Fútbol

El santo del gol

- por Redacción EG: 30/10/2009 -

Capitán y máximo artillero del San Lorenzo que hace medio siglo lograba su tercera estrella profesional, el Nene, desmintiendo sus 74 años, habla de aquella conquista y de muchos temas más.

CADA PASO SUYO por la emblemática avenida La Plata provoca un saludo afectuoso y el recuerdo inevitable de sus hazañas en el Gasómetro. Y también pone en movimiento al fanático que, imbuido por los dichos de su padre sobre las características de nuestro entrevistado, pega un salto, se sube a la mesa del bar y lo saluda con una reverencia solo reservada para los dioses, sin distinción de religiones. Nunca provocó indiferencia José Francisco Sanfilippo. Siempre fue artífice de un destino de goleador del que San Lorenzo se nutrió hasta el delirio. Cuatro veces artillero del fútbol argentino vistiendo la camiseta azulgrana, el Nene, como se lo bautizó apenas asomó su clase entre los profesionales consagrados allá por 1953, sigue concitando la adhesión del pueblo azulgrana. Avenida La Plata ya no es la misma de hace 50 años, el viejo estadio desapareció hace 30, pero el campeonato de 1959 sigue vivo en la memoria de quienes lo disfrutaron y de quien, como este santo del gol, fue protagonista decisivo para el logro de la tercera estrella en la era profesional del club de Boedo.

“Lo bueno de aquel campeonato –abre el fuego Sanfilippo- es que lo arrancamos sin saber bien qué iba a pasar. Veníamos de un subcampeonato en el 57, después de un comienzo no muy bueno, y de un tercer puesto en el 58. Siempre que se empieza una temporada uno aspira a lo mejor, pero tampoco se jugaban tantos amistosos de preparación y también se habían incorporado algunos jugadores, por lo que se planteaba un interrogante. José Barreiro, el técnico, hablaba poco, tal vez porque como lo demostró después tenía mucha confianza en la mayoría del plantel”.
-¿Y cómo empezaron?
-De la mejor manera: ganando en la cancha de Atlanta y creo que hice tres goles. Fue lo que se dice un importante envión para afrontar lo que faltaba, que era muchísimo. Lo bueno fue que los nuevos como Iñigo, Cancino y Schiro se adaptaron muy bien y empezamos a destacarnos como un equipo básicamente ofensivo.
-Venías de ser goleador del torneo, pero no habías salido campeón...

-Sí, pero no me volvía loco dar la vuelta olímpica. Es que para mí el gol era una costumbre y una necesidad. Por eso me gusta el boxeo y también era hincha de Carlitos Monzón porque yo asocio el nocaut con el gol. Igual te aclaro que a partir de que se fueron dando los resultados, la idea de ser campeón me encantaba y la gente nos empezaba a tener en cuenta, los de nuestra hinchada y hasta los simpatizantes de otros equipos.
-¿Hubo un partido clave?
-Dos, para mí. El quinto partido que nos toca es Independiente que estaba invicto y con un equipo respetable porque estaba muy bien armado y además no le hacían goles. Todo un desafío para nosotros, porque si algo nos empezaba a caracterizar era el hecho de atacar siempre. Por la derecha, por la izquierda y por el medio. Por eso la gente nos apoyaba y la prueba fue que el estadio de Avellaneda estaba repleto. Por suerte pudimos ganar y con una diferencia apreciable. Los goles los hicimos Ruiz (Miguel Angel), Facundo y yo. Con esa victoria en el clásico pasamos al frente en el campeonato.

SAN FILIPPO, en el emblemático bar San Lorenzo de avenida La Plata y Avelino Díaz. Bien cuervo.


-Con quién te entendías mejor...
-Con Omar Higinio García, un fenómeno. Siempre te daba la pelota al pie y en la mejor posición. Por eso, cuando se lesionó de gravedad, tanto que debió dejar el fútbol, motoricé un partido para que la recaudación quedara para él. En el club tenían organizados dos amistosos, pero no hubo acuerdo sobre el dinero. Igual tuve mucha colaboración de todos y en especial de Pipo Rossi y de Seijo, el presi de Huracán. Hubo mucha gente y recaudamos casi un millón de pesos. Ese dinero le sirvió de mucho a Omar para vivir tranquilo por un tiempo largo. Yo ayudé a muchos jugadores y estoy complacido por eso y muy especialmente para un gran tipo como el “Isa” (seudónimo de Omar Higinio).
-Facundo y Boggio también fueron muy importantes...
-Facundo (Héctor) era un fenómeno que nunca se quiso dar cuenta de lo que era, no se tomó en serio la profesión. Tenía una pegada tremenda, era muy veloz, hacía goles, pero no se asumió como profesional. Yo le decía que teníamos que jugar casi una final contra Boca y él me decía que había un clásico en Palermo y corre tal o cual caballo. Un bohemio. En cambio Boggio (Norberto), que llegó al club detrás de un nueve famoso como Antonio Villamor, supo ganarse el puesto primero por la derecha y después por la izquierda. La virtud era que le pegaba bien con las dos piernas y tenía velocidad, pero también era preciso y colaboraba con el medio campo.
-Te falta nombrar a Miguel Angel Ruiz en esa delantera campeona...

