Nota publicada en la edición diciembre 2008 de la revista El Gráfico Polo

NO LE ALCANZABA la boca a Gonzalo Pieres para largar toda la felicidad, mientras cruzaba la cancha 1 de Palermo rumbo al podio. Iba en el aire, con los ojos vidriosos, la sonrisa tatuada y la emoción abrazándolo y negándose a soltarlo. Quería ver a sus chicos saltando en el podio más anhelado. Justamente él, que fue un abonado a ese sitio, el de campeón del Abierto Argentino de Polo. Esta vez iba como espectador, para aplaudir. Veinte minutos antes, Gonzalito había sellado con un toque de oro la final y Ellerstina se había sacado de encima el fantasma de las definiciones perdidas frente a La Dolfina. Tanto lo habían soñado en General Rodríguez. Tanto lo iban a celebrar.

En los días previos, cuando diagramaban la mejor manera de encarar el duelo, en Ellerstina rebotaba una palabra clave: concentración. El cierre de la temporada confirmaba que el equipo tenía juego, dinámica, ritmo, contundencia, precisión, solidez, caballada y pasión para quedarse con Palermo. Por eso, Gonzalito y Facundo Pieres, Pablo MacDonough y Juan Martín Nero entendieron que lo que podía desequilibrar la balanza entre ganar y perder, era la capacidad para mantenerse enfocados al ciento diez por ciento en el objetivo. Y así como lo comprendieron, lo llevaron a la práctica desde el primer throw-in hasta el bombazo final, el que puso las chapas 13-12.
El partido no fue entretenido. Tensión lógica, nervios previsibles, poco juego desplegado y escasez de lujos. En realidad, entre dos equipazos que se conocen mucho y entre ocho cracks podrían haber hecho una exhibición de polo, pero pesa tanto el trofeo de campeón que terminó atentando contra el nivel de juego colectivo.

Cuando se desgranan las actuaciones individuales, de todos modos, queda poco para reclamarles a los jugadores, porque los ocho desplegaron toda la técnica que tienen. En La Dolfina, Cambiaso mostró su repertorio, más allá de la incomodidad que sufrió por la presión permanente que recibió cuando tuvo la bocha en su poder; Monteverde y Aguerre intentaron empardar el despliegue de sus rivales y lucharon todo el tiempo, y Lolo Castagnola voló para un lado y para el otro sobre una serie de montados de enorme jerarquía para hacer su habitual aporte de potencia y lucha. En definitiva, lo esperable para el cuarteto de Cañuelas.

El baile del polo. Se armaron las parejitas y todos piensan en buscar los mimbres. La bocha aparece pegada a la para delantera derecha de la yegua de Facu Pieres.


La diferencia, esta vez, para que el resultado no favoreciera a La Dolfina tuvo que ver con el plus que entregó cada uno de los jugadores del campeón. Ellerstina opuso a un Facu Pieres letal, como siempre, frente a los mimbres. Pero que, además, estuvo enchufadísimo para robar bochas como un experto carterista. Gonzalito fue el cerebro, y también el definidor, porque apareció en los momentos clave para señalar tantos decisivos. MacDonough manejó los tiempos desde la posición de número 3 y también tuvo apariciones sorpresivas en ofensiva para desequilibrar la balanza. Y Nero, el único 9 de hándicap de la cancha, más allá de que jugó 10, fue el back impasable de siempre y también fue la rueda de auxilio de sus compañeros, además de ser la tortura de Cambiaso.

En un partido que terminó 13 a 12 y definido con gol de oro, queda claro que la distancia entre un equipo y otro fue mínima. Y quedó marcada precisamente por ese plus que puso cada uno de los jugadores de camiseta negra. Entraron en la cancha uno decididos a jugar el partido de sus vidas y lo hicieron. No es que La Dolfina haya perdido el deseo de ganar, porque iba por el cuarto título consecutivo, pero Ellerstina esta vez hizo un poquito más.

Los de Cañuelas pudieron haberlo ganado, también. Es más, cuando a los seis minutos y 52 segundos del octavo chukker Cambiaso empató el partido con un penal, la sensación que bajaba de las tribunas era que Ellerstina estaba sufriendo miedo escénico y que se repetirían las historias de 2005 y 2007.

Pero los de la Z mantuvieron el nivel de concentración y empezaron la fiesta con el bochazo final de Gonzalito. De ahí al podio, y enseguida la caravana hacia General Rodríguez para estirar la fiesta hasta la madrugada del domingo 14. En realidad, el festejo no se termina, porque Ellerstina tiene todo un año para celebrar. Fue larga la espera, será larguísima la descarga.

Por Juan Manuel Durruty
Foto Francisco Trombetta



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pablonateUna muy bien organizada carrera, La disfrute mucho y ya estoy esperando la segunda version, sobre todo si es con fines beneficos.
17/11/2009 14:29 hs
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