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Te digo que no figura

- por Martín Mazur: 22/06/2010 -

El acceso a nuestro hotel FIFA y una sorpresa inesperada.

Las señales ayudan a interpretar la realidad. Son indicios, signos de lo que está pasando o puede estar por pasar. Convivimos con ellas desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir. A muchas las procesamos de forma casi inconsciente. Otras requieren ejercitar la concentración a tope y nunca perder la atención. En un país extranjero jamás visitado –como Sudáfrica- hay que vivir bajo máximo grado de alerta, porque saber percibir e interpretar las señales marca diferencias. Y no hablamos sólo del cartelito del ciervo cruzando la ruta o del STOP pintado sobre el pavimento antes de un cruce peligroso, no, no. Hablamos, por ejemplo, de que el GPS comprado aquí, con una base de datos que incluye hasta los maxikioscos, no tenga cargado un hotel. Nuestro hotel. Sí, efectivamente, el hotel que teníamos reservado en Polokwane -la ciudad que hoy alberga el Argentina-Grecia-, no figuraba en el aparatito. Y esto es lo que pasó, en la ruta, a medida que nos íbamos dando cuenta de la gravedad de la situación...

-No está, te digo que no figura… Da “not found”. Cagamos– le digo a Perugino después de pasar el cartel “Welcome to Polokwane”.
-Acá están los vouchers. Ahí tiene que estar la dirección– me responde todavía con tranquilidad, y vuelve a silbar el waka-waka de Shakira.
-¿Pero cómo no va a estar en el GPS? Si dijeron que teníamos todos los hoteles cargados…– apunta Del Bosco.
-Tampoco. El voucher no dice nada –interrumpo–. Dejame que me fijo en Internet. Pará que conecto el modem. A ver si así, al GPS le ponemos directo la dirección y llegamos…
-Che, linda esta ciudad, mirá qué colorido. Debemos estar en el centro. Allá hay un Wimpy, Roman’s Pizza, Kentucky, McDonald’s– enumera Perugino.
-¡Bien! Y encima cerca de la cancha- exulta Del Bosco.
-Ah, el tema es que el hotel está en Seshego, que es en las afueras. Esto es Polokwane centro –corta Perugino–. Allá tenemos el cartelito de Seshego, tomemos esa ruta a ver si lo encontramos.


15 minutos después
 -Uh, pero dónde mierda nos estamos metiendo. Mirá cómo nos están mirando de los cuatro costados. –se preocupa Del Bosco.
-Paremos en esa estación de servicio porque lo único que aparece como dirección es: “Zona G, cerca de la cancha de Seshego”. Imposible de encontrar– digo.
-Pero no puede ser, ¿qué dirección es ésa? Paro ya mismo– responde Perugino.
-Te digo que no figura. Bancame que anoto en un papelito porque ni en pedo bajo acá con la computadora.
-Mejor
-Listo, ahora sí, ya vengo.




5 minutos después
-Le pregunté a uno pero ni me miró. Se puso a hablar en dialecto con uno de al lado. ¡Ni bola!- protesto al subir.
-¿Y el otro te dijo algo?- inquiere Perugino.
-Creo que el primero no sabía inglés y el segundo no sabía leer. Le mostré el papelito y no lo pudo entender, pero después le pregunté dónde estaba la cancha y me dijo que siguiéramos por la ruta y nos fuéramos para la izquierda. Igual no estoy muy seguro, porque la verdad es que no se le entendía un carajo.
-Vamos para la izquierda entonces, si el hotel está sobre la ruta, lo tenemos que encontrar- concluye Perugino mientras sigue por una ruta que indica que no sólo estamos camino a Seshego, también estamos camino a Zimbabwe.



10 minutos después
-¡Ahí está, esta es la cancha de Seshego!- anuncia Perugino como si acabara de ver a Messi gambetear a cinco.
-Pero esto es una villa miseria. Acá no puede ser. ¡No me digas que es acá!– grita Del Bosco de atrás, con la cabeza entre las dos butacas.
-Acá no es, no se ve ningún hotel cerca –digo espiando por detrás del cementerio de gomas, supongo que ya más blanco que el papelito donde aparecía anotado “Honeymoon Lodge, Zone G, close to Seshego stadium”.
-Y encima el cartel este dice Nelson Mandela Drive. Si el hotel estuviera acá, estaría en esta calle – apunta Perugino, que a esta altura ya no silba más.
-Menos mal que vinimos bien temprano, mirá lo que se ve sobre el morro ese de ahí atrás. No sigas avanzando que nos vamos a la mierda –indica Del Bosco.
-No puedo creer que el sitio web del hotel no tenga un mapa. Doblá por la calle esta de tierra y metete atrás de las combis. Tiene que ser una de las de adentro. Cuidado con la que cruza con la caja en la cabeza– remarco.
-Tampoco, che, nada. Esto viene a ser como un supermercado, ¿no? Busquemos la comisaría de la zona, otra no nos queda– intenta dilucidar Perugino
-Pará, yo llamo al hotel a ver si nos saben decir algo. Pasame el teléfono que no encuentro el mío.
-Mirá lo que es este lugar –escucho que dice Del Bosco mientras hablo con la recepcionista-. Con la guita que llevamos encima…