-Un santiagueño que para mí rompió los moldes de sus comprovincianos. Por lo que corría, lo que se brindaba en cada partido. Me dolió enterarme de su muerte, fue muy importante para nuestro trabajo. En aquel campeonato nos parábamos con un 3-4-3 que se transformaba en un 3-5-2 porque él y Boggio se tiraban unos metros atrás y arriba quedábamos fijos Facundo y yo. Ruiz fue figura indudable porque también pateaba muy bien y así metió varios goles.
-Y Sanfilippo, ¿qué?
-Un profesional responsable que nunca se quejó por el trabajo. Yo hice muchos goles, pero también aprendí. En la reserva, con 16 años, mi maestro fue René Pontoni que ya estaba de vuelta, pero que mostraba toda su clase. El me decía tocá, andá, dámela, y yo, además de escucharlo con atención, le preguntaba muchas cosas que me sirvieron para crecer profesionalmente. Hoy es difícil que un pibe escuche a un grande. Y así es más complicado crecer.
-Y cuando llegaste a Primera...
-Era el último en irme del entrenamiento. Me quedaba pateando al arco con los dos arqueros. Y también practicaba pegándoles a las letras de los carteles que había en el Gasómetro. Al que le tenía más bronca era al referí cuando tocaba el pito terminando el partido, porque yo quería que siguiera, que no acabara nunca.
-Por eso fuiste cuatro veces goleador de la AFA...

-Y pudo haber sido cinco, si no hubiera sido por los dirigentes que me chicanearon con una suspensión en el 62 que Artime aprovechó para sacarme una ventaja mínima. Pero ya está, prefiero acordarme de lo que se concretó y todo el cariño que siempre me brindó y todavía me brinda la gente de San Lorenzo.
-Al margen de aquel título tan festejado, ¿cómo era San Lorenzo hace 50 años?
-¿En qué sentido?
-Institucionalmente, como formador de jugadores...
-Te voy a explicar. Un tipo que tocaba bien el violín, un tal Pecoraro que era del consejo del fútbol, no consultaba con el técnico ni con los jugadores para traer refuerzos basándose en que “hace 50 años que veo fútbol” y tenía 74. Yo le decía que no tenía nada ver eso porque sino, también mi abuelo con 90 podía decir “tengo 80 de fútbol“. Un disparate. Pero la gota que rebasó el vaso fue cuando se dejó convencer por el vivo del presidente de Peñarol, Washington Cataldi, de que el Real Madrid no iba a jugar con el campeón de la Copa Libertadores. Puso 100.000 pesos y el tercer partido se jugó en el Centenario de Montevideo, cuando debió haber sido en Santiago de Chile. Así y todo nos ganaron 2 a 1 con un penal inventado. Antes habíamos empatado dos veces (0-0 y 1-1). Finalmente, Peñarol fue campeón de América y jugó con el Real.

EL MOSTRADOR de la nostalgia. Sanfilippo y un poster de El Gráfico del campeón 59 convertido en pieza de colección del bar que respira fútbol.


-¿Cuál es el secreto de un goleador?
-Trabajar en las virtudes, corregir los defectos y estudiar a los rivales. Yo le decía a mi hijo que de nada sirve eludir al zaguero que está delante del arquero porque es la referencia para quien cuida el arco. Hay que practicar haciendo pasar la pelota sobre la pierna del defensor para que pase justita al lado del palo y el arquero se quede mirando sin saber por dónde se metió.
-¿Tenés más amigos que enemigos?
-Uno no puede tener solo un amigo, ni en el fútbol ni en la vida. Yo considero ser amigo del hombre y de su esposa. Así lo puse en práctica sobre todo en mi segundo matrimonio. Una vez convoqué a un asado en mi quinta a un grupo grande de parejas con las cuales nos veíamos en la puerta del colegio de nuestros hijos, yo quería saber cómo eran los padres de los compañeros de mis pibes. Con el tiempo, todo se decantó y quedaron ocho matrimonios amigos en 20 años. Digo esto porque nunca fui afecto a boliches y boites, soy un tipo de hogar. Y además, creo que el jugador profesional en serio debe ser así, dormir bien:nunca después de las doce de la noche y hasta las ocho de la mañana, comer bien y tener una vida sexual normal. Todos los excesos le juegan en contra al futbolista, por eso no coincidí cuando Pipo Gorosito ante el caso Fabbiani dijo “Y bueno, tienen 20 años, si no se divierten ahora cuándo lo van a hacer”. Error. A esa edad es cuando más hay que cuidarse porque es cuando mejor hay que rendir.
-Una anécdota con el Toto Lorenzo...
-Un día me dijo: “Nene, tengo que pedirle un favor”. Era que tenía que marcar a Héctor Guidi. Entonces le dije: "Hace dos meses que todo Lanús está analizando cómo marcar a Sanfilippo y usted me pide que yo les cambie el libreto. Que se procupen ellos". Y así fue, le ganamos a Lanús 4 a 2 y yo hice tres goles. A partir de allí, a Lorenzo le hizo un click y se motorizó su sesgo motivador con los jugadores. Lo positivo de él era que siempre se preocupaba por todo, por los jugadores y por el club.
-¿Seguís en San Luis?
-Sí, pero ya no en el Club Deportivo La Punta, donde gané once campeonatos. Ahora estoy en la televisión todos los jueves con un programa que se llama “Fútbol con mucha cancha”.

Cancha le sobra a este emblema del fútbol argentino. Un verdadero santo del gol, que a los 74 años sigue alimentando sueños de campeón.

Por Carlos Poggi / Fotos: Jorge Dominelli.


Por Redacción EG: 30/10/2009

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