Hace un par de años, una familia amiga de los Novillo Astrada no podía creer lo que veía en una estación de servicio de la ciudad de Lincoln. Es más, creían que lo estaban confundiendo con otra persona. Julio Novillo Astrada, 90 años recién cumplidos, salía manejando su propio auto hacia la ruta. “No lo podíamos atar ni podíamos sacarle el auto. El decidía que quería ir a ver un campo o un caballo para los chicos y se iba… Encima, todos los años renovaba su registro de conductor en Río Tercero, así que mucho no podíamos hacer para evitar que viajara por todos lados”, cuenta, sin esconder la sonrisa, Eduardo “Taio” Novillo Astrada, uno de los hijos de don Julio.

El primer eslabón de la dinastía polística de los Novillo fue una de esas presencias infaltables en los abiertos de Palermo en las últimas temporadas; casi como que no había torneo si no estaba él. Con la elegancia y el optimismo como rasgos de identidad, y atento para darles el consejo preciso a sus nietos, los que le regalaron la Triple Corona en 2003, el año más glorioso desde el punto de vista deportivo para La Aguada.

En realidad, el primer gran regalo que le hicieron los hijos de Taio fue cuando le anunciaron al abuelo que cuatro Novillo Astrada jugarían juntos representando al club que la familia había fundado en Open Door. “Un día antes de viajar a Inglaterra –cuenta Javier Novillo– pasé por la casa del abuelo y le conté que, después de pensarlo muy bien, habíamos decidido jugar Eduardo, Miguel y yo con Ignacio en la temporada de la Argentina. Nosotros ya habíamos competido para La Cañada y para Ellerstina, y cuando Gonzalito Pieres nos dijo que quería armar un cuarteto con su hermano Facundo y con sus primos, lo pensamos bien y armamos el equipo de La Aguada. Un rato después de que yo se lo contara, Eduardo también pasó por su casa para despedirse antes del viaje a Europa y el abuelo le aseguró que le habíamos dado la mejor noticia de su vida. Tenía una felicidad inmensa”. Meses más tarde llegarían en fila los podios de Tortugas, Hurlingham y Palermo y, obviamente, don Julio aparecía en todas las fotos con el orgullo impreso en la cara.

Encima de todo, el abuelo tuvo una participación determinante en aquellos títulos. Después de que jugaran el Abierto del Jockey Club con la nueva formación, don Julio se reunió con los chicos y les dijo que le parecía que debían realizar una serie de cambios en la formación para explotar mucho más los potenciales de cada uno. Hasta ese torneo, en el que cayeron frente a Ellerstina, Ignacio jugaba de 1, Eduardo de 2, Javier de 3 y Miguel de back. Con los retoques, la fórmula mágica –e invencible por más de un año– pasó a ser: Javier, Eduardo, Miguel e Ignacio. “Nos recomendó que modificáramos algunas posiciones dentro del equipo, y funcionó…”, reconoce Javier.

La Aguada se convertía en el cuarto equipo de la historia –el primero formado por cuatro hermanos– en conseguir los tres títulos en una misma temporada y el nombre de la estancia que el capitán Astrada recibió como concesión del Virreinato en 1673 se instalaba en la lista de los grandes equipos de polo de la historia. Sin embargo, don Julio ya había tenido algunas otras alegrías polístico-familiares gracias a combinaciones de sus hijos y sus nietos. La Copa República Argentina del 90, con Taio, Eduardo (h), Miguel y Javier (con sólo 13 años), ya había tenido a un conjunto completamente formado por Novillo Astrada  como vencedor. Ese mismo año, en el Primer Abierto de Pilar, el equipo ganador formó con Taio, Eduardo (hijo) y Julio (nieto). El único “extrapartidario” era Alejandro Díaz Alberdi. En el 94, aquella misma formación que había conquistado la República perdió una final muy recordada contra Chapaleufú en el Abierto del Jockey Club. El público que presenció ese encuentro despidió a los derrotados con una ovación emocionante.

