Notas de la revista

Ramírez y Olmedo: buena cosecha

- por Redacción EG: 10/11/2010 -

Se conocieron en el Godoy Cruz que subió a Primera en 2008 y son vitales en el Tomba ganador de Asad. Si bien viven días de gloria, no olvidan las penurias del pasado: trabajar en otros oficios, la idea de dejar el fútbol y la experiencia en el ascenso. Figuras del equipo sensación, sueñan con clasificarse para la Copa.

Nota publicada en la edición octubre 2010 de la revista El Gráfico.

GODOY CRUZ crece con el fútbol que le aportan Ramírez y Olmedo, piezas claves de la mitad de la cancha.

PENSARON EN ABANDONAR el fútbol. Si bien lo experimentaron a diferentes edades y en diversas circunstancias, la sensación de encierro era similar. Se sufría más de lo que se gozaba. Se cansaron de esforzarse a costa de pagar un precio alto: perderse momentos relevantes, esos que marcan a fuego, junto con sus seres queridos. Pero no hubo caso. La idea de dejar la actividad en silencio, por la puerta del fondo, con pena y sin gloria, se esfumó. La contención familiar fue tan determinante como sus producciones actuales en la cancha. Aquellos adolescentes que se sacaron una foto con ellos en medio de la nota de El Gráfico en los bosques de Palermo, en la previa al triunfo de Godoy Cruz ante Lanús por 4-1, quizás desconozcan la parte oscura de la historia y solo conserven la referencia exitista –característica irremediable de los argentinos– de estos días.

David Ramírez y Nicolás Olmedo, jugadores vitales en el esquema del Tomba ganador de Omar Asad, disfrutan más de lo que padecen. Se regocijan con un presente que se escribe en indeleble. No obstante, jamás se olvidarán de aquel planteo introspectivo que deparó angustias. “Estuve muy cerca de retirarme en Unión Española de Chile, el año pasado. Recibí un llamado de mi nena desde Ramallo. Ella lloraba de manera desesperada. Me extrañaba y quería que volviera. Estaba a unas horas de viajar a Colombia para jugar por la Copa. No tenía ganas de ir. Ahí lo charlé con el entrenador y el presidente del club, y les dije que si me llamaba de nuevo mi hija, largaba todo y regresaba a la Argentina”, apunta Ramírez. Al toque, como lo que tarda un preciso cambio de frente, Olmedo admite su verdad: “Tuve muchas dudas en la adolescencia, en especial de los 16 a los 18 años. Se me cruzó por la cabeza no seguir. Me entrenaba con el plantel profesional de Godoy Cruz y tenía que dejar de lado muchas cosas. Igual, hacía cagadas: salía con mis amigos y me levantaba temprano al otro día. Me iba de joda en vez de descansar. No entendía que debía resignar ciertas cuestiones para llegar, como ocurre en otros rubros, no solo en el fútbol. Mi viejo significó un apoyo fundamental”.

Los caminos de la vida los llevaron por un recorrido similar y hostil, cuando aún no se conocían. Criados en hogares humildes, gastaron la suela de sus zapatillas al trabajar en oficios ajenos al fútbol. En ese entonces, navegaban en el anonimato. El Gato todavía no había exhibido su mejor versión como enlace, y el Negro se preocupaba por ser un cinco ordenado. “Cuando estaba en Italiano, y más durante mi primer año, me iba un fin de semana para mi casa. Salía el viernes y el sábado me pasaba el día en el lavadero de autos con un amigo. Necesitaba la plata. Me daban un peso por auto y había que sobrevivir. Antes de eso me prendía en changas por dos mangos: limpiaba algún terreno o era ayudante de albañilería. Sufrí hambre cuando era chico en casa. Mi viejo trataba de alimentar a cinco hermanos. Mi familia es muy unida y, por suerte, dejamos de hablar del hambre que padecimos y nos divertimos cada vez que nos juntamos”, confiesa David, a pura honestidad. Nicolás también tuvo lo suyo: “Trabajé en la peluquería con mi papá. Me encargaba de limpiarla. Después, fui ayudante de un profesor en un gimnasio”.

