CACHITO. Asegura que su verdadera profesión es ser docente y no entrenador (Foto: Archivo El Gráfico).

“Espero tu llamado. Saludos, Cachito”, fue la instantánea respuesta de Sergio Vigil ante el pedido de El Gráfico por entablar diálogo. Llegado hace apenas unos días de Nottingham, Inglaterra, lugar donde argentina ganó el último Champions Trophy, repasó su paso por Las Leonas, su experiencia con los varones, vivencias del último torneo con el seleccionado femenino y las posibilidades argentinas de cara al mundial de hockey en Rosario.

-¿Cómo viviste el último Trophy?
-Lo disfruté muchísimo. Tuve la posibilidad de compartirlo con la delegación y estoy muy agradecido porque me hicieron sentir uno más. Me encantó vivir todo el festejo como hincha porque cuando estás adentro no llegas a percibir la magnitud del logro. Me emocioné solito desde la tribuna. Luciana (Aymar) y Sole (García) me dieron un abrazo que me terminó quebrando en llanto: la camiseta celeste y blanca es lo más grande que hay.

-¿Qué te pareció el juego de las chicas?

-Este equipo me encantó. Si se daban otros resultados podríamos haber peleado por el tercer o cuarto puesto, lo que son las cosas. Las Leonas fueron súper generosas en el campo, tuvieron una entrega total y su juego fue netamente ofensivo: esos méritos no podían alejarlas de la final. El entrenamiento es clave pero lo determinante es el alma. Y el equipo está construyendo un alma muy poderosa.

-¿Del 1 al 10, cuánto sentís propio el Champions Trophy?
-Como argentino, un diez. Cada vez que un seleccionado nos representa siento, desde el lugar del hincha, el máximo deseo. Como técnico no podría dar un puntaje. Uno de los sueños que siempre tuve era ver al deporte que es mi vida bien alto. Y esta realidad es gratificante. Entrenadores y jugadores, todos somos un eslabón de esta gran cadena que es el hockey. El sueno más grande es dejar una huella para que otros la puedan seguir. La totalidad del logro es de las jugadoras, el cuerpo técnico y los dirigentes de este momento.

-¿Te gustaría volver a dirigir a Las Leonas?
-Quiero seguir viviendo y sintiendo como hincha, entrenador, utilero, o desde el lugar que me toque, la camiseta argentina. Me he dado cuenta que no necesito un cargo para ser feliz. Hoy, disfruto desde afuera. Sería muy desagradecido si después de todo lo que viví con las chicas le estaría pidiendo a Dios un poco más. Él, me diría: “Cuanto te di”. Este equipo ya me regaló todo.

-¿Cuál es el truco para llegar y mantenerse en el más alto nivel?

-A los deportistas los invito a ir por más en el campeonato de la vida. A mi no me estimula una medalla más, no es el motor que me impulsa. Sí se que es una consecuencia. El campeón de la vida saca todo el oro que cada persona tiene adentro. Podés haber logrado medallas y haber explotado un treinta por ciento de tu potencial. Ir por más significa ser mejor que el día anterior. Si vas por más en todos esos aspectos nunca vivís de tu curriculum, que ya forma parte del pasado. La gloria es no abandonar nunca la búsqueda. Se puede ganar o perder, lo que nunca se puede es dejar de crecer. De los éxitos te podés olvidar rápido, pero no de la forma. Si logramos sacar el potencial, no hay límites en la búsqueda. Nuestra idea era que el hockey pueda trascender al hockey y forme parte de la sociedad. Y eso ya lo logramos. El sueño fue siempre en equipo. De los que más aprendí en mi vida fue de los jugadores y el cuerpo técnico que me tocó compartir. La llave está ahí. La sabiduría está en la capacidad de observar y aprender.

La charla se dilata. Sin embargo, los conceptos siguen siendo ricos. Cachito toma aire y se sincera: “Uno de los errores grandes que cometí fue haber dejado a las chicas y a los ocho meses agarrar a los varones. Hoy pienso y tendría que haberme tomado dos años, digerir el proceso anterior y prepararme para un nuevo desafío. Igualmente agradezco a la vida haber tenido esas dos experiencias con el Seleccionado”.

-¿Cuáles son las diferencias entre hombres y mujeres?

-Viven distintas realidades. En mujeres podés elegir entre miles de jugadoras, salen de abajo de la tierra. Vas por la calle y ves a una chiquita con un palo. El hockey masculino lo juegan muy pocos y la mayoría se va afuera porque no pueden estudiar y jugar. Ojo, igual pensamos que está bajo pero está altísimo. Pasa que es más difícil entrar en el grupo de los cuatro mejores. Ambos exprimen sus neuronas, su parte física y su corazón. Con las chicas estuve ocho años y la conexión fue total. Con los hombres fueron casi tres años y no pudimos lograr esa conexión. A veces nos toca estar en el lugar indicado en el momento inapropiado. Ellos necesitaban otro conductor y yo un espacio de reflexión.

LA MAGA Y EL MAGO. Junto a Luciana Aymar. Fue la mejor jugadora del mundo en seis oportunidades (Foto: Archivo El Gráfico).

-Definime a Luciana Aymar...

-Como deportista  es una artista que todos los días te regala una nueva función. Cuando sacás la entrada para ver a Luciana sus mejores temas están relacionados con la magia, la habilidad, la creatividad, la entrega total hacia el juego: Luchita juega a la bocha. A parte de todo eso, siempre te regala algo más. Nunca deja de sorprenderme. Debe estar dentro de las tres deportistas en las últimas dos décadas que gane tantos lauros y pese a eso sigue siendo la misma: le mandás un mensaje y en cualquier lugar del mundo te lo contesta. En la final del Trophy con Holanda, no quería entrar a la cancha sin darme antes un abrazo. Ese gesto sintetiza lo que es ella. Es más grande cómo persona que como jugadora de hockey.

-¿Cómo ves a las chicas para el Mundial de Rosario?

-Al equipo lo veo muy bien tanto en lo físico, técnico y mental. En el Mundial presiento que serán notables: van a generar algo muy difícil de sostener para sus rivales. Están transitando el camino del campeón: las veo enfocadas, convencidas, con los pies sobre la tierra. Hay equipos que ante determinados triunfos se pueden embriagar y a ellas las veo sólidas en este momento. Están trabajando mucho y en silencio.

Mauro Gurevich
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