En los últimos días, el turco Sultan Kosen, de 26 años, fue nombrado como el hombre más alto del mundo con 2.47 metros. De esta manera, supera al chino Bao Xi Shun, quien con 2.4 metros ocupó el trono hasta el año pasado. En un viaje que hizo a Londres, para el lanzamiento del Libro Guinness de los récords, confesó: "Mi mayor sueño es casarme y tener hijos. Por eso estoy buscando un amor".

Esta noticia es conocida por muchos. Pero los que pocos saben es que hace seis años, Sultan Kosen fue reclutado por el Galatasaray de su país para enseñarle a jugar al básquet y hacer de él una figura de nivel mundial. La historia cuenta que Cavit Altunay, entrenador del equipo por aquel entonces, se enteró que en la aldea Kiziltepe, en la frontera de su país con Iraq, había un joven de 20 años que medía 2.42 metros y podía llegar a ser un diamante en bruto.


Altunay fue hasta la aldea, habló con el padre del joven y lo convenció para llevarlo al club. "Llegará a medir 2,47 metros y haremos de él un jugador. De momento no sabe nada de baloncesto porque nunca jugó, pero tenemos tiempo", declaraba el descubridor en aquel entonces. "Vendrán a verlo desde todo el mundo. El Galatasaray y la selección se beneficiarán de él", agregaba. Sin embargo sólo la predicción de la altura se cumplió, el resto quedó en ilusiones.

Al poco tiempo descubrieron que su enfermedad -gigantismo putitario- le impediría practicar deportes. Hoy, ayudado por muletas para poder moverse y trasladarse, Sultan es el hombre más alto del mundo y lejos quedó aquella ilusión de jugar profesionalmente.

Francisco Jáuregui
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