Nota publicada en la edición junio 2010 de la revista El Gráfico

LA RADIO era un proyecto que tenía hace años. Se anima a tener su programa, pero le falta tiempo.

SE MUEVE como si todavía estuviera dentro de una cancha: apurado, da indicaciones mientras camina por los pasillos del edificio que Espn tiene en San Isidro, toma decisiones rápidas, conduce seguro, hasta que entra en uno de los estudios y baja tres velocidades. Hay diferencias, de todos modos, respecto a sus tiempos de rugbier: está más ancho (“fuera de estado”, dirá él), anda en jeans y zapatillas y, sobre todo, asegura haberse vuelto un tipo metódico y planificador.

–Seguramente necesitás ordenarte porque estás haciendo muchas cosas a la vez: los trabajos para la International Rugby Board (IRB) y la Unión Argentina de Rugby (UAR), el lanzamiento de la radio (FM 107.9), tus negocios gastronómicos, los viajes constantes…

–Cuando uno encara un proyecto, es muy importante no perder el foco. Y cuando son varios proyectos a la vez, el riesgo es que se te desacomoden los patitos y, para eso, tenés que estar bien rodeado, como cuando jugaba. Debés tener muy buenas personas alrededor y que vayan a ser leales. La parte del rugby, la inclusión de Los Pumas en el Cuatro Naciones, es mi vida, la traslación de lo que fue mi vida. Siempre sentí curiosidad por hacer más que lo que me correspondía y en esta actividad me sorprendo poco porque conozco a todos los personajes, sé cómo piensan…

-Es verdad que tuviste una visión más larga desde hace tiempo, pero ¿no te agota insistir cada vez que encontrás otra puerta cerrada?

-En el rugby, las puertas cerradas son siempre las mismas. Cuando estudiaba en Inglaterra había un profesor que tenía una visión cíclica de la historia. El decía que se repiten los movimientos y la Argentina tiene mucho de eso. Sabés que vas a hablar cinco horas con algunas personas y vas a discutir siempre sobre las mismas bases. Yo siento que tengo responsabilidad en la última batalla ideológica, que era entrar en el Cuatro  Naciones.

-La tomaste como la madre de las batallas.

-Nosotros jugábamos con el seleccionado cinco partidos por año, sentíamos que nadie nos respetaba y esa batalla ya pasó. Empezamos a jugar en un buen equipo y a ganar, se hicieron las cosas más ordenadas y sentíamos que había un respeto mayor.

-¿No te cansa tener tantos frentes abiertos al mismo tiempo?
-Tiene que ver con mi forma de ser. Siempre abrí los frentes así, cuando jugaba, cuando estudiaba, siempre fui multifacético. Porque además, tenés que sumar a la familia, que en realidad es mi cable a tierra. Si no, viviría arriba de un avión. Ahora me obligo a no estar más de una semana o diez días de viaje. De hecho, cada vez que salgo al mundo aparecen cuarenta cosas más para hacer, y encima yo soy curioso… pero sé que vuelvo porque quiero compartir con ellas (su mujer y sus dos hijas) el sábado a la mañana, cuando juegan al hóckey, o llevarlas todos los días al colegio. Ahí, balanceo. Pero el tema para encarar cada cosa pasa por el grupo que te rodea. En la UAR, por ejemplo, soy parte de un grupo espectacular que no lidero.

-¿Y tampoco te cansa acumular enemigos?

-Tengo una lista enorme, pero es normal en la Argentina. Fijate el caso de Messi. ¿Cómo puede ser que alguien lo critique por su juego? De mí, siempre va a haber alguien que sospeche, dicen que me quedo con cosas de la UAR o que quiero quedarme con el rugby argentino. Pero sé que no voy a convencer a todos, así que hago lo que creo que es mejor.

-¿Tenés claro cómo va a estar el rugby argentino en cinco años?

