Nota publicada en la edición noviembre 2010 de la revista El Gráfico

HUMILDE vivienda para una campeona mundial. La Pantera y su cinturón. Y la sonrisa llena de sueños.

ALGO PERSONAL
Nombre completo: Erica Anabella Farías.  
Fecha y lugar de nacimiento: 13/7/1984, en Virreyes, Buenos Aires. EDAD: 26 años. PESO: 61 kilos. 
Trayectoria: Como amateur efectuó 20 peleas con 2 derrotas. Fue campeona Panamericana en Caseros 2006 y medalla de plata en el Mundial de India del mismo año. Profesional: 9 peleas, todas ganadas, 5 por KO.
Títulos: Campeona sudamericana super pluma (2009) y actual campeona mundial interina categoría ligero del CMB.

ESTA TODO preparado y listo: un platito con mermelada, un termo, el mate, un par de tazas grandes para café, dos vasos y un bizcochuelo caserito y ya cortado en rodajas. Y ella, mientras ingresamos a la vivienda, se sonríe mientras nos pregunta si queremos agua, jugo o lo que sea. Está radiante. Y le da brillo y resplandor a la habitación humilde y sin ventanas, con ladrillos expuestos, en la que estamos. Hay algunos trofeos, una tele, una computadora, una mesa de comedor muy sencilla, muchos libros y un clima de esos que solo se puede lograr cuando el vengan-pasen-pónganse-cómodos sale del corazón, sin adornos.

La casa está frente a las vías del ferrocarril, en la calle Malvinas Argentinas, en el partido de San Fernando. La casa es precaria y forma parte de otras varias, todas pegadas entre ellas, que han sido levantadas con las manos ásperas y generosas de don Luis Farías, el padre de siete hijos junto a Beatriz Silvia Carrasco, quien murió a los 54 años hace apenas unos meses, el 10 de julio.
Y de todos los hermanos, ella, la que ahora nos tiende un vaso de Sprite, es la anteúltima, tiene 26 años, es la sexta de los hermanos, se llama Erica Anabella Farías y es conocida en el mundo del boxeo simplemente como La Pantera.

LA PANTERA no era Pantera cuando se metió a hacer gimnasia en la Sociedad de Fomento de Virreyes; era por entonces, medio gordita y el fullbox la iba a ayudar a bajar de peso. Hasta que un día Daniel Moreno la vio practicar full contact y le dijo que, en realidad, con el boxeo iba a ser otra cosa. “Entonces sentí que me corría la adrenalina, me olvidaba de todo, largaba todo lo que tenía adentro y me sentía tan libre, que ahí nomás se lo conté a mi papá, Luis. Mi mamá no quiso saber nada con el boxeo, aunque yo había sido campeona argentina de full contact. Por entonces, como siempre, no andábamos bien de plata. Yo quería estudiar Derecho y estaba haciendo el CBC, pero llegaba apenas. Así que empecé a buscar algún trabajito para pagarme los apuntes. Hacía eso y boxeaba. Mi mamá no sabía nada pero mi papá me acompañaba. Suerte que nunca volví a casa con la cara marcada. Al principio era un desastre como boxeadora. Hice casi todas mis peleas en el club Independiente de Beccar y en mi tercera pelea la tuve enfrente a Celeste Peralta, que hoy es toda una figura. Ella, como otras chicas –Cecilia Rodríguez, Micaela Cicioli, Silvia Zacarías– eran todas de la Selección pero yo me entreveré tan bien peleando con ellas que un día Héctor Morales, de la Federación Argentina, me puso en la Selección”.

Su debut como boxeadora fue el 10 de diciembre del 2005, ante Carolina López; y unos meses después, estaba en la Selección. 

