El ex árbitro internacional hace un repaso por sus orígenes, su corta trayectoria como jugador de Lanús, Temperley y Banfield y sus comienzos dirigiendo en el fútbol de ascenso. Además, la experiencia de dirigir un Mundial.
CON PICON (solferino) y Pepe Méndez (amarillo), sus líenas en la cancha de Español, en su primer año en Primera.
TARJETAS para Figo en el Mundial 2002. No eran ovaladas como las de "Regla 18", pero al portugués no le causaron ninguna gracia.
LAS CAMISETAS de los primeros partidos. Piezas únicas e invalorables que integran el museo personal armado en su propia casa.
EL GRAN ERROR. La mayor macana de mi carrera fue, por suerte, casi al final. El penal de Ahumada en el Monumental en contra de River frente a Olimpo. No fue, pero lo cobré. Me di cuenta de que Ahumada no mentía en la protesta sosteniendo que no había tocado la pelota con la mano. Consulté con el juez de línea, pero me dijo que no estaba seguro y entonces asumí el error y lo sancioné. La compensación para mí no existe. Hay dos muñequitos en el pecho: uno te dice “Ojalá que empaten enseguida para tapar el error" y el otro te marca “Seguí adelante que no pasa nada, ya está”. No tenés personalidad si lo hacés. Lo vimos en la final de Sudáfrica, cuando el inglés Webb debió haber echado a dos holandeses por faltas muy violentas y evidentes. A él le pasó que como no mostró la roja primero, después ya no se animó a la segunda y recién sacó la primera al final del partido. No tuvo personalidad.
Por Carlos Rodriguez Musso / Fotos: Jorge Dominelli y Archivo El Grafico.