LA ESTRUCTURA DEL BODEGUERO se basa en ambos, que se desempeñan como conductores al mover los hilos de un equipo que rompió los moldes durante este año. Uno se encarga de la mitad de cancha hacia adelante; el otro, de la mitad del campo hacia atrás. “Nos repartimos bien en el medio. El Gato crea situaciones, asiste a los volantes y delanteros, y genera peligro. Mi función es la de un volante central clásico: recuperar balones, jugar a dos toques y entregársela al enganche o a los que van por afuera. Tengo que ser lo más simple posible. Como en la propaganda, el Mago y el Hacha. David juega, hace las cosas distintas, y yo quito”, afirma Olmedo. Al instante, Ramírez asiente y brinda su versión: “Me voy muy arriba por ser enganche, y él debe rescatar las pelotas que pierdo. Reconozco que me equivoco bastante. Además, Nico se desprende de su posición y me da una opción más al pasar al ataque”.

-Los rendimientos altos de Godoy Cruz ya no sorprenden. David, ¿mal acostumbraron al espectador?

-Llegó el Turco Asad y, más allá del juego, propuso otra mentalidad. Nos motivó. Nosotros nos sacamos una mochila pesada que los chicos arrastraban desde el año pasado. Entonces, empezamos a jugar. A veces salió bien, de manera vistosa, y en otras nos fue mal, no pudimos agarrar la pelota. El objetivo es mostrar el mejor juego posible.

-¿Qué les cambió Asad en la mentalidad?

-Al principio, decíamos que estaba loco. Los chicos venían mal, el equipo aparecía en zona de Promoción, y él llegó y habló de pelear el título. Una locura... Pero nos dimos cuenta de que podíamos ser protagonistas y salir sin tanto problema de la Promoción. La primera parte del año fue excelente. Nos olvidamos del descenso en la fecha 13 y terminamos terceros en el Clausura.
-Hasta mis amigos -interviene Olmedo- me preguntaban qué le pasaba al Turco, por las declaraciones que daba. Hicimos 16 puntos en el Apertura 2009, estábamos en el fondo y él nos convenció. Es un entrenador ganador. A medida que conseguíamos resultados, sumábamos confianza en lo grupal y en lo personal.

-Nicolás, ¿alguna anécdota que pinte al Turco?

-Ganamos en las primeras dos fechas del Clausura: a Gimnasia y a San Lorenzo. De golpe, vimos unos carteles en el vestuario. “Vamos a salir campeones; no es una casualidad estar primeros”, decían. La verdad, tenía un poco de temor. Veníamos de hacer un torneo muy flojo y no quería que levantáramos la perdiz. No había que creerse que éramos los mejores por esos triunfos.

-David, ¿a qué juega el equipo?

-La idea del torneo pasado era sumar. Ahora buscamos el triunfo y dar un mejor espectáculo. Se trata de jugar bien: tocar, atacar, perder una pelota y que no nos desordenemos para recuperarla y volver a atacar. Somos un grupo joven al que le falta experiencia. Igual, ya nos respetan más. 

EL APEGO HACIA la pasión de multitudes se gestó en la niñez. Ambos morían por el fútbol. “De chico, quería ir al jardín con los botines puestos. Me calentaba porque no me dejaban. No entendía que debía ir con zapatos. Mis viejos no eran futboleros. Mi tío me trajo a Godoy Cruz. El me lo había prometido si le prestaban el departamento de mi abuela para vivir cuando se casara, porque le quedaba cerca del club. Entré en el Tomba y cumplí ocho años a la semana. Ahí arranqué hasta que llegué a Primera”, resume Olmedo, oriundo de Godoy Cruz, Mendoza.