“Estuve concentrada durante cinco meses en el Cenard, antes del campeonato Panamericano que se hizo en Caseros, en julio de 2006. No es por nada, porque las chicas eran todas bárbaras, pero como soy muy familiera, me sentía mal. Fue demasiado tiempo fuera de casa. En el Panamericano gané la medalla dorada y de ahí me mandaron al Mundial de la India; tuve que ganar tres peleas y llegué a la final con una irlandesa, Kathy Taylor, que ya llevaba cinco mundiales. Perdí pero me di cuenta de que podía competir... Y que tenía con qué”.

AL ATAQUE. La norteamericana Nicole Woods duró menos de 4 minutos en San Fernando.

HAY UNA parte de la historia que ella no cuenta y no quiere contar. Tiene que ver con las cosas del corazón y una relación que no fue buena para ella. En el 2006 viajó a un tope en Brasil, le pidieron que se quedara un tiempo y ella se escapó. Su mal de amores era más fuerte que todo. Se desconcentró del boxeo, fue a limpiar en casas de familia y oficinas para llevar un peso a la casa y cuando logró romper la relación, comenzó para ella una nueva vida.

“Y ahora siento que todo fue rápido, más que rápido, rapidísimo, todo pasó... Mirá, en el 2009, o sea que estamos hablando de hace apenas un año, nada más que un año, comienzo a entrenar con Pachorra Moreno (el técnico de La Hiena Barrios) y conozco al promotor José Ferraro. El no solamente me ayuda en lo personal. También me ofrece ayuda económica. Me preguntó cuánto me pagaban por las tareas de limpieza. Y me dijo: “Yo te pago esa plata para que solamente te entrenes, y los fines de semana venís a una parrilla que tengo en el Tigre y te ganás otros pesitos”. Eso fue muy importante para mí. Hice un par de peleas más, esta vez con Alejandro Randolini como entrenador –porque Pachorra cerró el gimnasio con el tema de la gripe, ¿te acordás?- y cuando quise acordarme, ¡debuté como profesional! Todo fue muy rápido...”.

MUY RAPIDO y se resume así: debutó como profesional el 25 de julio del año pasado. Y en menos de un año logró el campeonato sudamericano superpluma y luego el título mundial, interino, de la categoría ligero, reconocido por el Consejo Mundial de Boxeo. Ni más ni menos.

“Después de ganar el sudamericano (fue ante la brasileña Vanesa Guimaraes, nocaut técnico en el primero, Paraná, Entre Ríos, 28 de noviembre del año pasado) volví a entrenarme nuevamente con Pachorra, en el club Tigre. Para ese entonces, ya era La Pantera. El apodo me lo eligió mi mamá, fijate vos, que nunca estuvo muy de acuerdo con el tema del boxeo. Mi mamá... ella murió hace muy poco y fue un golpe muy fuerte para todos nosotros. Tenía diabetes, era obesa y era hipertensa. Vivía para sus nietos. ¿Ves todos esos libros de medicina? Bueno, los leía ella, pero se negaba a ir a los médicos. En febrero se descompuso tan mal que llegó a estar cinco días en coma. Perdió la movilidad en el lado derecho. Cuando empezaba a recuperarse, aparecieron problemas renales. Estuvo muy enferma, muy mal, pero por lo menos me pudo ver campeona: ella salió del hospital un 5 de mayo y el 8 le gané el campeonato mundial interino del Consejo a la colombiana Darys Esther Pardo (fue por nocaut en 8 asaltos). Siguió con problemas. Falleció el 10 de julio y fue muy duro para todos nosotros...”.

Cuando dice todos nosotros es porque en las precarias viviendas que el padre fue levantando, está toda la familia. Ella, La Pantera, convive con su novio, que también es boxeador –Angel Aguirre–, su hermanito Luis Alberto Farías (13) y su padre, que trabaja en Seguridad. Cuando ellos ocuparon estos terrenos, no había ni agua y había que ir a buscarla a dos cuadras. Ahora, en cambio, aquellas casillas de madera son parte del pasado. El comedor mide 5 metros por tres y medio, hay una cocina, un baño y las habitaciones son de tres metros por tres metros y medio. En otros cuartos, que se han ido edificando alrededor, están los otros hijos de don Luis: Sabrina Lorena, Walter Raúl, Emanuel Emiliano, Mónica Alejandra...

