descenso. Esto es como dar la vuelta olímpica”, cuenta David Ramírez, el diez que se convirtió en as. “Hasta Maradona nos miraba. Hicimos historia. No salí campeón en la A, pero la sensación es algo así”, se emociona Ibáñez, quien se transformó en el primer futbolista que saltó del Tomba a la Selección Mayor. “Lo vivo como un sueño”, lanza el capitán Olmedo, el otro que viajó del Expreso a la Selección local del Diego. “Nadie se cree estrella. Tenemos un plantel con jugadores de buen pie e inteligentes. Asad influyó mucho y generó que nos animáramos a faltarles el respeto a los otros equipos”, define César Carranza, hoy en la gloria tombina, ayer en la vereda de enfrente, cuando casi arruina el ascenso en 2006. “Hace muchos años teníamos una mentalidad conformista. Ahora se apunta a ganar”, acompaña Torrico. “No me juzgaron por venir de la C y no sentí la presión de demostrar nada. Siempre busqué este presente. Queremos llegar lo más lejos posible en la Copa. Seremos un rival duro”, argumenta Rodrigo Salinas, la revelación. Nico Sánchez, que se reencontró con su nivel, suscribe: “El Turco nos dio tranquilidad para manejar la pelota y eso nos hizo ganar muchos partidos. Creímos en nuestro juego. Es importante tener a un técnico que sepa de fútbol y llevarse bien con los jugadores. Si uno tiene al mejor del mundo, pero no existe un ida y vuelta, no se consigue nada”. Villar, por su lado, aporta: “Tuvimos al mejor mediocampo de la Argentina, que atacaba siempre y se defendía con un solo recuperador como Olmedo, que encima también jugaba. Escribimos algo grande en Mendoza. Será lindo jugar la Copa, pero no podemos descuidar el torneo local, por el descenso”.

“PASAMOS DE SER el quinto equipo en Mendoza a ser el primero, lejos. Hubo mucha gente que trabajó con pasión para el bien del club, pese a estar a horas de ser rematado en 1981. Pero Contreras, Mansur y Oldrá son las personas más importantes de los últimos 15 años. Si no aparecían, el club no sé si estaría vivo”, jura Suraci. “El objetivo es consolidarnos en Primera. Quiero 60 puntos en la acumulada en julio próximo. La idea es hacer un papel digno en la Copa, y estar firmes en el torneo local. Igual, será divino disputar la Libertadores; es algo inédito”, se entusiasma Mansur. “El fútbol es lo más parecido a la agricultura. Uno debe saber elegir el terreno para sembrarlo, cuidarlo, esperarlo y cosecharlo en ocho o diez años. Mi necesidad no puede acelerar el proceso. Hay que ser coherente, y no caprichoso. Nosotros aspiramos a un poquito más. Cuando armamos el equipo en los escritorios, es para salir campeón”, se le escapa a Contreras, miembro también del Comité de Selección en la AFA.
   
La televisión devuelve otra imagen; diferente escenografía, similar material: Enzo Pérez levanta otro trofeo, Apertura 2010. El Tomba cumplirá 90 años el próximo 1º de junio y sus popes se ilusionan con que la fiesta sea completa. Jorge Da Silva reemplaza en el banco a Asad, que renunció por pretender una mejora económica en su contrato y fue rechazada por los dirigentes. No obstante, los directivos jamás perderán de vista la referencia del crack salido de la casa. Ya lo demostraron: aciertan más de lo que se equivocan.

EL ESTADIO TOMBINO. En 2011 inaugurarán un predio modelo. (Prensa Godoy Cruz)

Crecer y soñar
SI BIEN AUN se desconoce la fecha, se prevé que este año se inaugure de manera oficial el predio tombino, ubicado a 20 kilómetros de la sede del club en el Departamento de Maipú, que se adquirió con el traspaso de Enzo Pérez a Estudiantes. Tiene doce hectáreas y la intención de la dirigencia es comprar ocho más. “Ya están terminadas las nueve canchas de fútbol. Son de distintas medidas y las construimos para adaptarnos mejor a los diferentes terrenos. Se hizo una laguna artificial de cinco millones de litros de agua, por el problema de riego que hay en Mendoza. El proyecto de la zona de camarines para la Primera e Inferiores con gimnasio, salas médicas y lavadero viene bien. Después, hay otra etapa que haremos más adelante: el hotel de la concentración de la Primera. Esto será algo modelo. Apostamos por el desarrollo del fútbol amateur. Hoy ya tenemos 1.400 chicos en Inferiores. A medida que consigamos éxitos deportivo y podamos vender a algún jugador en cifras importantes, agilizaremos las obras de infraestructura”, cuenta José Mansur, vicepresidente de Godoy Cruz.

Por Darío Gurevich
Por Redacción EG: 14/02/2011

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