 

Aquella vieja estancia familiar (que se fue achicando después de algunas expropiaciones en la mitad del siglo pasado) está ubicada en Río Tercero, Córdoba, y era donde pasaban todos los veranos Julio Novillo Astrada y su familia. Ahí les enseñó a jugar al polo y al golf a Julio (h) y a Taio, como después también les enseñó a todos sus nietos. “Papá tenía un swing excelente para ambos deportes y sabía explicar la técnica con mucha claridad. En las vacaciones, que en realidad para nosotros duraban un poco más, como hasta abril, nos la pasábamos jugando polo. A veces, con mi hermano, para no ir hasta la cancha de polo, nos poníamos a taquear en la de golf y nos comíamos unos buenos retos. Con papá no compartimos equipo muchas veces, porque cuando nacimos nosotros, él ya dejaba de jugar. Recuerdo sólo haber participado en algunas prácticas con él, pero no mucho más”, asegura Taio Novillo.

“A nosotros nos enseñó muchísimo –agrega Javier–, aunque obviamente nunca lo vimos taquear sobre un caballo. La única imagen que tengo del abuelo montando es de un día que tuvo que ayudarnos para que no se suspendiera un partido. Era un día de semana, a la tarde, y nos pasó a buscar por el colegio para llevarnos a La Aguada. Teníamos que jugar un partido y se suponía que el equipo visitante debía llevar el referí, pero aparecieron solos. Entonces convencimos al abuelo para que dirigiera. Se subió a un caballo y refereó el partido, aunque cobró poquitas cosas porque ya veía bastante poco en esa época. Lo importante fue que puso buena onda, como siempre. Era muy compañero nuestro”.

Don Julio les hizo de chofer a sus nietos hasta que cada uno pudo sacar registro de conductor. Y lo hacía con alegría, porque disfrutaba viéndolos jugar y acompañándolos. “Cuando los chicos empezaron a viajar a los Estados Unidos y a Europa, seguía todos sus partidos, quería saber cada resultado. Y si se enteraba de que habían perdido, siempre decía ‘qué chambones’”, cuenta la periodista Alejandra Ocampo, quien conoció mucho a don Julio y era una de las encargadas de bucear en Internet para mantenerlo al tanto de los resultados de los chicos por el mundo.

Y sigue: “Yo siempre le dije ‘doctor’, porque lo conocí cuando él atendía su estudio jurídico con el hermano, y nunca lo tuteé. Novillo Astrada siempre me hablaba de la importancia del vínculo familiar en el polo, deporte que lo apasionaba. Era un hombre muy educado y moderado para hablar, con unos valores humanos que no se encuentran. Yo lo sigo extrañando mucho”.

Como polista, Novillo Astrada no llegó a alcanzar una gran valoración, aunque llegó a ganar la Copa República Argentina, en 1946, con el equipo de Río Cuarto, junto a Julio Provensal, Juan Reynal y Carlos Alonso. En las décadas del 30 y del 40, compartió equipos con cracks como Manuel Andrada, Jack Nelson, los hermanos Menditeguy y los Braun Menéndez, que fueron los que lo invitaron a jugar en Pingüinos. 

 

Cuando decidio dejar el polo, por falta de tiempo, lo único que abandonó fue la parte de subirse al caballo. El deporte lo siguió apasionando y se lo transmitió a hijos y nietos. Ejerció la abogacía, aunque lo que más le gustaba era administrar campos. “Cuando éramos chicos –recuerda Taio–, él se pasaba el año recorriendo distintos campos en Corrientes, Entre Ríos, Córdoba y la provincia de Buenos Aires y por eso no estábamos tanto con él. Eso sí, en las vacaciones de verano y de invierno nos instalábamos en Río Tercero y se quedaba con nosotros”.

Don Julio viajaba por distintas provincias, muchas veces a bordo de un avión Cessna, que solía pilotear, controlando el rendimiento de tierras propias y ajenas. Incluso en algunos de esos viajes, tenía la posibilidad de ejercer las dos actividades a la vez. “A principios de 2005 papá lo acompañaba a Pablo Ezcurra hijo a ver unos campos y protagonizaron un accidente con el auto en una ruta. Cuando llegaron a la comisaría, Pablo le avisó que ya había pedido un remís para que se pudiera volver a Buenos Aires, pero mi viejo le dijo que no se iba a ir de ninguna manera. Es más, sacó el carnet de abogado, que estaría más que vencido, y le dijo al comisario que quería dar testimonio como testigo del accidente. Ese era un rasgo que se le reconocía mucho: él era muy amigo de sus amigos, pero también era capaz de darle una mano a cualquier persona que la necesitara”, describe Taio.

