Reportaje publicado en El Gráfico en la edición de enero de 2008
1 ¿Quién es Alberto Daniel Barailovsky?
Una persona común y corriente que, como todo niño, soñó alguna vez jugar al fútbol y el barbón me tocó con la varita mágica. Disfruto cada momento de mi vida agradeciéndole a Dios que me haya puesto en el fútbol.
2 ¿Cómo se puede jugar para tres selecciones distintas y no morir en el intento?
Yo qué sé, preguntale a la FIFA, la FIFA me permitió y yo aproveché.
3 Jugaste para Uruguay, Argentina e Israel. ¿Qué nacionalidad ponés en la carta de embarque?
Argentino, viejo, soy argentino, orgullosamente argentino.
4 ¿Te sentís una pieza de museo?
Aunque nos jodan a los argentinos por agrandados, yo soy un tipo humilde, sé muy bien cuales son mis raíces. De repente dejé algunas marcas en el fútbol, pero en un momento la carrera se acabó y uno no puede seguir viviendo de recuerdos y agrandarse. Al contrario: trato de aprovechar esa experiencia para seguir siendo el tipo más sencillo del mundo.
5 Tu apodo de pibe.
Piñe. Mi bisabuelo se llamaba Pablo y, en idish, Pablo es Piñe. Me lo pusieron a mí porque fui el primero que nació después de que él muriera.
6 ¿Quién te puso “ruso”?
No me acuerdo, obvio que empezó por ser judío, que no era algo muy frecuente en el fútbol. En aquella época se estilaba mucho en Sudamérica que, si te querían, eras “ruso, rusito” y quedó para toda la vida.
7 ¿Nunca te sentiste discriminado?
Al contrario, me enorgullecía que la gente supiera que yo era judío y si era más fácil decir “ruso” que “judío” o que Brailovsky, no había problemas. Si uno está convencido de lo que es, de donde viene y qué quiere, nadie te puede llevar por delante ni discriminar. Si vos te imponés, ¿quién te puede discriminar? Y como siempre fui un caradura, nadie me faltaba el respeto. Y si me lo faltaban, me agarraba a trompadas y era uno contra el otro.
8 ¿Por qué “caradura”?
Porque siempre fui de frente, no tenía complejos ni dramas con nada, sabía que estaba en el fútbol porque me gustaba pero tenía que ganar plata para poder ayudar a mi familia, y porque nadie se iba a pasar de vivo conmigo, porque así se tratara de un fenómeno, a mí por arriba no me iba a pasar nadie.
9 La prueba más evidente es que puteaste hasta a Bochini.
Sí, varias veces, ahí estaba mi desubicación de no respetar al gran ídolo, pero por el otro lado no me gustaba que me faltaran el respeto, entonces iba de frente contra el que fuera, y si me equivocaba te podía pedir perdón. Después de tantos años, lo hablé varias veces con el Bocha y comprendí que el desubicado era yo. Pero bueno, era un nene, me calentaba si no me la daban y reaccionaba.
10 “A México no vuelvo más”. ¿Te acordás de esa frase?
“No vuelvo más, ni siquiera en tránsito”. Fueron palabras de mi mujer, y yo las avalé. Las dijimos en 1985, cuando nos sacudió el terremoto y huimos aterrados del DF, no pensábamos regresar nunca más, pero Dios sabe cuándo poner las cosas en su lugar y supo llevarme otra vez a México.
11 ¿Cómo recordás el instante del terremoto?
Hubo un primer temblor que a mí me agarró en el hotel donde concentrábamos, en la habitación con el Lalo Bacas. No nos dimos cuenta de nada y seguimos durmiendo. Nosotros vivíamos en un décimo piso y mi mujer me llamó más tarde para contarme que se había asustado mucho. Estaba cerca de parir a mi segundo hijo, ocho meses de embarazo, y con la nena de dos años. Al otro día, se produjo un nuevo temblor. Ahí entró en pánico.
12 ¿En el segundo temblor tampoco estuviste?
En el segundo, sí, ahí nos agarró a los dos juntos en el departamento. Empezó a temblar el edificio, yo les pedía que se quedaran tranquilos pero en el fondo estaba loquísimo. Estallaban los vidrios, las cosas rodaban por el suelo como bolitas, la pared del cuarto comenzó a rajarse. Nos pusimos debajo del marco de la entrada porque nos habían dicho eso, pero se caían los edificios enteros. Mi mujer cantaba que no se derrumbe, que no se derrumbe.
13 Se te va la vida.
Es un minuto en el que sentís que se te va todo, te paralizás de la impotencia. No sabía que hacer, y contra todos los consejos, agarré a las dos y las hice bajar por el ascensor, cosa que te piden que no hagas.
14 ¿Y en la calle para dónde agarraste?
Salimos y era una locura, los edificios parecían de papel, tardamos una hora y media en hacer un trayecto que habitualmente hacíamos en siete minutos. Mi mujer me decía que quería irse ya, que prefería parir en el avión antes que ahí. Los hospitales estaban invadidos de gente, había posibilidades de pestes. Fuimos al ginecólogo. El nos dijo: “no sé qué es más arriesgado, si quedarse o tomar el avión, pero los autorizo a irse”.
15 Fuiste al club a avisarles que te ibas.
No. Mi mujer estaba en pánico y como para mí, antes que nada está la familia, tuve que elegir entre la familia y el fútbol y ni lo dudé. Nos fuimos directo al aeropuerto, por suerte tenía un amigo en una aerolínea que me consiguió pasajes y antes de subir le pedí a un conocido que le avisara al Zurdo López, que era el técnico, lo que había pasado y que me rajaba...