-La bisagra fue el miércoles 12 de mayo, cuando en la IRB se definió que los clubes europeos tienen la obligación de liberar a los jugadores argentinos para que se sumen a Los Pumas en el Cuatro Naciones. Ese día se votó el artículo 9. El Sanzar ya aseguró la participación del seleccionado en la edición 2012 del Cuatro Naciones, porque la IRB les dará diez millones de dólares a las uniones y están firmados los contratos de televisión.

-¿Ya te ofrecieron ser presidente de la UAR?

-Noooo, yo no tengo un puesto en el rugby. Me pasó toda la vida, salvo cuando fui capitán. A nivel político, en el rugby, para la mitad soy el demonio y para la otra, un fenómeno.

-¿Son rentados tus cargos en la UAR?

-No, y no lo aceptaría, hoy. Considero que para dirigir en un ámbito amateur, uno tiene que vivir en la misma forma.

-No coincido. Una dirección profesional puede conducir mejor que voluntades aficionadas.
-Yo me refiero a la preparación de la estrategia y podemos discutir un rato largo sobre eso. La estrategia debe tener un toque romántico para trazar una línea en el mismo idioma  que hablamos todos en el rugby. Si yo ganara dinero con la UAR, empezarían las sospechas. Creo que debe haber un Consejo Directivo que marque pautas y una estructura ejecutiva rentada que las lleve adelante. Y, de hecho, la UAR funciona así desde hace algunos años.

-¿Nunca pensás que vos sos el que está equivocado y marchás hacia donde no deberías?

-Soy muy cabeza dura, no me entrego. Mirá que hubo momentos muy complicados, como en el 2005, cuando Risler (Alejandro, ex presidente de la UAR) hizo un mamarracho y tuvimos que renunciar al seleccionado. Hubo momentos duros, pero después me doy cuenta de que no estoy solo en las convicciones y me cambia la mirada. Yo soy un dirigente y trabajo pensando en los jugadores. Hablo con los que juegan acá y con los que juegan afuera y todo me confirma que vamos bien.

PROVOCADOR. Cuando Nike le propuso tener su línea de ropa AP9, el rosa fue su color preferido.

–¿Estás seguro de que no va a afectar a la competencia interna que haya jugadores más preparados que otros por integrar el Pladar?
–Si juega un equipo profesional con otro amateur, hay diferencias. Pero cuando es un  solo jugador en un equipo, no se siente. Si nos damos cuenta de que el plan genera  desequivalencias, podés dar marcha atrás. No quiero que un profesional juegue contra un amateur, pero no considero profesional a alguien que recibe una beca. Este es un momento de transición que nadie creía que iba a llegar y lo hicimos mucho más rápido de lo que se esperaba. Todo se va a entender en un par de años.

–Cuando se eligió a los jugadores para el Pladar, ¿se cuidaron de convocar a pocos de la URBA sabiendo que iban a tener resistencia?

–¿Sabés que no? Siempre se eligió por cuestiones deportivas y nunca políticas. Te lo aseguro, aunque no me creas. Siempre odié mezclar la política con las selecciones y a mí me pasó que me dejaron afuera en un escritorio. Si sucediera eso, yo me voy.

–Pero se terminó mezclando la política, porque a los jugadores de la URBA en un momento los bajaron del Pladar.
–Fue una decisión momentánea y para no perjudicar a los jugadores. No quisimos que las disputas ideológicas entre dirigentes perjudicaran a los jugadores.

–¿Se puede “construir” jugadores capaces de enfrentar mano a mano a las potencias del Sur? Porque tu generación, más allá del crecimiento que tuvo en Europa, nunca llegó a emparejar a los equipos del Sanzar.

–Es que además de la cuestión genética, hay un tema muy simple: vos tenés que prepararte, tenés que aprender a jugar en ese nivel y, después, debés jugar en ese nivel, es decir, tener una competencia permanente con ellos durante varios años. Nosotros jugamos nuestra primera semifinal de un Mundial sin saber cómo era jugar en esa instancia, y nos tocó Sudáfrica, a la que enfrentamos tres veces en veinte años.