"CON LA MUERTE de mi madre sufrí mucho y el tema fue volver a pelear, siento que algo me falta. En la última pelea que hice, contra la norteamericana Nicole Woods, pedí que me buscaran un hotel y pasé totalmente sola un par de días previos. Necesitaba estar conmigo misma. José Ferraro sigue siendo mi manager, pero se sumó Osvaldo Rivero como promotor internacional. Sé que de acá a fin de año podría hacer alguna otra pelea. Por ahora, la plata no es lo importante, no gano mucho. En la última pelea, cuando le gané a la norteamericana Woods, el Bingo de San Fernando me pagó con electrodomésticos. Estoy juntando para mudarme alguna vez; la Municipalidad de San Fernando me ayuda y eso se lo agradezco al intendente, Osvaldo Amieiro, porque tengo un sueldo que me permite seguir entrenándome”.

GARRA DE PANTERA. Tiene apenas nueve peleas como profesional y ya es campeona de la categoría ligero CMB.

Confiesa que le encanta firmar autógrafos y que se saquen fotos con ella, aunque reconoce que, obviamente, no tiene la exposición mediática de La Tigresa Acuña o Yésica Bopp, con las que mantiene una cordial relación. “Solamente no me llevo bien con La Gata (por Mónica Acosta, la campeona súper ligero del Consejo) porque una vez estuvimos por pelear, en el Independiente de Beccar, cuando éramos amateurs, ¡Y me dejó plantada! Así que de ahí en más siempre quise pelearla. Por ahí, dijo que había algunos privilegios o algo así y supongo que se refirió a mí. Lo único que sé es que espero poder agarrarla alguna vez. Total, si quiere, ella baja un poco de peso (ronda los 63,500 kilos), yo subo algo (pesa 61) y listo”.

Su amiga, Candela Rodríguez, es quien la maquilla antes de cada pelea. Devota creyente de El Gauchito Gil, tiene un tatuaje con su imagen; también se tatuó una carpa o "un pescadito chino", como dice ella. Una de sus más firmes cábalas es una ropa interior que utiliza únicamente cuando pelea. Obsesiva en ritos como recorrer un camino siempre por el mismo lado o no cruzar jamás debajo de una escalera, le encanta la cumbia colombiana y tiene dos mascotas, una perrita negra que llama Panterita y un perrazo cargoso y grandote llamado Cirio. Le gustan los perfumes y prefiere la ropa casual. Se siente tímida y se reconoce caprichosa. Hace un tiempo andaba con el pelo tan cortito que, cuando fue a pelear a un club, preguntaron: ¿Y la chica, dónde está? Entonces, para que no se confundiera nadie más, se dejó el pelo largo. Admite que en su carrera el tema de la maternidad debe ser, al menos por ahora, postergado y no le gusta. Y confiesa que una vez se sintió en el cielo porque Látigo Coggi fue a verla.

Cuando llega al gimnasio de Tigre, la espera Claudio Moreno, Pachorra, quien próximo a cumplir los 41, está en el boxeo desde los 15, de la mano de Horacio García –un ícono del boxeo de la zona norte– y tras 9 peleas debió retirarse por un problema en la vista. “Yo entreno a La Hiena desde el 2001 y también a su hijo, Mauro; ahora, si me preguntás por esta chica yo te digo: sobresale. Sobresale y va a dar mucho que hablar”.

Mientras Pachorra habla, ella está ahí, en el medio del gimnasio. Con los brazos extendidos posando para las fotos, feliz, contenta y radiante de estar en su mundo, en un ring, vestida de pantera y dispuesta a conquistar el mundo con sus zarpazos

Por Carlos Irusta / Fotos: Maxi Failla
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