De Inferiores en Defensores de Ramallo, los inicios de Ramírez fueron un tanto más caóticos. “Tenía un accidente cada vez que estaba por ir a probarme. A los 15 años, me saqué de lugar la rodilla, se me llenó de líquido y estuve dos meses inactivo. Imaginé que no volvería a jugar, pero me recuperé. A los 16, me quebré el brazo; y a los 17, fui a Lanús, Argentinos, Gimnasia y Racing. A los 19, me presenté en Platense pero me boludearon, y terminé en Italiano”, sostiene el de Ramallo, provincia de Buenos Aires.
Cumplieron el sueño del pibe en el nuevo milenio. Ambos debutaron en el ascenso. Con apenas un partido en Cuarta y dos en Reserva, al enganche le tocó en un Atlanta-Italiano, por la B Metropolitana, que se disputó en 2000. Un año más tarde, el volante central hizo lo propio en un Gimnasia de Jujuy-Godoy Cruz, por la B Nacional.

Sin vueltas, se desarrollaron en campos minados. El Gato se destacó primero. La rompió en el Azzurro, se transformó en uno de los futbolistas más preciados de la B Metropolitana y emigró hacia Ferro, ya en la B Nacional. Luego, continuó su travesía en Olimpo, su estreno en Primera. Se bancó el descenso al perder la Promoción ante Belgrano y conquistó el Apertura 2006 en el Nacional. El Negro, en cambio, tuvo otro rodaje. Recibió un cachetazo de la dupla Zaccanti-Sosa a mediados de 2004, abandonó su querido Godoy Cruz y enseguida bajó dos categorías. Se integró a préstamo a San Martín de Tucumán y consiguió el ascenso del Argentino B al Argentino A. “Cuanto más se baja, más duro es jugar. Fue clave mi paso por Tucumán. Ahí cambié mi mentalidad. Tomé todo de otra manera”, explica. En 2005, regresó al Tomba, se quedó en la institución gracias a Juan Manuel Llop -el técnico de turno-, y ganó el Apertura. En un año repasó lo mejor y lo peor: ascendió a Primera a mediados de 2006 y volvió al Nacional a mediados de 2007, tras caer en la Promoción frente a Huracán.
 
En definitiva, sus vidas se cruzaron en Godoy Cruz, en la campaña 2007-2008. Allí se fundieron en un abrazo del alma al obtener el ascenso a la A. Nicolás se consolidó en el equipo base en esa temporada, y David aportó su calidad en aquel conjunto que comenzó con Sergio Batista como entrenador y que culminó con Daniel Oldrá pegado a la línea de cal. “Fue un momento de felicidad increíble”, coinciden.

EL NEGRO creció y se formó en Godoy Cruz. Ramírez recorrió un largo camino en el ascenso.

-David, ¿el futbolista que nace en el ascenso valora más este presente que aquel que se inicia en la A?
-Jugué en tres categorías. Uno aspira a lo máximo y a vivir de esto. La Primera División tiene otra trascendencia. Aquel que viene del ascenso valora más porque no tuvo todo servido de chico. Conocí a muchachos que llegaron a Reserva o a Primera en un equipo de la A, y pensaron que ya tenían todo. Y no es así. Ahí es cuanto más hay que pelearla.

EL DESTINO LOS SEPARO con Godoy Cruz en Primera, a mediados de 2008, tiempo en el que el Bodeguero comenzó a edificar su consolidación en la divisional, objetivo primario que pocos logran. Olmedo se quedó en el club, mientras que Ramírez pasó a Gimnasia de Jujuy, que también estaba en la categoría de elite. Sin embargo, se reencontraron este año en el Tomba.

La era de la madurez golpeó sus puertas. “Me reprocho haberme adaptado a Primera con 29 años. El cambio es de la cabeza. El juego, uno lo tiene. Mi problema era mental. Perdía dos pelotas y me sacaba del partido; me enojaba conmigo mismo; o me hacía responsable absoluto de la derrota del equipo. De eso, nadie se enteraba. A lo mejor veían que me caía dentro de la cancha. Pero ahora, ya no pasa. Si pierdo un par de pelotas, sigo corriendo, la pido otra vez. Hice el clic en Chile, un año atrás”, desenfunda David. En tanto, el Negro Olmedo tira más leña al fuego: “Me mandé varias macanas cuando arranqué. A mis 27, encaro la profesión de otro modo”.