–La lógica indica que a Los Pumas les tocará perder más que ganar en el 4 Naciones. ¿Puede ser perjudicial para el proyecto que sostienen?

–Ojalá que no. Va a ser durísimo jugar esos seis partidos cada año, pero queremos jugarlos. Y si nos critican, será un argumento más. Alguna vez fueron las zapatillas rosas…

–Pero esas eran críticas personales, contra vos, por ser un provocador. Esto es más amplio.

–El equipo fue el que provocó en aquel momento. No era algo mío, personal. Me ponían a mí a la cabeza de la “pumamanía”, pero éramos todos, un equipo que generaba esa reacción. Ese equipo rompió los moldes, se acercó a la gente, a firmar autógrafos, fue muy transparente, incluso con la prensa. 

–Igual, el que estaba delante de todos eras vos, aun siendo más chico que otros referentes.

–Al principio, no. Pero es cierto que nunca me gustó la manera en la que se trataba a los más chicos. Lo peor que viví en el 95 fue la forma en que se manejaban algunas cosas, el equipo estaba lejos de la gente, no se podía declarar nada que no fuera con el casete puesto.

–En ese momento, no te animabas a ponerte las zapatillas rosas…

–No, pero tenía el pelo largo y me lo cortaron. No guardo rencor, pero me hicieron confirmar que se podían hacer las cosas de otra forma.

A ESTA ALTURA de la tarde, Pichot sigue hablando rápido, apasionado, convencido, pero ahora está sentado detrás del escritorio que tiene en la oficina que ocupa en Espn. Por momentos se sorprende diciendo más cosas que las que querría decir. “Uh, me estoy abriendo mucho”, amaga frenarse, pero sigue sin esconder cartas. Lleva casi una hora sentado, pero no da la sensación de estar incómodo, tiene ganas de hablar.

“En la Argentina siempre pretenden ensuciarte. Quizás estás hablando de cualquier tema y enseguida salta alguien y te dice que en Chubut se te acusa de cualquier cosa”, retoma Pichot.

–¿En qué quedó el trabajo que hacías como embajador deportivo de Chubut?
–Apareció una acusación de malversación por tres mil euros, puse abogados, hice una auditoría de mí mismo; y el Tribunal de Cuentas de la provincia, que es independiente del gobierno, determinó que no había ninguna irregularidad. Aparte, yo trabajaba ad honorem. Vivimos en un mundo muy perverso. Imaginate, si en el rugby a veces se usan armas poco limpias, calculá en la política.

–¿Y no sabías que era así?
–Pensé que era duro, pero no tanto. Y no quise unir esa denuncia a mi laburo en el rugby porque no me pareció bueno ir más allá.

–¿Cómo quedó tu relación con Mario Das Neves, el gobernador de Chubut?
–Es un tipo al que respeto y quiero un montón. Entendió que me abría porque me había acoplado a un grupo de trabajo, pero no era mi gente y no pudieron protegerme cuando apareció esa acusación.

–Te deben haber ofrecido otras actividades políticas, ¿no?
–Sí, varias, pero no puedo decir qué me ofrecieron porque no quiero quemar a nadie.

–¿No te tentaste?

–Por ahora, no. Me gusta la política porque te da la posibilidad de ayudar y de cambiar cosas. Pero no me gusta hacer las cosas mal o a medias. Sé que en algún momento me voy a meter, pero no sé cuándo.

–¿Qué te frena?

–Es por un tema de mis hijas, porque en esto sí soy más estratega. Quiero que mis hijas crezcan. Yo me la banco solo, me banco que me digan chorro o que me quedé con la guita de los jugadores, porque yo sé, y mis ex compañeros también saben, quién soy y lo que hice, pero quiero que mis hijas sean un poco más grandes y tengan bien claro quién es su papá.

Por Juan Manuel Durruty / Fotos: Jorge Dominelli

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