1 minuto después
-Se cagó de la risa. Era una mina. Dijo que ya viene para acá. Que estamos cerca. Estacioná acá. Le dije que la esperamos acá, en un Honda azul. ¿Es azul este auto?
-¿Pará, pero ella viene a buscarnos en auto?- pregunta Perugino.
-No sé, a ver, ¿serán estas dos que vienen caminando para acá? –alerta Del Bosco desde atrás.
-No, no eran. Pasaron de largo -respondo.
-Les aviso que yo no sigo a nadie que no venga con un auto o con una identificación del hotel –sostiene Perugino, y el auto vuelve a quedar en silencio.




5 minutos después
-Ahí está, esa que se acerca tiene el logo del hotel en la remera –se alivia Perugino.
-Muchas gracias por venir, señora. ¿Queda lejos el hotel? No lo podíamos encontrar por ningún lado– pregunto.
-Está acá cerca –responde en inglés-, ¿puedo ir con ustedes en el auto y les digo cómo llegar?
-Por supuesto, ¡suba!- le indicamos. Y nos hace pasar por el costado de un basural, levantando tierra como en el Dakar.




3 minutos después
-¡Y acá está! ¿Vieron que estaba cerca? Y acá cerca también está una oficina del juzgado, y también la policía...
-… (silencio general).
-(La mujer sigue hablando) …el desayuno es hasta las 9 de la mañana. Pueden elegir dónde estacionar– anuncia de frente a una imagen devastadora: hay unas 40 cocheras y ni un solo auto.
-Este parece un motel de ésos donde pasan las películas de terror. Acá vamos a morir de a uno –digo, mientras pienso que ahí no me meto ni aunque venga un huracán. Lo único que separa al hotel de los terrenos lindantes es una medianera y una barrerita.





5 minutos después
(completado el check-in)

-Las habitaciones están a 200 metros de distancia. Para llegar a la mía pasé por un pasillo, algo que creo era la cocina y ahí llegué. El olor a humedad me mató- les cuento.
-La nuestra da a unos pasillos internos que no te puedo explicar lo que son– balbucea Perugino, mientras señala con ironía el logo de la FIFA–. ¿¡Cómo puede ser un hotel FIFA!?
-Las habitaciones no tienen rejas. Y mirá lo que es la llave –aparece Del Bosco mientras sostiene una llave igualitas a las de baño– Eso sí, ¡La recepción tiene barrotes! ¡Barrotes tiene!
-Cómo me gustaría encontrarme a Blatter en este momento- murmuro sin que nadie me escuche.
-Muchachos, yo acá con los equipos no me quedo, prefiero dormir en el centro de prensa –por fin marca posición Del Bosco.
-Rajemos de acá ya mismo –dice Perugino, que ya tenía el auto en marcha–. Si para las tres y media no encontramos otro hotel, nos volvemos. La ruta de noche debe ser una boca de lobo.



10 minutos después
(Se rompe el silencio y se retoma el diálogo)
-Es como dijo Maradona en la conferencia, en un Mundial hay que tomar decisiones rápidas... Si no, marchás -les digo.
-Y nosotros acá de noche marchábamos todos -salta Del Bosco.
-Una luz. No hay ni una luz en estas calles. ¡Imaginate lo que debe ser de noche!
-Había trampas para ratas al entrar a la habitación, ¿alguien se fijó en eso?
-Pobre… la señora de la recepción me preguntó a qué hora volvíamos.
-Encima se pateó como cinco cuadras de tierra para venirnos a buscar.
-Sí, pobre ¿Pero qué le iba a decir? Si eramos los únicos de todo el hotel. Le dije que dependía de muchas cosas, que quizás volvíamos esta tarde, quizás a la noche, quizás mañana...
-Y quizás nunca –interrumpe Perugino.
-Sí, nunca. Esto no es Seshego. ¡Es Sillego! –agrega Del Bosco.
-Qué lo parió. Por algo no figuraba. ¡Les dije que no figuraba!




- por Martín Mazur: 22/06/2010 -