En cuanto a ayudas, algo que disfrutaba muchísimo, aun en los últimos años, cuando el cuerpo ya estaba cansado, era colaborar con los nietos en todo lo que podía: les daba consejos, les explicaba cómo reconocer un buen caballo, estaba pendiente de cualquier cosa con la que pudiera colaborar. Por eso, en las multitudinarias reuniones de los Novillo Astrada, don Julio era el centro de atención de los más chicos de la familia. “Siempre estaba de buen humor, nunca se quejaba por nada. A pesar de ser de un trato muy formal, aceptaba nuestras bromas, siempre sanas. El abuelo siempre estaba atento a nuestros cumpleaños y, obviamente, también nos hacía regalos para Navidad. Me acuerdo de que cuando yo iba a séptimo grado y me estaba por ir de campamento a Bariloche, vino un día y me dio un cortaplumas Victorinox buenísimo”, relata Javier.

Todos los fines de semana los pasaba en la casa de Taio, en Open Door, donde tenía su habitación y su baño reservados. El terreno sobre el que se construyó La Aguada lo había comprado a principios de los 70 y entre Julio (h) y Taio decidieron armar el club, “importando” el nombre de la estancia cordobesa. Sobre lo que era un potrero se diseñó una cancha nueva y de a poco fue creciendo; siempre alrededor de la figura patriarcal. “Los chicos se llevaban muy bien con él –afirma Taio–. Vivían pidiéndole que los asesorara en todo. Y entre ellos no había celos porque no hacía distinciones y trataba de ser equilibrado con todos. Por ahí se enteraba de que alguno precisaba un caballo, y enseguida iniciaba la búsqueda”.

Cuando Taio regresó de Europa despues de algunos años de estudio y de trabajo, a principios de los 70, se instaló con su familia en la casa de don Julio. “Obviamente, a los chicos les permitían hacer cosas que no nos habían dejado a mis hermanos y a mí. Mamá y papá los malcriaban como abuelos, aunque siempre dejándole la última palabra a mi mujer”, asegura Taio. Mientras que Javier aclara que “la que nos malcriaba más era la abuela. Ella siempre tenía un chocolate de regalo para nosotros”.

Luego de la muerte de María del Carmen, con quien Julio estuvo casado por 60 años, la familia Novillo Astrada pensó que a Julio le iba a costar muchísimo elaborar la pérdida. Uno de los nietos, Juan, hijo de Julio (h), se quedó viviendo con él para cuidarlo y para hacerle compañía. “La verdad es que nos sorprendió que se haya bancado bastante bien la muerte de mamá y así pudo vivir cuatro años más. Y manteniéndose activo todo lo que le dio el cuerpo”, confiesa Taio.

 

Mas de una vez, en los últimos años, don Julio aparecía sin anunciarse por la oficina de su hijo, en el edificio del complejo Village Recoleta, para invitarlo a ir juntos a ver un animal. Si Eduardo estaba ocupado, él pasaba el tiempo conversando con cuanta persona pasara por los pasillos para saber cómo estaba cada uno. “Hace un par de años, en una época en la que él solía ir a tomar mate con un cuidador de caballos de San Isidro, descubrió un animal que le encantó y no quería que se le escapara. Estaba tan entusiasmado que me pasó a buscar a las ocho de la noche para que lo fuéramos a ver. Increíble, lo estudiábamos con luz artificial. El tenía muy buen ojo para los caballos y se daba cuenta enseguida si servían o no”, asegura Taio.

Otra de las cosas que entretenía mucho a don Julio era buscar caballos que pudieran servir para steeplechase, una variante de carreras en las que los animales corren en una pista, pero tienen que ir saltando vallas. La madre de la estadounidense Gillian Johnston le pedía que le marcara ejemplares que pudieran servir para llevarlos a correr en el exterior. La familia Johnston se instalaba en los últimos meses de cada año en Open Door para asistir a los torneos de la temporada de alto handicap y mantenía una relación muy fluida con los Novillo. Se subían al auto de Novillo Astrada, quien manejaba despacio y con mucha prudencia, e iniciaban la recorrida. “Lo curioso –se ríe Taio– era que ni él hablaba inglés ni ella, castellano. Pero ambos entendían lo que hablaban”.
0 comentarios

mensaje

Te quedan 500 caracteres
PUBLICAR