-David, ¿la idea es revalidar el tercer puesto en el torneo local?

-¿Por qué no mejorarlo? Voy a dar la vuelta el día que nos clasifiquemos a la Copa. Después, quién no quiere salir campeón. Si entramos a la Libertadores, vamos a estar cerca del título, seguro. Pero sabemos que somos un equipo humilde que hace seis meses peleaba la Promoción. Iremos de a poco.

-¿Vélez y Godoy Cruz son los que mejor juegan?

-Ellos tienen chapa de candidato y un equipo bárbaro. Nosotros somos jugadores que peleamos ascensos y descensos, y tenemos otro tipo de presiones. Igual, la vamos a pelear. Quedó demostrado el hambre que hay en el grupo. Jugamos muy bien de a ratos en este campeonato, por ejemplo ante Colón y Estudiantes.

-Nicolás, ¿es el sueño ingresar en la Libertadores?

-Existen chances de hacerlo y depende de nosotros. Por eso, no hay que bajar los brazos, ni relajarse, ni creernos que ya estamos metidos. El fútbol es cambiante, y aún no ganamos nada. 

-¿Cómo se logra mantener el nivel?

-Es lo más complicado. Debemos conservar la misma mentalidad y el mismo sacrificio. La idea es salir a buscar el resultado. Tampoco masticamos vidrio; si hay que esperar, lo haremos, y en ese caso apostaremos al contragolpe.

-El ojo aún lo tenés morado. ¡Qué regalo te dejó Verón!

-Y mirá la pierna... Ya está. Creo que nada es intencional; el fútbol es un juego de roce. Hay que jugar callado.

-¿Se complica con los árbitros?

-Se equivocan mucho para los dos lados -se embala David-. No es lo mismo que les hable yo a que les proteste Verón. Tienen la mano más sensible a la hora de sacar una tarjeta para nuestro lado. Si pifian, ojalá que sea igual para los dos equipos. 

EL PRESENTE de ambos denota prestigio. Nicolás Olmedo hasta se dio el lujo de experimentar en el laboratorio de la Selección local de Diego Maradona en mayo de este año, cuando vistió la camiseta albiceleste en el amistoso ante Haití. Y a David Ramírez, lo intentó fichar la Universidad de Chile tres días antes del estreno en el Apertura. Sus trayectorias acreditan premio al esfuerzo. Aquellas situaciones dramáticas son parte del pasado. Sus nombres propios cotizan en alza. Sus vidas se cruzan. Persiguen lo mismo sin dobles discursos. Aún les hace ruido la panza. Tienen hambre, y es de gloria.

ALGO PERSONAL
Nombre completo: Arturo David Ramírez. 
Fecha y lugar de nacimiento: 18/2/1981, en Ramallo, Buenos Aires.
Edad: 29 años.  Peso: 75 kilos. Altura: 1,79 metros. Trayectoria: Sportivo Italiano (2000-2003), Ferro (2003-2005), Olimpo (2005-2006), Ponferradina -Segunda de España- (2007), Godoy Cruz (2007-2008), Gimnasia de Jujuy (2008), Unión Española -Chile- (2009) y Godoy Cruz (2010).

Nombre completo: Nicolás Andrés Olmedo. 
Fecha y lugar de nacimiento: 10/3/1983, en Godoy Cruz, Mendoza.
Edad: 27 años. Peso: 77 kilos. Altura: 1,83 metros.  Trayectoria: Godoy Cruz (2001-2004), San Martín de Tucumán (2004-2005) y Godoy Cruz (2005-2010).
Títulos: Ascenso con San Martín de Tucumán al Argentino A en 2004-2005; Apertura 2005 en la B Nacional, ascenso a Primera División en 2005-2006 y 2007-2008, siempre con Godoy Cruz.

Por Darío Gurevich / Fotos: Emiliano Lasalvia
Por Redacción EG: 10/11/2010

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