
Estuvo en situación crítica, pero se sobrepuso. Recuperado, festejó los cuarenta a todo trapo: más de 500 invitados y champagne por doquier. Antes, presentó su libro, se realizó una supuesta cirugía en la frente y se fue a Cuba a iniciar un tratamiento contra su adicción.
“Maradona no es una persona cualquiera”, dice la canción de Calamaro. Por si cabía alguna duda, el 2000 lo comprobó con sobrados ejemplos. El más evidente es el de los periodistas, que corrieron detrás del Diez y su troupe por medio planeta porque sabían que es un generador constante de noticias. Y diego fue, por robo, el personaje más seductor para las páginas deportivas y de las otras.
¿Rápido repaso? En enero, el Diez se fue a Punta del Este. Varios lo siguieron esperando alguna de las bombitas con su firma. Pero lo internaron de urgencia y el dossier “Maradona-peligro de muerte” comenzó a sumar centimil. El foco se trasladó a Buenos Aires, con Maradona todavía atontado, aunque murmurándoles a los periodistas que lo entrevistaron en ese estado que “Pelé debutó con un chabón”. Mas condimentos para la ensalada: que el falso médico, que su corazón, que la droga sí, que la droga no, que le dan el alta, que se va a Rusia, a Tanzania, a Burma... Al final fue directo a Cuba, inflado como una piñata, rubio platinado hasta las cejas. Y mientras apostaba por su recuperación, comenzó a recibir visitas de distintos programas. Algunos fueron con invitados (Versus le llevó a Rodrigo). Otros, como Sorpresa y Media, le bajaron una señal de satélite para que desde allá pudiera ver el fútbol de acá. La caja de Pandora del Diez tenía más para ofrecer. Los medios, más y más espacio para darle.
El buscador digital de La Nación, por ejemplo, ubicó 471 textos con la palabra Maradona en el 2000.
Actuó en Los Buscas; se puso en forma en menos de un mes para homenajear a Matthäus; reconstruyó en México el gol a los ingleses; volvió a Cuba y dijo que no vendría al país por mucho tiempo, pero regresó por la muerte de Rodrigo y aprovechó para jugar en la despedida del Pato Aguilera en Uruguay... Un respiro y seguimos. Presentó su libro, festejó los 40 años en una megafiesta; más su supuesta separación y su supuesta cirugía en la frente; sin olvidar su arreglo (¿también supuesto?) con Almagro, que le dio al club más fama mundial que al Milan por unos días...
Y faltaba más. La entrega de su pasaporte cubano; la elección de la FIFA al mejor jugador del siglo y la polémica con Pelé; el abrazo con Blatter y Platini; la aparición de su moneda; la presentación de sus compacts; las críticas a Blatter y a Platini...
Que quede claro: a nivel periodístico, Maradona es capaz de sacarles agua a las piedras y opacar cualquier noticia. Siempre hay periodistas agazapados esperando sus idas y venidas, sus ataques o alabanzas, sus fiestas, su eternamente promocionada vuelta al fútbol, alguna chance de dirigir a la Selección Argentina o a la de Kuwait, y por qué no una pelea mano a mano con Saddam Hussein. Con Maradona todo puede ser. Empieza el 2001. Y Diego va por más.




